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La bruja que no sabia amar y el hombre que lo había perdido todo - Capítulo 108

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108: Capitulo XXIII-7 108: Capitulo XXIII-7 Ni ella lo sabía o no lo comprendía.

Pero desde que conoció a Augusto ella se abrió un poco.

Lo vio llorar por la pérdida de sus hijas, ella lloro cuando las hijas de la persona que quería la rechazaron, se entristecía, se alegraba, se divertía.

Había cambiado, quizá no sabía sonreír correctamente, algunas veces no se expresaba como era.

Su ama no le decía nada porque le gustaba su “enemigo”
Hasta su jefa cambio gracias a que estaba con sus sobrinas.

Ya no tenía esos ataques de ira.

E incluso se disculpó con Astrea por casi ahogarla, algo que no era frecuente.

En uno de sus ratos libres Astrea se quedó mirando el jardín.

Viendo como las sobrinas menores de su ama se escondían de sus compañeras.

Hasta que ¡pumm!

Las dos pequeñas salieron de los arbustos.

Despeinadas, con sonrisas picaras las dos pequeñas chocan los 5.

A Anna se le había caído un diente de leche.

Siguiendo los consejos de su padre guardo el diente debajo de la almohada esperando a que el ratón le dejara una moneda, cosa que no paso.

Antonia tenía las rodillas raspadas.

Las dos niñas suben la mirada y ven a Astrea, luego vuelven a esconderse.

Las compañeras de la joven bruja blanca se le acercan y le preguntan si ha visto a sus jóvenes amas, pero ella niega a verlas visto.

Al rato las dos pequeñas salen.

– ¡Gracias Astrea, te debemos una!

Comenta agradecida Antonia, limpiándose las hojas.

– Shi,shii, no quiero ir a las clases de etiqueta- apunta Anna moviendo los brazos.

Las dos niñas saltan de la alegría.

Entonces Astrea pregunta.

– ¿Qué es el amor?

Una adulta le pregunta eso a dos niñas.

Anna se rasca la cabeza pensativa, mientras Antonia tuerce la boca y se cruza de brazos.

Luego a las dos les brillan los ojos
– ¡Es lo que sentimos cuando vemos a papi!

comentan al mismo tiempo.

Anna salta.

– Shii, cuando veo a papi mi corazoncito parece salirse cuando veo a papi me pongo muy feliz, ¿a ti te pasa eso cuando ves a papi Astrea?

pregunta la niña.

– A mí me encanta estar con papi, me pongo superr contenta ¿tu sientes lo mismo?

-También pregunta la hermana.

La joven bruja se sonroja.

– N.no lo sé, cr..creo que si me gusta mucho- responde ella.

– Hmm pero papi tiene novia- apunta Antonia destruyendo el ambiente.

– Hermanita dice que es una villana, yo pienso igual- responde Anna creyendo lo que dijo su hermana mayor Maki.

Sin que nadie lo note su tía aparece detrás de las niñas.

– Conque aquí estaban….

– reclama su tía molesta.

Las dos niñas sienten un escalofrió recorriendo sus espaldas.

Velvet las agarra de las manos y desaparece dejando un remolino.

Astrea se queda pensando sobre el amor y felicidad.

Volviendo al presente.

Salimos del pueblo, el dragón de Astrea nos esperaba con las alas gachas y cabeza baja.

Ayudo a Astrea a subir, luego ella me tiende la mano para subir.

– Sosténgase de mi cadera- ordena Astrea.

– Bueno.

Su dragón se eleva con nosotros encima.

Me encanta como se siente el aire golpeando mi rostro, la inmensidad del cielo de este mundo mientras el dragón acelera.

Doy pequeñas ojeadas hacia abajo observando los extensos bosques y algunos pueblos lejanos, el dragón se mete entre las nubes bajas.

Esta baja presión empieza a afectarme, siento mareos.

– ¡Me encanta viajar contigo y tu dragón Astrea!

– le digo eufórico.

Intentando olvidar los mareos.

– Gracias- responde ella sin emoción.

– Intenta divertirte un poco- le digo a ella, mientras le digo eso su dragón hace un giro brusco, por inercia me aprieto contra Astrea, su dragón cae en picada como lo hace un martín pescador, atraviesa las nubes para luego atrapar en sus fauces a un ave descuidada.

– Eso no me lo esperaba-le comento pálido sin soltarme a Astrea con fuerza, las ganas de vomitar me invaden.

