La caída de una leyenda - Capítulo 33
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Capítulo 33: Una marioneta – (Especial)
—”Somos títeres de aquellos que tienen aspiraciones, suerte, o poder. Pero la pregunta es, ¿queremos realmente dejar de ser marionetas, o solo nos molesta el no ser capaces de tomar decisiones propias?. Es diferente, una marioneta no piensa, no habla, solo actúa. Un ser sintiente desea ser capaz de moldear su destino, aunque sea dar un simple paso.”
—”Hmm, las palabras clave son marioneta, poder, destino y quizás libertad. Además ¿a que viene esta reflexión?, ¿eres un amante de las causas perdidas o qué?.
—”Simplemente apreció la necesidad de compartir reflexiones con aquellos que necesitan sabiduría.”
—”Yo se más que tú. ¿Sabes como se llama el músculo que permite a los humanos inclinar la cabeza o mover el cuello?.
—”Ehm… esterno… mas… hmm, mierda lo tengo en la punta de la lengua.”
—”Esternocleidomastoideo. Ja, ja, soy más lista que tú.”
—”Esta vez ganaste, Neron. Espera que clase de nombre es Neron; sabes que solo cruza la puerta.”
—”Tienes razón, ya fue mucho texto. Sobre mi nombre, pues mi padre me lo puso antes de siquiera saber que era una mujer.” —La fémina cuyo rostro esta oculto agarra el pomo de la puerta; abriéndose a una historia incierta donde da varios pasos la llevan a un mundo desconocido.
Despertándose para ver el cielo azul; la sensación del césped bajo su piel es molesta, pero no hace esfuerzo por ponerse de pie. Sintiendo las miradas desde los cielos, avistando varios ángeles cuyas miradas no eran para nada amigables.
Su corazón palpita más rápido al momento de ver como descienden flechas doradas, el cielo cambia por un atardecer carmesí. Observando en cámara lenta a esta lluvia cual retrata violencia pura buscar su objetivo de creación.
Un parpadeo, solo uno, y todo regresa a la normalidad. Aunque ve como un hombre peli rojo cuyo torso esta descubierto mientras sus pantalones y botas negras son las únicas prendas en su cuerpo se encuentra en los cielos; batiéndose a duelo con una bestia, un dragón grande para ser exactos, cual posee dos espadones gigantes similares al tamaño de una montaña.
La pelea feroz como ninguna; fuego, calor, ceniza, chispas de espadas caen sobre la tierra, sin embargo, a ella no parecen afectarla ni tampoco puede moverse. La pelea termina con el empalamiento sobre el corazón de la bestia, aunque el guerrero tatuado cae junto a la imponente criatura. Rugidos de animales que se vuelven ecos inaudibles, seguidos de vitoréos humanos.
Sin embargo, el silencio duraría poco, sus ojos vislumbrarían como tres serpientes gigantescas que crean una sombra sobre su figura humana rugirían hacia un hombre peli castaño cuya capucha blanca oculta su rostro, usando una camisa blanca con 4 extremos largos al llegar a sus caderas, acompañada de un pantalón negro holgado; varias lanzas de proporciones enormes rompen los cielos bajo su comando.
Finalizando en el empalamiento de las criaturas que conocerían su fin sin ninguna oportunidad de hacer nada. Él le devolvió la mirada, descendiendo para unirse a ella —Puedes referirte a mi como… hmm, Morax. Si, ese nombre dado por el cielo. Ah… escucha, tu eres la última que queda, tus hermanas… no importa.
—Solo vive… vive y obtén poder, para que yo… no vuelva a perderte otra vez —Aquellos ojos similares al oro le encontrarían al mirarse de reojo. Percibiendo el tacto de su mano sobre la suya; su mirada se torna hacia el cielo intentando calmarse al respirar de manera profunda liberando el aire como la tensión en su cuerpo —No soy la persona de quien hablas. Yo, solo soy una humana; una en busca de sobrevivir en la tierra del rayo.
—Eres más especial de lo que crees. Déjame darte un ligero recordatorio —La sensación del cuerpo de él sobre el suyo logra un ligero sonrojo en sus mejillas. Último quien captura sus labios en un beso, el calor corporal sumado a la intensidad del beso provoca un deseo donde envuelve el cuello del hombre de cabello castaño con sus brazos; acercándolo en busca de ese calor y afecto.
Pero tan rápido como abrió los ojos, no había nadie. Aprieta los dientes levantándose mientras sus manos se tornan en puños, notándose las venas sobre estos —¡Estoy cansada de esta mierda. ¿Qué demonios es real y que no?! —Tras un simple parpadeo; el suelo visible es para sus ojos, encontrándose a solo un paso de acabar tendida sobre el.
