La brújula de los mundos perdidos - Capítulo 13
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13: Capítulo 13 El don de la regeneración 13: Capítulo 13 El don de la regeneración El silencio tras la batalla era inquietante.
La cámara subterránea estaba cubierta de ceniza, y el aire ardía con el eco de los Errantes que acababan de ser derrotados.
Ariel respiraba con dificultad, arrodillado, mientras la brújula descansaba en su mano, apagada y frágil.
Kael lo sostenía por el hombro, también agotado, con su espada rota aún temblando por el esfuerzo.
—No duraremos mucho si cada pelea nos deja así —murmuró Kael, con voz áspera.
Ariel miró la brújula, sintiendo que algo dentro de ella vibraba distinto.
Cerró los ojos y se concentró.
En ese instante, un calor suave recorrió su brazo, extendiéndose por todo su cuerpo.
La brújula comenzó a brillar con un resplandor verde, diferente al dorado de la espada.
La luz se expandió, envolviendo a Ariel y a Kael.
Las heridas de Ariel comenzaron a cerrarse, y el cansancio se disipó como si hubiera dormido durante días.
Kael abrió los ojos con asombro: las grietas de su armadura se reparaban lentamente, y la fatiga que lo había acompañado durante años parecía aliviarse.
—¿Qué… qué es esto?
—preguntó, incrédulo.
Ariel apretó la brújula, que ahora pulsaba como un corazón.
—Es otra habilidad… la regeneración.
La brújula no solo guía ni lucha… también puede sanar.
Kael se levantó, probando la fuerza que había recuperado.
—Increíble.
Con esto… podremos resistir más tiempo contra el Rey.
El resplandor verde se desvaneció, dejando la cámara iluminada por un tenue brillo.
Ariel comprendió que la brújula estaba revelando sus secretos poco a poco, como si respondiera a las pruebas que enfrentaba.
—Cada batalla despierta algo nuevo —dijo Ariel, con voz firme—.
Y si la brújula puede regenerar… entonces no importa cuántas veces caigamos.
Siempre podremos levantarnos.
Kael sonrió por primera vez desde que lo conoció.
—Eso cambia todo.
Quizá… escapar no sea imposible.
El reino de las cenizas volvió a estremecerse, como si el Rey hubiera sentido el despertar de esa nueva habilidad.
Las paredes vibraron, y un murmullo oscuro recorrió la cámara: “No importa cuánto sanes… aquí siempre volverás a caer.” Ariel levantó la brújula, que brilló suavemente en su mano.
—Entonces tendrá que enfrentarse a algo que nunca podrá apagar: la esperanza.
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