La brújula de los mundos perdidos - Capítulo 17
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17: Capítulo 17 La ciudad en ruinas 17: Capítulo 17 La ciudad en ruinas El polvo aún flotaba en el aire cuando Ariel y Kael se abrieron paso entre los restos de la cámara.
Las paredes agrietadas se derrumbaban poco a poco, y el calor del fuego apagado les obligaba a avanzar con rapidez.
La brújula latía suavemente en la mano de Ariel, como si marcara el camino hacia la salida.
Tras recorrer un pasaje estrecho, una luz tenue apareció al final del túnel.
Ambos aceleraron el paso, y al atravesar el arco de piedra, se encontraron con un paisaje que los dejó sin aliento.
Ante ellos se extendía la ciudad destruida del reino de las cenizas.
Torres derrumbadas se alzaban como huesos carbonizados, calles agrietadas serpenteaban entre ruinas, y estatuas partidas mostraban rostros deformados por el fuego.
El cielo, cubierto de humo eterno, teñía todo con un resplandor rojizo.
El silencio era absoluto, roto solo por el crujido de las piedras que se desmoronaban lentamente.
Kael observó con amargura.
—Aquí vivieron miles… antes de que el Rey los consumiera.
Ahora no queda más que ceniza.
Ariel apretó la brújula, sintiendo cómo vibraba con fuerza.
—Es como si el lugar mismo estuviera atrapado en su poder.
Mientras avanzaban por las calles, notaron que las ruinas no estaban vacías.
Sombras se movían entre los edificios derrumbados, observándolos desde la distancia.
No eran Errantes comunes: parecían fragmentos de los antiguos habitantes, atrapados en un ciclo eterno de dolor.
—No mires demasiado tiempo sus rostros —advirtió Kael—.
El Rey los usa para quebrar la mente de quienes llegan aquí.
Ariel desvió la mirada, pero no pudo evitar sentir un escalofrío.
La brújula brilló con un resplandor verde, como si intentara protegerlo de aquella influencia oscura.
Al llegar a la plaza central, vieron una fuente rota, cubierta de ceniza endurecida.
En su base, símbolos ardían débilmente, como si aún conservaran un fragmento de poder antiguo.
Ariel se inclinó para observarlos, y la brújula reaccionó, iluminando los grabados.
—Estos símbolos… —murmuró Ariel—.
Es como si señalaran un camino.
Kael asintió, aunque su expresión era sombría.
—Un camino hacia el corazón de la ciudad.
Y allí… seguramente nos espera algo peor que el guardián.
El viento sopló fuerte, levantando ceniza y polvo.
En la distancia, una silueta oscura se movió entre las ruinas, demasiado grande para ser un Errante.
Ariel y Kael se tensaron, sabiendo que la ciudad destruida no era solo un lugar de recuerdos, sino un campo de pruebas donde el Rey de las Cenizas los observaba, esperando el momento exacto para atacar de nuevo.
Ariel levantó la brújula, que brilló suavemente en su mano.
—Si este lugar guarda secretos, los encontraremos.
Y si guarda enemigos… los enfrentaremos.
Kael miró las ruinas con determinación.
—Entonces avancemos.
La ciudad nos mostrará lo que realmente significa luchar contra la ceniza.
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