La caída de una leyenda - Capítulo 39
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Capítulo 39: Recuerdos del ayer – Shiold-4 – Parte 2
Una figura encapuchada se observa caminando sobre un sendero en dirección a un bosque. Esta se cubre de la lluvia con aquella capa negra, y sus pasos son firmes a la hora de sus botas de cuero pisar el lodo.
Al estar a un solo pie de entrar, escucha varias pisadas aproximándose, más se es incapaz de verse alrededor a algún animal moverse. Al avanzar por el camino a través del bosque, se es capaz de visualizar personas colgadas sobre las ramas de los árboles.
Deteniéndose para admirar el cadáver todavía fresco de una maga fenna. Esto fácil de deducir al estar desnuda, con orejas largas similares a las de un elfo, además de la obvia cualidad de no poseer un genital masculino. Notándose huellas de dedos en el cuello demasiado marcadas, dando a entender la razón de su muerte.
La palma de su mano se presiona sobre el abdomen pálido de la fallecida, cual es cubierta en llamas hasta convertirse en cenizas —Que tus cenizas sean el abono de un mejor mundo, y que las hermanas guíen tu alma como la de los demás —La figura encapuchada susurra para después continuar su camino.
Sus pasos lo llevan a una cabaña en medio del bosque. Da tres golpes a la puerta de madera, hasta escuchar unas pisadas que le hace dar un paso atrás.
Allí en la puerta esta una fémina de cabellera roja, cuyas orejas de lobo están relajadas al igual que su cola sin movimiento detrás suyo.
Cubierta por un vestido rojo con manchas de polvo junto a marcas de rasguños en la prenda de vestir, su torso desnudo deja ver trazos de un líquido que apesta a sake.
Su otra mano libre sostiene un vaso blanco relleno de dicho alcohol —¿Qué sucedió? —La voz de la mujer es seca casi desagradable, sin embargo, le permite pasar al sentarse sobre el tatami en el suelo, delante de la pequeña mesa que tiene una botella de sake oscura —Si estas aquí es porque necesitas algo, ¿no es así?, hip. De por si ya fue suficiente mierda el matar a la calamidad raíz.
Al sentarse el encapuchado a su lado izquierdo, toma el vaso blanco para así verter el alcohol en sus labios con su cara todavía oculta por la capucha —Las calamidades restantes declararon la guerra a las hermanas. Esheira me envío, porque soy el único que tengo tu confianza a parte de ella, y porque Hayley esta dormido.
La otra persona en la sala se quita la capucha dejando ver el rostro de una peli negra, cuyo ojo derecho tiene un parche negro, acompañado de una cicatriz que llega a recorrer un sendero vertical desde su mejilla hasta su frente.
Su ojo izquierdo es de un color verde, y sus labios esbozan una sonrisa pequeña —Tiempo sin verte, Samara-sama. Llegue lo más rápido posible, así que la noticia es reciente, dos semanas después de la muerte de raíz para ser exactos —La wama es observada por la fémina con rasgos de lobo, que da un trago al mismo vaso sin molestarse en limpiar los rastros de alcohol ya ahora en la comisura de sus labios —Agh, no preguntaré que llevo a ese resultado. Espérame afuera.
—Claro, pero antes quiero preguntar. ¿Porqué ronda por los bosques de la muerte, porqué no quema los cuerpos de los caídos, y porqué escuche pasos de animales invisibles? —Ya de pie frente a la puerta, él mantiene su mano en el pomo de la puerta ya entreabierta. Sucede un breve silencio entre los dos, que termina al momento de Samara ponerse de pie como beberse el alcohol restante en la botella de un tirón dejando el recipiente en la mesita —Mi respuesta para todos es que eh perdido la cabeza, pero para ti, Laulieth, y mi hermana, es porque todavía, hip, me siento culpable. Sobre los animales, seguro son los espíritus de este bosque, o perdiste la cabeza también, hip.
Laulieth solo sale por la puerta principal, colocándose otra vez la capucha que cubre su rostro. Ya afuera observante de las ramas de los árboles, los cadáveres siguen allí colgados por el cuello, la vista repugnante le lleva a mirar a sus botas al estar expectante de su acompañante. Ambos parten sin mirar a los árboles.
