La brújula de los mundos perdidos - Capítulo 22
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22: Capítulo 22 El portal oculto 22: Capítulo 22 El portal oculto La ciudad destruida seguía temblando tras la caída del coloso.
Ariel, Lira y Kael avanzaban con cautela, siguiendo el resplandor de la brújula, que vibraba como si quisiera guiarlos hacia un destino inevitable.
El aire estaba cargado de ceniza, y cada sombra parecía observarlos desde las ruinas.
Finalmente, llegaron a una explanada oculta entre torres derrumbadas.
En el centro, se alzaba un arco de piedra cubierto de símbolos ardientes: un portal antiguo, que latía como si tuviera un corazón propio.
La luz de la brújula y la flor luminosa reaccionaron al unísono, iluminando los grabados y revelando que aquel era un camino hacia la salida del reino.
Pero no estaban solos.
De las grietas del suelo surgió un guerrero de ceniza, alto y encapuchado, con una lanza ardiente en sus manos.
Sus ojos brillaban como carbones encendidos, y su voz resonó con dureza: —Nadie cruza este portal.
Aquí termina su viaje.
El guardián avanzó con pasos pesados, y la tierra se agrietó bajo su fuerza.
Ariel levantó la brújula, que brilló dorada y verde; Lira tensó el arco, con la flor ardiendo en su pecho; Kael apretó su espada rota, decidido a resistir.
La batalla fue brutal.
El guardián lanzaba su lanza con precisión, cada impacto sacudiendo la explanada.
Ariel bloqueaba con la espada de luz, pero el poder del enemigo era abrumador.
Lira disparaba flechas explosivas, iluminando la oscuridad, mientras Kael atacaba con golpes certeros, buscando abrir grietas en su cuerpo de ceniza.
El guardián rugió, envolviendo la plaza en fuego oscuro.
Ariel cayó de rodillas, pero la brújula reaccionó, liberando un destello verde que regeneró sus fuerzas y las de sus compañeros.
Lira aprovechó el momento y disparó una flecha directa al pecho del enemigo.
Kael, con un grito de furia, hundió su espada rota en la grieta abierta.
Ariel descargó un arco de luz final, atravesando el corazón del guardián.
El ser se desintegró en ceniza ardiente, y el portal comenzó a brillar con intensidad.
La explanada quedó en silencio, iluminada por la unión de la brújula y la flor luminosa.
Ariel respiró con fuerza, sosteniendo el artefacto.
—Este es el camino.
La salida está más cerca.
Lira asintió, con el arco aún vibrando en sus manos.
—Entonces avancemos.
No importa lo que nos espere.
Kael miró el portal, con una mezcla de esperanza y temor.
—Si cruzamos… quizá dejemos atrás la ceniza.
O quizá entremos en algo peor.
El portal latía, esperando.
Los tres se miraron, y sin más palabras, dieron un paso hacia la luz.
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