La Aventura Pecaminosa del Multimillonario - Capítulo 70
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
70: CAPÍTULO 70 70: CAPÍTULO 70 —Tu cuerpo está a mi merced —declaró Zavian mientras sus dedos agarraban con brusquedad el interior de sus muslos antes de guiarlos sobre su regazo.
A Emmeline se le cortó la respiración cuando sintió los labios de él rozarle el cuello; su cálido aliento le disparó un torbellino por dentro.
Podía sentir su deseo, su hambre por ella, y quería ceder.
Pero no podía sacudirse la persistente culpa y vergüenza que aún perduraban de su encuentro anterior.
—¿Quieres otro orgasmo?
—la voz de Zavian sonó ronca mientras sus labios recorrían su cuello y la curva de su hombro.
El cuerpo de Emmeline se estremeció con una descarga eléctrica y su lengua traidora susurró un pequeño «sí» antes de que su mente pudiera alcanzarla.
Sin embargo, él dejó de acariciarle los muslos de repente, lo que hizo que ella frunciera el ceño confundida.
—Nada es gratis —dijo Zavian crípticamente—.
¿Qué tal un intercambio?
El corazón de Emmeline se aceleró mientras consideraba su propuesta.
¿Qué podría querer de ella?
¿Qué tendría que dar a cambio de este placer?
A pesar de sus reservas, su cuerpo aún ansiaba el contacto de Zavian y se sorprendió a sí misma asintiendo.
Sabía que estaba dispuesta a darle cualquier cosa que él deseara, solo por sentir sus manos sobre su cuerpo una vez más.
—¿Qué quieres a cambio?
—preguntó sin aliento.
En respuesta, el diablo guio la mano de ella hacia el bulto en sus pantalones.
—¿Sientes cuánto te necesito?
Tienes que aliviarme.
Los ojos de Emmeline se abrieron de par en par por la conmoción y sus manos temblaron bajo el firme agarre de él.
—¿Q-quieres decir que debo tocarte?
—tartamudeó.
Zavian esbozó una sonrisa maliciosa.
—No, pequeña pícara, tu castigo es usar la boca.
Guió la mano de ella para que apretara el bulto a través de la tela de sus pantalones antes de soltar un gemido grave.
—Estoy ansioso por sentir tus suaves labios a mi alrededor —murmuró Zavian con voz ronca mientras usaba la mano de ella para acariciarse.
Emmeline podía sentir el calor que emanaba de él.
Su cara debió de ser un poema, porque él rio por lo bajo ante su reacción.
—N-no puedo hacer eso, señor Blackthorn —tartamudeó, nerviosa.
Nunca antes había hecho algo así y no estaba segura de hasta dónde era capaz de llegar.
La analogía que le vino a la mente era absurda.
—Ahogarse entre tus piernas y ahogarse en tu boca son dos cosas diferentes.
Los pecados también tienen grados.
Emmeline quiso confesarle que nunca antes había hecho algo así, pero las palabras no le sonaban bien al salir de su boca.
¿Cómo podía cruzar tales límites con él?
¡Lo sentía terriblemente mal!
Zavian pareció percibir su vacilación.
La tomó de la barbilla con delicadeza, obligándola a mirarlo a los ojos.
—¿Me tienes miedo?
—Sus ojos eran oscuros e intensos.
Emmeline asintió, temerosa, incapaz de fiarse de su voz para responder con palabras.
La miró con una intensidad que le provocó un vuelco incómodo en el corazón.
—Tú despertaste este deseo en mí y ahora vas a saciarlo —afirmó Zavian con total naturalidad.
La tensión entre ellos era palpable mientras se sostenían la mirada durante lo que pareció una eternidad, hasta que él finalmente rompió el silencio.
—¡De rodillas!
—ordenó.
A pesar del miedo que la carcomía, Emmeline se arrodilló en el suelo del carruaje, entre las piernas de él.
Alzó la cabeza para que sus miradas volvieran a encontrarse.
—Por favor, no me obligues a hacer esto —suplicó en voz baja.
—Solo tengo curiosidad por saber qué se siente.
—Su respuesta la sorprendió.
Había un atisbo de vulnerabilidad en su voz que hizo que a Emmeline le doliera el corazón, a pesar de todo.
—Quiero que me enseñes cómo complaces a un hombre —continuó—.
No es justo que solo tu esposo conozca los placeres que tu cuerpo puede ofrecer y las habilidades que posees.
