La brújula de los mundos perdidos - Capítulo 21
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21: Capítulo 21 La tormenta de ceniza 21: Capítulo 21 La tormenta de ceniza El aire se volvió más pesado mientras los tres avanzaban por las calles agrietadas.
La brújula latía con violencia en la mano de Ariel, como si presintiera un peligro cercano.
La flor luminosa en el pecho de Lira ardía con un resplandor inestable, y Kael apretaba su espada rota, preparado para lo inevitable.
De pronto, el cielo rugió.
Una tormenta de ceniza descendió sobre la ciudad, oscureciendo todo a su alrededor.
Entre el polvo ardiente, una figura gigantesca emergió: un coloso formado de humo y fuego, con alas de ceniza que cubrían la plaza entera.
Sus ojos brillaban como volcanes, y su voz resonó como un trueno: —Tres luces… tres llamas que debo apagar.
El suelo tembló, y de las ruinas surgieron criaturas menores, espectros que se alimentaban de la tormenta.
Ariel levantó la brújula, que brilló dorada y verde, pero el coloso lanzó un rugido que apagó parte de su luz.
—¡No basta con la brújula!
—gritó Kael, esquivando un golpe que destrozó una torre cercana.
Lira tensó el arco y disparó una flecha explosiva.
El proyectil atravesó el aire y explotó contra el pecho del coloso, iluminando la tormenta por un instante.
Pero la criatura apenas retrocedió, y con un movimiento de sus alas lanzó una ráfaga de ceniza ardiente que los derribó a los tres.
Ariel cayó de rodillas, la brújula vibrando como un corazón desesperado.
Cerró los ojos y concentró toda su energía.
La regeneración se activó, curando sus heridas y fortaleciendo a Kael y Lira.
La luz verde se expandió, creando un círculo protector en medio de la tormenta.
—¡Ahora!
—gritó Ariel.
Kael se lanzó contra las piernas del coloso, golpeando con su espada rota y abriendo grietas en su cuerpo de ceniza.
Lira disparó una ráfaga de flechas, cada una explotando en destellos de luz que atravesaban las alas.
Ariel levantó la brújula y descargó un arco de energía dorada, que atravesó el pecho del monstruo.
El coloso rugió, la tormenta se intensificó, y por un instante pareció que todo se derrumbaría.
Pero la unión de los tres poderes —la espada de luz, el arco explosivo y la fuerza regeneradora— creó una onda que desintegró al coloso en una explosión de ceniza ardiente.
El silencio volvió, pero la ciudad estaba devastada.
Torres derrumbadas, calles partidas, y el aire aún cargado de humo.
Ariel respiró con dificultad, sosteniendo la brújula que brillaba débilmente.
Kael lo miró con gravedad.
—Si esto es solo el comienzo… el corazón del reino será peor.
Lira levantó el arco, con la flor luminosa ardiendo en su pecho.
—No importa lo que nos espere.
Ahora sabemos que juntos podemos resistir incluso la tormenta.
El viento oscuro recorrió la ciudad, y una voz profunda resonó en todas direcciones: —Avancen… si creen que pueden.
Cada paso los llevará más cerca de la verdadera oscuridad.
Ariel apretó la brújula, que seguía latiendo como un corazón.
—Entonces seguiremos avanzando.
Hasta el final.
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