La brújula de los mundos perdidos - Capítulo 11
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11: Capítulo 11 La grieta oculta 11: Capítulo 11 La grieta oculta La montaña seguía temblando tras la desaparición de Ariel.
Lira descendió con rapidez, el arco en su espalda y la determinación en sus ojos.
No podía permitir que el viajero quedara atrapado en las garras del Rey de las Cenizas.
El bosque susurraba advertencias, pero ella ya había tomado su decisión: lo rescataría, aunque tuviera que entrar en la oscuridad misma.
En un claro secreto, Lira reunió a quienes aún podían ayudarla.
Eldrin, el anciano druida, apareció con su bastón cubierto de runas.
Mira, la niña de los hongos luminosos, se acercó con su risa enigmática.
Incluso Tharos, el cazador errante, surgió de las sombras, aunque su mirada seguía llena de desconfianza.
—El viajero ha sido llevado al reino de cenizas —dijo Lira con firmeza—.
Y yo voy a traerlo de vuelta.
Eldrin la miró con gravedad.
—Ese lugar no es para los vivos.
El Rey controla cada sombra.
—Lo sé —respondió Lira—.
Pero Ariel no está solo.
Tiene la brújula.
Y yo tengo un camino.
Desplegó un mapa antiguo, marcado con símbolos que solo los guardianes del bosque conocían.
Señaló una grieta oculta en la frontera de los reinos: un pasaje olvidado que podía llevarla al dominio del Rey sin ser detectada.
—Entraré por aquí —explicó—.
Pero necesito distracciones.
Los Errantes vigilan cada frontera.
Tharos bufó.
—¿Y por qué arriesgarnos por un forastero?
Lira lo miró con dureza.
—Porque si el Rey controla la brújula, no solo Ariel estará perdido.
Todos lo estaremos.
El silencio cayó sobre el claro.
Finalmente, Eldrin asintió.
—Entonces iremos contigo.
El bosque no puede luchar solo contra la ceniza.
Mira entregó a Lira una flor luminosa.
—Para que recuerdes que no estás sola.
Con el mapa guardado y el arco preparado, Lira se dirigió hacia la grieta oculta.
El bosque la acompañaba con susurros, algunos de advertencia, otros de aliento.
Al llegar, vio la frontera: un muro de ceniza que se alzaba como una tormenta petrificada.
Entre sus grietas, un resplandor oscuro revelaba el pasaje.
El aire se volvió pesado.
Los Errantes comenzaron a aparecer, sus ojos rojos brillando en la penumbra.
Lira tensó su arco, lista para abrirse paso.
—Espérame, Ariel —susurró—.
No dejaré que tu viaje termine en las manos del Rey.
Con un disparo certero, la cazadora atravesó la primera sombra y se lanzó hacia la grieta.
La frontera del reino de las cenizas se abrió ante ella, y la oscuridad la envolvió.
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