La Bella y la Bestia: Mi Esposo Lobo XOXO - Capítulo 211
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Capítulo 211: Este fue el día que había estado esperando
Elvis atrajo a Gu Mengmeng cariñosamente, frotando suavemente su cabeza con la barbilla, antes de decir en voz baja: —Entonces no comas si no quieres. Si otro día cambias de opinión…
Gu Mengmeng negó inmediatamente con la cabeza. —No, no y no, no me comería a mis amigos ni aunque me muriera de hambre.
—¿Amigos? —Elvis ladeó la cabeza, miró a Gu Mengmeng a los ojos y preguntó—: ¿Te refieres a amigos como los que te importan, a los que abrazas y besas?
Gu Mengmeng se atragantó con su propia saliva. «Qué demonios, ¿por qué todavía se acordaba de eso?».
«Oye, ¿puedes no mirarme con esa cara de anhelo? ¿Cómo puedo decirle que no ahora?».
Haciendo de tripas corazón, Gu Mengmeng al final asintió y dijo un «sí» con culpabilidad.
Elvis esbozó una sonrisa. Levantó la barbilla de Gu Mengmeng y la acercó lentamente a sus labios, con su nariz rozando ligeramente la de Gu Mengmeng. Elvis dijo con una voz un poco ronca: —Este era el día que había estado esperando.
Después de eso, la besó profundamente en los labios.
Gu Mengmeng sintió que su cerebro era Hiroshima después de la Segunda Guerra Mundial; podía oír los ecos del bombardeo nuclear y no era capaz de unir las piezas del rompecabezas en su mente.
«Debería haberlo rechazado, ¿verdad? Debería haberle dicho que no lo decía en serio, pero no sentía ningún rechazo por el beso de Elvis, ¿incluso… lo estaba disfrutando un poco?».
Gu Mengmeng cerró los ojos lentamente, dejando que Elvis hiciera lo que quisiera en su boca.
No podía pensar con la cabeza, pero su corazón sabía una cosa con total certeza.
Después de que Lea la abandonara, intentó saltar al río dolida por el desamor, con la esperanza de volver así al mundo moderno. Claramente, ese método no funcionó, pero tampoco buscó otras formas de regresar; simplemente se puso a ayudar a todos a ahumar carne, a encontrar patatas y a prepararse para el invierno.
Al principio, pensó que solo estaba buscando una razón para anestesiarse y así no enfrentar el dolor del desamor.
Pero, ¿era realmente solo eso?
«No era idiota, sabía perfectamente lo que Elvis tenía en mente mientras la cuidaba. Conocía claramente el concepto del amor en el Mundo de las Bestias, pero aun así aceptó sus cuidados con facilidad, ¿o no?».
«Sabía perfectamente que el invierno aislaría toda la montaña con nieve y que pasaría el invierno entero con Elvis en esta cueva. Era muy posible que algo ocurriera entre ellos, y Gu Mengmeng no podía decir que no lo hubiera pensado en absoluto».
«Igual que este beso…».
«¿Fue inesperado? Sí».
«Pero… no podía decir que no lo esperara con ansias en absoluto».
Gu Mengmeng rodeó lentamente a Elvis con sus brazos y empezó a corresponderle. Este pequeño gesto animó a Elvis a ser aún más audaz.
Elvis se abalanzó sobre Gu Mengmeng, pero protegió su cabeza con la mano para que no se golpeara contra el suelo. Soltó sus húmedos y carnosos labios y pasó a besarle el lóbulo de la oreja. Su agitada (?) y profunda respiración rozó su oreja, inquietándola a ella también.
Gu Mengmeng podía sentir que su cuerpo estaba cambiando, pero el último resquicio de consciencia que le quedaba le decía que tenía que hacer esta pregunta. Aunque fuera anticlimático, sabía que se arrepentiría si no lo hacía.
Mordiéndose el labio inferior, Gu Mengmeng preguntó con una voz que era casi un gemido: —Si… te digo que todavía no estoy dispuesta a aparearme, ¿me obligarás a hacerlo o me abandonarás como Lea?
