La caída de una leyenda - Capítulo 17
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Capítulo 17: La mortal que bailo con la muerte(especial)
Sus pasos son algo lentos en respuesta a su cansancio, pues su cuerpo había llegado a su límite tras aquella batalla, percibiendo como el sonido de sus pisadas, junto a las gotas de lluvia son lo único cual cruza sus oídos; cayendo de rodillas con la bolsa en su espalda, la cabeza de quien fue su primer rival formidable sobre la tierra húmeda.
—Ah, ahora ni siquiera mi cuerpo responde, menuda mierda, pero no me puedo quedar aquí, eso hasta las dos lo sabemos… jaja, ahora hablo con muertos, ay, ah… me pregunto si Mery estará bien —Deja escapar un suspiro profundo antes de recoger la cabeza, y sonreírle para guardarla en el bolso de cuero cual agarra, volviendo a estar de pie mientras con su mano libre levanta los mechones sobre su frente. Retomando el camino con calma, y una postura firme al encontrarse frente a la necesidad de llegar, sus ojos destilan una férrea determinación por avanzar.
Sus piernas le duelen por tener que cargar con dicha tarea, sin embargo, ella como siempre esta dispuesta en forzarlo todo, incluso si ello significa llegar a alcanzar su propio límite; su mirada enfocada en el frente, pero se ve incapaz de no observar los cadáveres, las armas, la sangre sobre los charcos de agua, una pesadilla viviente a pesar de ser la única viva en aquel escenario.
Agita la cabeza para borrar esos pensamientos, con su psique debilitándose al ser espectadora de tal masacre, tragándose la saliva como lo son sus palabras, continua su periplo en su afán de regresar con los suyos, antes de perderse a si misma en el conflicto acaecido.
Llegando a las puertas de la aldea, esta cae de rodillas nuevamente, con lagrimas descendiendo de sus ojos hasta sus mejillas, finalmente esta en un lugar al que podría llegar a llamar hogar; el sentirse libre de aquel objetivo, llegaría a caer sobre los brazos de Morfeo.
Despertando al escuchar una voz, cual resulta ser algo profunda, pero con aquella pizca de sinceridad cual reconoce perfectamente, con ella sentándose sobre la cama en la cual se encuentra ahora, mirando hacia la izquierda para observar a la rubia quien fue su maestra, cual duerme al tener su cabeza sobre sus antebrazos tendidos sobre el filo de la cama.
—Mery… gracias, se que al final te eh estado causando algunos problemas, pero ciertamente me agrada el estar contigo, con Katasuke, y Mei, como el señor Echo, ustedes son como… son como la familia q-que nunca llegue a tener —Lagrimas se manifiestan de sus ojos, como una cascada al llegar a sincerarse de sobremanera con la fémina en aquella habitación; esta última levanta la cabeza al escuchar estas palabas, posee una sonrisa pequeña mientras mira a la muchacha —No te preocupes Kanya, no me arrepiento de cuidar de ti en lo absoluto, tu siempre serás como una hija para mi. Y perdóname por aquella vez, donde te manipule para unirte a la acción en la cama con nosotras.
—Ah, eso, pues no me arrepiento, había llegado a ver de otra manera a Katasuke, pero ahora ya no tengo un interés en él; solo deseo ser más fuerte para evitar eventos catastróficos como la matanza de hoy. Soy consciente de ello, no es mi deber terminar con todas las disputas o desacuerdos entre los demás, es solo que… —Se lleva ambas manos al pecho izquierdo, exactamente la zona de su corazón, con la mano derecha sobre la izquierda señalando como sus deseos son más fuertes, comparados con su razón y su propia fuerza. Un proyecto de vida demasiado ambicioso para una sola persona, y sin embargo, ella no parece tener problema con autoimponerse aquella tarea.
—Odias ver como la gente se mata sin razón alguna, como la sangre se convierte en ríos sin fin, y los cuerpos se descomponen como si no fueran importantes sus vidas, créeme entiendo ese sentimiento, al final del día las guerras son solo una forma violenta de demostrar superioridad, donde muchos perecen y pocos sobreviven para volver a pelear; no soy una guerrera, pero si una doctora —Levanta el mechón cual cubre uno de los ojos de esta, para así poder verla perfectamente, con ella a sus ojos siendo una joven cual cree el mundo puede cambiar, llegando a hacerle recordar algunos momentos de su vida, al permanecer quieta observando a la menor por unos minutos antes de alejarse.
—Descansa por ahora, probablemente Echo venga a hablar contigo, si es así escúchale él puede darte algunos consejos, o quizás despejar tus dudas con respecto a la mentalidad violenta de los seres vivos como nosotros, todo depende de tu suerte —Agitando la mano izquierda la doctora deja la habitación, con su bata blanca viéndose agitada un poco por sus movimientos, captando la atención de la súcubo cuya mirada se detiene en la puerta cerrada; dejándose caer para así su espalda encontrarse contra la cama, en su intento de despejar sus preocupaciones como conflictos personales.
Tras unos minutos con los ojos cerrados, parece haber encontrado la calma en el sueño, en el momento que escucha la puerta abrirse, sus ojos se abren al instante como si fuese un reflejo, o más bien signo de que sigue en aquel estado alerta, por temor de algo cual no llega a comprender del todo.
—Esa mirada la conozco, ¿tienes miedo, verdad? —Observa como el albino entra para sentarse sobre una silla de madera, sus ojos azul marino transmiten una calma antinatural; sus hombros se relajan al escuchar su voz cual parece más suave, ello consigue un suspiro profundo de esta —Si, para que negarlo, hoy llegue a tener el miedo de perder a usted, a Mery, y a la tribu entera, por suerte mi deseo de ganar fue más fuerte, y tuve… suerte supongo, ¿me pregunto algunas veces si seguiré teniendo esta suerte?.