1 día después…
Laulieth esta de pie junto a Samara que sigue con el mismo vestido, cabello carmesí desarreglado, y torso carente de cualquier prenda sobre ella. Al estar juntos se nota la diferencia de altura de los dos, ella teniendo 180 cm de altura y el wama mago posee una altura de 165 cm.
Ambos están de pie a orillas de un lago, donde enfrente de ellos esta Esheira con su cabeza siendo lo único visible al tener el resto de su cuerpo cubierto por el agua —Gracias por traerla Laulieth. Dime hermanita, ¿Cómo te está tratando la vida? —Sin voltear a mirarlos esta comentó.
—Ahora mi mejor amiga es la bebida, así que si, me he tratado bien supongo —La hermana mayor comentó con una mirada cansada, al tener sus ojos entrecerrados. Esheira solo deja escapar una carcajada, antes de suspirar —Hermana, ya eres consciente de la situación, no te recomiendo beber a menos que quieras ser la primera en irte al otro barrio.
—Si es así, me iré por la puerta grande por lo menos. Por cierto, ¿Qué se siente ser zurda? —Samara esboza una pequeña sonrisa en sus labios, observante de como la rubia levanta el antebrazo izquierdo un poco para mostrar su pulgar arriba.
Laulieth tose un poco antes de retomar la conversación —Yo ya eh cumplido con mi función, las dejo a solas. Te espero afuera querida Samara —La wama realiza una pequeña reverencia, marchándose en pasos rápidos.
Samara se sentaría con la pierna izquierda extendida, sus pupilas doradas enfocados en la cabeza de su hermana menor —No creo poder resistir otra guerra más, hemos tenido demasiada suerte.
—Espero tengas ya un plan, y no sea usar la forma etérea como último recurso al igual que antes —Cierra los ojos para al instante de abrirlos ver las piernas blancas de Esheira, a lo cual levanta la vista viéndola ocultar su torso junto a su entrepierna con una toalla blanca, también nota la falta del antebrazo derecho de ella, sin embargo, opta por concentrarse en el rostro de la deidad.
—El campo de batalla serán las llanuras de Dullham. Tu y yo tomáremos el frente, no tenemos otra opción, luego vienen los magos como dracohimis a brindar apoyo —Su mirada se posa sobre la mayor que con un chasquido convoca una botella negra de sake. Una cual sostiene en mano, sin embargo, su mirada perdida en el horizonte le hace copiar el gesto a la menor, cual escucha la voz seca de la primera en nacer —Los vas a enviar a su propia tumba, como antes.
—Samara, a mi también me gustaría no recurrir a sacrificios, pero no somos tan capaces como para salvarlos a todos. Siempre hay un sacrificio —Sus propios ojos se enfocan en su antebrazo perdido, volviéndose a mirar aquellas pupilas amarillas que carecen del brillo esperanzador del pasado.
El pelaje rojo de la cola de Samara esta polvoriento al igual que su abdomen y vestido rojo. Rojo similar a la sangre seca en su mano izquierda que levanta para cubrir sus propios ojos —Ah, es un plan, pero que pasa si caemos antes de cumplir el cometido, ¿has barajado esa oportunidad?. No somos inmortales.
—Laulieth tendrá la tarea de encontrar el núcleo y absorberlo, así todo acabará. Hayley me dio esa información, solo… debemos distraerlos —Esheira se sienta a su lado, robándole la botella de sake de manera fácil, permitiéndose el dar un trago de aquel líquido. Sus labios mojándose, recordándole ese sabor fuerte cuya bebida compartía en el pasado junto a su hermana —Matarlos a la vieja usanza solo nos costará más tiempo, lo que es a vidas, incluso las nuestras. Por ello te pido, acompaña a tu hermanita al infierno, el 14 de febrero.
—Esta bien, estaré allí, no lo dudes. Por ahora me iré, debo hacerme más fuerte, porque quiero tocar los cielos como tu lo hiciste en mi muerte —Samara se pone de pie todavía con la palma que cubre sus ojos de aquel mundo. Y en ese momento percibe como la menor baja dicha mano, y sus miradas se cruzan otra vez —Buena suerte. Quiero pedirte algo más, hermana, ten descendencia, aunque sean dos. Yo ya tengo.
