La Cacería de Esposa del Alfa - Capítulo 132
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132: Capítulo 132 132: Capítulo 132 POV de Tabitha
Al día siguiente, volví a la empresa.
No sabía cómo se las había arreglado Sonia con Harry anoche después de que me fuera.
Nada más entrar, me di cuenta de que algo en Sonia era diferente.
Llevaba un pañuelo de Hermes.
Estaba demacrada, aunque intentaba disimularlo con la gruesa capa de base de maquillaje que llevaba en la cara.
En cuanto me vio, me lanzó una mirada feroz, como un coyote rabioso en el desierto.
Para mi sorpresa, volvió a su despacho sin decir ni una palabra.
Cogí mi vaso y fui a la sala del té a por agua.
En cuanto entré, vi a unas cuantas personas que hablaban cabizbajas y que se separaron rápidamente; no dejaban de mirarme a escondidas.
Por supuesto, sabía de qué hablaban.
Incluso los del Grupo B, a quienes no conocía bien, se detuvieron y se burlaron de mí cuando me vieron.
—El Grupo C está lleno de talentos prometedores.
La señorita Mendoza la llevó a una cena y el trato quedó cerrado.
Es alguien fuera de serie.
—Querrás decir que es alguien fuera de serie en la cama, ¿no?
—Tabitha, ¿es verdad que el señor Watson es bastante pervertido?
Solo entonces me di cuenta de que, desde que me fui ayer, Sonia debió de haberse acostado con Harry para cerrar el contrato.
Los del Grupo B estaban bien informados, así que lo sabían.
Les molestaba que el Grupo C les hubiera ganado y la pagaron conmigo.
Fui a por el agua y sonreí.
—Si tanta curiosidad tenéis, ¿por qué no averiguáis dónde va a estar el señor Watson esta noche?
Podéis iros a esconder bajo su cama con antelación.
A ver si así conseguís saber lo que tanto os morís por saber.
—Vaya, vaya.
¿Habéis oído eso?
Aunque es una recién llegada, se cree que puede hablarnos así ahora que ha cerrado el trato.
Qué arrogante.
—No olvidemos cómo consiguió el trato.
¿Veis qué cintura tan suave y esbelta tiene?
Seguro que el señor Watson no podía quitarle las manos de encima.
Estaban yendo demasiado lejos.
Dije sin rodeos: —¿Perdonad?
¿Quién es el señor Watson para vosotras?
¿Vuestro padre o vuestro abuelo?
Porque vamos, os preocupáis mucho por él.
No paráis de mencionarlo.
—¡Zorra!
¿De qué vas?
Todo el mundo sabe lo que hiciste.
¡Y tienes la desfachatez de responder!
Si yo fuera tú, no volvería a aparecer por aquí.
¡Estás haciendo el ridículo!
—Quizá me equivoqué de pregunta.
¿Quién soy yo para vosotras?
¿Vuestra madre?
Por lo visto, también os preocupáis mucho por mí —dije con sorna.
De repente, una voz desconocida y severa resonó: —¿Qué está pasando?
¿Dónde os creéis que estáis?
¿En la oficina o en la calle?
Me di la vuelta y miré a la persona, que tenía el pelo corto y era obviamente eficiente.
Al verla, las dos bajaron la cabeza de inmediato, sin atreverse ya a ser insolentes.
Era la jefa del Grupo B.
Me miró y sonrió con sarcasmo.
—Jovencita, hay más de una forma de subir la escalera.
No hace falta elegir la más vergonzosa.
Aunque consigas llegar a la cima, seguirás siendo tú la que pase vergüenza cuando alguien te tire de una patada.
—Gracias por el aviso —dije y me fui, sin intención de discutir con ella.
Algo no cuadraba.
¿Sonia había conseguido cerrar el trato y yo acababa siendo el blanco?
¿Cómo era posible?
Lástima que el primer día hubiera ofendido a casi todo el mundo, así que nadie me diría nada a pesar de que tenía un mal presentimiento.
Cuando fui al baño, me encontré con la señora de la limpieza de la otra vez.
Le pregunté y entonces descubrí lo que había pasado.
Me contó lo que vio en el grupo de chat en el que estaba, pues yo le había dado la crema de manos.
Eran dos fotos mías.
En la primera, Sonia y yo entrábamos juntas en el hotel, y yo llevaba la ropa del trabajo.
La segunda foto fue tomada cuando salí del hotel, y para entonces, ya me había cambiado de ropa.
Lo que había pasado era evidente.
—¿Has enfadado a alguien?
Las fotos se han hecho virales en todo tipo de grupos de chat esta mañana temprano.
Hasta en el grupo en el que estoy yo han estado cotilleando.
Han estado diciendo de todo.
—Gracias por contarme todo esto.
—Me pareces una buena chica.
Sabes, el lugar de trabajo no es mejor que un campo de batalla.
Las chicas guapas como tú deberían tener más cuidado.
Todo el mundo en la empresa tenía la impresión de que había vendido mi cuerpo a cambio de un trato.
Cuando abrí de un empujón la puerta del despacho de Sonia, me miró con frialdad.
—¿Qué haces aquí?
¿No llamas?
¿Es eso lo que te enseñaron tus padres?
Le enseñé las fotos.
—Echa un vistazo.
Pareció inquieta, aunque solo duró un segundo.
—¿Por qué?
¿Crees que he sido yo?
—Tengo motivos de sobra.
Soy la única que se ve en esta foto, y tú quedaste tapada justo detrás de mí.
No se ve ni un solo pelo tuyo.
Me crucé de brazos.
—¿Sabes cuál es mi teoría?
Planeabas sacarnos fotos al señor Watson y a mí antes de que llegáramos al hotel.
Querías usarlas para chantajearme y convertirme en tu herramienta.
De esa forma, estaría siempre a tus órdenes.
Cerró de golpe la carpeta que tenía en la mano, con aspecto extremadamente disgustado.
—¡Tabitha, tienes muchas agallas para hablarme así!
¡Si sigues con esa locura, llamaré a seguridad!
—¡Claro!
¿Por qué no?
Llama a todo el mundo.
Quiero compartir unas fotos interesantes con ellos.
Me harías un favor.
Parecía un poco inquieta.
—¿Fotos?
¿Qué fotos?
Me incliné hacia delante, apoyando ambas manos en el escritorio.
—¿De verdad crees que soy una novata?
Nunca iría al hotel contigo sin prepararme.
A decir verdad, hay una minicámara en mi bolso que lo graba todo, incluido el momento en que el señor Watson te tocó el muslo.
Las fotos que saca son todas en alta definición.
¿Quieres que las comparta con todo el mundo en la empresa?
—¡Tabitha!
¡Cómo te atreves a jugar sucio!
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