—Suerte o no, tu tienes un don, vimos el botín o cuerpo que trajiste, ciertamente no esperamos fueras tan… sádica. Cambiando de tema, creo debería hablarte sobre mi hija, ya sabes tu maestra Mei, ella también llego a pasar por cosas similares al ser la princesa de la nación Ethos —El joven hombre tose para esclarecer su garganta, llevando una sudadera gris, y un pantalón verdoso con estampados de mariposas y serpientes; de un bolso saca un libro algo grande cual parece tener 200 páginas o más, aquello hace a la contraria agrandar los ojos sorprendida, mirándole expectante de una narración.
La mortal que llego a eclipsar a los dioses…
Una muchacha se encuentra inspeccionando un arco, a solo unos metros sentada sobre una roca esta una mujer, cual por su color de cabello azabache, como piel morena, además de su musculatura parece ser la madre de la criatura.
—Hija, no le des muchas vueltas, ya te eh mostrado y dicho como se hace, ahora replícalo; lánzame una flecha a la cara —Con su codo apoyado sobre su muslo derecho, y mentón que descansa sobre la palma de su mano, esta parece no bromear ante su petición.
Su mirada se enfoca en su heredera cuya reacción es agarrar el arco con firmeza, su atención sobre fija sobre quien considera su progenitora, intenta tensar la cuerda correctamente, pero su indecisión la lleva a soltar la cuerda sin siquiera calibrar donde ocurriría el impacto.
—Lo siento madre, es solo que me aterra la idea de matar a alguien, ¿Porqué no puedo ser simplemente una sanadora?, soy una chica pero… —La adulta llega a ponerse de pie, aquel movimiento por si solo hace reaccionar a su descendiente quien dispara a su frente, el disparo es veloz por la rápida respuesta del portador, con la flecha rompiendo el viento mientras se dirige a la contraria quien con su mano desnuda la atrapa, el ceño fruncido provoca en la joven el preparar otro disparo.
Sin embargo el ver como se dibuja una sonrisa sobre el rostro de su madre, hace que baje la guardia sintiéndose aceptada por ella, última cual se acerca para revolver su cabello oscuro a razón de estar satisfecha, aquel simple gesto provoca a la joven shilurl relajar sus hombros.
—Nada mal, sabía que podrías hacerlo, pero aun así necesitas mejorar porque el destino de tu flecha iba a ser mi abdomen, pero te pedí explícitamente la frente —De la piel de la menor un sudor frío comienza a emanar, conociendo ya el título de su madre, como su carácter al no sentirse satisfecha del todo levanta los puños por instinto, como da un salto hacia atrás para aumentar la distancia entre las dos. Sin embargo dicha distancia es acortada con solo un salto de la contraria, quien esta por dar una palmada a su hija en la cabeza.
Pero se detiene a último momento, con un pequeño agujero formándose en la tierra alrededor de la muchacha, con el polvo elevándose haciéndola toser; levantando la mirada así observando a la adulta, esta tiene esa misma sonrisa, cual deja de ver porque la fémina le da la espalda.
Llegando así a admirar la figura de su progenitora, una mujer que se limita a usar unas sandalias japonesas, junto a una falda gris cual parece poseer pelaje de felinos, con el torso desnudo, y postura firme a donde quiera que va. Su cuerpo y piel reflejan su vida como guerrera, al poseer varias cicatrices dividas entre cortes, quemaduras, y puñaladas.
La menor llegando a ver como dicha guerrera se marcha, dejándole sola consigo misma en ese silencio cual solo es roto al dar un paso, deteniéndose delante de la roca donde estaba su progenitora.
Manteniéndose de pie con la espalda recta, como sacando pecho tras quitarse la camiseta azulada, para mirar hacia abajo notando como sus tetas son pequeñas comparadas con las de su madre, y su abdomen es plano en lugar de tener abdominales.
Un suspiro se escapa de sus labios, para después posar su mirada sobre aquella roca —Algún día, seré tan fuerte que nadie podrá darme ordenes, ni siquiera madre, ¡aquí nace la leyenda de la increíble Mei Takanashi! —Alza el arco al extender su brazo derecho hacia el cielo, su grito siendo una declaración ante el mundo entero, donde no retrocedería sin antes cumplir con aquella promesa; da media vuelta preparada para regresar a su tribu.
Se puede observar como esta se encuentra realizando flexiones de pecho, su torso desnudo transpira en respuesta a su esfuerzo, escuchando como la puerta principal de la cabaña se abre, pero no se molesta en detenerse en su entrenamiento afuera de su hogar.
—¿No te lo estas tomando demasiado enserio, hija?, descansa un poco, o llegarás a desmayarte de nuevo —Este toca su hombro derecho suavemente, llamando la atención de la muchacha que se detiene, volviendo a ponerse de pie agarrando el vaso de las manos de su padre; bebiendo el agua de un trago y tira lo restante al suelo, devolviéndole el vaso, para así dejarse caer sentándose sobre una silla, en la cual inclina su espalda hacia el respaldar de esta —Ah, ah, a-ah, no puedo detenerme p-padre… ya no puedo darme el lujo de ser una niña feliz.
—Es cierto, no eres una niña, pero aun eres mi querida hija, no te voy a prohibir nada, solo te diré que debes saber cuando parar; si tensas demasiado la cuerda esta podría romperse —El joven hombre se acerca hacia ella, inclinándose hacia delante para envolverla con sus brazos, con sumo cuidado a la hora de abrazarla al importarle, un silencio se cierne alrededor de ambos.
