La brújula de los mundos perdidos - Capítulo 9
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9: Capítulo 9 El llamado del Rey de las Cenizas 9: Capítulo 9 El llamado del Rey de las Cenizas La noche envolvía la montaña en un silencio inquietante.
Ariel sostenía la brújula, aún resonando con la energía de su nueva forma de espada.
Lira permanecía a su lado, atenta a cada sonido del bosque.
De pronto, el aire se volvió pesado, como si la tierra misma contuviera la respiración.
Un murmullo profundo emergió de la oscuridad, distinto a los susurros del bosque.
Era una voz grave, antigua, que parecía provenir de todas partes a la vez: —Viajero… finalmente te encuentro.
El suelo tembló.
Desde la neblina surgió una figura imponente: un hombre cubierto por una armadura negra, con un manto de cenizas que se deshacía y recomponía con cada movimiento.
Sus ojos ardían como brasas, y en su mano sostenía un cetro que parecía hecho de fuego petrificado.
Era el Rey de las Cenizas.
Lira tensó su arco, pero la voz del Rey la detuvo.
—No vine por ti, cazadora.
Vine por él.
Ariel retrocedió, la brújula vibrando con violencia en su mano.
—¿Quién eres?
El Rey sonrió con un gesto sombrío.
—Soy el guardián de los reinos perdidos, el dueño de las sombras que te persiguen.
Esa brújula… me pertenece.
El aire se llenó de ceniza.
Los Errantes aparecieron alrededor, formando un círculo que cerraba toda salida.
Lira disparó flechas, pero las sombras se regeneraban una y otra vez.
Ariel levantó la brújula, que se transformó en espada, y la luz dorada repelió a los espectros.
El Rey observó con interés.
—Así que ya despertaste su poder… —murmuró—.
Mejor.
Así será más entretenido quebrarte.
Con un gesto de su cetro, el cielo se abrió en un torbellino de cenizas.
Una grieta oscura se formó en el aire, un portal que mostraba un reino devastado: torres derrumbadas, mares de fuego, y un horizonte cubierto de humo eterno.
—Ese es mi reino —dijo el Rey—.
Y allí… tu viaje termina.
Las raíces de ceniza se alzaron y atraparon a Ariel, arrastrándolo hacia el portal.
Lira intentó liberarlo, pero una ola de sombras la lanzó contra el suelo.
Ariel gritó, la espada brilló con fuerza, pero la oscuridad lo envolvió por completo.
Lo último que vio antes de ser absorbido fue la mirada ardiente del Rey de las Cenizas.
—Tu viaje termina en mis dominios.
El portal se cerró con un estruendo, dejando a Lira sola en la montaña, con el bosque temblando de miedo.
Ariel había sido llevado al reino del enemigo, y la verdadera batalla apenas comenzaba.
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