La brújula de los mundos perdidos - Capítulo 24
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24: Capítulo 24 El juicio de las sombras (parte uno) 24: Capítulo 24 El juicio de las sombras (parte uno) El silencio tras la última batalla era engañoso.
La neblina seguía cubriendo el suelo, moviéndose como un mar inquieto, y cada paso que daban resonaba como si el reino mismo los estuviera escuchando.
Ariel sostenía la brújula, que vibraba con un pulso irregular, como un corazón que latía demasiado rápido.
—No confío en este camino —murmuró Kael, apretando su espada rota—.
La neblina nos observa.
Lira tensó el arco, con la flor luminosa brillando suavemente en su pecho.
—No importa si nos observa.
Lo importante es que no nos detenga.
Avanzaron hacia las torres de humo que se alzaban en el horizonte.
Eran gigantescas, retorcidas, como columnas vivientes que respiraban ceniza.
A medida que se acercaban, la neblina se volvió más densa, y las sombras comenzaron a tomar forma.
Primero fueron figuras pequeñas, espectros que se arrastraban como animales.
Luego, humanoides más grandes, con ojos azules que brillaban en la oscuridad.
Ariel levantó la brújula, y la espada de luz apareció, iluminando el camino.
—Son más que antes… —dijo Ariel, con voz tensa.
Los espectros se lanzaron contra ellos, multiplicándose con cada golpe.
Lira disparó flechas explosivas, iluminando la neblina con destellos dorados.
Kael luchaba con fuerza, aunque su espada rota apenas podía contener la marea.
La batalla parecía interminable.
Cada enemigo derrotado dejaba tras de sí más fragmentos, como si el reino se regenerara con cada golpe.
Ariel comprendió que no bastaba con luchar: había que purificar la fuente misma.
—¡La brújula… está reaccionando!
—gritó, levantando el artefacto.
Un resplandor verde se expandió, mezclándose con el dorado de la espada.
La luz purificó parte de la neblina, debilitando a los espectros.
Lira aprovechó y disparó una flecha al corazón de la bruma, que explotó en un destello.
Kael, con un golpe certero, derribó al último enemigo.
Pero la neblina no desapareció.
En lugar de eso, se alzó como una muralla, bloqueando el camino hacia las torres.
Y en medio de esa muralla, una figura gigantesca comenzó a formarse: un guardián de humo sólido, con brazos múltiples y ojos que ardían como brasas.
—El Rey nos está probando —dijo Lira, tensando el arco—.
Y esta prueba será peor que todas las anteriores.
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