El shilurl deja de abrazarla para así mirar su rostro, para ver así como surgen las lagrimas de ella, cual procede a levantarse, de forma que le devuelve el abrazo entre sollozos, al ya sentirse vulnerable ante el cariño de su figura paterna. Con el cansancio finalmente derrotándola, al dormirse en aquel momento padre e hija, una pequeña sonrisa de apreció aparece en los labios del contrario.
Todo parecía ir sobre ruedas, hasta el momento donde se escucho el cuerno de guerra, Mei abriendo los ojos aquella mañana donde la nieve cae desde el cielo, el frío la hace temblar ligeramente antes de levantarse, agarrando su arco junto a una bolsa con flechas preparada para lo que viene.
Pero se ve detenida al encontrar a su padre en la puerta principal, este con unos pantalones cenizos de piel de oso, y un cinturón de cuero negro lo único que cubre su piel, con una lanza en mano ya preparado; sin embargo, su atención se desvía hacia su hija.
Sus labios están por abrirse, pero se detiene al ver como otra puerta se abre, y uno de sus hijos siendo un niño de cabello azabache, cual al salir deja escapar un bostezo antes de mirar hacia su padre, y acercarse mirando a la figura del guerrero.
—Papa, ¿Qué fue ese ruido?, ¿Porqué tienes eso en la mano? —El adulto llega a apoyarse sobre su rodilla, para así estar al nivel del muchacho, frotando su cabello mientras expresa una sonrisa dulce —No es nada, tu madre y yo vamos de caza, regresaremos rápido lo prometo, y estarán a cargo de Mei vale, no quiero saber que salieron de casa comprendido. Nos vemos hijos míos.
Tan pronto como dijo ello se puso de pie, y se acerco la puerta para salir dejando a la fémina a cargo de sus otros hermanos, ella lucharía contra la idea de salir a pelear, limitándose solo a acercarse al niño que la observa atentamente expectante de escucharla.
—Tranquilo Zhue se que estas algo confundido, pero lo entenderás después, solo ve a la cocina seguramente Kaito se habrá despertado para preparar el desayuno —Ve como Zhue asiente a su orden, y camina hacia la parte de la cocina, donde se puede observar a un joven peli rojo, cual posee raíces azabache en el cabello, ocupado preparando huevos sancochados en una olla de barro con agua hervida.
Por su parte Mei se asegura de cerrar las puertas con llave desde adentro, como también lo hace con las ventanas, observando como la menor de los cuatro dormita en su cama, un mechón cubriendo su ojo izquierdo, verla de tal forma provoca una ternura en la joven Shilurl, que la vuelve a arropar con las sabanas.
—”Descansa bien Shiba, espero papa y madre se encarguen de ello, y vuelvan sanos y salvos. No quiero verme obligada a cuidar de ustedes tres sola.”
Volviendo a la cocina con ella en manos, moviéndose despacio para no despertarla, la deja reposar sobre una silla del comedor, colocando una almohada sobre el respaldar; girándose hacia la cocina para ver como el segundo hermano, trae en dos platos los huevos sancochados.
Este posee dos líneas rojas sobre sus mejillas, cuales parecen estar ligadas a su rol como el segundo. Contrario a Mei cual posee una línea azulada en el centro de su frente, y los pequeños poseen 3 y 4 de color verde a la izquierda de su cuello respectivamente.
La mayor agarra tres huevos apartándolos hacia su lado del plato, de uno en uno comiendo, similar a Kaito quien a diferencia de ella se toma la molestia de disfrutar la comida, mientras el chico toma dos de los 6 que agarraron sus hermanos mayores, dejando dos sobre un plato para la menor cual sigue dormida.
—Entonces Mei, estas a cargo de nosotros no es así, que bueno. Tu eres la única quien sabe usar un arma letal, yo solo se usar mis puños, y una sartén no se si cuenta como arma pero bueno —Se encoge de hombros, antes de reclinarse sobre la silla al percibir seguridad al estar con ella, exhalando profundamente tras inhalar para mantener esa sensación; devolviendo su atención a la azabache que parece estar preparada para disparar, sus ojos danzando a través del interior de la casa, como parece estar atenta a cualquier sonido.
Las horas pasarían, y la ansiedad llega a apoderarse de la joven, esta parece perdida en aquel deber que se le encomendó, mientras Kaito parece estar cuidando de los críos; caminando alrededor de la casa sin dejar un flanco sin revisar, manteniendo a mano su arco y con el bolso con flechas en su espalda.
Y en solo un instante el techo se rompe, cayendo tres shilurl cuales llevan estampado en su muslo derecho el emblema de otra tribu, dos de ellas llevan lanzas y la restante una un arco. Agarrando la flecha esta la tensa contra la cuerda, y dispara rápidamente perforando el hombro derecho de la arquera, sus compañeras se abalanzan contra la primogénita de la familia Takanashi.
Viéndose superada y con poco tiempo de respuesta, corre para alejarse de esta quien le pisa los talones, viéndose acorralada al encontrarse con una pared, con la espalda tocando esta misma mientras prepara su arco y flecha, a pesar de la desventaja mantiene su valentía al no temblar o rogar.
—Quien nos iba a decir que sería fácil acabar con la primogénita de Yuko, después de ti iremos a por los demás críos —La azabache aprieta los dientes en su impotencia, agarrando firmemente su arma de batalla, tensando el arco apuntando a la cabeza, disparando nuevamente para ver como estas evaden las dos flechas; la sonrisa en sus rostros llegando a molestarla de sobremanera, alzando la mirada en desafío soltando su arma, mientras alza los puños.
Pero antes de que siquiera las otras dos fuesen capaces de realizar algún movimiento, con una patada voladora con ambos pies el peli rojo golpea la puerta, consiguiendo estamparlas contra la pared gracias al objeto como su propia fuerza.