—Tranquila, lo tengo cubierto. Por cierto, dile a Hayley que cree una red de comunicación en campo esta vez, gritar no es suficiente, dale saludos de mi parte —Levanta el pulgar derecho antes de darle un abrazo a la rubia que se limita a envolverla con su único brazo, tras unos segundos la peli roja da un paso atrás para mostrar una sonrisa amplía.
—En ese caso dale mis saludos a Yami, ella ayudo mucho al darte la oportunidad de casi estar a mi nivel en esa guerra, ja, jaja —Esheira por su parte opta por darle la espalda a su hermana cual hace lo mismo. Una se queda mientras otra se marcha, sin embargo, ambas son conscientes de encontrarse en ese día.
6:00 Pm – 02 de Febrero – Cordillera carmesí
La figura de Samara es apenas visible en esa lluvia que golpea de forma incansable la tierra, actitud replicada por la fémina que a pesar de sus dedos sangrar, sigue escalando.
Inhala y exhala en un intento de no desmayarse ante el esfuerzo inhumano que implica esa acción. Solo con una falda negra empapada por la lluvia, y su mirada enfocada en el cielo, valiéndose de sus manos desnudas para llegar.
Dejándose caer sobre el suelo al alcanzar la tierra firme en aquella montaña. Al abrir los ojos otra vez, se encuentra sentada sobre un lago de sangre, al levantar la mirada conoce aquellas pupilas purpura que la observan desde arriba, desde un trono hecho de huesos.
—Agh, estas muy obsesionada con la forma etérea. ¿No has pensado que deberías aspirar a dejar la bebida primero? —Yami continua observante, con dos manos de sangre sobre sus hombros dándole masajes. Sus propias manos descansan en sus muslos, y su cola de lobo como cabello carmesí tienen rastros de sangre —el perder el control es bueno, pero si deseas tocar aquellos cielos, debes confrontar tu pasado, aceptándolo al concluir dicho viaje, o de otra forma seguirás estancada a depender de mi.
—Hablas de viaje, pero siento que ni eh llegado a iniciarlo. Ah, ya lo sabes, peleo mejor ebria, o eso quiero creer al no tener dicha culpa en mis hombros —Sus ojos cambian hacia el suelo, donde solo ve aquella sangre, huesos emergen de dicho líquido relacionado a la vida como muerte. Un suspiro es escuchado proveniente de sus labios, cuyos ojos dorados se levantan a ver un cielo rojo —Tu te jactas de saber todo sobre mi, y así es, pero este lugar, solo demuestra que ambas estamos jodidas.
—No se si estas palabras sean suficiente para aclarar tus cielos, sin embargo, escucha —Yami menciono con un tono más suave casi maternal. Alejándose de su trono al bajar unas gradas rojas a la vez que mantiene la mirada, una cual al no reflejar ninguna emoción hace tragar saliva a Samara quien se sobresalta al percibir la mano de la otra mujer en su hombro —Es una guerra, no todos llegarán a ver un mañana. Pero, si te rindes, el sacrificio de aquellos guerreros serán en vano.
—Mi punto es, no luches porque es lo correcto, lucha porque es lo que ellos hubieran hecho en tu lugar —La mano dejaría el hombro, sus labios sangrientos se sellaron. La fémina de pupilas doradas solo puede ver como su acompañante le da la espalda, viéndola subir las gradas a su trono. Y en un parpadeo, esta de nuevo bajo la tormenta.
Refugiándose en una cueva cercana, visualiza una fogata al entrar, acostada a un lado se ve a una dracohimis adolescente, su cola de dragón es verdosa similar a las escamas en su frente, su cabello negro empapado por la lluvia, y su altura parece alrededor de 165 cm, con una complexión delgada. Ella parece estar dormitando.
Samara solo se sienta al otro extremo cerca de la fogata, lo que despierta a la joven cuyos ojos azules la escanean de arriba a abajo, mientras sus manos ya son puños preparados para un posible conflicto. Sin embargo, al fijarse en las orejas y cola de lobo, opta por arrodillarse en frente de la peli roja.