El frío cruza su cuerpo al tener el torso desnudo, solo un brasier gris cubriendo sus pechos; un pantalón del mismo color como holgado son las únicas prendas en su cuerpo, al estar descalza siente de mejor manera como todo cambiaría si daba un pequeño paso.
Viendo como su pie derecho esta ya sobre el aire, se vuelve presa del pánico —”¡Noooooo, no lo hagas, no, no, noooo!” —Pero a pesar de sus gritos, el paso es dado. Cerrándose sus ojos por instinto, y despertándose para ver como esta en el tejado, otra vez.
Esta vez, ve a un chico, el cual mira hacia el vació. Quitándose la camiseta gris que tiene grabada el número 5 en la espalda, a solo dos pasos de encontrarse en el otro mundo. Sin embargo, su cintura es envuelta por unos brazos rápidos que lo traen hacia atrás, conociendo el calor del cuerpo de la fémina que lo suelta permitiéndole caer a su lado.
Dándose la vuelta para así mirar hacia el cielo nocturno; dientes apretados al momento de estar su espalda contra el tejado —¡¿Porqué me detuviste?, maldita sea yo ya no quiero seguir con esta mentira. Y-yo, no deseo continuar por este infierno llamado vida! —Lagrimas se extienden desde sus pupilas, sus manos tornadas en puños ante el cúmulo de emociones que lo golpean.
—¡ehm shu, la visha esh un regalo, no la tiresh a la b-bashmura! —Conociéndose con esos ojos verdes cuales resplandecen como llamas de un fuego intenso; viéndola temblar como cubrirse los labios, dándole la espalda lo cual le permite ver su espalda a la vez que las tiras blancas de su brasier.
Intenta tocar su piel, pero sus dedos se detienen; al verla mirar de reojo, retira al instante su mano —Lo siento, no debí ser grosero. Es solo que hoy no eh tenido un buen día, siento que mi vida es un fracaso tras otro —Presiona uno de sus puños contra su pecho de forma suave, sintiendo como su corazón palpita reconociendo que aun sigue vivo.
—”¿Porqué no puedo hablar bien?, es como si tuviera las cuerdas vocales rotas, p-pero debo hablarle.” —Voltea para así estar de espaldas contra el tejado, su mirada se enfoca en aquella noche estrellada mientras intenta formular su siguiente respuesta. Las palabras salen de sus labios como si alguien más hablará —¿Qué ocurrió?.
—Hmm, mi pareja me a dejado, mi hermana esta demasiado ocupada como para hablar conmigo y por mi culpa perdimos un partido importante. C-creo que eh tenido el peor día de mi vida —Sus ojos se cierran de modo que solo contemplan la oscuridad a su alrededor, sin embargo, vuelve en si al sentir una mano sobre la suya; despertándose para ver a la joven albina tomándole de la mano como si no quisiera dejarlo ir.
—”Mientras digas frases cortas puedo pronunciarlas bien; casi lo olvido, puedes llamarme Nahida, encantada en conocerte Neron. Yo me encargo a partir de aquí” —Una sonrisa es visible en los labios de la fémina, una cual consigue calmar la tensión en los hombros del peli negro a su lado; último que no puede dejar de mirarla de reojo notando esas orejas de elfo cuales lo sobresaltan al punto de sentarse —Tranquilo, todo estar bien.
Esas palabras sumadas a aquella mirada pasiva adormecen cualquier intento de huida, incapaz de siquiera apartar la vista de aquellas esmeraldas preciosas cuales son sus ojos —¿Puedes pasarme la camisa?, realmente la necesito; tengo frío —Sin hacerlo esperar agarra la camisa tendiéndola en sus manos, mirándole mientras se coloca la prenda.
Al observar como todavía tiembla opta por acercarse envolviéndolo en un abrazo donde sus rostros están a pocos centímetros de tocarse; un sonrojo toma forma en las mejillas del chico mientras la muchacha de cabellera blanca solo le observa fijamente a aquellos ojos marrones que él tiene, el silencio resultando cómodo para ambos.
Departamento de Rukya – 9:00 pm
—”Idiota, no saltes a una sub-trama tan rápido, hijo de… agh, sabes que continua.”
Una dama de cabellera blanca se encuentra sentada sobre una silla negra, enfrente suyo una computadora de escritorio. Sus ojos enfocados en el monitor por unos segundos antes de cerrarlos, en la pantalla se visualizan las siguientes palabras —”Conexión establecida, bienvenida usuaria Rukhadevata.”
Una habitación blanca es lo único que logra comprender, sin embargo, hay alguien más. Una fémina de cabello negro cuyas pupilas rojo carmesí no dejan de mirarla fijamente, una sonrisa amplía adorna su rostro al momento de encontrar aquel anhelado encuentro.
