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La brújula de los mundos perdidos - Capítulo 26

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26: Capítulo 24 El juicio de las sombras (Parte 3) 26: Capítulo 24 El juicio de las sombras (Parte 3) El camino hacia las torres de humo se abrió, pero lo que aguardaba más allá no era alivio.

La neblina se agitaba como si tuviera vida propia, formando figuras que se deshacían y volvían a levantarse.

El silencio era tan profundo que cada respiración de los tres resonaba como un eco en la oscuridad.

Ariel sostuvo la brújula, que vibraba con un pulso irregular.

La luz dorada y verde que antes había sido firme ahora titilaba, como si dudara.

Lira caminaba a su lado, con el arco preparado, pero sus ojos reflejaban una inquietud que no podía ocultar.

Kael, detrás de ellos, parecía más sombrío que nunca, como si el peso de las pruebas anteriores lo estuviera quebrando.

—Algo no está bien —murmuró Ariel, deteniéndose.

Las torres de humo comenzaron a cambiar de forma.

Sus columnas retorcidas se alargaron, y de ellas surgieron rostros deformados, gritando sin voz.

La neblina se cerró alrededor de los tres, y de pronto cada uno quedó aislado, atrapado en un círculo propio.

La ilusión de Ariel Ariel se encontró solo, con la brújula apagada en su mano.

El cielo se abrió sobre él, mostrando un sol negro que consumía toda luz.

Frente a sus ojos, vio a Lira y Kael caer, desintegrados en ceniza, mientras el Rey de las Cenizas se alzaba victorioso.

—Tu esperanza es inútil —retumbó la voz del Rey—.

La brújula no puede salvarte.

Ariel apretó el artefacto, desesperado, pero no brillaba.

Por primera vez, sintió verdadero miedo: el miedo de perderlo todo.

La ilusión de Lira Lira apareció en un bosque consumido por fuego.

Los árboles que alguna vez protegió estaban reducidos a ceniza, y la flor luminosa en su pecho se marchitaba lentamente.

Escuchó risas en la distancia, y vio a Ariel atrapado en cadenas de humo, mientras Kael se desvanecía en la bruma.

—Tu arco no es más que madera quebrada —susurró una voz oscura—.

No puedes salvar a nadie.

Lira tensó el arco, pero al disparar, la flecha se convirtió en polvo antes de salir.

La desesperación la golpeó como nunca antes.

La ilusión de Kael Kael se encontró en un calabozo eterno, rodeado de cadenas que se cerraban sobre su cuerpo.

Cada vez que intentaba moverse, las cadenas se multiplicaban, atrapándolo más.

Frente a él, vio a Ariel y Lira luchando, pero incapaces de alcanzarlo.

—Siempre serás prisionero —dijo la voz del Rey—.

No importa cuánto luches, nunca escaparás.

Kael gritó, golpeando las cadenas con su espada rota, pero el metal se quebró en sus manos.

El despertar Los tres estaban atrapados en sus propias pesadillas, cada uno enfrentando el miedo más profundo.

La neblina se alimentaba de su desesperación, fortaleciéndose con cada segundo.

El Rey de las Cenizas los observaba desde la distancia, disfrutando del tormento.

Pero entonces, la brújula comenzó a vibrar.

Aunque apagada en la ilusión de Ariel, su verdadero poder seguía latiendo.

La flor luminosa de Lira brilló débilmente, y la espada rota de Kael resonó como si aún tuviera fuerza.

Una chispa de luz atravesó la neblina, conectando a los tres.

Ariel escuchó la voz de Lira, firme a pesar del dolor: —¡No estamos solos!

Kael gritó desde su prisión: —¡La sombra no puede romper lo que compartimos!

La brújula se encendió, liberando un destello dorado y verde que atravesó las ilusiones.

La flor luminosa ardió como una estrella, y la espada rota de Kael brilló como si estuviera completa.

Las cadenas se quebraron, el bosque ardiente se apagó, y el sol negro se desintegró.

Los tres despertaron, de pie en la explanada frente a las torres de humo.

La neblina retrocedió, debilitada por la unión de sus voluntades.

Ariel respiró con fuerza, sosteniendo la brújula que ahora brillaba con más intensidad que nunca.

—El Rey quiso quebrarnos… pero solo nos hizo más fuertes.

Lira levantó el arco, con la flor ardiendo en su pecho.

—No importa cuántas ilusiones cree.

La luz siempre encontrará un camino.

Kael apretó su espada rota, con una chispa de esperanza en sus ojos.

—Y yo… nunca volveré a ser prisionero.

Las torres de humo se abrieron, revelando un nuevo pasaje.

El juicio había terminado, pero la verdadera batalla apenas comenzaba.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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