—¿Feliz de verme hermanita? —Este sonríe alegremente a esta mientras se acerca a la cocina para encontrar una soga, con ella comienza a atar a las dos, Mei por su parte deja escapar un suspiro al encontrarse despreocupada, pero rápidamente corre en busca de sus hermanos menores —”Mierda, me olvide de la aquera… debo encontrarlos antes de que suceda algo.”
Cruzando las puertas abiertas, como guiándose del olor de los críos esta llega al patio trasero, viendo allí como la shilurl de la otra tribu, tiene a Zhue amenazado con un cuchillo en su yugular; el mocoso tiene lagrimas cuales descienden de sus ojos, pero no deja escapar ningún sollozo o signo de miedo como el temblar.
—Tu hermano menor es muy valiente al aceptar ser mi rehén, no quería que su hermana menor se vea metida en esto, me pregunto si su hermana mayor podrá salvarle —Con las manos temblorosas esta baja el arma, consciente de su incapacidad en aquel momento. Manteniendo la distancia de la otra Shilurl, última cual sigue con atención los movimientos de la menor —No se cual es tu nombre, ni tampoco de donde provienes, pero por favor no lo mates, e-es mi hermano.
La azabache observa como Mei ya tiene lagrimas cruzando sus mejillas, sin embargo, mueve su mano lista para realizar el corte a la yugular del mocoso.
No obstante, la navaja cae de sus manos ante un repentino temblor, cual hace caer a los tres presentes contra la tierra. Al levantar la mirada, se encuentran con la imponente figura de Yuko, tragando saliva al vérselas con esa mirada oscura como amenazante, moviéndose hacia la shilurl cual invadió su hogar.
Los pasos de la fémina parecen lentos, siendo lo único que rompe el silencio en el ambiente, su mirada se poso sobre el menor quien sin pensárselo se pone de pie corriendo hacia su hermana; la atención de la líder se desvía a la invasora, cual sin dudarlo se alza con la navaja en mano apuntando hacia su pecho.
Su muñeca es agarrada antes de siquiera apuñalarla, con una fuerza que la lleva a apretar los dientes para no gemir en dolor, con la daga cayendo de su mano, tornando sus ojos hacia otro lado al sentirse incapaz de siquiera verle el rostro.
Al percibir como ella le suelta rápidamente se pone de rodillas, en reverencia hacia la imponente mujer, última cual golpea la tierra con su lanza a solo centímetros de las manos de la contraria, ingresando hacia el interior de la casa con su primogénita cargando a su otro descendiente, mientras la Shilurl les sigue con la mirada gacha consciente de que sucedió en el campo de batalla.
—”Ah, si no hubiera sido por madre, Zhue habría muerto… debo ser mejor, o de otra forma no podré combatir junto a madre y padre, como tampoco podré proteger a mis hermanos. Decidido, tengo que hacerme más fuerte.” —Mei estrecha los ojos mientras deja la cama, para así dirigirse hacia el lugar donde su progenitora la hace entrenar, en el camino llega a escuchar una voz cual sigue sin cuestionárselo dos veces así misma.
Delante suyo esta Kaito quien tiene las palmas de sus manos presionándose levemente en la pata de un ciervo, desprendiendo una energía blanca cual tiene un suave y poco visible destello verdoso, parece estar demasiado enfocado en dicha tarea. Acercándose cuidadosamente admirando el como la herida comienza a sanar, ya sanado el animal corre hacia el corazón del bosque.
El muchacho voltea para así ver a su hermana mayor, última quien le mira fijamente haciéndole suspirar ya consciente de necesitar ofrecer una explicación, sus ojos se cierran para después abrirse lentamente tras inhalar un poco de aire.
—Ambos nos escapamos de casa en la noche, así que no puedes decirle de esto a madre, y si estaba usando la transmigración única, técnica cuales solo algunos pueden usar para curar dolencias o heridas, a partir de convertir la energía elemental a pura, haciendo uso de la misma. No le digas esto tampoco a madre, ella me haría ser un curandero en vez de un guerrero como padre —Aprieta los dientes, mientras su mano izquierda agarra su antebrazo derecho, a la vez que mira hacia el suelo, levanta la mirada al percibir el suave tacto de su hermana sobre su hombro, capaz de ver una pequeña sonrisa cual desprende esa sensación de confianza.
—Ya no confías ni en tu propia hermana, eh; cálmate un poco pequeño petirrojo, se de tu deseo de ser un guerrero, jaja, tu primera palabra fue “d-da… la… iansa”, en lugar de papa o mama. En fin, dejando las bromas a parte, ¿quieres entrenar un poco, pequeño petirrojo? —Le da una pequeña palmada en la mejilla, para después darle la espalda dirigiéndose al campo de entrenamiento, seguido de su hermano menor quien camina detrás suyo con cierta calma.
El momento de la verdad es claro, el sol se alza como los corazones que llegan a bombear la sangre con fuerza y rapidez cual desconoce el mismo tiempo por brindar vida; a sus ojos la espalda de a quien corresponde cargar con la vida de su gente, a su lado su conyugue cual no parece dudar en lo más mínimo al estar de pie, con su lanza en mano.
—¡Guerreros míos, no os prometo que está será el último derramamiento de sangre de nuestros hermanos, pero eh aquí os pido el combatir por unificar nuestros corazones bajo mi liderazgo. En busca de una paz llena de prosperidad para nosotros los Shilurl! —El tono de su voz tan alto como lo es su determinación, transmitiendo ese deseo a sus soldados cuales levantan sus armas y gritan después de ella, su primogénita la única de sus descendientes presentes ya tiene su arco alzado hacia el cielo.