– Es muy normal que haga eso- responde ella- normalmente uso magia para no sentir nauseas o mareos.

– Aja…- yo no puedo hacer esas cosas….

– Astrea me disculpo si te aprete con fuerza… no estoy acostumbrado a montar un dragón o cosas así.

Me separo un poco de ella, no quiere que piense que quiero toquetearla.

– No se suelte…

por favor- recomienda ella- y no me molesta- dice notando mi incomodidad.

La joven bruja no se sentía incomoda de que Augusto se apretara contra ella.

Astrea le ordena a su dragón descender un poco para que mis mareos y ganas de vomitar desaparecieran.

Nos pasamos el rato charlando mientras volábamos a un lugar donde se le permitiera descender con su dragón en el capital.

Descendimos en una gran pista de aterrizaje donde un oficial nos pidió los papeles apenas el dragón toco tierra.

– Me siento en un aeropuerto.

– ¿Qué es un aeropuerto?

– pregunta Astrea.

– Bueno es casi lo mismo que esto diría yo.

En efecto parece un aeropuerto, una gran pista con oficiales y luces mágicas señalando las bahías para aterrizar, mientras sucede eso doy un vistazo al uniforme gris de los encargados, tienen marcado el símbolo de un águila bicéfala en sus gorras, con una especie de agenda mágica escriben los nombres, el año y la hora de cada persona que baja de su creatura voladora.

Mientras revisan nuestros papeles y preguntan si llevamos equipamiento un invocador invoca una creatura que nos olfatea.

Luego el encargado hace que Astrea firme unas cosas y nos da vía libre.

– ¿Y qué pasa con tu dragón?

– Se va a la mansión solo- responde Astrea.

– Entiendo… ¿Cómo se llama esto?

Pregunto con curiosidad.

– Bestiodromo, aquí toda creatura voladora y su amo debe parar por órdenes estrictas, si no lo hace será derribado.

– ¿Y quienes se encargan de derribar a los que rompen la ley?

Astrea señala hacia arriba.

4 brujas en sus escobas pasan a toda velocidad, hacen una pirueta y luego descienden.

visten uniformes color azul cielo parecidos a los de los pilotos de la primera guerra mundial, llevan visores, cascos, guanteletes, botas largas junto a una chaqueta de cuero, llevan un parche cocido en su hombro derecho.

No creo que sea correcto preguntar sobre ese equipo ya que imagino que son cosas de estado, pero en la capital la tecnología pasa del siglo XIX a inicios del siglo XX de golpe.

– Ya veo, creo que anotare eso- luego me pregunto- ¿tú tienes una escoba Astrea?

Ella asiente con la cabeza.

– Si, pero la ama me regalo un dragón.

– Que buen regalo te dio.

Ella te quiere mucho o eso creo.

Astrea mira para arriba mientras hace una de esas caras raras que hace.

Su ama solo ha criado directamente a dos brujas, esas son Astrea y Lissa.

Pero a Lissa no le regalo un dragón de pequeña y que ella sepa solo su ama y ella tienen dragón.

– La ama me quiere mucho- reflexiona Astrea.

– Y a mí me odia- hago una broma.

– Si eso es cierto, lo odia en el alma.

Agacho la cabeza decepcionado.

– Espero un día llevarme bien con ella.

Luego Astrea se le sale algo.

– A mí me gustas mucho- Astrea suelta eso, luego infla las mejillas y adelanta paso.

– Gracias Astrea tú también me gustas- la joven bruja levanta la cabeza – Como amiga.

Astrea me ha ayudado tanto estos meses, enserio me sorprendió cuando me dijo que yo le gustaba, ya que al principio no es que fuera muy agradable.

Ella es tierna, comprensiva, amable y otras tantas cosas, pero ya tengo novia y la quiero mucho.

Aunque quiero a Astrea como amiga no quiero perder su amistad.

Astrea baja la cabeza.

– Bueno.

Desde mercancía hasta alimentos llegan al “bestiodromo” los agentes del estado van de un lado a lado registrando, escribiendo, firmando.

La policía registra la mercancía con sus invocaciones especiales, las brujas sobre vuelan el lugar buscando actividad inusual.

A algunos los detienen y si se ponen agresivos los agentes sacan sus armas inmediatamente o si una bestia voladora se sale de la pista las brujas desde sus escobas los amenazan con magia.

Esas cosas son serias sea el mundo que sea.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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