La brújula de los mundos perdidos - Capítulo 32
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32: Capítulo 30 La caída del Rey de los Reflejos 32: Capítulo 30 La caída del Rey de los Reflejos El destello púrpura atravesó el aire, directo al corazón de Ariel.
Por un instante, todo pareció detenerse: el océano congelado, las torres quebradas, los reflejos suspendidos en silencio.
La brújula en su mano vibró con un pulso desesperado, como si se resistiera a aceptar el final.
De pronto, la flor luminosa de Lira ardió con un resplandor inesperado, liberando un rayo dorado que se entrelazó con la brújula.
Al mismo tiempo, la espada rota de Kael brilló como si estuviera completa, rompiendo las cadenas invisibles que lo aprisionaban.
La unión de los tres artefactos liberó una onda de energía que chocó contra el ataque del Rey.
El impacto fue tan violento que el océano se abrió en dos, mostrando un abismo oscuro bajo el cristal.
Ariel, con un grito de furia, levantó la brújula y descargó toda su luz dorada, verde y azul.
—¡No somos tus reflejos!
—rugió Ariel—.
Somos la verdad que no puedes quebrar.
El Rey de los Reflejos retrocedió, su cuerpo líquido temblando.
Lira disparó una flecha que atravesó su pecho cambiante, y Kael hundió su espada rota en el corazón cristalino del enemigo.
El Rey gritó, su voz multiplicándose en miles de ecos que resonaron en las torres.
El océano se agitó con violencia, y el cuerpo del Rey comenzó a fragmentarse.
Sus rostros distorsionados se quebraron uno a uno, hasta que solo quedó una masa líquida que se desintegró en millones de gotas.
Las torres de cristal se iluminaron como estrellas, y el reflejo eterno se deshizo en silencio.
El Rey de los Reflejos había caído.
Ariel cayó de rodillas, exhausto, mientras la brújula regresaba a su forma original.
Lira se acercó, ayudándolo a levantarse, con la flor luminosa brillando débil pero firme.
Kael respiraba con dificultad, pero en sus ojos había una chispa de victoria.
—Dos reyes han caído —dijo Kael, con voz grave—.
Pero aún quedan más.
El océano comenzó a calmarse, y en el horizonte apareció un nuevo portal, esta vez formado de cristal quebrado y agua suspendida en el aire.
La brújula vibró, señalando hacia él.
Ariel lo observó, con la determinación renovada.
—Cada reino nos prueba… y cada victoria nos acerca al final.
Lira tensó el arco, mirando el portal con firmeza.
—Entonces sigamos.
Porque la brújula aún late, y los reinos perdidos nos esperan.
El portal brilló con intensidad, abriéndose hacia un nuevo destino.
Los tres viajeros dieron un paso adelante, sabiendo que la próxima prueba sería aún más peligrosa.
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