Última cual ve como al caer la mano izquierda de su progenitora, es testigo de como los soldados saltan a la batalla junto a su general, con el grupo de arquería quedando atrás cuales sin pensárselo disparan las flechas hacia el cielo.
—”Recuerdo que la orden de madre fue, dispara incluso si las manos te duelen, dispara incluso si a quienes amabas te traicionan, dispara si tu vida depende de ello. Eh aquí, estoy cumpliendo con aquella orden, o mejor dicho consejo de supervivencia de madre a hija.”
Con el corazón palpitando rápidamente a respuesta de su adrenalina creciente, su vida como la de sus hermanos, dependía de cuantas flechas es capaz de lanzar y acertar en sus enemigos; nota como el sudor recorre su cuerpo, los gritos de dolor, y muerte a la lejanía donde sus padres junto a sus soldados se enfrentan con lanzas, como puños a modo de dominar al bando enemigo.
La caballería enemiga salta al campo de batalla, con sus lanzas en manos y con distintas maniobras consiguen atravesar la primera línea, su objetivo es claro, acabar con el grupo de arquería que sigue disparando flechas sin descanso.
—¡Formación 3, ahora! —La mujer de cabello café avellana, cuya mascara tiene el estampado de un águila gritaría hacia sus dirigidos, con estos formando dos filas. La primera siendo quienes tienen unas sogas en manos, cuales agitan expectantes de lanzarlas y atrapar a las jinetes, mientras el otro se alista para lanzar un aluvión de flechas contra la amenaza —¡Estamos perdiendo mucho tiempo aquí, atacad con la furia que se os a transmitido, enseñad sus colmillos!.
Las sogas se envolvieron en el cuerpo de algunas haciéndolas morder el polvo, a la vez que las flechas acribillaron el cuerpo de sus enemigos, sin embargo una consiguió pasar, con esta a punto de apuñalar el corazón de una chica cual posee un estampado de zorro anaranjado, que se vio paralizada por el miedo al ser todavía joven.
En un instante su cuerpo es empujado hacia la derecha, con la punta de la lanza penetrando el hombro de quien le salvo, varias flechas penetraron el cuerpo de la última que cruzo aquella formación, con su agarre sobre su arma desapareciendo como lo es ahora su vida, no obstante al caer contra la tierra deja escapar un susurro.
—”Vendrá… vendrá… vendrá el infierno… el… infierno.” —Sus palabras por si solas hacen tragar saliva a la fémina a su lado, esta tiene la cara descubierta que al ser vista por quien salvo observa como se arrodilla, no puede ver el rostro de quien le ofrece respeto, pero sabe bien ese sentimiento de sentirse en deuda —Gracias por salvarme la vida, hija de la bestia Yunko, si no fuera por ti… yo probablemente sería abono para la tierra. Pero tu hombro, déjame llevarte a enfermería, es lo menos que puedo hacer.
Su mirada parece perdida, pero al escuchar las palabras de la joven vuelve en si, solo asiente al encontrarse incapaz de usar su arco, con esta siendo cargada en brazos para así observar como la rubia le carga, cuyos pasos son veloces al encontrarse presionada a volver.
Ya en una zona alejada del campo de batalla, con tiendas de campaña donde al entrar en una de ellas, se encuentran con una shilurl recostada sobre una manta con vendajes sobre ciertas partes del cuerpo, y otra cual tiene una venda roja alrededor de su brazo, cual al ver la flecha en la peli azabache agarra una venda blanca.
Acercándose rápido para así con una mano tirar de la flecha, y antes de que la sangre sea expulsada de la herida, presiona ese vendaje cual emana una esencia dulce, pero al ver como la joven aprieta los dientes se nota el ardor —Eso aliviara el dolor, ahora necesito cerrar la herida, regresen al campo de batalla porque mi vida como la de muchos esta en juego, no fallen entendido —Los ojos verdosos de esta se posicionan sobre las féminas, un aura blanquecina aparece alrededor de la mano con la cual presiona la venda. La muchacha deja escapar un suspiro y asiente ante el pedido como lo hace su acompañante, volviendo a las andadas con su arco ya en mano.
—Ciertamente la energía pura es interesante, capaz de curar con ciertos límites, escuche que hay algunos quienes pueden regenerar órganos, hmm, olvide decirte mi nombre, me llamo Tanya Lan; ¿Mei, te sucede algo? —La otra joven mira de reojo a su compañera, quien si bien corre junto a ella, parece demasiado distante al permanecer en silencio, parpadea algunas veces para después abrir levemente sus labios —La mujer cual por poco te mata, y me atravesó el hombro, murmuro algo sobre que el infierno se avecina, tengo algo de miedo a pesar de no ser la primera vez en una guerra.
El silencio se cierne sobre ambas, al encontrarse ya cerca del campo de batalla, donde agarran sus marcaras para colocarlas sobre sus rostros, forma en la cual se desatan de sus motivos, para así crear un sentimiento de unidad donde lo único importante es pelear contra el contrario y salvar a tus aliados.
Al llegar el arco de sus manos cae, sobre los cielos se divisa la figura de una bruja cual usa ropa carmesí, esta mira con una sonrisa maliciosa la tierra sobre cual los guerreros pelean, estos se detienen al ser testigos de como con un chasquido de mano varios meteoros descienden al campo de batalla.
Los meteoros son veloces al golpear la tierra, los cuerpos rocosos aplastan a todo quien se encuentre a su paso, con los soldados de ambos lados haciendo lo posible para evadir dichos objetos capaces de gran destrucción.
