La Cacería de Esposa del Alfa - Capítulo 117
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117: Capítulo 117 117: Capítulo 117 POV de Tabitha
—Tabitha, siempre eres tan terca.
¿No puedes madurar un poco?
—me preguntó Holly.
Su rostro estaba tenso, la decepción se leía en él.
Siguió regañándome, con un tono lleno de descontento: —Ya pasaron por la ceremonia de rechazo.
Ahora que él está con Daphne, tienes que afrontar la realidad.
Deja de aferrarte al pasado.
Sentí una punzada de dolor en el abdomen y las sienes me palpitaban.
No podía creer lo que oía.
¿Acaso me había considerado alguna vez su hija?
Obligándome a calmarme, miré a Holly directamente a los ojos y le pregunté palabra por palabra: —¿Así que, a tu parecer, soy yo la que acosa sin cesar a Derek?
¿Todo es culpa mía?
Respondió sin dudar: —¿Acaso no es así?
He oído que todavía viven juntos.
Tabitha, ya no eres su pareja.
Esto no está bien.
Muestra un poco de respeto a Daphne.
Sentí un dolor profundo, como si un hormiguero me estuviera devorando por dentro.
Conteniendo las lágrimas, me las arreglé para esbozar una sonrisa y decir: —Así que así es como me ves.
Daphne, en ese momento, se hizo la magnánima.
Intervino para intentar aligerar la tensión, con voz suave: —Mamá, no digas eso de Tabitha.
Es que quiere demasiado a Derek.
Lo entiendo.
Somos familia y no deberíamos enfrentarnos.
—No, Daphne —dijo Holly con firmeza—.
Hoy voy a poner las cosas en su sitio.
Como madre de Tabitha, tengo que disciplinarla.
Me aseguraré de que no vuelva a interferir en tu vida y la de Derek.
Noté el sabor de la sangre en la boca, pero no quería mostrar mi vulnerabilidad delante de ellas.
Justo en ese momento, Derek intervino con voz fría: —Tabitha no ha hecho nada malo.
La llevé a mi villa para cuidarla.
Es culpa mía.
—Derek, no tienes por qué defenderla —espetó Holly, con un tono acusador—.
La conozco bien.
Siempre ha utilizado diversos medios para conseguir lo que quiere desde que era una niña.
Al oír eso, apreté los puños, retorciendo la tela de mi ropa en mis manos.
Estaba demasiado agotada para dar explicaciones o discutir.
Los recuerdos de mi infancia me inundaron como una marea, ahogando mis pensamientos.
Cuando era pequeña, siempre ansiaba la atención de Holly.
Como Luna de la Manada Luna Plateada, se suponía que debía cuidar y querer a todos los miembros de la manada, incluida yo.
Pero rara vez cumplía con ese deber.
Para llamar su atención, una vez fingí que estaba a punto de sufrir una transformación dolorosa, pues hasta un saludo de preocupación o una caricia suave eran demasiado para esperar.
Recuerdo que le dije aquel día: —Siento que me voy a transformar, Mamá.
Tengo miedo.
Pero todo lo que obtuve fue su fría respuesta: —Eres una mujer lobo fuerte.
No deberías tener miedo a la transformación.
Aquel día, me escondí en mi habitación, actuando como si estuviera a punto de transformarme, con la esperanza de ganarme su compasión y su cuidado.
Me tumbé en la cama, toda tensa, esperando que me consolara.
Sin embargo, Holly se limitó a quedarse junto a la cama y espetó: —¿Fingiendo otra vez la transformación, eh?
¿Cómo puedes aprender a hacer trampas a una edad tan temprana?
Omega, llévala al campo de entrenamiento.
—Pero parece que está muy incómoda —dijo preocupada la doncella Omega.
—Es una mujer lobo, no una frágil humana.
Seguro que lo está fingiendo para saltarse el entrenamiento.
¿Sabes qué?
Deja que vaya andando ella sola —siseó Holly.
Luego, se fue sin mirar atrás.
No recibí ningún consuelo de ella.
Mientras reflexionaba sobre mi tumultuosa infancia con Holly, Derek dio un paso al frente para defenderme, pero mi risa rompió el silencio primero.
Holly continuó: —Tabitha, Daphne es una buena chica, y ahora tiene su propia familia.
Te lo ruego, ¿puedes dejar ir a Derek, solo por mí?
No quiero verla sufrir de nuevo.
Respondí con una mueca de desprecio: —Vaya, qué madre tan maravillosa eres.
Ha sido tan conmovedor que casi no he podido evitar aplaudir.
Holly, ¿alguna vez has pensado en cómo me sentí cuando se lió con mi pareja?
Intentó persuadirme: —No conozco los detalles de lo que pasó entre tú y Derek, pero ya se rechazaron, ¿no?
Todavía eres joven y hay mucho que puedes hacer.
¿Qué tal si te envío al extranjero para que sigas estudiando?
Extendió la mano, intentando consolarme: —Tabitha, soy tu madre, y espero sinceramente que puedas ser feliz.
Aparté su mano de un manotazo, rugiendo con voz ronca: —¡No me toques!
Me sentí como un erizo, irguiendo todas mis púas para evitar que me hicieran daño.
Si hubiera sabido que mi madre era así, nunca habría anhelado su amor.
—Señora Sutton, debería centrarse en buscar su felicidad.
En cuanto a mí, ya que nunca me quisiste, ¿por qué fingir que te sientes culpable?
Me das asco —me burlé.
—¡Tabitha, soy tu madre!
¿Cómo puedes hablarme así?
Está claro que John no te educó bien —me regañó.
—No mereces mencionar a mi padre —grité—.
¡Señora Sutton, deje de imponerme su moral!
¡Mi vida no tiene nada que ver con usted!
Mirándola fijamente, continué: —El mayor error que he cometido fue acudir a ti aquel día.
Cerré los ojos, recordando cómo anhelaba su amor cuando era niña.
En aquel entonces, no entendía por qué siempre estaba enfadada.
Siempre pensaba que si me portaba mejor, quizá se animaría un poco.
Y aunque nunca me contactó desde que se fue, siempre le buscaba excusas cada vez que pensaba en ella.
Me decía a mí misma que yo era su hija, así que debía de tener sus razones.
Ahora, parecía que estaba terriblemente equivocada.
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