La Bruja Luna del Alfa Maldito - Capítulo 46
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
46: Lyra: ¿Me esperarás?
46: Lyra: ¿Me esperarás?
—¿Estás segura de que estarás bien sola?
—pregunta Maisie por centésima vez, haciendo que ponga los ojos en blanco.
¿Tendrá un fetiche con hacerse pasar por mi madre?
Esta chica, lo juro.
—¡Por el amor de Dios, sí!
Estaré bien.
Ahora quítate de mi vista.
¡Zape!
—La aparto de un empujón y, aunque no deja de mirarme, se va de todos modos.
Uf.
Menuda guardaespaldas.
Solo me quedan hoy y mañana para estar aquí, luego volveré a Wisteria.
Así que quería venir al lago una última vez antes de irme.
Y como planeo pasar todo el día de mañana con Cyrus, hoy era la mejor opción.
A Cyrus no le hizo mucha gracia que visitara el lago; se muere de la preocupación con solo pensar que estoy en el bosque o cerca del lago.
Pensé que solo estaba siendo paranoico, así que no dejé de tranquilizarlo e incluso lo mimé con todo mi cariño.
Entonces, finalmente me reveló que estaba preocupado porque al otro lado del lago es donde empieza el territorio de Ravenswood.
En resumen, el lago es la frontera natural entre Ravenswood y Piedra Lunar.
Y como Maisie estaba loca por salir a correr, la dejé ir.
No quería marcharse y dejarme sola, pero como insistí, finalmente cedió y aceptó.
Y, para ser sincera, yo también necesitaba algo de tiempo a solas.
Seguro que Cyrus se volverá loco cuando sepa que me quedé sola aunque fuera un minuto, pero sobrevivirá.
Además, mentiré y diré que Maisie y yo éramos uña y carne.
Después de lo que me reveló ayer sobre que Seth es un lobo antiguo, intenté acceder a las visiones para ver las cosas por mí misma.
Fue entonces cuando me di cuenta de que recordaba haberlo visto en una de mis visiones.
La visión en la que se cae por el acantilado.
Recuerdo claramente el pelaje gris.
Resulta que siempre fue Grey.
Y por alguna razón, solo podía ver con cierta claridad la imagen de Grey en esas visiones.
Por eso necesitaba otra visión para ver las cosas con claridad, pero anoche no tuve ni una sola.
Ni siquiera cuando abrí el guardapelo y dejé que la amatista brillara, me mostró la visión.
Espero poder verla ahora.
Me siento en el suelo, a pocos metros del muelle.
Me recuesto, apoyo la cabeza en la enorme roca que tengo detrás y cierro los ojos.
Repito la conversación que tuve ayer con Cyrus para intentar desencadenarla.
Me pitan los oídos y me duelen los ojos por la hiperconcentración, pero sigo sin ver nada.
«¿Seth?».
Murmuro el nombre en mi cabeza para ver si funciona; nada.
«¿Asher?».
Tampoco funciona.
Pero el pitido en mis oídos se intensifica y el vello de la nuca se me eriza.
Un escalofrío me recorre la espalda, todos mis sentidos se agudizan y gritan un nombre.
«Selene».
Una mezcla de colores aparece en mi visión antes de que todo se combine y una explosión de colores abra el camino y despeje mi visión.
«Grey».
Un susurro resuena en mis oídos, haciendo que mis cejas se disparen, y sacudo la cabeza.
«Grey».
Repito, y es entonces cuando siento un fuerte empujón en mi subconsciente y caigo de bruces al suelo.
Antes de que pueda levantarme, oigo un sollozo y…
¿sale de mí?
¿Pero por qué estoy llorando?
Los sollozos se convierten en fuertes llantos y oigo jarrones y botellas haciéndose añicos a mi alrededor.
Intento taparme los oídos para acallar los sonidos, pero soy incapaz de levantar la mano.
Es entonces cuando siento mis manos sobre un cuerpo helado.
Siento que las lágrimas me nublan la vista e intento secarlas para ver el cadáver con claridad, pero no puedo.
—¿Por qué?
¿Por qué?
¿Por qué yo?
¿Por qué siempre tengo que ser yo?
Justo cuando pensaba que podía volver a ser feliz, tenían que arrebatármelo.
¿Por quéee?
—Un chillido me desgarra por dentro y, de repente, siento el corazón pesado.
—Me dijiste que comprarías toda la felicidad del mundo para mí.
Prometiste que nunca me harías llorar.
Entonces, ¿por qué eres tú la causa de mi mayor pena?
¿Por qué clavas tus uñas en mi pecho y me arrancas el corazón?
¿Por qué?
—Siento un puño golpeando mi pecho.
Mis propias manos están golpeando mi pecho.
—¿Por qué no pude conseguirlo?
Lo único que quería era verte una última vez.
Verte sonreírme, verte mirándome con esos ojos que no albergaban más que amor por mí.
¿Por qué no puedo tener algo tan simple?
—La garganta se me seca de tanto llorar y mis sollozos se vuelven más silenciosos.
—Pero estoy aquí.
