La Aventura Pecaminosa del Multimillonario - Capítulo 82
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82: CAPÍTULO 82 82: CAPÍTULO 82 Taehyung señaló la mesa de billar, con la esperanza de distraer y disipar la tensión.
—¿Por qué no cambiamos un poco las cosas y jugamos una partida de billar?
Cada pareja puede ser un equipo.
Zavian le lanzó a Emmeline una mirada ardiente, llena de promesas perversas, claramente aliviado de tener una excusa para cambiar de lugar y poner algo de espacio entre ellos antes de perder el control por completo.
—Pueden empezar a jugar, los alcanzo en un momento.
Emmeline retiró las piernas lentamente y se calzó de nuevo los zapatos con evidente desgana.
Su cuerpo prácticamente vibraba de necesidad reprimida, un intenso anhelo por el contacto de Zavian que era casi palpable.
Sin embargo, en medio de esa añoranza, una traviesa satisfacción bullía en su interior al recordar el aprieto en el que lo había metido.
Una sonrisa maliciosa se dibujó en sus labios mientras saboreaba la idea.
Sabía de sobra que la razón por la que Zavian había pedido unirse a ellos un poco más tarde era porque no podía ponerse de pie en ese momento sin revelar su… situación.
Sencillamente, no había forma de que pudiera ocultar a todo el mundo el evidente bulto de sus pantalones, sobre todo teniendo en cuenta lo impresionantemente dotado que estaba.
La imagen de él intentando mantener la compostura mientras lidiaba discretamente con su dilema no hacía más que aumentar la diversión de Emmeline, alimentando la juguetona sensación de poder que sintió en ese momento.
—De acuerdo, pero no tardes mucho si no quieres perder la primera partida.
Dudo que la pobre Yuna pueda derrotarnos a Taehyung y a mí ella sola —logró decir en un tono relativamente normal, aunque su voz estaba ronca por el deseo.
Todos se levantaron de la mesa antes de dirigirse a la mesa de billar.
—¡Quien tenga la puntuación más baja se encargará de planificar y organizar la próxima cena!
—dijo Minnie alegremente por encima del hombro.
Emmeline volvió a mirar a Zavian, que recorría descaradamente con su mirada hambrienta cada curva de su cuerpo.
Contoneó las caderas de forma exagerada al caminar y se giró para ver su expresión: la lujuria manifiesta en su atractivo rostro dejaba claro que anhelaba devastarla por completo allí mismo, sobre la mesa.
—¿Y tú, Emmy?
¿Aceptas la condición para el perdedor?
—La pregunta de Minnie devolvió a Emmeline a la realidad de sopetón.
Se sonrojó intensamente, intentando recomponerse.
—Acepto, aunque no pienso perder contra nadie hoy.
—No te confíes tanto.
Resulta que soy bastante hábil en este juego —terció Taehyung con arrogancia.
Emmeline no respondió.
Le lanzó a Richard una mirada mordaz, esperando que sus insinuaciones anteriores y su despliegue provocador con Zavian hubieran pasado desapercibidos para su cruel esposo.
La idea de estar atrapada a solas con él más tarde la hizo estremecerse.
Todos se quedaron junto a la barra donde se encontraba la mesa de billar, con las bolas cuidadosamente dispuestas en un triángulo de metal y el taco al lado.
—¡Qué bien que el restaurante también tenga mesa de billar, señor Kim!
—exclamó Emmeline con una sonrisa radiante y traviesa.
Ella y Taehyung se rieron espontáneamente.
Tras un momento, Taehyung se aclaró la garganta y explicó las reglas del juego con tono autoritario.
—Cada equipo debe meter cuatro bolas en las troneras, lo que significa que usaremos doce bolas en total.
La bola ocho debe permanecer en la mesa hasta el final.
Quien la cuele antes de tiempo, pierde la partida automáticamente.
Emmeline paseó la mirada entre Taehyung, Yuna y Minnie, que estaban cerca, con los ojos chispeantes de emoción.
—Pueden sentarse en la barra si se cansan de estar mucho tiempo de pie.
Por eso coloqué la mesa justo aquí.
Jugar y beber al mismo tiempo es un placer tan sibarita —dijo con calidez, señalando los mullidos taburetes de cuero.