—¿Te alegras de verme de nuevo, Ruky? porque yo si lo hago, es aburrido tener el Irminsul a mi disposición, pero ser incapaz de usarlo en absoluto por tus restricciones —El alrededor se transforma en un claro de un bosque donde ambas se encuentran sentadas sobre sillas blancas, observantes del como un grupo de magos del abismo son emboscados por cazadores.
La sangre se derrama sobre el césped reflejándose sobre aquel líquido la luz de la luna, mientras las dos damas sostienen ambas tazas de té —Té verde, esta ligeramente frío, yo lo prefiero un poco más cálido —Un chasquido resuena en el área liberando una onda de viento que golpea a los presentes, esbozándose una sonrisa pequeña en la otra mujer notando como la taza de té emana rastros pequeños de humo.
—Ambas sabemos porque estas aquí, la corrosión esta comiéndose tu cordura, ja, ja, ja y eso me encanta, muy pronto crearemos una fiesta llena de gritos, como esta —Otro chasquido es dado, los brazos izquierdos caen seguidos de salpicones rojos cuales son acompañados por los gritos de quienes sobrevivieron al encuentro, sin embargo, al visualizar como los labios de su compañera no se despegan de la taza su sonrisa desaparecería.
Cabezas humanas se tienden en el césped cercenadas, pero la albina solo se enfoca en dejar la taza sobre la mesa —Tu me evitaste la muerte contra el conocimiento prohibido durante la caída de khaenri´ah. Te eh soportado, y ahora te notifico que en 5 minutos sucederá un reinicio —Su mirada se posa sobre los ojos de la contraria cuyas palmas golpean la mesa, viéndose como su alrededor se transforma nuevamente.
Espadas, lanzas, mandobles y arcos descansan junto a los cuerpos de guerreros como bestias del abismo. El cielo es oscurecido por el humo, las llamas del fuego danzan alrededor del campo de batalla —¡No puedes hacer esto, ¿acaso no quieres finalmente ser libre?. Solo yo se quien eres realmente tras esa estúpida sonrisa! —Sus uñas se clavan sobre la madera, sin dejar de mirar a aquellos ojos fríos cuales témpanos de hielo que la dejan sin palabras.
—Yo solo quiero el bien para Sumeru, mi felicidad ya fue satisfecha cuando jugaba en la cancha, así que ahora puedes pelear, intentar matarme, o simplemente esperar lo inevitable, Kumuya —Al cerrar los labios es capaz de observar como varias espadas se manifiestan suspendidas en el aire, sin embargo, desaparecen con un rápido chasquido de la albina cual se cruza de piernas.
Al ver hacia el cielo divisa números rojos, tragando saliva antes de enfocarse en aquellos ojos verdosos mientras el escenario toma forma a un estadio de fútbol —Tengamos un último encuentro, tu y yo, un gol declara al vencedor, ¡¿aceptas el desafió Rukkhadevata?! —Su pie presiona el balón, aquella mirada desafiante no flaquea al momento de mantener el contacto visual.
—¡Ja, ja, ja, prepárate para morder el polvo! —Esa sonrisa envió escalofríos en la espalda de la peli negra cuyos dedos parecen presionarse en un teclado invisible, deteniéndose para realizar una patada frontal con la albina deteniendo la pelota con la cabeza.
Volviendo a tocar el suelo continuando aquel enfrentamiento, sus pies moviéndose en un intento de mantener el control, sin embargo, antes de poder acercarse más a portería recibe un empujón de lado por aquella fémina que la alcanzo.
Su disparo espectacular volviéndose inútil al rebotar la pelota tras golpear el palo, tomando el balón entre sus pies la mujer de cabello negro azabache domina el encuentro antes de lanzar el balón fuera de la pista en un movimiento rápido.
Agarrando la pelota de fútbol con ambas manos detrás de la cabeza realiza el saque que termina en su dominio tan rápido como el balón toca el césped, siendo que la albina esprinta de frente sin pensárselo dos veces, pero su cuerpo se detiene al igual que su contrincante y el contador.
—”8 jugadores desean ingresar, las solicitudes fueron aceptadas. Tienen 10 minutos antes de que el contador regrese a 5 otra vez.”
Recuperando la movilidad observantes de los recién ingresados que resultan ser 4 mujeres como hombres, consistiendo en Mavuika, Furina, Signora, Rinherdotti. Entre el grupo de los hombres, Morax, Venti, Dottore y Rerir.
—¡Sabía que podría entrar en un partido antes de la actualización!, eh Morax, ¿Q-qué hace un arconte como usted aquí? —La peli roja da un paso atrás al encontrarse con esos ojos dorados de cuya divinidad cual se limita a mirar a los demás, pero al escucharla posa su atención en la mortal esbozando una pequeña sonrisa —Como tu, quise seguir jugando. ¿No eras tu la mujer cual me dio su alma? fue un combate muy bueno, espero llegues a ser una arconte.
