La brújula de los mundos perdidos - Capítulo 3
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3: Capítulo 3 Sombras en la noche 3: Capítulo 3 Sombras en la noche El bosque se oscureció de repente.
Los hongos que iluminaban el suelo comenzaron a parpadear como si temieran lo que estaba por venir.
Los Errantes avanzaban, sus cuerpos hechos de humo y ceniza, con ojos rojos que ardían como brasas.
Cada paso suyo dejaba marcas negras en la hierba.
Ariel retrocedió, la brújula en su mano vibrando con fuerza.
—¿Qué son esas cosas?
—preguntó, con la voz temblorosa.
—Los Errantes —respondió Lira, tensando su arco—.
Espíritus que sirven al Rey de las Cenizas.
No tienen forma, pero buscan la brújula… y a quien la porta.
Una de las sombras se lanzó contra Ariel.
Instintivamente levantó la brújula, y un destello dorado salió de ella, empujando al espectro hacia atrás.
Ariel miró sorprendido la luz que había invocado.
—¡Yo… yo no sabía que podía hacer eso!
—Entonces aprende rápido —gritó Lira, disparando otra flecha que atravesó a un Errante y lo desintegró en un chillido.
Las sombras rodearon a los dos, cerrando el círculo.
Ariel respiró hondo y levantó la brújula de nuevo.
Esta vez, la luz no solo repelió: formó un campo brillante alrededor de él y Lira.
Los Errantes se detuvieron, siseando con furia.
—¡Mantén esa luz!
—ordenó Lira—.
Yo me encargo de atacarlos.
Ariel apretó la brújula con ambas manos, concentrándose.
La luz se intensificó, iluminando todo el bosque como si fuera de día.
Lira aprovechó la claridad para disparar flecha tras flecha, cada una guiada por la luz dorada.
Los Errantes caían uno a uno, desvaneciéndose en humo.
Pero el líder de la horda apareció: una sombra más grande, con un rostro deformado y garras de fuego.
Rugió, y el bosque entero tembló.
Ariel sintió que la brújula ardía en su mano, como si respondiera al desafío.
—¡Ese es tu destino, Ariel!
—gritó Lira—.
¡Usa la brújula contra él!
El joven cerró los ojos, escuchando el murmullo del bosque.
La brújula giró violentamente y lanzó un rayo dorado directo al espectro.
El líder chilló, desintegrándose en una explosión de humo y ceniza.
El resto de los Errantes se dispersó, huyendo hacia la oscuridad.
El silencio volvió al bosque.
Ariel cayó de rodillas, agotado, mientras la brújula se apagaba lentamente.
Lira se acercó y le tendió la mano.
—Nada mal para tu primera batalla.
Ariel sonrió débilmente, aceptando su ayuda.
—Supongo que… ya no puedo volver atrás.
Lira lo miró con seriedad.
—No.
Ahora eres parte de esto.
Y si quieres sobrevivir, tendrás que aprender rápido.
El bosque volvió a susurrar, como si aprobara la alianza recién formada.
La aventura apenas comenzaba.
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