La brújula de los mundos perdidos - Capítulo 4
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4: Capítulo 4 El pacto del bosque 4: Capítulo 4 El pacto del bosque El amanecer bañaba el Bosque de los Susurros con tonos dorados y verdes.
Ariel y Lira caminaban en silencio, siguiendo el rumbo que la brújula marcaba con insistencia.
El aire vibraba con un murmullo constante, como si los árboles conversaran entre sí.
Cada paso los acercaba a un claro perfecto, donde los troncos formaban un círculo sagrado.
De pronto, el suelo brilló con una luz azulada.
Del centro del claro emergió una figura majestuosa: la Guardiana del Bosque Susurrante.
Su cuerpo parecía hecho de raíces y estrellas, con un rostro humano que cambiaba de expresión como el viento.
Sus ojos brillaban con la intensidad de mil lunas.
—El viajero ha llegado… —dijo con voz múltiple, como si hablara a través de todos los árboles—.
Pero el bosque no confía en él.
Ariel retrocedió, apretando la brújula contra su pecho.
Lira bajó la mirada con respeto.
—Guardiana, él no es enemigo.
La brújula lo eligió.
La Guardiana extendió su mano, y el bosque entero susurró en un idioma antiguo.
—Si quiere ser aceptado, deberá superar la prueba de los ecos.
El claro se llenó de voces.
Los árboles murmuraban en lenguas olvidadas, los hongos vibraban como campanas, y el aire se volvió pesado.
Ariel sintió que las palabras lo rodeaban, pero eran incomprensibles.
La brújula comenzó a girar frenéticamente, brillando con destellos dorados.
Un anciano druida, una niña que jugaba con hongos luminosos y un cazador de mirada dura observaban desde la periferia del claro.
Algunos mostraban esperanza, otros desconfianza.
Ariel cerró los ojos, recordando las palabras del anciano: “No escuches con tus oídos, escucha con tu espíritu.” El murmullo se transformó en un coro de frases confusas, hasta que poco a poco se aclaró: “El viajero no debe temer a la oscuridad, porque la luz nace de ella.” El joven abrió los ojos, jadeando.
La Guardiana lo miró con intensidad.
—Has escuchado la verdad.
El bosque te acepta… por ahora.
El claro se iluminó, y la brújula lanzó un último resplandor que marcó un nuevo rumbo, más profundo en el bosque.
Ariel apretó el artefacto, consciente de que había dado su primer paso hacia la aceptación de un mundo que lo observaba con ojos invisibles.
Lira lo miró con seriedad.
—Has pasado la prueba.
Pero esto es solo el comienzo.
El bosque nos ha aceptado… ahora debemos demostrar que lo merecemos.
El viento sopló entre los árboles, llevando consigo un susurro que parecía una advertencia: “El viajero será probado una y otra vez.”
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