—E-eh, gracias, me estoy esforzando, por cierto ¿me devolverá mi alma o debo hacer otro contrato? —La mujer rápidamente invade el espacio personal del dios mirándolo fijamente a los ojos. El hombre de cabellera azul se acerca a la albina que esta junto a la fémina de cabellos negros azabache quienes observan al enmascarado —Disculpen señoritas, ustedes deben de ser la diosa Rukkhadevata y usted es el virus Kumuya, eh estado investigando. Podrían…
—¡Darme sus autógrafos!, podré ser un fatui, pero aun así tengo mi faceta de fan —Saca la mascara revelando una sonrisa pequeña mientras acerca aquel objeto al dúo de mujeres cuales manifiestan sus respectivos bolígrafos. El bardo observa como la heraldo fatui se acerca, ella esquiva la mirada rápidamente —H-hey, tu eres el arconte anemo ¿verdad?, quería preguntarte algo ¿C-cuál sería un buen vino para una cita?. Escuche que en Monstantd saben demasiado de alcohol.
El chico peli negro sonríe pícaro, sin embargo, al notar la tensión en los hombros de la rubia se desvanece aquella sonrisa —Tranquila, puedo ser un dios, pero no haría daño a una bella mujer como tú, acerca del vino te recomendaría un vino blanco, son agradables al paladar como fáciles de beber —Él levanta un pulgar arriba junto a una sonrisa amplía provocando una carcajada de la fémina cual asiente, cual se inclina para así tener contacto visual con el muchacho —Gracias, tu también te ves bien, trataré de no ser ruda cuando te quite la gnosis, je, je.
—Tu debes de ser Furina, dime mortal que finge ser dios ¿Dónde esta tu patrona? —Esa mirada azul marino se fijaría en los de la joven en frente suyo, última que cierra los ojos negando al mismo tiempo. La bruja como pecadora da varios pasos hacia delante sin dejar de ver a aquel rostro bello e impuro —No lo entiendes, ella ya esta muerta, no resistí la carga de ser una diosa, ahora Fontaine solo cree en el gran juez.
—No me creo esos rumores, sin embargo, dime sabes algo de… Naberius, la sombra de la vida es mi objetivo. Casi lo olvido, mi nombre es Rinherdotti —La mujer proveniente de Khaenri´ah sonríe, no obstante, esto no parece hacerla más cercana a la joven de cabellos blancos quien deja escapar un suspiro profundo antes de esbozar una sonrisa, ambas saben que mienten al fingir alegría —Encantada, si me preguntas tu nombre es demasiado largo, como sea no se el paradero de Naberius, aunque comparto el deseo de buscarla porque tengo un motivo personal.
—Déjame adivinar, alguien cercano a ti murió o quedo en coma. Podemos dejar este juego para encontrarnos ¿sabes? —La rubia extiende su mano en un intento de confirmar aquella alianza, pero su muñeca es agarrada por el otro pecador allí presente cual es delicado al momento de tocarla —Tu no te vas, a pasado mucho tiempo desde la última vez, no pienso dejarte ir sin más.
—No te recordaba tan posesivo Rerir. Te seguiré el juego, pero antes dime algo bonito —Se encuentra con aquel ojo rojo escarlata cual brilla de forma intensa, su agarre apretándose sobre la muñeca de la pecadora que tiene dibujada una sonrisa amplía mientras lo escucha carraspear la garganta antes de abrir la boca —Ah, esta bien. Aunque mi corazón no este conmigo, creo escucharlo latir cuando estoy contigo.
—Eso… fue muy bonito de tu parte, leíste todos los poemas que te mande ¿verdad? —Los ojos de Rerir se enfocan en ella antes de cambiar a Furina, escondiéndose detrás de la última que deja escapar un suspiro al sentir las manos del hombre sobre sus hombros reteniéndola allí. Los ojos de la bruja se entrecierran mientras él esquiva la mirada, encontrándose con la mirada penetrante de la albina enfrente suyo —Obviamente no lo hizo, pero no te enojes con él, seguro leyó algunos, eso demuestra que si le preocupas; además Rerir debería estar enojado, tu le has ignorado por mucho tiempo. ¡Sabes lo que yo daría por tener la oportunidad de tener a alguien quien me ama aquí a mi lado!.
—Disculpa, me deje llevar, muy pronto comenzará el partido así que les deseo buena suerte —Le da una palmada en la espalda al pecador albino, antes de acercarse a Rinherdotti quien le mira de lado para después caminar hacia el otro equipo.
—”El tiempo de espera llego a 0, el partido comenzará en 3… 2… 1… ¡Ya!.”
