La brújula de los mundos perdidos - Capítulo 25
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25: Capítulo 24 El juicio de las sombras (Parte 2) 25: Capítulo 24 El juicio de las sombras (Parte 2) El guardián emergió por completo de la muralla de neblina.
Su cuerpo era una amalgama de humo endurecido y fuego líquido, con múltiples brazos que portaban armas distintas: una lanza ardiente, un martillo de ceniza, y garras que parecían capaces de desgarrar la misma luz.
Sus ojos, rojos como brasas, se fijaron en los tres viajeros con un odio silencioso.
El suelo vibró bajo sus pasos, y cada movimiento hacía que la neblina se agitara como un mar embravecido.
Ariel apretó la brújula, que latía con fuerza en su mano.
Lira tensó el arco, y Kael levantó su espada rota, aunque sabía que estaba en clara desventaja.
—No es un espectro común —dijo Kael con voz grave—.
Este… es un juez.
El guardián levantó sus brazos, y la muralla de neblina se cerró detrás de ellos, atrapándolos en un círculo de sombras.
No había salida.
La primera embestida Con un rugido ensordecedor, el guardián lanzó la lanza ardiente contra Ariel.
La brújula reaccionó, transformándose en espada de luz, y Ariel apenas logró desviar el impacto.
El choque liberó una onda de fuego que derribó parte de las torres cercanas.
Lira disparó una flecha explosiva, que impactó en el hombro del guardián.
La explosión iluminó la neblina, pero apenas logró hacer retroceder a la criatura.
El martillo descendió con fuerza, y Kael se interpuso, bloqueando el golpe con su espada rota.
El impacto lo lanzó contra el suelo, pero logró levantarse, jadeando.
—¡No podemos enfrentarlo de frente!
—gritó Kael—.
Necesitamos quebrar su vínculo con la neblina.
La estrategia de la luz Ariel cerró los ojos un instante, concentrándose en la brújula.
El artefacto comenzó a brillar con un resplandor verde y dorado, proyectando un círculo de luz alrededor de ellos.
La neblina retrocedió, debilitando al guardián por un instante.
—¡Ahora, Lira!
—gritó Ariel.
La cazadora tensó el arco y disparó tres flechas consecutivas.
Cada una explotó en destellos que atravesaron el cuerpo del guardián, abriendo grietas en su pecho de humo sólido.
El monstruo rugió, furioso, y lanzó sus garras contra ellos.
Kael se lanzó hacia adelante, golpeando las piernas del guardián con su espada rota.
Aunque el arma estaba quebrada, logró abrir una fisura en la base del enemigo.
Ariel aprovechó y descargó un arco de luz directo al corazón de la criatura.
El contraataque del guardián El guardián retrocedió, pero no cayó.
En lugar de eso, absorbió parte de la neblina, haciéndose más grande y más sólido.
Sus múltiples brazos se multiplicaron, y ahora parecía un ejército en un solo cuerpo.
—¡Se está alimentando de la neblina!
—exclamó Lira, con desesperación.
El monstruo atacó con una ráfaga de golpes simultáneos.
Ariel bloqueó con la espada de luz, Kael resistió con su fuerza, y Lira disparó flechas para mantenerlo a raya.
Pero cada impacto los debilitaba más.
Ariel cayó de rodillas, la brújula vibrando con violencia.
La regeneración se activó, curando sus heridas y las de sus compañeros, pero el guardián seguía avanzando.
—Si no destruimos la fuente… nunca lo venceremos —dijo Ariel, con voz firme.
El golpe final Lira levantó la flor luminosa, que brilló con intensidad.
La brújula reaccionó, y ambos artefactos comenzaron a sincronizarse.
Una onda de energía recorrió la explanada, iluminando la muralla de neblina.
Kael, con un grito de furia, se lanzó contra el guardián, hundiendo su espada rota en la grieta de su pecho.
Ariel descargó toda la energía de la brújula en un arco de luz dorado y verde, mientras Lira disparaba una flecha directa al corazón de la criatura.
El impacto fue devastador.
El guardián rugió, y su cuerpo comenzó a desintegrarse en humo y fuego.
La muralla de neblina se quebró, liberando un destello que iluminó todo el reino.
El silencio volvió.
El guardián había desaparecido, y el camino hacia las torres de humo estaba abierto.
Ariel cayó de rodillas, agotado, mientras la brújula regresaba a su forma original.
Lira lo ayudó a levantarse, y Kael observó el horizonte, con la respiración pesada.
—El Rey nos está probando con cada paso —dijo Kael, con voz grave—.
Y cada prueba será peor que la anterior.
Ariel apretó la brújula, que seguía latiendo como un corazón.
—Entonces seguiremos avanzando.
No importa cuántas pruebas nos espere.
Lira levantó el arco, con la flor luminosa brillando en su pecho.
—Porque juntos… podemos atravesar cualquier sombra.
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