La brújula de los mundos perdidos - Capítulo 10
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10: Capítulo 10 El reino de las cenizas 10: Capítulo 10 El reino de las cenizas Ariel abrió los ojos y lo primero que sintió fue el aire pesado, cargado de humo y ceniza.
El suelo bajo sus pies estaba agrietado, como si hubiera sido quemado mil veces.
A lo lejos, torres derrumbadas se levantaban como huesos de piedra, y mares de fuego iluminaban el horizonte con un resplandor infernal.
El cielo no era cielo: era un manto de humo eterno que ocultaba la luz del sol.
La brújula vibraba débilmente en su mano, como si estuviera enferma en aquel lugar.
Ariel intentó transformarla en espada, pero apenas logró un destello.
El poder parecía debilitado en ese reino.
—Bienvenido a mi dominio —retumbó la voz del Rey de las Cenizas, resonando en todas direcciones—.
Aquí no hay salida, viajero.
Aquí tu luz se apagará.
Ariel apretó la brújula, decidido a resistir.
Dio un paso adelante, pero el suelo se abrió bajo sus pies y cayó en un pasaje oscuro.
Rodó por un túnel de ceniza hasta que finalmente se detuvo en una cámara subterránea.
Allí, entre las sombras, alguien lo observaba.
Era un joven de cabello oscuro y mirada intensa, con una armadura desgastada y una espada rota en la mano.
Sus ojos reflejaban cansancio, pero también una chispa de esperanza.
—No puede ser… —murmuró el desconocido—.
Otro viajero.
Ariel se incorporó, sorprendido.
—¿Quién eres?
El joven dio un paso al frente.
—Soy Kael, prisionero de este reino desde hace años.
He visto cómo el Rey consume a los que llegan aquí… pero tú eres distinto.
Esa brújula… nunca había visto algo igual.
Ariel lo miró con desconfianza, pero también con alivio.
No estaba solo.
—Si conoces este lugar, necesito tu ayuda.
Kael asintió, aunque su expresión era sombría.
—Ayuda… sí.
Pero debes saber que escapar de aquí no es fácil.
El Rey controla cada sombra, cada piedra, cada respiración.
Si quieres sobrevivir, tendrás que luchar.
Y yo… yo también quiero salir.
En ese instante, la cámara tembló.
Los Errantes surgieron de las paredes, sus ojos rojos iluminando la oscuridad.
Kael levantó su espada rota, Ariel la brújula que apenas brillaba.
Dos destinos se cruzaban en ese momento: atrapados en el reino de cenizas, obligados a unir fuerzas contra la oscuridad.
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