Al momento de caer el balón en el campo de fútbol, los latidos de sus corazones se aceleran ante el comienzo del partido, robándose toda la atención la delantera que esprinta de frente pasándose de lado a la contraria cuyos ojos rojos reflejan molestia al ser ignorada.
Detenida por el demonio albino que la confronta sin miedo o ira desviándose la pelota a los pies de la joven centrocampista, última cual lanza la pelota al cielo al sentirse sola en medio de la batalla. La rubia impacta su frente el balón dominándolo entre sus piernas antes de dar un pase a su compañero que sigue hacia la portería rival, rodeado por la flama y roca forjadas por la guerra forzándose así mismo a un disparo a ciegas.
Los ojos de todos enfocados en el objeto en esos cortos instantes de tensión que se desvanece al ver como golpea el palo, rebotando en el proceso permitiéndole al virus tomar el control por unos pocos segundos, donde una pequeña sonrisa comienza a dibujarse al momento de patear el balón al arco.
Los latidos de su corazón se vuelven rápidos mientras su cuerpo se mueve por instinto al experimentar el miedo de la derrota. Un salto donde sus manos atrapan el balón, aquellos ojos abiertos ante la incredulidad de esa hazaña realizada por una persona de baja estatura, sin embargo, el juego se retoma cuando la pelota cae en las piernas de la llama ardiente.
Dando zancadas largas acercándose al centro realizando un pase largo que encuentra los pies de la muchacha que corre hacia el arco rival, mirando de reojo como a los lados para darse cuenta que nuevamente esta sola en medio de dos fieras porque la albina es incapaz de pasar al demonio de cabello blanco.
El doctor y la pecadora cazándola sin quitarle la vista de encima, pero ante la desesperación de perder el balón realiza un tiro rápido a portería, deteniéndose por unos segundos visualizando como el balón es atrapado por las manos rápidas de la fémina de cabellera dorada.
La dama aprieta los dientes y puños al ver este resultado, sin embargo, se mueve al ver la pelota regresar al campo tomada por la ojos azules que al verse como la presa de la mujer de pupilas esmeraldas, dejaría todo a la suerte en un pase corto como preciso al demonio albino.
Aquel hombre cuya altura es incapaz de igualar hace rebotar el balón ligeramente para rematar con un disparo largo directamente al arco, la tensión crece al verlo como algo incapaz de detener al romper el viento de forma rápida siendo su destino llegar a portería.
—”¡El tiempo se acabo, el reinicio sucederá en unos segundos!.” —La pelota es detenida por la frente del joven que lo atrapa en sus manos, observando como los demás se sientan sobre el césped expectantes del final.
—”Ja, al menos deje un receptáculo preparado” —Una sonrisa pequeña es capaz de verse en los labios de Kumuya, última que jadea un poco mirando hacia Rukya cual le devuelve la sonrisa junto a un dedo de en medio alzado.
Habitación – 9:30 pm
Una sombra entra por la ventana, sus pisadas rápidas la llevan al interior del baño dejándose ser empapada por las gotas de agua —Ah, debería ser más rápida, mi hermano menor podría comenzar a sospechar —Revuelve su cabello con su mirada enfocada en el piso, notaría así la cicatriz de arma blanca que la hace regresar la mirada hacia la pared.
—”Uno de estos días conoceré la muerte, pero hasta entonces debo de asegurarme de que él tenga un futuro brillante.” —Frota su rostro para limpiar la sangre de sus mejillas, vuelve hacia su cama dejándose caer sobre esta.
Presionando su oreja derecha para así ver como una pantalla aparece sobre su cara, tras unos minutos observa a una chica albina junto a un chico de cabellera negra cual usa una camiseta de fútbol —Eh, hola hermana. Ella es Nahida, una amiga, ¿Te acabas de bañar?.
—¿Nunca me has hablado de ella?, como sea usa protección no quiero sobrinos, goodnight —La pantalla verde se apaga tras esta levantar un pulgar arriba, cayendo en los brazos de Morfeo. En la habitación de a lado el chico se encuentra acostado mientras la fémina esta sentada en el filo de la cama, su mano delicada acaricia el pecho de él —¿Estas mejor?.
—Si, gracias a ti, quiero hacer una pregunta ¿Qué eres? —Su mirada fija como pregunta la dejan perpleja, el silencio se ve creado entre los dos incomodándola al punto de rascarse el cuello, notando la libreta y bolígrafo en la mesa que agarra al instante escribiendo en esta.
Su mano cae todavía sosteniendo el esfero, él toma la libreta sobre su abdomen sin titubear —”Eh, si te soy sincera me crie en el bosque junto con los aranara, unos espíritus amables del bosque. A veces creo que soy como ellos, solo quise salvarte, la vida es demasiado bella como para dejarla ir en pocos segundos.” —Traga saliva dejando el pequeño cuaderno a un lado, algunas lagrimas se hacen visibles en las cuencas de sus ojos mientras intenta mirar hacia otro lado.