—N-no es necesario, gracias. Solo dime Samara, a propósito, ¿Quién eres, señorita? —Al mirarla se expresa con una dulzura extraña que provoca en la otra fémina el dar un paso atrás, pero no huye, solo deja escapar una carcajada rápida, limitándose a replicar —Soy Sole, una habitante del pueblo Kyo. Espero a que la lluvia escampe para regresar con mi familia.
—Puedo ver que tu pequeña excursión fue por unas moras, ¿te gustan? —La mayor observa a la joven, mientras su propia cola se agita de izquierda a derecha, lo que es difícil pasar desapercibido para Sole que le entrega 3 moras de las 14 en sus manos —Si, pero no me molesta el compartir.
—Gracias. Tengo curiosidad, Cómo ustedes adquieren la oportunidad de convertirse en dragones, era con un salto, ¿verdad? —Dice ella con sus ojos dorados fijos en los azules de Sole. Última que le ve comer esas moras, y al verla terminar deja escapar un suspiro, enfocándose en las moras en sus manos —Si es así, es saltar de una cascada, a los 19 años. Yo tengo 18, y no me encuentro preparada para esto.
—¿Vale la pena lanzarte al abismo, solo por volar junto a aquellos que lo lograron? —Esas palabras dejaron a Samara con los labios sellados, limitándose a mirar afuera de la cueva.
La lluvia parece no tener fin, creándose charcos de agua y el viento se lleva las hojas de los árboles. Los segundos se sienten lentos, sin embargo, las dos se mantienen en ambos extremos en silencio.
—Ah. Le enviaré esa pregunta a Esheira, seguro ella puede darte una respuesta, es lo único que puedo hacer por ti —La divinidad solo diría con una pequeña sonrisa dibujada en la comisura de sus labios. Opta por levantarse, y caminar hacia la entrada de la cueva. Sin embargo, se detiene, para mirar de reojo hacia la dracohimis —En fin, te acompañaré a tu casa.
—Gracias. Pero todavía llueve, ¿tienes un truco, no es así? —La fémina de cabello negro esboza una sonrisa amplía mientras se posiciona al lado de Samara, quien le toma de la mano, envolviéndola por un calor agradable que al momento de salir con la bolsa llena de las moras le impide ser tocada por la lluvia.
Su cola de dragón se agita un poco, mientras sus ojos se fijan en la peli roja a su lado —Me gusta este calor, pero no quisiera tenerlo por siempre. ¿Puedes darme la oportunidad de activarlo cuando me plazca? —Aquellos ojos azulados reflejan un interés tan genuino que hace a la diosa detenerse, sus orejas de lobo quietas como su cola al ser consciente de ello.
—Eh, yo, hmm, no puedo, sin embargo, puedo darte esto, uno de mis corazones —Se lleva la mano al pecho, y de esta surge un anillo rojo. Uno cual Sole agarra al verlo extendido hacia ella por la divinidad, quien habla con un tono de voz suave —Si lo tienes contigo, te dará el calor que yo tengo. Si deja de funcionar, ya sabes que significa, pero no pienses en eso. Por ahora, solo vamos a tu casa.
—Gracias otra vez, ja, jaja, ninguno de mis amigos se creerá esto —Alzando la mano izquierda al cielo, mientras la otra sostiene la mano de Samara. La adulta solo sonríe al ver el entusiasmo en el rostro de la joven que tiene una sonrisa amplía similar a la energía de las llamas que calientan sus cuerpos en ese momento.
8:00 PM – 13 de Febrero – Cerca de las llanuras de Dullham
—Ha pasado un año, y todavía no lo has conseguido. ¿Porqué crees que lo conseguirás ahora? —Mirando desde lo alto de su trono de huesos, Yami observa a la divinidad quien solo mira hacia el cielo rojo.
Su brazo derecho se levanta con su mano abierta como si intentara tocarlo, las nubes son blancas a pesar del cielo rojo, y al escuchar a su otra yo, sus ojos dorados le observan sin desviar la mirada, sin flaquear, una seguridad que consigue una sonrisa pequeña en los labios de la otra mujer.
