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La Cacería de Esposa del Alfa - Capítulo 68

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68: Capítulo 68 68: Capítulo 68 POV de Tabitha
—¡Tabitha, cuánto tiempo!

¡Qué alegría verte aquí!

¿Cuándo te cortaste el pelo?

Echaba de menos tu larga melena.

Aunque, estás estupenda de todas formas.

Me di la vuelta y me encontré a Holly, que me sonreía radiante y de lo más alegre.

Sus palabras, en cierto modo, me recordaron al amor maternal que anhelé, pero que nunca tuve de niña.

En aquel entonces, llegué a fingir que estaba enferma solo para que me prestara un poco más de atención.

Me pasé casi toda la infancia intentando que me quisiera.

Por desgracia, fue en vano.

Aun así, nos abandonó a Papá y a mí por Mark.

Por mucho que le supliqué que se quedara, no cambió de opinión.

Después de tantos años, ya me había desilusionado de ella hacía mucho, e incluso había empezado a odiarla.

—¿Acaso te importa si llevo el pelo largo o corto?

—espeté, mirándola fijamente a los ojos.

—Señora Sutton, usted nunca me envió un mensaje después de que nos abandonara a Papá y a mí.

Y ahora, aquí está, interpretando el papel de madre cariñosa de repente.

¿No cree que es un poco tarde para eso?

Me da repelús.

—La miré con indiferencia.

—¿Cómo me has llamado?

—me miró Holly, incrédula.

—Señora Sutton, usted y mi padre dejaron de ser parejas hace más de una década.

Ahora su marido es el señor Sutton.

¿Hay algún problema con que la llame señora Sutton?

—pregunté.

Algo en mí había cambiado.

Solía ser más dulce, incluso en las ocasiones en que nos vimos cuando regresó a Seattle.

Pero ahora era fría y distante.

—Tabitha, has cambiado.

¿Cómo puedes decir esas cosas?

Soy tu madre —dijo, alterada por mis palabras.

Bufé.

—Sí, he cambiado.

Hasta ahora no me había dado cuenta de lo cruel y egoísta que puede llegar a ser la gente.

Si lo hubiera sabido antes, no habría pasado años echándote de menos en noches de insomnio.

Tampoco habría malgastado tanto tiempo esperando a alguien que jamás regresaría.

—Tabitha, lo siento.

Fue culpa mía.

Ahora he vuelto y haré todo lo que pueda para compensártelo —suplicó.

Al mirarla a la cara, apenas podía recordar qué aspecto tenía antes.

Había envejecido un poco.

Aunque su aspecto no había cambiado mucho, no se parecía en nada a la mujer de mis recuerdos.

—Cuando quiso abandonarme, lo hizo sin pensárselo dos veces.

Ahora habla de compensármelo cuando le apetece.

Señora Sutton, ¿por qué cree que iba a necesitar yo su compensación?

Cuando más necesitaba su amor, usted no estaba ahí.

Y ya me he acostumbrado.

Aunque me diera diez veces más amor, no podría curar la cicatriz que dejó en mi corazón —dije con frialdad.

—Tabitha…

—murmuró con expresión culpable.

—Señora Sutton, su hija está allí.

Yo no merezco sus atenciones.

—Desvié la mirada.

No todos los hombres lobo permanecían fieles a sus parejas o a sus manadas.

Por desgracia, Holly era una de ellos.

Lo abandonó todo por lo que ella llamaba amor.

Durante años no recibí noticias, ni llamadas, ni una palabra de preocupación por su parte.

Ahora, después de tantos años, por fin se acordaba de mí y quería enmendar las cosas.

Pero yo ya lo había superado hacía mucho tiempo.

Al mirar el bullicioso gran salón, me di cuenta de que no necesitaba el amor ni de ella ni de Derek.

Solo deseaba que Derek pudiera sentir el mismo dolor que yo.

Me aparté, pues no quería verle la cara a Holly, pero mi mirada se cruzó accidentalmente con la de Derek.

Así que hice girar el vino en mi copa y le sonreí.

—¿Tabitha?

—dijo una voz clara a mi lado.

Desvié la mirada de Derek hacia la persona que estaba a mi lado: un joven de mi edad aproximada.

Vestía un traje blanco y tenía el aire de un príncipe de noble cuna.

Quizá no era el más majestuoso, pero sin duda era el más refinado.

—¿Quién eres?

—pregunté.

Al encontrarse con mi mirada, pareció algo nervioso y se apresuró a explicar: —Soy Jasper.

Nos conocimos de niños.

—¿Ah, sí?

—lo miré, extrañada.

Se sonrojó un poco y dijo: —Soy Jasper Lockhart, de la Manada Vanguardia del Amanecer, ¿recuerdas?

Nuestras manadas eran aliadas, así que de niño solía ir a jugar a la Manada Luna Plateada.

Una vez, después de transformarme, un perro me persiguió y fuiste tú quien me salvó.

Al oír eso, los recuerdos me vinieron de golpe.

Por lo general, los hombres lobo no se vinculaban con su lobo hasta los quince años o incluso más.

Yo, por ejemplo, me vinculé con Crystal a los dieciséis.

Pero recordaba a un niño que vino a la Manada Luna Plateada y que se transformó de repente mientras lo perseguía un perro.

Estaba aterrado, así que no sabía cómo volver a transformarse.

Lo único que pudo hacer fue correr por el césped.

Fui yo quien atrapó al perro y llamó a su padre.

Con la ayuda de su padre, volvió a su forma humana.

—Ah, eras tú, Jasper.

¿Cómo has estado?

—me reí al recordar la escena.

—Sí, ese era yo.

Mi padre pensó que era vergonzoso que un hombre lobo les tuviera miedo a los perros, así que tiempo después se llevó al perro de tu manada.

Ahora ya no les tengo miedo —respondió.

Ese perro era una cría del que me compró Papá cuando era niña.

Y mi perro murió el segundo año después de convertirme en la pareja de Derek.

Las palabras de Jasper despertaron algo en mí.

—¿Tienes alguna foto suya?

—pregunté apresuradamente.

—Sí —respondió.

Rápidamente, abrió la galería de su teléfono y me enseñó la foto de un labrador tumbado bajo un cerezo en flor, con la mirada perdida en las flores.

—¡Es Tucker!

—exclamé.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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