La brújula de los mundos perdidos - Capítulo 2
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- Capítulo 2 - 2 Capítulo 2 – El bosque de los susurros
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2: Capítulo 2 – El bosque de los susurros 2: Capítulo 2 – El bosque de los susurros Ariel atravesó el portal y cayó de rodillas sobre un suelo cubierto de hierba luminosa.
El aire estaba impregnado de un aroma dulce, como miel mezclada con tierra húmeda.
Al levantar la vista, descubrió un bosque imposible: árboles tan altos que sus copas se perdían en la neblina, y hongos gigantes que brillaban como faroles azules.
Cada hoja parecía susurrar palabras que no entendía.
El joven avanzó con cautela, la brújula en su mano girando sin descanso.
Cada vez que daba un paso, los susurros se intensificaban, como si el bosque mismo lo estuviera observando.
De pronto, una flecha silbó en el aire y se clavó en el suelo frente a él.
—¡No des un paso más!
—una voz femenina resonó desde las sombras.
Ariel levantó las manos, sorprendido.
Entre los árboles apareció una joven de cabello rojizo, ojos verdes y un arco tensado.
Vestía una capa verde que se confundía con el follaje.
Su mirada era firme, pero en ella había curiosidad.
—¿Quién eres y por qué tienes esa brújula?
—preguntó con dureza.
—Soy Ariel… y no lo sé.
La encontré en una cueva, y me trajo hasta aquí —respondió con sinceridad.
La joven bajó el arco lentamente, aunque no lo soltó.
—Esa brújula no es un juguete.
Es una reliquia que muchos han intentado robar.
Los Errantes la buscan… y si te han seguido, estamos en peligro.
En ese instante, un murmullo distinto se alzó entre los árboles.
No era el bosque, sino un coro de voces huecas.
Sombras negras emergieron del suelo, figuras espectrales con ojos rojos que se movían como humo.
Los Errantes habían llegado.
Ariel retrocedió, pero la joven ya había disparado su primera flecha, que atravesó a una de las sombras y la hizo desvanecerse en un chillido.
—¡Si quieres vivir, sígueme!
—gritó ella.
El bosque se iluminó con destellos de magia y flechas mientras Ariel corría tras la misteriosa arquera.
La brújula brillaba con fuerza, como si respondiera al peligro.
Por primera vez, Ariel comprendió que su aventura no sería un sueño… sino una batalla por sobrevivir.
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