—Porque ya solo me queda un día, es hoy o nunca. Eh intentado todo, menos una cosa, el salto que determina el destino de un dragón —Sus pupilas se concentrarían entonces en la sangre bajo sus pies. Inhala y exhala, sus palmas chocándose para escuchar las palabras de la mujer de ojos purpura —Que tu destino sea el cielo, caminante del abismo.
Al despertar, se encuentra su cuerpo de pie a solo un paso de caer por una cascada. Samara solo opta por cerrar sus ojos, a la vez que se deja caer de espaldas, sintiendo el viento recorrer su piel, sensación que le provoca una sonrisa pequeña.
Abriéndose sus ojos para ver de reojo a la derecha la figura de Sole, última que toma la forma de un dragón occidental, de escamas verdosas y poderosas patas como alas que le permiten romper el viento, al ser ahora una criatura grande y majestuosa, pero se desvanece recordándole que es solo un recuerdo, para volver a estar en la oscuridad total.
Tras unos segundos que parecieron eternos, percibe como el agua absorbe su cuerpo al hundirse en aquel cuerpo de agua. Siente como el aire se le agota por cada latido de su corazón.
Sus piernas y brazos se mueven en un intento de no perder la vida, llegando a la orilla ya jadeante —¡Mierda, que estoy haciendo mal, se supone que, ya, ya lo eh hecho todo. ¿Qué tiene Esheira que no tenga yo?! —Golpea la tierra con sus puños, no una, dos, tres, cuatro veces, antes de levantar su mirada al cielo, lagrimas ya fluyen de sus ojos —Y-yo, solo… solo quiero ser más fuerte, ¡no es un delito querer ser más, solo para ayudar a otros!.
—Ah, debería calmarme… no tiene sentido todo esto, odio esto… ¡Lo odio!, se supone que, se supone… ¡Que yo me transformaría en la forma etérea! —En un último grito acompañado de una ira intensa, sus pupilas se cambian entre doradas y rojo carmesí por segundos. Ella se pone de pie sin pensárselo dos veces, dando pasos que dejan huellas algo profundas por donde pisa.
—¡Eh pasado demasiado tiempo soñando con que sería la heroína de todos, y el mundo me lo niega —Al momento de cerrar la mano en un puño y alzarlo contra el cielo, una ráfaga de viento se forma y las piedras comienzan a temblar —me dice que soy débil, que ella me a superado, pues que así sea, yo no voy… n-no, ¡no, voy a aceptarlo sin luchaaaaar! —Grito tan fuerte como para hacer eco alrededor del lugar, asustándose los animales que huyen sin mirar atrás.
Las pupilas ahora ya rojas se enfocan en un charco de agua. Al acercarse, ve el cambio en sus ojos, lo que la hace darse una cachetada así misma, y al ver que sigue allí, una sonrisa amplía aparece en sus labios —¡L-lo conseguí, en serio, lo conseguí, n-no es un sueño… Este es el mejor día de mi vida!.
Mientras tanto en otro lugar…
Esheira se encuentra leyendo un libro, sentada sobre una silla mientras en la mesa enfrente suyo hay varios libros. Sus ojos dorados se concentran en la puerta que se abre para dejar ver a Laulieth, él solo se detiene a un metro de lejos de ella.
—Ah, no puedo creer que se haya obsesionado con alcanzarte. Me molesta, porque me dejo la tarea de cuidar a las niñas esta vez —La peli negra solo deja escapar una carcajada tras eso, y su ojo izquierdo se concentra en la rubia que solo posa su codo sobre la mesa, sus labios ya con una pequeña sonrisa —Ella es muy testaruda, la verdad. Menuda mujer escogiste. En fin, tengo una pregunta para ti, ¿crees poder resistir el ser el contenedor de tres calamidades? —La sonrisa desaparece, mientras sus pupilas doradas se enfocan directamente en aquel ojo verde, que le devuelve la mirada. El mago solo asiente tras unos segundos, ya de brazos cruzados.
—Confía en mi juicio. ¿Por cierto, Hayley despertará mañana, no es así? —Al escuchar la mención de Hayley, Esheira responde con un pulgar arriba.
