La Cacería de Esposa del Alfa - Capítulo 71
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71: Capítulo 71 71: Capítulo 71 POV de Tabitha
La bulliciosa cena de gala me resultaba asfixiante.
Me di cuenta de que Derek nos miraba a Jasper y a mí de vez en cuando y de que algo se ocultaba en su mirada.
Me preocupaba que Derek pudiera malinterpretarlo todo e incluso buscarle problemas a Jasper al ver cómo interactuábamos.
Sintiéndome un poco inquieta, me di la vuelta, dispuesta a marcharme.
Pero Jasper, como si adivinara mis intenciones, me alcanzó.
—Tabitha, ¿tienes hambre?
Vamos a comer algo —sugirió Jasper con voz suave y preocupada.
Miré en la dirección que señalaba y vi que era un restaurante.
El restaurante tipo bufé ofrecía una gran variedad de comida y reservados.
Nos permitiría aislarnos de cualquier molestia externa, incluida la vigilancia de Derek.
Teniendo en cuenta mi situación, parecía una buena opción.
Así que asentí.
No tardamos en llegar al bufé.
La abundancia de manjares, que iban desde marisco fresco hasta postres exquisitos, hacían la boca agua.
Yo escogí una ensalada de verduras y pechuga de pollo a la plancha, mientras que Jasper tomó algo de carne a la parrilla y espaguetis.
Tras servirnos, encontramos un reservado.
Aunque no era grande, estaba decorado con cierto gusto.
Varias pinturas impresionistas colgaban de la pared; en el reservado había cuatro mesas, cada una con un ramo de lirios frescos que desprendía una suave fragancia.
Cuando llegamos, el reservado estaba vacío.
Una vez sentados, empezamos a comer y a charlar.
—Por cierto, ¿cómo es que has venido sola a la cena?
¿Dónde está John?
—preguntó Jasper de repente, con un atisbo de curiosidad en la mirada.
El tenedor se detuvo en mi mano y suspiré levemente.
—John…
ha tenido algunos problemas de salud últimamente, por eso no ha podido venir.
El rostro de Jasper se puso serio de inmediato.
—¿Es grave?
¿Puedo hacer algo para ayudar?
—preguntó con preocupación.
Negué levemente con la cabeza.
—Fue un accidente.
Un renegado irrumpió en la Manada Luna Plateada.
John resultó herido al enfrentarse a él y sigue inconsciente.
Los médicos han hecho todo lo posible, pero necesita tiempo para recuperarse.
—Lo lamento mucho —frunció el ceño Jasper—.
La Manada Luna Plateada no puede estar sin él.
Debes de haber soportado mucha presión.
—Es verdad —admití—.
Pero, como su hija, tenía que ser fuerte, ya que la Manada Luna Plateada también me necesitaba.
Jasper me tomó suavemente de la muñeca en señal de apoyo.
—Si necesitas cualquier tipo de ayuda, ya sean recursos o información, mi manada está dispuesta a ayudar en cualquier momento.
—Gracias.
Tengo mucha suerte de tener un amigo como tú —dije, dedicándole una sonrisa de agradecimiento.
Nuestra conversación pasó de la Manada Luna Plateada a la Manada Vanguardia del Amanecer, y Jasper me contó algunas anécdotas sobre su padre y su manada.
Sin embargo, justo cuando estábamos charlando alegremente, un camarero llamó a la puerta.
—Estas son nuestras bebidas exclusivas.
Pruébenlas, por favor —dijo, sosteniendo dos bebidas cuidadosamente decoradas.
Como no habíamos pedido las bebidas, mostré mi extrañeza.
—Es una cortesía especial de la casa para todos nuestros clientes —explicó el camarero con una sonrisa.
Cuando el camarero se fue, Jasper y yo nos miramos.
—¡Está deliciosa!
Deberías probarla —exclamó él tras coger la copa y dar un sorbo.
Sus palabras me animaron a levantar la copa y a dar un sorbo con cautela.
El sabor era suave, con un ligero dulzor afrutado, pero percibí un sutil y casi imperceptible regusto a hierbas.
Eso me puso en alerta.
—Jasper, ¿no notas un ligero sabor a hierbas en esta bebida?
—pregunté, frunciendo el ceño.
—Ahora que lo dices, sí que tiene un sutil sabor a hierbas —reconoció Jasper tras una breve pausa y otro sorbo—.
Pero no es fácil de notar a menos que la pruebes con atención.
Dejé la copa sobre la mesa, dándole vueltas a aquello.
En nuestro mundo, ciertas hierbas podían tener efectos específicos en nosotros, y en ese momento no quería que ninguna influencia externa me perturbara.
—No me acaba de gustar el sabor.
Jasper, mejor no la bebas —dije en voz baja.
Al notar mi preocupación, Jasper asintió.
—De acuerdo, deberíamos andarnos con cuidado.
Dejamos las bebidas a un lado y continuamos con la cena.
Sin embargo, al poco tiempo sentí que algo no iba bien.
Empecé a tener reacciones extrañas: el corazón se me aceleró y la temperatura corporal me subió ligeramente.
Mi loba, Crystal, se irritó y, en mi mente, clamaba por tomar el control de mi cuerpo.
Intenté comunicarme con Crystal, esperando que se calmara, pero estaba inquieta y su agitación afectaba a mis emociones.
«Crystal, tenemos que mantener la calma», le dije mentalmente.
Su voz denotaba ansiedad.
«Tabitha, déjame tomar el control del cuerpo».
«No.
No puedo transformarme aquí», le respondí con firmeza, intentando controlar la situación con mi fuerza de voluntad.
Volví a oler la bebida, sospechando que se trataba de Hierba de Belladona, que hace que los lobos pierdan el control y se transformen.
Miré de reojo a Jasper, que también luchaba contra su lobo.
El brillo dorado de sus ojos indicaba que su lobo pugnaba por tomar el control.
La lucha de Crystal se volvió tan intensa que podía sentir su rabia e inquietud.
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