Aquello parece hacer huir a la última tribu que se niega a ser conquistada, dejando a la legión comandada por Yuko en medio del desastre, la última se limita a permanecer de pie con firmeza sin parecer afectada por el miedo, contraria a su esposo quien tiembla ligeramente, al igual que sus dirigidos —¡¿Entonces es esa la voluntad de las tan aclamadas Shilurl?, yo Oquema de Zarsos reclamo estas tierras, no es como si pudieras hacer algo, eh, Yuko Takanashi!
La mencionada solo da un paso al frente y extiende su brazo hacia la derecha, de forma que su mano impide a Echo el acercarse más, quien al encontrarse con la mirada de esta cual le observa de reojo asiente, dándole la espalda este enfoca su atención en la mujer con el estampado de águila, que saca un cuerno para así soplarlo y llegar a oídos de todos los soldados todavía de pie.
Ante la señal rápidos son en dejar el campo de batalla, excepto la considerada bestia Yunko, última cual presiona rápida sus manos contra la tierra con diversos picos emergiendo veloces de esta, que llegan a impactar de lleno los meteoros traspasándolos al instante, volviendo a ponerse de pie nuevamente antes de agarrar su lanza, que usa a tiempo al colocarla enfrente suyo protegiéndose del derechazo al abdomen de la contraria.
Retrocede unos cuantos metros por tal fuerza, su lanza ya rota a la mitad cual deja caer al suelo; todavía de pie esta pierde de vista a la hechicera que ataca desde atrás con un puñetazo al cuello, que esta recibe de lleno sin siquiera moverse un centímetro, con su mano izquierda se masajea la zona golpeada antes de voltear para ver una bandada de cuervos arremolinarse alrededor de ella.
—Admito eres interesante, pero necesitarás más trucos si deseas matarme y no deberías subestimarme, eso le costo la vida a todos con quienes me eh enfrentado —Cruzada de brazos esta admira como los cuervos tratan de hacer una noche negra, cual en solo unos instantes se dispersan en humo, revelando la mandíbula de un dragón cual esta por devorarla. Sin embargo con sus manos las coloca en ambos extremos de la boca del lagarto, de un simple empujón logra romperlo para después dejarlo caer al sacar sus manos.
Observando como la sangre se escapa del animal ya fallecido, cual parece despertar cierta melancolía en esta que levanta la mirada, para ver como la criatura desaparece reemplazada por la bruja, que saltaría con una espada gigantesca agarrada por el mango, filo que desciende con una furia abismal cargada de los mismos rayos.
El brazo izquierdo de la fémina es cortado en un solo parpadeo, al esta no realizar un movimiento alguno por esquivar tal ataque, cuyo poder fue letal al punto de crear un corte sobre la tierra que se extendió varios metros. En cuestión de segundos se abalanza contra la portadora de dicha espada, agarrándola del cuello con el mismo brazo cual perdió.
—G-gh, transmigración onírica, se supone q-que esa magia solo nos pertenece a las brujas, los tuyos solo son guerreros a quienes se les fue otorgada la capacidad de pensar, p-pero… —Se desvanece en una sombra, con la lluvia golpeando la tierra como lo es su piel morena, sus ojos mirando a los alrededores expectantes de un ataque, manteniéndose en guardia cual guerrera que es.
—¡Pero solo pensáis en la guerra! —Oquema realiza un tajo con su mano hacia el cuello de la Shilurl, sus uñas ahora son garras de tono oscuro, que logran perforar el antebrazo de la última cual reacciona a tiempo, la herida curándose rápido antes de la sangre escaparse de su cuerpo.
Respondiendo veloz con un puñetazo al abdomen cual expulsa el cuerpo de la peli roja, con salvia escapándose de su boca, cayendo contra la tierra húmeda; volviendo a ponerse de pie para ver como paso por paso la shilurl se aproxima.
—Me importa poco lo que pienses de mi raza, mi único objetivo ahora es matarte —Su voz fría cual tempano de hielo hace eco en la mente de la contraria, última cual se encuentra inmóvil por unos instantes. Regresando en si percibiendo como es tomada de la garganta, desvaneciéndose en una sombra para así no ser estampada contra la tierra.
Un agujero se forma sobre el suelo, con esta parándose firme en el centro, viéndose rodeada por varios cristales de hielo suspendidos en el aire, uno de ellos disparado hacia la fémina cual se inclina hacia la derecha, con el filo del objeto puntiagudo rozando su abdomen; seguido de otros dos, cuales agarra con sus manos antes de ser empalada en le pecho por estos, repeliendo los siguientes a pesar de sentir el frío a través de su piel.
Los cristales de hielo llegarían a congelar sus brazos, sin darse siquiera cuenta de ello, ya con la otra fémina que salto para acercarse a punto de asestar un derechazo a su rostro, el verse sometida de aquella manera solo parecía enojar más a la shilurl en vez de intimidarla. Y en un solo parpadeo, Echo con una patada voladora hace retroceder a la maga, este tiene una pequeña sonrisa sobre su rostro.
—Lo siento por llegar tarde, nuestra hija es muy insistente, deseaba venir a ayudarte, luego nos encargaremos de tus brazos, déjame esto a mi —Aquellos ojos azul marino brindan cierta confianza a esta, que simplemente asiente observando como el con su lanza en mano, camina hasta encontrarse a cierta distancia de la hechicera de prendas purpura —Escúchame bien, me importa poco quien seas, y porque nos atacaste, te derrotaré porque es lo correcto.
Acercándose con un movimiento veloz por poco consigue empalar a la contraria, esta esquivando tan rápido como le es posible sus constantes estocadas, realizando un salto al ver como este realizo un giro horizontal con el arma, recibiendo una patada al costado de su cintura al encontrarse indefensa sobre el aire.
Recomponiéndose al instante, levantando sus manos al nivel de su pecho, con dos rocas gigantes elevándose de la tierra, estas lanzadas hacia él cuando extiende sus manos hacia delante, su boca entreabierta al gritar en ira por verse abrumada por quienes considera indignos de la magia.
