La brújula de los mundos perdidos - Capítulo 7
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7: Capítulo 7 La espada del viajero 7: Capítulo 7 La espada del viajero La cima de la montaña estaba envuelta en un viento helado.
Ariel sostenía la brújula, que vibraba con una fuerza desconocida.
El horizonte mostraba los reinos perdidos: mares de cristal, desiertos dorados, montañas heladas y ciudades suspendidas en las nubes.
Era un espectáculo imposible, y sin embargo real.
De pronto, un murmullo resonó en su mente: “El viajero debe portar más que luz.
El viajero debe blandir su verdad.” La brújula comenzó a arder en su mano.
Ariel la levantó instintivamente, y el círculo dorado se alargó.
Los símbolos brillaron con intensidad, y una hoja de energía pura emergió de su centro.
En cuestión de segundos, la brújula se transformó en una espada luminosa, vibrante como si respirara.
Lira retrocedió, sorprendida.
—¿Qué… qué hiciste?
Ariel miró la espada, incrédulo.
—No lo sé… cambió sola.
La hoja dorada emitía un zumbido suave, y al moverla, dejaba un rastro de luz en el aire.
Ariel sintió que la energía fluía desde su corazón hacia el arma, como si estuviera conectado a ella.
—Esa no es una simple arma —dijo Lira con voz seria—.
Es el símbolo de que el bosque te ha aceptado.
Ahora eres más que un viajero… eres un portador.
El viento sopló fuerte, y desde la cima de la montaña, Ariel blandió la espada por primera vez.
La luz iluminó todo el horizonte, y los reinos respondieron con un murmullo distante, como si reconocieran al nuevo viajero.
Ariel bajó la espada, que volvió a transformarse en brújula en su mano.
Respiró hondo, consciente de que había desbloqueado un poder que cambiaría su destino.
—Si puedo convertirla en espada… entonces podré luchar contra lo que venga.
Lira lo miró con una mezcla de respeto y preocupación.
—Sí, pero recuerda: cada poder tiene un precio.
Y los reinos no entregan sus secretos sin exigir algo a cambio.
El viajero había dado un paso más en su destino.
La brújula ya no era solo guía: era arma, era promesa, era prueba.
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