La deidad cierra el libro y saca una daga cuya empuñadura es plateada de un cajón, que junto su filo de color rojo, dando la sensación de ser sangre seca, logra a Laulieth tragar saliva.
—Usaré a korozu para matarte en caso de que pierdas el control. Dicho eso, espero te prepares física y mentalmente para mañana, también aplica para mi misma —Ella comentó con una voz fría, su mano guarda en el cajón la daga con cuidado. Abre el libro y sus ojos siguen la lectura, antes de levantarse para ver al mago de pie sin irse, último que tose un poco ganándose la atención completa de Esheira quien le escucha —Esheira, tranquila, no será necesario. Y mañana nos libraremos finalmente de las calamidades, estoy seguro. Buenas noches.
6:00 AM – 14 de Febrero – Las llanuras de Dullham
Tiendas de campaña se observan alrededor del terreno, visualizándose Fennas que portan togas y sombreros, como aquellas que tienen alas acompañadas de colas escamosas que denotan su naturaleza dragón.
En el frente, con sus pupilas doradas trata de escudriñar a través de las nubes, su mano se torna en un puño, mientras mira a los alrededores. Su cabello rubio se ve algo agitado por las corrientes de viento pasajeras, mientras esta de pie con una firmeza inquebrantable, vistiendo un kimono rojo.
—Hoy, no será como ayer. La victoria de hoy no vendrá acompañada de muchas bajas. ¿Dónde estará esa idiota? —Dice en un murmuro la deidad de la sabiduría, que ve una lanza cuya asta es roja caer clavada en la tierra, y en un parpadeo, ella esta allí sosteniendo con su mano izquierda aquel arma.
Solo cubierta por aquella falda roja. Su torso desnudo presentando variedad de cicatrices, junto a una sonrisa zorruna que solo hace a Esheira negar con la cabeza ya sonriente —Lo conseguiste, admirable. Pero, como dijiste, es nuestra última carta —La peli roja solo asiente, levantándose el cabello de su frente con su mano derecha.
Tras hacerlo extiende sus brazos a los lados mientras inhala para luego exhalar de forma lenta —Quería preguntarte algo. ¿Vale la pena saltar al abismo, para volar con aquellos que lo lograron? —Las palabras resultaron tan casuales que tomaron 30 segundos a Esheira de procesarlo, última que se rasca el mentón en silencio sopesando su respuesta.
—Lo vale. Es peor vivir con el miedo y arrepentimiento de no intentarlo, a morir en el intento. Es mi opinión, ¿Porqué la pregunta? —La fémina de cabellera rubia fija sus ojos en los de su hermana mayor cual se encoge de hombros, dando un paso hacia el frente. Ya cruzada de brazos observa también aquellos cielos azulados —Una amiga deseaba una respuesta. Yo no se mucho, así que pensé en ti.
—Laulieth llegará un poco tarde, a diferencia de ti se preocupa más por sus hijos —Esheira da un paso para así estar al lado de Samara. La diosa de la guerra solo estornuda, dejando escapar un suspiro tras ello a la vez que flexiona sus brazos algo tensos —Tu no eres diferente, así que no hables. Como sea, las calamidades flama, tsunami y viento están por caer.
—Le dije a Hayley, que cree una cúpula artificial de mi energía divina cuando ellas estén aquí. Si escapan será un problema —Samara deja caer sus brazos un poco notándose más relajada. Sus ojos miran de reojo los de su hermana, que esboza una sonrisa genuina —No apestas a alcohol, eso es bueno.
Interrumpidas por un rayo que cayo del cielo tras formarse una tormenta. Al desvanecerse el rayo, deja ver a dos féminas, una cuyo cabello es rosado, usando solo un pantalón, y su piel es bronceada. Su altura es de 170 cm y su figura es delgada, de aspecto juvenil. Cuyos ojos rojos reflejan una mirada asesina.
Su compañera, una dama que tiene una piel pálida, de cabello azul marino algo largo, sus ojos cerrados están. su figura y altura copian a su acompañante. Diferenciándose por una sonrisa en la comisura de su labios, mientras segrega agua que se filtra en la tierra.