—Gracias, puedo pedirte un favor ¿puedes darme una prueba?, quiero saber si esto es real —Al verlo sentado, su rostro a solo unos pocos centímetros del suyo aumenta la tensión en el ambiente, su corazón palpita ante la expectación de un movimiento que puede cambiar su mundo por completo.
Aquellos ojos verdosos se cierran ya tomada su decisión al momento de presionar sus tiernos labios en los de él —”Estas siendo muy facilona, pero si lo quieres, no me molesta.” —Sus brazos lo envuelven permitiéndole sentir el calor de su cuerpo, sus senos presionándose contra su pecho.
7:00 am – comedor…
—Buenos días, ya estaba por irme a trabajar, pero tengo algo de tiempo para ti Keichi ¿Tuviste acción ayer? —Una sonrisa amplía se forma en los labios de la adulta observante de como este esquiva la mirada, enfocado en los dos panes junto a la manzana sobre el plato. Se encoge de hombros agarrando la fruta cual da un mordisco antes de fijarse en los ojos de la mayor —Hmm, te mentiría si digo que no. Ella esta durmiendo ahora mismo, si te soy sincero, me siento afortunado de conocerla.
—Me alegra oír eso, aunque… —Observa como la fémina se acerca inclinándose de modo que siente como la mirada de esta llega a penetrar el alma del mismo, tragando saliva al ver ninguna sonrisa en su rostro —Soy consciente de lo que estabas a punto de hacer, así que solo lo diré una vez, nunca pienses en esa opción.
—Tu eres una persona valiosa, no puedes simplemente dejarlo todo atrás. Si quieres hablar conmigo hazlo, usa el akasha —Apunta a su oreja izquierda donde el dispositivo verdoso brilla por unos instantes ante el tacto de sus dedos, donde él se limita a asentir y dar otro mordisco a la manzana —Lo haré, últimamente no me eh sentido bien, pero al diablo con eso iré a entrenar, buena suerte con el trabajo.
9:00 am – Estadio Sahori…
Un disparo a portería rompe el viento a su paso similar a una bala, impactando en la portería que tiembla al recibir tal golpe del balón siendo igual de intenso a los ojos rojos carmesí que no dejan de mirar al arco junto a una sonrisa.
—Hm, debes tener agallas si traes tu trasero de vuelta a este estadio, ¿Qué, enseguida cambiaste de chica?. Ojala tuvieras la misma suerte en el fútbol, perdedor —Cruzándose de brazos observa a la pareja, el peli negro aprieta los dientes acercándose rápido para agarrarle del cuello de la camisa notándose las venas en el dorso de su mano. Acercándole para así estar cara a cara —¡No fue mi maldita culpa que tu no obtuvieras el balón, Nara!.
Al sentir una mano sobre su hombro derecho cierra los ojos antes de soltarla, ganando distancia observante de como la albina le mira de reojo con el ceño fruncido —No grites. déjame esto —La mirada seria de la última lo hace tragar saliva haciéndose a un lado sin titubeos expectante de ver que hará.
—Ahora te van las chicas con carácter eh, ¿dime que vas hacerme lechuga, partirme la cara?, dudo que puedas, ha, ha —Cruzada de brazos nota como aquellos ojos verdosos siguen fijos a los suyos sin parecer pestañear, borrándose la sonrisa al momento de ver como da un paso. En un solo parpadeo percibe los dedos de la joven sobre su frente.
—”Iré al grano, por Keichi se de la segunda oportunidad para clasificar, así que yo jugaré allí. Es un reto, si ganamos dejarás esta actitud patética, en caso de derrota podrás tener una noche con él, eh visto como lo miras, en fin no pierdas a propósito eso no sentaría bien para el equipo.”
Un paso atrás es dado por la chica cuyo brasier gris llama la atención del chico a su lado que esquiva la mirada rápidamente —”Te vendiste ahí, ni tu ni yo hemos jugado fútbol. Nara puede quitártelo, aunque… no pareces enamorada de él, ¿Qué piensas hacer lechuga, disculpa, Nahida? —Deja escapar un suspiro antes de enfocarse otra vez en la fémina cual usa una playera blanca —Ese es el trato. Yo seré… tu centro campista.
—Suficiente palabrería prueba tus palabras en el campo de batalla, Keichi veamos como de bueno eres al evitar que ella te devore y no en la cama —Arroja el balón a las manos del joven que lo deja caer sobre sus pies, un escalofrío recorre su espalda al momento de ver como la peli blanca viene de frente, pasando la pelota de un pie a otro evitando que lo robe, sin embargo, un breve fallo de coordinación lo lleva a perderlo.
