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La Cacería de Esposa del Alfa - Capítulo 125

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125: Capítulo 125 125: Capítulo 125 POV de Tabitha
De hecho, en el fondo, todo el mundo sabía que yo no tenía nada que ver con el fracaso de la propuesta.

Sin embargo, me negué a cooperar, lo que molestó a Sonia.

Me haría la vida imposible si no renunciaba.

Yo solo era una recién llegada, mientras que mis compañeras llevaban años trabajando aquí.

Por supuesto, no ofenderían a Sonia por mi culpa.

Así que, tácitamente, me aislaron.

Querían obligarme a renunciar de esta manera.

Como no iban a tratarme como a una amiga, por supuesto, no serían amables conmigo.

—Vaya, vaya, Tabitha.

Quien te viera y quien te ve.

Eres muy buena fingiendo.

Pensé que eras dócil, pero resulta que tienes agallas para meterte con la señorita Mendoza.

—Piénsalo.

Entró a formar parte de nuestro equipo moviendo hilos.

Por supuesto que alguien la respalda.

No somos nada a sus ojos.

Miré a Emma lentamente.

—¿Lo sabes?

Entonces, ¿quién te dio el valor para faltarme el respeto?

¿No te preocupan las consecuencias?

Al segundo siguiente, todos en la oficina se quedaron en silencio.

Emma se quedó atónita.

Pronto, la sorpresa de su rostro fue reemplazada por la furia.

Su pálida cara se puso roja y preguntó con rabia: —¿Qué has dicho?

—Hablas demasiado alto.

Es molesto.

No vuelvas a hacerlo.

Le di una palmada en el hombro y volví a mi asiento.

Luego, mientras miraba la hora, dije: —Es hora de salir del trabajo.

Me voy.

Chicas, trabajen duro e intenten presentar tantas propuestas como puedan.

Nos vemos.

Después de eso, cogí mi bolso y me marché contoneándome.

No querían mi participación, así que ¿para qué molestarme?

Sonia pateó la papelera con rabia y apretó los dientes mientras gritaba mi nombre: —¿Tabitha, he dicho que podías irte?

Miré mi reloj.

—Es la hora de salir.

—¿Por qué las demás siguen aquí?

—Están haciendo horas extras.

—¿Y tú por qué no?

Extendí las manos.

—No quiero.

Después de eso, también le di una palmada en el hombro.

—Tengo fe en ustedes.

Seguro que mañana lo bordan.

Pensando en su cara de amargada, tarareé, de un humor excelente.

Ni siquiera la fuerte lluvia de hoy arruinó mi felicidad.

Le había dicho a Gloria que viniera a recogerme y ya era casi la hora.

Al levantar la vista, me encontré con un par de ojos en la limusina negra al otro lado de la carretera.

Al parecer, Derek me estaba esperando.

Asentí con la cabeza a modo de saludo.

Al cabo de un rato, el coche de Derek arrancó.

Me sentí aliviada.

Pensando que Gloria llegaría en cualquier momento, me quedé junto al bordillo.

Para mi sorpresa, la limusina negra dio un giro en U y aceleró de repente al pasar a mi lado.

Había un charco en el borde de la carretera.

Me salpicó entera mientras la limusina desaparecía en la distancia sin detenerse en absoluto.

El coche de Gloria se detuvo y ella inclinó la cabeza para mirarme.

—¿Eh, chica, te has dado una ducha?

Cabreada, abrí de un tirón la puerta del coche de Gloria.

En el asiento del copiloto, apreté los dientes y maldije a Derek sin parar.

Gloria no podía parar de reír.

—Si no lo hubiera visto con mis propios ojos, no habría creído que pudiera ser tan infantil.

¿Te ha llenado de barro solo porque no te has subido a su coche?

¡Qué rastrero!

Me limpié el agua embarrada con una toalla seca.

—¡Es un cretino vengativo!

¿En qué estaba pensando?

¿Cómo pude enamorarme de él en aquel entonces?

¿Era estúpida?

—Muy probable —asintió Gloria.

Me examinó de arriba abajo y continuó: —Hace tiempo que no nos vemos.

¿Cómo has estado?

No le conté lo que tanto me había estado molestando esos días.

—Bien.

Ella sonrió.

—¿Estás mucho más animada que antes.

¿Tienes algún nuevo propósito?

—Quiero vivir más tiempo.

Al menos tengo que saber quién es esa persona.

—¿Esa persona?

Negué con la cabeza y dije: —Nada.

Aunque me fuera al infierno, arrastraría al culpable conmigo.

A la mañana siguiente, aparecí en la oficina, llena de energía.

El contraste entre mis compañeras, con sus ojos rojos y caras demacradas, y yo era brutal.

Saludé a Emma educadamente, como si hubiera olvidado por completo cómo se burlaron de mí ayer.

—Buenos días.

Emma cogió una taza de café y dijo con sarcasmo: —Algunas qué ociosas están.

Dije, con cara de inocente: —Al principio quería participar, pero pensaron que era una novata y que filtraría la propuesta, así que ni siquiera me dejaron entrar.

Entonces, ¿de qué se quejan ahora?

Emma tiró los documentos que tenía en la mano sobre el escritorio.

—¿Tabitha, qué estás diciendo?

Me encogí de hombros.

—Nada, solo que eres una farsante.

—¡Tabitha, cuida esa boca!

¿Quién coño te crees que eres?

¡No tienes derecho a faltarme el respeto!

Sonia interrumpió nuestra conversación: —Es temprano.

¿Qué está pasando?

Oí sus voces desde lejos.

¿Se creen que esto es un mercado?

Emma corrió apresuradamente hacia Sonia y se quejó: —Señorita Mendoza, Tabitha se ha mostrado desafiante y me ha insultado.

—¡Basta ya!

¿Quieren ser el hazmerreír de los otros grupos?

—Sonia fulminó a Emma con la mirada.

Aún insatisfecha, Emma quiso decir algo más, pero la expresión de Sonia ya había vuelto a la normalidad.

—Tabitha, quédate después del trabajo esta noche.

Quiero que me acompañes a ver a un socio comercial.

Hizo una pausa y añadió: —Es trabajo.

No me dio ninguna oportunidad de negarme.

Al ver que las demás se regodeaban, tuve un mal presentimiento.

Efectivamente, por la tarde, oí a alguien reírse tontamente en el baño: —El señor Watson es famoso por ser un viejo verde.

Va a ser una noche larga para Tabitha.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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