El albino se limita a arrojar su lanza hacia el cielo, de forma que golpea con fuerza el centro de la primera roca cual se convierte en simples escombros, y sin perder un solo segundo responde con otro puñetazo, la segunda cae como la primera, pero a sus ojos esta se revela con un gancho contra su pecho, su sonrisa resultando aterradora para él en ese exacto momento, consciente del momento de debilidad en cual se encuentra.
En ese preciso momento cae el arma cual lanzo hacia los cielos, obligándola a desaparecer y sin pensárselo dos veces la agarra para realizar un giro con la punta de su lanza, creando chispas al chocar con las garras de la hechicera, esta parece tener la energía de una guerrera, y la belleza como magia de una demonio.
Su presencia dividiéndose en varias copias suyas, unas descendiendo del cielo para así embestir contra este, su lanza balanceándose veloz cual determinación de quien la empuña, encontrándose jadeante al estar en una batalla contra cientos, gotas de sudor descendiendo de su cuerpo como lo son la sangre debido a los cortes constantes.
Los ojos de su conyugue abiertos de par en par, apretando los dientes al sentir esa sensación de impotencia, siempre fue quien estaba al frente, quien protegía a los demás del peligro, y ahora su corazón bombea rápidamente espectadora de una batalla donde la vida de quien ama pende de un hilo.
Quedando una sola de la multitud a quien enfrentaba, este cae de rodillas contra el suelo como lo es su arma, siendo pateado en el rostro por el zapato de la fémina que lo hace embarrarse con el lodo, y caer como lo hicieron los de su raza por aquella mujer a quien ni siquiera conoce.
—Ah, ah, ah, ¡Echo Levántate, maldita sea, ponte de pie, no me puedes hacer esto… Oquema detenteeee! —Ella tomaría una lanza de un guerrero caído, y con esta empalaría el hombro derecho del peli blanco, sin importarle los gritos de la pareja de este como los del mismo, quien deja de gritar tras unos minutos.
—¡Dime Shilurl, donde esta la fuerza, el poder, la bestia que afirman los shilurls tener en su interior, el se dio por vencido, tu también deberías, solo sois una raza de bastardos con suerte de heredar el raciocinio de una diosa caída. Demuéstrame porque eres la bestia Yunko! —Una fibra sensible fue tocada en el ser de la morena, última cual se encuentra en medio de un silencio eterno, levantando la mirada de sus brazos congelados, estos agrietándose mientras esta se pone de pie poco a poco.
El hielo se rompe cayendo contra el suelo, se escucha un crack de estos al momento de golpearlo —Residencia mortal: Firmeza rocosa — de un pisotón fuerte cual hace temblar la tierra, un pico emerge veloz que por poco empala el abdomen de la contraria cual reaparece sobre Yuko, su pierna agarrada antes de poder asestar una patada descendente.
Arrojada cual muñeco de trapo que chocaría contra una roca, la sangre escapándose de su boca al recibir un puñetazo al estomago por parte de la Shilurl, agarrándola del rostro aventándola hacia los aires, con dos grandes paredes de roca emergiendo de la tierra; chocando con la otra de forma que aplastan el cuerpo de la mujer de cabello carmesí.
El polvo disipándose por el aura elemental creada por la maga, sangre seca sobre su cuerpo, junto a heridas superficiales cuales desaparecen en un instante, levantando su mano convocando así un meteoro gigantesco que parecía cubrir el campo de batalla de los cielos. Poco le importo a tal bestia cual flexiona sus rodillas, para así alcanzar a quien levita en los cielos de tonos grises, con un derechazo cual se conecta con el de la contraria, seguido de un gancho que esta bloquea con su antebrazo, y finaliza con una patada a la cintura cual envía a la peli roja al piso nuevamente.
Tan rápido como su espalda choca contra el suelo, es tomada del cuello por la contraria, quien golpe tras golpes mancha el rostro de ambas con sangre, deteniéndose al escucharla toser —A-al fin lo comprendo, t-tu estas maldita… por eso peleas, ayudas a los demás, q-quieres ser bendecida, la maldición de la más fuerte… —Esta se desvanece en polillas carmesí ante sus ojos, levanta esta para ver así como el meteoro esta a solo pocos metros de impactar. Un destello celeste cegador cubre el entorno, forzándola a cerrar los ojos por unos instantes con su mente viéndose desorientada.
Al abrirlos divisa la figura de una fémina de tono celeste, cuyo antebrazo derecho tiene la forma de un arco, llamando la atención de la shilurl cual se pone de pie para desatarse contra la desconocida, inconsciente ya de todo, pero con un deseo ardiente de pelea.
Minutos antes…
—Por favor, no puedo quedarme sin hacer nada, m-mis padres van a morir, déjeme aunque sea hacer algo —Se encuentra aprisionada por las manos de Tanya, delante suyo la fémina con la mascara cuyo estampado es de águila, esta cruzada de brazos observa los inútiles intentos de esta por escaparse —Te daré la oportunidad, pero si no sucede lo que quieres, será culpa tuya.
—G-gracias, mmm, “¿Ahora que hago?, incluso madre tendría problemas para parar eso, si tan solo tuviera poder… poder elemental, eh intentado esto antes, escuche por parte de madre que debo concentrarme y visualizar el elemento.” —Ya liberada comienza a meditar en el suelo, encontrándose sentada en ese momento, su pensamiento se vuelve oscuro, cual poco a poco comienza a teñirse de un azul marino, sumado al sonido de las olas cual es capaz de escuchar.
