La brújula de los mundos perdidos - Capítulo 8
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8: Capítulo 8 El filo de la luz 8: Capítulo 8 El filo de la luz El amanecer volvió a teñir el bosque con tonos dorados.
Ariel despertó en la cima de la montaña, aún con la sensación del poder que había liberado la noche anterior.
La brújula descansaba en su mano, aparentemente inofensiva, pero él sabía que dentro de ese artefacto latía una espada de luz.
Lira lo observaba mientras afilaba sus flechas.
—No basta con tener un arma.
Debes aprender a usarla.
Ariel asintió.
Se levantó y sostuvo la brújula.
Con un pensamiento, la energía volvió a fluir: el círculo dorado se alargó y la hoja luminosa emergió, vibrante como si respirara.
La espada brilló con fuerza, iluminando el claro.
El bosque reaccionó.
Espíritus menores aparecieron entre los árboles: criaturas hechas de humo y hojas, pequeños guardianes que probaban a todo viajero.
No eran tan peligrosos como los Errantes, pero se movían rápido y atacaban en grupo.
—Perfecto para entrenar —dijo Lira, apuntando con su arco.
Ariel blandió la espada por primera vez en combate.
El filo de luz cortó el aire, dejando un rastro dorado.
Al golpear a una de las criaturas, esta se desintegró en un destello.
Ariel sintió la energía recorrer su brazo, como si la espada estuviera viva.
—¡Es increíble!
—exclamó, aunque su entusiasmo se vio interrumpido cuando tres espíritus lo rodearon.
Lira disparó una flecha que atravesó a uno, pero dejó que Ariel enfrentara a los otros dos.
El joven respiró hondo, levantó la espada y giró con torpeza.
La luz se expandió en un arco, derribando a ambos enemigos.
Ariel cayó de rodillas, agotado.
—La espada consume tu energía —explicó Lira—.
No puedes usarla sin control.
Debes aprender a equilibrar tu fuerza con la de la brújula.
Ariel miró el arma, que volvió a transformarse en brújula.
—Entonces… no es solo un arma.
Es parte de mí.
El bosque guardó silencio, como si aprobara sus palabras.
Desde la cima de la montaña, Ariel levantó la brújula y la luz se reflejó en los reinos lejanos.
Por primera vez, sintió que estaba preparado para enfrentarse a lo que vendría.
El viento sopló fuerte, llevando un murmullo que parecía un desafío: “El viajero debe aprender a dominar su filo.”
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