Elvis se detuvo y permaneció en esa posición en silencio durante un largo rato.
La cueva estaba tan silenciosa que solo podían oír los latidos y la respiración del otro, además del crepitar de las ramas en el fuego.
Gu Mengmeng miró fijamente los ojos de zafiro de Elvis, sin apartar la vista ni hablar. Necesitaba saber la respuesta, de lo contrario, no podría entregarse a él así como así.
Elvis respiró hondo y a duras penas logró levantarse de los brazos de Gu Mengmeng. Luego, la ayudó a incorporarse, le arregló la piel que la cubría y la envolvió de nuevo.
Elvis permaneció en silencio, se dio la vuelta y caminó hacia la entrada de la cueva.
La cueva estaba sellada por la nieve, tal como Elvis había dicho antes, pero no era lo suficientemente sólida y se derrumbó con un puñetazo de Elvis. Elvis se convirtió en lobo y se plantó contra los vientos helados como una estatua, de espaldas a la entrada.
Gu Mengmeng miró a Elvis en silencio y sonrió con amargura.
Así que, ¿esa era su respuesta? Si no quería aparearse con él, ¿él… también iba a dejarla? En este frío invierno, la iba a dejar sola en esta cueva helada para que al final muriera, ¿no es así?
Gu Mengmeng se apretó aún más la piel que la envolvía. Miró fijamente la hoguera que tenía delante mientras las lágrimas le rodaban por la cara.
No sabía por qué lloraba, pero simplemente se sentía indignada e incómoda.
—¿Por qué lloras? —se oyó la voz de Elvis desde arriba. Frunciendo el ceño con angustia, la levantó en brazos y le secó las lágrimas con cuidado antes de consolarla—. ¿Te he asustado? No tengas miedo, no temas. No te forzaré a hacer nada que no quieras. Esperaré, esperaré hasta que por fin estés dispuesta.
Gu Mengmeng lloró aún más fuerte. Se aferró al cuello de Elvis y gimoteó—: Pensé que me ibas a dejar aquí sola…
Elvis se quedó atónito, nunca había imaginado que llegaría un día en que Gu Mengmeng lloraría porque él se fuera.
Con una sonrisa irónica, mezclada con un poco de felicidad, Elvis sintió una inexplicable sensación de impotencia y dijo—: Solo quería calmarme un poco con el viento. ¿Por qué te dejaría sola? Eres mi Xiao Meng.
Ciertamente, Gu Mengmeng no había salido con nadie antes de estar con Lea, pero sin duda había oído hablar de relaciones. Había tantas novelas web en el mundo actual que le sirvieron como lección introductoria de educación sexual. Sabía perfectamente lo que Elvis quería decir con «calmarme». Sonrojada, Gu Mengmeng se secó las lágrimas, sorbió por la nariz y preguntó—: ¿No me dejarás aunque no quiera aparearme?
—Esperaré, esperaré hasta que por fin estés dispuesta —prometió Elvis, secándole las lágrimas con delicadeza antes de abrazarla, sin estar seguro de si la consolaba a ella o si era una forma de consolarse a sí mismo.
Gu Mengmeng se acurrucó en los brazos de Elvis. Al escuchar los latidos de su corazón, nunca se había sentido tan en paz. Gu Mengmeng se mordió los dedos y preguntó en voz baja—: Entonces, ¿y si ese momento nunca llega? Si no estoy dispuesta a aparearme nunca, ¿qué vas a hacer entonces?
—Entonces seguiré esperando y esperando. No me importa mientras no me dejes —dijo con voz extremadamente tranquila y monótona, a diferencia de cómo los chicos engatusan a las mujeres para acostarse con ellas. Era algo que decía desde el fondo de su corazón; convincente y tranquilizador.
Gu Mengmeng respiró hondo, levantó la vista y besó a Elvis en la barbilla. Entrecerró los ojos y dijo—: Elvis, creo que… probablemente me gustas.
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