—”Agua, eso fue rápido, podría emplearla como una flecha, solo necesito concentrar la energía elemental en un objetivo lo suficiente, y desear por todo lo bueno que funcione.”
La fémina a cargo del grupo visualiza como la muchacha se levanta, caminando en dirección hacia el meteoro cual esta a metros de impactar inhala y exhala para así extender su brazo derecho, cual se ve imbuido en agua formando así un arco en su antebrazo; actualmente ya con los ojos totalmente cerrados, percibe como una flecha de un tamaño considerable similar al del arco se crea.
Mientras las demás miran asombradas, la mujer con la mascara de águila solo sonríe asintiendo con la cabeza, por otra parte Tanya estaba por aplaudir en su alegría, pero se detuvo para no desconcentrar a quien considera su amiga.
—Disculpe teniente Kasna, pero necesitaré la energía elemental de todas si deseo destruir ese meteoro, yo sola no podré. Solo toquen mi espalda, y en caso de no poder, toquen la espalda de quien lo hace —Su tono es suave y calmado, como si realmente fuera la representación de dicho elemento, al escuchar aquello la adulta se acerca siendo la primera en presionar su palma, seguida de la joven rubia, y de los demás compañeros. Percibiendo así como tal energía fluye a través de su cuerpo sin parar, pero su concentración la lleva a no perderse en aquel poder.
—¡Es hora, flecha que recorre el firmamento, cuarto creciente! —Suelta la cuerda del arco de forma que la flecha es disparada a gran velocidad, esta rompiendo el viento a su paso cual llega a impactar en el gigantesco cuerpo rocoso, liberándose un destello por el choque de ambas fuerzas.
Actualidad…
Inclinándose hacia la derecha para esquivar por poco el puñetazo de su progenitora, reaccionando con una patada cual apenas y consigue hacerla retroceder, saltando al ataque nuevamente con ambas manos extendidas en un intento de agarrarla del cuello.
Disolviéndose en agua para así reaparecer a su derecha, con un derechazo a su mejilla, cual la adulta llega a atrapar y la levanta como si fuera un juguete, estampándola contra la tierra una, dos, tres veces antes de arrojarla lejos.
Aun con el cansancio logra ponerse de pie, con sangre escapándose de sus labios, actuando rápido al cubrirse con sus antebrazos de la patada a su rostro por parte de su madre, última cual se deja caer para así tocar el suelo con su palma, elevándose un pico de roca que fuerza a su contrincante a saltar hacia atrás.
Al momento de tocar el suelo con sus pies, es donde se desliza hacia la izquierda evitándose el gancho a su quijada, golpeando la costilla derecha de la mujer escuchando un gruñido de esta; esta realiza un grito ensordecedor que fuerza a la joven a agitar su cabeza, para rápidamente deslizarse hacia atrás y reaccionar con una triple patada a la espalda.
Saltando hacia atrás ligeramente con su antebrazo tomando la forma de un arco, la flecha manifestándose en ese preciso momento, tensa la cuerda rápidamente sin siquiera pensárselo. Sus ojos cerrados en aquel momento decisivo, soltando el agarre de esta el objeto punzante alcanza la piel de su objetivo.
Una cúpula celeste se creo en medio de estas dos, con la muchacha acabando sobre la tierra húmeda con algunas quemaduras, por el agua a presión a la que se expuso en tal ataque; de pie firme con los ojos totalmente abiertos en sorpresa esta la adulta, última que se mira a los brazos notando como su piel rocosa se vio destruida, además de sentir el dolor cual golpea su cuerpo.
Caminando hacia su hija a paso lento, esta le mira de forma aparentemente fría y sin emoción alguna, en ese momento percibe una mano sobre su hombro, al mirar de reojo ve aquella sonrisa alegre, cual la hace voltear para encontrarse con el rostro del albino, quien no pierde el tiempo en agarrar a su descendiente en brazos.
—Hmm, deberías controlar mejor ese estado de bestia, por poco matas a tu propia hija, espero haber llegado a tiempo si no realizaba tal ataque. Sobre como estoy aquí, finalmente domine la transmigración onírica, es solo cuestión de concentrar la energía elemental como maligna, pero es difícil en la practica, jeje, ¿te encuentras bien? —Su voz tiene cierta alegría como calma cuales consiguen una pequeña sonrisa en la líder Shilurl, esta se limita a asentir con la cabeza, observando como Kasna se acerca con su mascara de águila todavía sobre su rostro, su tono es serio y no parece dudar en sus palabras —Supongo todo esta hecho general, será mejor prepararse por si aparece esa hechicera, dejaré en sus manos el destino de aquella tribu.
—Gracias Kasna, por ahora nos retiramos, te aseguro que esa maga no será problema de nuevo —Yuko se limita a dar un vistazo al horizonte, antes de fijar su atención en Mei quien descansa en los brazos de Echo, su sonrisa se ensancha al contemplar las posibilidades —”Rompió mi coraza hecha de rocas, destruyo un meteoro que me habría tomado gran parte de mi energía, y aun así se las arreglo para seguir peleando, y todavía no pasa los 20 años. Las nuevas generaciones nunca pararan de sorprenderme.”
Fuera de la historia…
—Entonces ella realmente no quería pelear, pero el ser una princesa la llevo a forzarse a ser la más fuerte… ¿aun no terminas con la historia, verdad?, dormiré un poco si no te molesta —Se recuesta en la cama, mientras intenta consolidar el sueño, sus ojos ya cerrados en aquel momento de paz en el que se encuentra —”Mi maestra es probablemente el ser más fuerte que conozco, yo debo… superarla si quiero cumplir mis objetivos, y evitar más derramamientos de sangre, o por lo menos intentarlo.”
¿Les gusto?, añadánlo a su librería, y disculpen por la tardanza.
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