¡Mírame, princesa!
Mira a tu Asher, te lo ruego —resuena una voz detrás de mí, y siento que me quedo helada en el sitio.
«¿Estoy en un recuerdo de Selene ahora mismo?
¿Y oigo a Asher detrás de mí?
Eso significa que ya está muerto, y esta es la escena después de que el hechizo de Selene falle».
Siento que ella se incorpora antes de que mi cabeza se gire lentamente.
Pero la vista se me nubla antes de poder verle la cara con claridad.
Siento que me levanto deprisa y corro a sus brazos…, los brazos de Asher.
Dos manos grandes me envuelven en su cálido abrazo mientras lloro a lágrima viva.
«¿Por qué está caliente?
¿No está muerto?».
Asher rodea a Selene con sus brazos con tanta fuerza como si temiera que ella fuera a desaparecer en cualquier momento…
o más bien, que lo haría él.
Apoya su cabeza sobre la de ella mientras le frota la espalda, la cabeza, el pelo…, cualquier cosa que pueda alcanzar.
La abraza hasta que se calma y finalmente le sujeta la cara, con tanta delicadeza como si estuviera hecha de cristal.
—Todavía no me he ido.
¿Cómo podría irme sin despedirme de ti, mi princesa?
—Sí que lo hiciste.
Sí me dejaste.
No eres más que un producto de mi imaginación, ¿verdad?
Te he creado para consolarme —se queja Selene, con la voz quebrada mientras nuevas lágrimas le corren por las mejillas.
Asher suelta una risita antes de secarle las lágrimas con delicadeza.
—No.
Eres fuerte, mi princesa, y eres sabia, pero no puedes luchar contra la naturaleza.
No puedes luchar contra la muerte.
—Entonces, ¿cómo es que estás aquí?
—pregunta Selene, con la voz ligeramente esperanzada y a la vez aterrada.
—Le recé a la diosa Luna para que me permitiera tener un último momento contigo.
Le supliqué que me dejara despedirme de ti, princesa.
—Puedo sentir una sonrisa en su voz, pero sus palabras son tristes.
Y Selene también lo siente, porque empieza a protestar.
—Tonterías.
No vas a despedirte de mí, ni ahora ni nunca.
Dime que has vuelto y que has luchado contra la muerte.
Dime que has vuelto por mí.
Asher suelta una risita triste.
—¡Ay, querida!
Cómo desearía ser lo bastante fuerte para luchar por ti.
Cuando yacía en aquel charco de sangre, cada uno de mis sentidos me suplicaba que me levantara y corriera hacia ti, pero no pude.
Fracasé, mi amor.
Tu Asher es un hombre débil, muy débil.
—No digas eso.
Te ruego que no me recuerdes que estás muerto —Selene le golpea el pecho y sus llantos resuenan en la cueva.
«¿Una cueva?
¿Estamos en la cueva de una bruja?».
—Lo siento mucho, Selene.
Siento no haber sido lo bastante fuerte para cumplir mis promesas.
—Le sujeta la cara con ambas manos.
Selene se niega a mirarlo y niega con la cabeza.
—No, no, no…
—Escúchame.
Por favor, déjame mirarte una última vez.
—Su voz se vuelve desesperada mientras se le quiebra.
Selene finalmente se detiene y lo mira.
—Volveré por ti, lo prometo.
¡Me convertiré en el hombre más fuerte de la tierra y volveré por ti, mi amor!
¿Me esperarás?
No importa cuánto tiempo pase, ¿me esperarás?
—Su voz transmite una esperanza silenciosa y temerosa, como si temiera que ella dijera que no.
Y ella hace exactamente eso.
—No.
Si fuiste lo suficientemente cruel como para dejarme primero, la próxima vez serás tú quien me espere.
—Selene lo aparta de un empujón y se clava una daga justo en el pecho…, donde está su corazón.
Asher ruge en señal de protesta justo cuando un fuerte aullido llega a mis oídos.
«¿Grey?».
Selene retrocede tambaleándose, y siento las manos de Asher intentando estabilizarla.
Grey amortigua su caída mientras ella se desploma en el suelo.
—Te haré esperar mucho tiempo, Asher.
¿Me esperarás?
Las manos de Asher tiemblan entre las de ella mientras veo su silueta asentir con la cabeza.
—Sí.
Te esperaré mil veces.
—Yo…
te…
a…
mo…
Mis ojos se abren de golpe con una bocanada de aire mientras miro a mi alrededor frenéticamente antes de ponerme de pie.
Echo un vistazo a mi reloj para ver que solo han pasado diez minutos.
La piel de gallina se me eriza justo cuando oigo las fuertes pisadas de alguien que corre a toda velocidad en mi dirección.
Cuatro patas aterrizando en el suelo.
«¿Maisie?».
Siento una mano a punto de posarse en mi hombro y pivoto antes de que pueda tocarme.
Justo en ese momento, una loba de color marrón dorado salta justo delante de mí, protegiéndome, y le enseña los dientes al hombre que tengo enfrente.
Tom Chester.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com