La muchacha esprinta sin perder el tiempo buscando con la mirada a la chica de cabello castaño que al encontrarla en su radar intenta disparar, pero se ve interrumpida al ver a su lado al chico pisándole los talones forzándola a dar un pase a ciegas.
La pelota es atrapada por los pies ágiles del chico azabache que en un ataque de adrenalina se coloca delante de Nara cual frunce su ceño ante la impotencia frente a sus ojos, sin embargo, la albina hace su entrada con un deslizamiento rápido antes de que el balón sea disparado fuera del campo.
Aprovechándose del momento la chica de camiseta blanca esprinta mientras siente como la emoción crece ante la expectativa de obtener el control del juego, realizando un tiro veloz cual dibuja una sonrisa en sus labios a diferencia de Keichi quien aprieta los dientes al ser incapaz de detenerla.
Siendo el juego salvado por un joven de cabello rojo cual llega hasta sus hombros, su sonrisa es amplía al momento de atrapar en sus manos la esfera. Su mandíbula fuerte junto a su altura y complexión lo hacen ver como una fuerza a temer, notándose el tatuaje de la cabeza de un león en su abdomen descubierto.
—Disculpa por robarte el momento Nara, ja, ja. Tu amiga no juega para nada mal Keichi, les parece si seguimos con este encuentro amistoso —Esa sonrisa logra enviar escalofríos a los presentes, pero con las manos en la cintura la chica de cabellera café sonríe devuelta sus ojos reflejan una llama ardiente —¡No te esperaba ver aquí Nein!. Tranquilo, no me lo robarás de nuevo.
8:30 pm – cocina
Adentrándose en la cocina en cuclillas abre el refrigerador, pero la luz se enciende lo cual eriza su piel al instante y agarra la taza de café cerrando la puerta del aparato sin pensárselo dos veces, allí parado esta su hermano menor quien la mira fijamente a los ojos.
—¿Porqué no entras por la puerta como una persona normal?. No importa, solo quiero hablar sobre… Nahida —Se pasa la mano sobre el cabello dejando su frente descubierta, tomando asiento sobre una silla en silencio a la vez que observa a la mayor dando un sorbo lento cual parece no tener fin, tragando saliva en un intento de cortar la tensión —Estoy empezando a sentir algo por ella, es demasiado rápido lo se, pero siento que… es la indicada.
—¿Quieres ser su novio? por mi esta bien. Si solo era eso, ve a dormir yo haré lo mismo —Deja la taza de café vacía sobre el fregadero, su atención tornándose hacia el joven adulto quien se pone de pie liberando un suspiro suave, una sonrisa se dibuja en sus labios dejando la cocina —Buenas noches hermana mayor…
La fémina se limita a sonreírle de vuelta, sin embargo, sus ojos se abren al ver como cae sangre en el suelo a lo que corre para ver a la albina con cuchillo en mano, el arma clavada en el cuello de un hombre cubierto por un pasamontañas oscuro cuya pistola esta tirada en el suelo.
—Mierda, deje que me siguieran. Oh, hmm, gracias Nahida por detenerlo, me salvaste la vida —Ve como la chica ingresa como deja el cuchillo ensangrentado en la mesa, acercándose más sin dejar de mirar a los ojos marrones oscuros de la adulta quien traga saliva al sentir la tensión en el ambiente —Él fue enviado, por Eldritch…
—Mi consejo es… termina el trabajo, Yumi —Escucha estas palabras susurradas a su oído de una forma fría que logra enviarle escalofríos a través de la espalda, sin embargo, asiente expresándose en una indiferencia gélida no conocedora del miedo —Yo me encargo, tu solo asegúrate de cuidar a mi hermano menor.
2 semanas después – Estadio Sahori – interiores
—Hey, no te preocupes, ganáremos —Su voz resulta seria al momento de hablar, sin embargo, en esos ojos verdosos ve aquella dulzura que conoció en aquel tejado. Pero su sonrisa desaparece al escuchar un pisotón es dado, viendo la sangre como fuego en aquellas pupilas demoniacas —¡Escuchad escoria, al momento de entrar en ese estadio, vamos a meter goles hasta que los pies sangren o moriremos en el maldito intento!.
—Que fastidio, pero daré el 120%, no quiero volver a cortar cabello en un gabinete —Pasándose la mano por el pelo, sus ojos azules reflejan una frialdad silenciosa cuando fija su atención en la peli castaño, posando sus manos sobre sus muslos notando sus manos temblar, pero muerde su labio inferior consiguiendo la calma cual muestra en su mascara.