—Saoko esta ocupada, así que nosotras, Saori, y Kurone, mi persona, nos encargaremos de ustedes. Esheira, Samara, esperó estén preparadas, lo mismo aplica para sus soldados —Kurone dijo con sus ojos todavía cerrados, sin embargo, por la inesperada dulzura en su voz llega tensar los cuerpos de las dos hermanas.
Las pupilas rojas de Saori enfocadas en la deidad de la guerra. Sus puños ya apretados notándose las venas ante tal presión en sus manos —¡Yami, será mejor que te prepares, porque tu miedo a la muerte, dejará de ser un miedo cuando reduzca a cenizas tu estúpido contenedor! —Tras la amenaza, un pisotón es dado por su pie izquierdo —¡Residencia mortal: Asado al rescoldo! —Extendiéndose desde su usuaria una superficie negra que reemplaza a la tierra, alcanzando con alcanzar un gran rango, que emitía humo como un calor insoportable similar a una sartén hecha de acero inoxidable.
Kurone asciende a los cielos de un salto con sus ojos fijos en ambas hermanas, su pequeña sonrisa rebela su interés. Samara al ver como se extiende hacia su terreno, presiona su dedo índice junto a corazón contra su cuello —¡Residencia divina: incendio estelar! —El suelo adquiere una forma volcánica negra con líneas de lava de color azul, entrando en un choque de residencias donde el cielo ahora es de un color rojo.
Pero la barrera de su propia residencia flaquea, a lo cual muerde su muñeca derecha al punto de sangrar, aquel líquido se segrega de su piel bronceada —¡Contrato: Saeko Kueryi! —Su brazo derecho cae, pero su residencia resiste el choque.
En solo segundos, estás se mezclan, en una superficie oscura de acero que abarca 20 metros de rango con llamas azules de 2 metros de altura que forman un cuadrado que encierra a las tres.
Samara choca su puño izquierdo contra la palma de su mano derecha enfocada en su contrincante —Esta idiota, no me dejará ir, así que ve a por la ciega —Esheira solo se limita a ascender al cielo de un brinco. Una esfera oscura humeante toma forma en la palma izquierda de Saori que la deja caer, tan rápido como dio un rebote pequeño contra el suelo fue pateada hacia la fémina lobo.
La diosa del conflicto se desliza a un lado izquierdo, evitándose el impacto de la pelota que rebota al chocar con las llamas, esto abre en grande los ojos de ambas.
La esfera impacta la espalda desnuda de la peli roja que provoca una quemadura y saca la bilis de su boca. De sus palmas se emite fuego que la impulsa hacia atrás para estar otra vez de pie, viendo como varias esferas se forman sobre el aire en los 4 extremos.
Los magos escapan a los cielos apoyándose en sus escobas para lograr dicha proeza, mientras los dracohimis toman la formación de un cuadrado ya sea con los brazos cruzados o exhalando una llamarada de sus bocas ante la amenaza de aquellas esferas. Raza que no muestra signo de miedo o molestia por el calor bajo sus pies o en el ambiente, el sudor ya presente en su piel como escamas.
El frente siendo tomado por Samara que agarra el asta carmesí de su lanza que forma un tajo horizontal de flamas azules cuales carbonizan las esferas de obsidiana lanzadas a ella.
Los ojos de todas se posan en la peli rosa que al dar un pisotón con su pierna derecha hace temblar la tierra, por poco haciendo caer a algunas soldados e incluso a la misma diosa del conflicto, quien tiene la boca abierta al ver un gran número de clones de la calamidad de la flama.
El humo se vuelve denso impidiéndoles ver más allá de sus pies. Con la divinidad y camaradas fuera de visión, solo quedaba seguir sus propios instintos.
Sole que se encuentra en aquella formación, ve dos clones aproximarse con dos puñetazos a su estomago a una velocidad abrumadora, recibiendo los golpes que la hacen apretar los dientes a pesar de haber endurado su abdomen, sin embargo, sigue de pie. Agarrándoles del cuello tan fuerte hasta romperlo, observante de como emiten destellos rojos de sus cuerpos, arrojándolas al aire, ocasionándose dos explosiones.
