La Cacería de Esposa del Alfa - Capítulo 11
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11: Capítulo 11 11: Capítulo 11 POV de Derek
Anoche, después de dejar atrás a Tabitha, volví a casa completamente solo.
Tumbado en la cama, no pude dormir nada.
Sabía que, después de restaurar los derechos de Luna de Tabitha, ella sin duda cogería dinero para salvar a John, pero aun así lo hice.
Al menos, calmaría un poco a Leo, me dije a mí mismo.
No me di cuenta de que me había quedado despierto toda la noche hasta que el sol empezó a asomar.
Como no podía dormir de ninguna manera, me levanté y fui directo a la oficina de la casa de la manada, sumergiéndome en los asuntos de la manada hasta bien entrada la tarde.
El teléfono sonó varias veces, pero ver el nombre de Daphne me impidió cogerlo.
Al cabo de un rato, oí que llamaban a la puerta.
—Pasa —gruñí, frotándome la frente.
Entonces la puerta se abrió de golpe y entró Daphne.
No me esperaba su presencia.
—¿Qué haces aquí?
—pregunté con el ceño fruncido.
Se acercó y refunfuñó: —Te llamé varias veces, pero no contestaste.
Me preocupé un poco, así que aquí estoy.
—¿Tanto te preocupas por mí?
—pregunté con una sonrisa burlona.
—Sí —arrulló, cogiéndome del brazo—.
No quiero que te pase nada malo.
Después de todo, Kyrian y yo no podemos vivir sin ti.
Su sonrisa y su gesto coqueto me asquearon.
—¿Si estuviera en un peligro real, crees que serías capaz de ayudar?
—pregunté lentamente.
—Yo… —Su sonrisa falsa se desvaneció, reemplazada por una mirada de pánico tras una pausa.
—Lo siento, Derek.
Solo estoy aquí porque te echaba de menos —explicó a toda prisa.
Le aparté la mano del brazo de inmediato.
Por alguna razón, la mirada testaruda de Tabitha cruzó mi mente.
Ella solía amarme con todo su corazón, tan fervientemente, sin decirme nunca estúpidas mentiras como esta.
Miré a Daphne, que parecía desconcertada, y le pregunté: —¿Ahórratelo.
¿Qué es lo que quieres en realidad?
Daphne bajó la cabeza y dudó un momento antes de responder con cautela: —Bueno, solo me preguntaba si has completado la ceremonia de rechazo.
—Todavía no.
—¿Qué?
¿Esa zorra lo está retrasando a propósito otra vez?
—Su rostro se contrajo de odio en un instante.
Leo bufó en mi mente.
Parecía que Daphne no le gustaba nada.
A mí tampoco.
Así que estallé, perdiendo la paciencia: —Daphne, te lo advierto por última vez.
Serás la Luna de la Manada Espina Negra.
Pero tienes que portarte bien.
O, si no, buscaré a otra sin pensármelo dos veces.
—No, no me hagas esto, Derek.
Somos parejas destinadas… —Las lágrimas corrían por sus mejillas.
—¡Fuera!
¡Ahora!
—desaté mi aura de Alfa.
Asustada, Daphne salió corriendo al instante.
Encendí un cigarrillo y le di una larga calada, el sabor a nicotina disipaba mi agitación.
La noche ya había caído por completo, pero yo no quería ir a casa.
Justo cuando estaba a punto de levantarme para ir a comer algo, Leo soltó un aullido de agonía en mi cabeza.
Una sensación desgarradora me atravesó el pecho.
«¡Acaba con él!
¡El imbécil que se acerca a nuestra pareja!», gruñó Leo.
Su rabia y mi dolor se entrelazaron, casi destrozándome.
Las rodillas me flaquearon y casi me caigo al suelo.
¿Qué le había pasado a Tabitha?
¿Me había traicionado?
Entonces caí en la cuenta, ella debió de pasar por el mismo dolor cuando yo estaba con Daphne.
Olas de agonía seguían golpeándome, y tuve que usar el enlace mental con Alvin.
Cuando llegó, mi dolor justo empezaba a aliviarse.
—¿Dónde está Tabitha?
—pregunté.
—Ni idea —se encogió de hombros Alvin, pasándome su teléfono—.
Pero, Alfa Derek, creo que de verdad se está rindiendo contigo.
Le lancé una mirada fulminante antes de coger el teléfono.
Claramente, Tabitha se lo estaba pasando de maravilla, porque había publicado dos fotos en Instagram.
En una salía bailando en un bar con una minifalda, supersexy.
En la otra, estaba sentada al lado de un maldito imbécil que le besaba la mano.
¡Maldita sea!
Casi aplasto el teléfono de Alvin de la rabia.
—Lo único que sé es que estaba con Gloria —dijo Alvin.
Cogí mi abrigo y salí, ordenando: —Vamos a ese club.
Sin embargo, cuando llegamos, no había ni rastro de Tabitha y Gloria.
Las cámaras de seguridad mostraban que se habían ido hacía horas.
Sin embargo, sí que encontré al tipo que le había besado la mano a Tabitha.
Era alto, pero mucho menos poderoso que los hombres lobo.
En ese momento, estaba temblando.
—¿Qué quieres?
—preguntó con la voz entrecortada.
—¿Cuál es tu relación con ella?
—pregunté, y Alvin le enseñó la publicación de Tabitha.
—A-apenas la conozco.
No nos habíamos visto hasta hoy.
Mantuvo las distancias conmigo todo el tiempo.
Y se fue con su amiga después de tomarse unas copas.
En cuanto terminó de hablar, me abalancé sobre él y le di un puñetazo en la cara.
Mientras lo veía desplomarse y acurrucarse, gimiendo de dolor, me arreglé la ropa con indiferencia.
—Dile a Tabitha que mañana celebraremos la ceremonia de rechazo en el Consejo de Ancianos —le ordené a Alvin antes de irme del club.
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