—Las damas primero —dijo Richard con aire caballeroso mientras le entregaba el taco a Yuna, que lo tomó sin decir palabra.
Luego se acercó con aire despreocupado al estante de bebidas detrás de la barra, con el rostro ya un poco sonrojado por haberse excedido antes con la bebida.
—La señora Blackthorn es la mayor de los presentes.
Es lógico que ella empiece la partida en ausencia de su esposo; después es el turno del dúo Kim y, al final, nos toca a nosotros, ya que somos la pareja más joven de aquí —añadió.
—Típico de los estirados Caminantes del Río y su reverencia por los mayores.
¡Cualquiera diría que el resto somos unos vejestorios listos para el asilo!
—lo siguió Minnie, quejándose con buen humor de aquel orden arbitrario.
Yuna sujetó el taco con sus delgados dedos índice y pulgar, e inclinó el torso sobre la mesa mientras miraba fijamente las bolas dispuestas en el triángulo.
Su ajustada blusa se entreabrió, ofreciéndole a Emmeline una visión tentadora de su escote de encaje.
—El respeto por los mayores es un valor que todos hemos heredado en esta pequeña comunidad.
Me gusta lo bien que nos adaptamos los unos a los otros a pesar de nuestras diferencias de edad —dijo con una sonrisa cálida y conciliadora.
Echó el brazo hacia atrás y golpeó la bola blanca con firmeza con la punta del taco.
Esta salió disparada, esparciendo el resto de las bolas por el tapete verde de la mesa con un chasquido seco.
—Tu turno, Minnie —anunció Yuna, pasándole el taco con un gesto elegante.
Minnie adoptó la misma postura, inclinándose profundamente por la cintura mientras intentaba dirigir la bola blanca hacia la bola diez.
Su ajustada falda de tubo se le subió, dejando a la vista una generosa porción de sus tonificados muslos.
—Es la primera vez que juego al billar, así que no se burlen de mí si soy un completo desastre —dijo con una risita autocrítica.
Hizo su tiro, pero no acertó al objetivo, sino que la bola rebotó en la banda y volvió rodando a trompicones hacia el centro.
Emmeline le dio a Minnie una palmadita de consuelo en el hombro.
—Apuntar en el billar puede parecer fácil a simple vista, pero no te das cuenta de lo difícil que es en realidad hasta que lo intentas.
Solo necesitas un poco de práctica para cogerle el truco, eso es todo.
Luego sujetó el taco entre los dedos, se inclinó sobre la mesa y sacó su respingón trasero mientras se encaraba con la bola blanca que reposaba sobre el tapete verde.
Podía sentir la mirada hambrienta de Zavian, que la abrasaba desde el otro lado de la sala.
Echó el brazo hacia atrás y golpeó la bola blanca con suavidad sobre el tapete.
Cuando una bola entró en una tronera de la esquina con un golpe sordo, apretó el puño con entusiasmo, y sus pechos generosos se tensaron contra el ajustado corpiño de su vestido.
—¡Toma ya!
He metido una a la primera —exclamó Emmeline con aire triunfal, apartándose un mechón de sedoso cabello de su rostro sonrojado.
No se percató de la alta y poderosa presencia de Zavian hasta que dio un paso atrás y chocó contra su pecho firme e inflexible, pues había olvidado que a él le tocaba tirar después de ella.
La ardiente fuerza de su cuerpo hizo que se le cortara la respiración.
—Cuidado por dónde pisa, señora Maine —retumbó él con esa voz profunda y aterciopelada que nunca fallaba en provocarle deliciosos escalofríos.
Emmeline apenas pudo sostener la ardiente intensidad de su mirada, con la lengua trabada por el deseo manifiesto que aún ardía en el fondo de sus ojos.
—Estaba tan emocionada que ni me di cuenta de que estabas justo detrás de mí —murmuró sin aliento, muy consciente de la fina capa de sudor que perlaba su piel.
Al entregarle el taco, sus dedos rozaron la enorme mano de él y a ella el corazón le dio un vuelco en el pecho.
La cargada atmósfera entre ellos era densa por la tentación y el aire prácticamente crepitaba con una tensión no resuelta.
—Veo que no serás una oponente fácil de vencer en este terreno de juego —dijo con voz sedosa, atrapando su mirada con una expresión que prometía mucho más que su inocente partida.
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