—¡Arrojadlas lejos tras matarlas. La que tiene el brazo derecho colgando es la verdadera, no tengáis miedo y quienes tengan alas, aletead para deshacernos de este humo…!
—¡Sois guerreras nacidas en el calor de los volcanes, la llama del fuego eterno esta vuestros corazones. Fennas, Wamas, no importa, lo único importante en sus mentes es que vuestra diosa sigue aquí confiando en ustedes! —Los gritos de Samara recorren el campo de batalla, consiguiendo un grito más fuerte de las dracohimis que con sus garras despedazarían a las clones, mientras las aladas despejan el humo por el esfuerzo constante en cada aleteo.
Todas las soldados avistan a la fémina cuyas orejas de lobo están rígidas como su cola. El sudor empapa su cabello como pelaje, al igual que la sangre, con el brazo izquierdo cercenado, pero aun así esta de pie, su brazo derecho extendido apuntando al frente.
Frente donde esta la mujer de piel bronceada, concentrando su energía en una espada plateada que esta sobre su cabeza —¡Llama de un nuevo amanecer: fin —Espada que crece en llamas anaranjadas, amarillas, y rojas hasta obtener 11 metros de altura.
Algunas dracohimis retroceden al sentir el calor abrasador capaz de secar el mismo sudor como sangre, esto solo aumento cuando la espada descendió en dirección a ellas, carbonizando todo a su paso. Pero una pared de llamas azuladas surgió, creada desde la palma de Samara que avanza paso por paso a pesar de estar cansada su fuego no desaparece.
—¡Todas escúchenme, es hora de usar la forma dragón y apoyar. Ella es nuestra esperanza, no debe morir! —Sole gritaría, dando un aplauso imbuido en energía elemental, que combinado al de sus compañeras consigue aumentar las llamas azules, a la vez que obtienen la forma de dragones que apoyarían con sus propias flamas al choque, donde se combate el fuego con fuego.
Mientras tanto en los cielos…
Kurone asciende al cielo con Esheira junto a las brujas siguiéndole el rastro. Una de ellas, una wama que tiene el cabello verde con ojos azules, cuya complexión es delgada y su altura es de 163 cm, sus orejas se ven similares a las humanas, su piel siendo mestiza, y su rostro muestra indiferencia, pero despliega flechas imbuidas en una energía gris desde la palma de su mano derecha como sus camaradas lo hacen en dirección a la calamidad.
—”Esa perra debe morir.” —La hechicera wama, conocida también como Koichi, observa a la entidad elevarse hasta casi tocar las nubes. Estaban listas para seguirla, pero al ver como el brazo izquierdo de la divinidad rubia se extiende con su palma abierta hacia abajo se detienen en seco.
Las nubes adquieren un color negro, escuchándose los truenos y viéndose los relámpagos a la distancia. Al ser consciente de esto, los labios de la peli verde se abren en un segundo en silencio antes de gritar —¡Técnica: defensa de los 50 mil soldados! —Una barrera de una longitud de 25 metros de color gris cubriría a todas las brujas junto a su deidad que recitaron la misma habilidad tan rápido como fue posible.
Ante los ojos de todas las presentes descargas eléctricas toman formas en las nubes negras, viéndose la figura de algo deslizándose como una serpiente sobre aquellas nubes, y en solo un parpadeo, donde estaba la fémina de cabello azul marino esta la mandíbula abierta de un lobo que descendió en tan solo 2 segundos para impactar en la barrera formándose un destello blanco.
Al abrir los ojos, el escudo se fue como el 50% de su energía en esos momentos, casi sin aliento, pero con los ojos buscan a la calamidad —Buen trabajo, resistieron eso. Lo malo, me aburrí. Esheira, lanzaré mi mejor ataque, así que usa la misma forma que usaste contra Yami-kun, y Rumi-chan, o… morirás —Levanta su mano derecha al nivel de sus labios, eleva sus dedos índice como pequeño, con su corazón como anular tocando la palma. En un tono suave dice —¡Residencia mortal: Lluvia roja!.
Ya se que dije que el siguiente cap será el torneo, pero necesitaba terminar esta parte que da más contexto acerca del capítulo del torneo. Espero comprendan, como sea, les deseo un feliz día.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com