—Si creen en la oportunidad de fallar, ya vamos mal, si hablo de ustedes tres, Keichi, Bell y Zamora —El pelirojo del grupo esboza una sonrisa amplía mirando hacia los tres, encontrándose con ojos llenos de molestia a excepción de la última que se levanta notándose los dos piercings en sus orejas, junto al que posee en la ceja derecha, su cabello rubio se mueve ante el repentino movimiento —Nein ahórrate las palabras, lo mismo va para ti Nara, esta es nuestra segunda oportunidad no podemos desperdiciarla. ¡Salgamos a demostrar como juegan las estrellas!.
Estadio Sahori – 8:00 pm – exterior
Sintiéndose los gritos de emoción de las gradas ante el inminente enfrentamiento, las luces del estadio enfocadas en el campo de fútbol donde los jugadores se miran frente a frente. El equipo enemigo los mira fijamente, las féminas tienen miradas gélidas a diferencia de los chicos que hacen gala de una sonrisa amistosa o llena de ego.
A los ojos de la albina no importaba el color de cabello, apariencia o siquiera sus sonrisas, solo eran sombras para lo que parecía su siguiente reto, evitar la derrota a toda costa o morir en el intento. Tomando su posición como centro campista, observa a Nara obtener la atención junto al joven de cabellera negra quien mantiene la mirada fija en la chica donde ambos tienen en sus ojos el balón.
—Gracias por el balón chico bonito —En un solo parpadeo pierde de vista la pelota que rápidamente acabo en los pies de Keichi en un pase por parte de la delantera del grupo, él no pierde el tiempo al correr hacia portería, pero al verse acorralado por dos bestias expresa una sonrisa en un pase hacia atrás con el talón.
Ojos fijos en el balón mientras los latidos del corazón se aceleran, Nahida no duda al momento de tomar el control donde solo ve dos caminos, a la izquierda esta la delantera del equipo que tiene a sus espaldas a una sombra, a la derecha aquel quien conoció en una noche, sin embargo, dos sombras están a punto de atraparla.
Mordiendo su labio inferior para despejar las dudas, su pierna dejando de temblar de modo que en un arranque de adrenalina un tiro al arco es realizado. El peli gris intenta detener aquel disparo, pero solo las yemas de sus dedos lograron tocarlo, cayendo de rodillas mientras su cabello cubre eso ojos de quien fallo en una única tarea.
—¡Gooooooooool! —Una leve molestia aparece en su garganta por el esfuerzo, su grito seguido por el público de las gradas, volteando para recibir un abrazo fuerte del chico de cabello oscuro que la libera tras unos segundos.
Observante de como las sombras desaparecen reemplazadas por caras, unas que muestran aquel ceño fruncido como dientes apretados al verse en desventaja, la peli roja del equipo contrario da un paso firme mirándola —¡Solo tuviste suerte, te mostraré de lo que soy capaz, albina! —Ver aquellas pupilas marrones destilando un intenso odio provoca una sonrisa amplía en sus labios —¡Suerte o no. Intenta superarme!.
La emoción regresa al campo de fútbol al momento de volver el balón al juego, con la jugadora de cabello verde conocida como Mel subiendo por el lateral izquierdo sintiéndose la emoción brillar en sus ojos marrones, viéndose como la estrella a punto de ser atacada por la albina que evade con un regate cual hace apretar los dientes de la primera.
Pero no contaba con la velocidad del ojos azules cual se deslizo bloqueando el avance —Bell, eres un buen defensa, pero yo… no soy la verdadera estrella —Una sonrisa amplía se dibuja antes de dar un pase hacia atrás, la pelota alcanzaría los pies del chico de cabello gris cuya mirada feroz destila su bestialidad, siendo Jack que lo arriesgaría todo a un tiro a potería antes de ser devorado por la rubia cual se detiene en seco al ver el disparo.
Sin embargo, su ceño se frunce al momento de ver como golpea el palo, rebotando al lateral derecho siendo controlado por la peli roja de Fei que dispara sin pensárselo dos veces, entrando el balón en portería mientras el león ve como el balón impacta a la derecha cerca de su rostro incapaz de siquiera reaccionar ante la velocidad del tiro, sus ojos rojos reflejan la impotencia del momento.
—Maldición, bueno la próxima vez no será tan fácil —El peli rojo solo niega con la cabeza mostrando una pequeña sonrisa, mientras Fei muestra una sonrisa amplía al cruzar sus ojos con Nahida que se muerde el labio inferior absteniéndose de cualquier comentario hacia la otra delantera —¡Calladita te ves más bonita, albina de pacotilla!.
—¡Te voy a hacer llorar cabeza de tomate! —Nahida miraría fijamente a la sonrisa arrogante de la chica de ojos marrones, calmándose al sentir la mano de Bell sobre su hombro a la vez que aquella voz viene como un susurro —Guarda esa ira para los pases, no vamos a llegar a ningún lado si dejas que el enojo tome lo mejor de ti. Da tu 120% a partir de ahora.
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