No permitiré que tu hermosa boca sea solo de su propiedad.
Emmeline dejó escapar un suspiro tembloroso.
Le desabrochó el cinturón con manos trémulas y le bajó la cremallera de los pantalones.
La tensión regresó con toda su fuerza, haciendo que sintiera el cuerpo pesado y torpe.
—No creo que esté preparada para hacer lo que me pides —confesó, apartando la mirada—.
¿Podemos dejarlo para otro día?
Zavian miró por la ventanilla del carruaje la lluvia que caía con suavidad sobre los campos.
Su voz sonó suave cuando por fin volvió a hablar: —Afuera hace frío…
Entremos en calor con un poco de pecado.
Emmeline pudo ver el deseo ardiendo en sus ojos cuando él se volvió para mirarla.
Lo tocó con vacilación, sintiendo su dureza presionar contra su ropa interior.
Zavian dejó escapar un gruñido grave y entrecortado.
—No pongas a prueba mi paciencia, niña —murmuró con voz ronca—.
Estoy a punto de explotar.
Emmeline bajó la mirada hacia los pantalones de él y luego la alzó hasta sus ojos oscuros, con una pregunta asomando a sus labios.
—¿Está duro como una piedra…
y si me lastima la boca?
Zavian frunció el ceño ante las palabras de ella y, por un momento, Emmeline pensó que lo había enfadado.
Pero entonces él alargó la mano y le recorrió los labios con el pulgar.
—Nunca has tenido a un hombre en la boca, ¿verdad?
—preguntó, un tanto desconcertado por la reacción de ella.
Emmeline negó con la cabeza.
Zavian no daba crédito.
«¿Cómo puede estar casada y no haber chupado nunca una polla?
¿Es que no tienen juegos previos y van directamente al grano?».
Entonces, le metió el pulgar en la boca, recorriendo el interior de sus labios con un lento movimiento circular.
—Siempre hay una primera vez —dijo en voz baja.
«Soy una inexperta…
en todo», quiso gritar Emmeline.
—No te preocupes por el tamaño —la tranquilizó Zavian con suavidad—.
Te guiaré para que tu primera experiencia sea placentera.
Me aseguraré de que no te hagas daño.
Emmeline se sintió pequeña y vulnerable bajo su mirada; sin embargo, también una extraña sensación de expectación crecía en su interior.
—La idea de ser el hombre que te inicie en estos placeres me excita —dijo con una sonrisa maliciosa—.
Quiero ser el primero que pruebes.
Guió la mano de ella por debajo de la cinturilla de su ropa interior y los dedos de Emmeline rozaron algo que irradiaba un calor inesperado.
Aquello alertó sus sentidos, provocando que retirara la mano por reflejo, como un niño que toca un fogón caliente por primera vez.
Su rostro se transformó en una máscara de conmoción y horror, como si acabara de toparse con una criatura alienígena de otro mundo.
¿Qué acababa de tocar?
¿Podría ser su…?
¡No, seguro que no!
La pura enormidad de aquello desafiaba todas las descripciones y el conocimiento que tenía sobre la anatomía masculina.
Su mente empezó a dar vueltas con teorías descabelladas: ¿habría nacido con alguna extraña anomalía genética?
Tomó una bocanada de aire, tan profunda y entrecortada que parecía el temblor de las hojas de un árbol antes de la tormenta.
El impulso de salir disparada del carruaje, como un ciervo que presiente la proximidad de los depredadores, era abrumador.
La imagen de ser devorada por su enorme virilidad era aterradora, pero la idea de revelar su secreto —su intacta inocencia— resultaba aún más petrificante.
No podía permitir que nadie descubriera esa verdad sobre ella, y mucho menos él.
Con esa resolución, Emmeline reunió hasta la última gota de valor que le quedaba.
—Dime qué debo hacer para no decepcionarte —susurró con una urgencia que desmentía su miedo.
Tenía los ojos muy abiertos y llenos de aprensión cuando su mirada se encontró con la de él.
Los dedos de Zavian se entrelazaron con los de ella una vez más, guiándolos alrededor de su formidable grosor.
Luego vino el momento de bajar sus pantalones…
un acto tan íntimo que hizo que su corazón retumbara como un tambor.
Y entonces…
por fin se enfrentó a la visión que tanto había temido.
En ese instante, sintió como si una fuerza invisible le hubiera arrancado todo el oxígeno de los pulmones.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com