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La canción del dragón - Capítulo 1

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  4. Capítulo 1 - 1 Un Alfa viviendo entre humanos
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1: Un Alfa viviendo entre humanos 1: Un Alfa viviendo entre humanos Pueblo de Matusalem, Xictli Kon Pit-Nüwa nació maldito.

No por el error de unos padres descuidados o el pecado de un antepasado, sino por herencia.

Era el último de su especie, proveniente de un antiguo linaje Alfa, uno de los 8 linajes que se extiende desde hace milenios y es más viejo que la humanidad misma.

Una raza odiada, una raza maldita, cazada y odiada.

Ser Alfa significa ser condenado por la sociedad, condicionado a vivir un estilo de vida específico que muchos se niegan a seguir, pero sin otra opción.

Por eso, muchos eligen vivir escondidos, haciéndose pasar por humanos normales con ayuda de supresores que cambian el color de su hilo de vida, de dorado a un azul opaco.

Otros eligen vivir como nómadas para entrenar sus cuerpos hasta alcanzar la alineación con su Dios, alejados de ojos humanos y Omegas.

Porque los Omegas, los despiadados Omegas, bendecidos por el Dios todopoderoso; Zaihn, son los encargados de mantener el orden en la tierra, purgar de la maldad que los atormenta y purificar lo impuro.

Eso incluye a los salvajes Alfas que se niegan a seguir las reglas del nuevo mundo, por ser amantes devotos de la guerra.

Por fin, los Omegas no tienen otra opción que darles caza y los Alfas, cansados ​​de pelear, eligieron esconderse y vivir bajo las “leyes de defensa de las otras especies” El padre de Kon; Ares Pit-Nüwa, hizo tan bien su trabajo de ocultar su verdadera raza, que su único hijo creció sin sentir una pizca de interés por asumir el liderazgo de los Alfas, mejor conocido como: Halach.

Su padre se culpa así mismo por eso, después de la promesa que le hizo a su esposa, no tuvo el corazón para obligar a su hijo a entrenar como hicieron con él a su edad.

Kon nació años después de que sus progenitores se casaran y gozarán de una economía estable.

Con la diferencia de que su madre murió a sus cinco años por una enfermedad del corazón, acabando lentamente con su vitalidad y belleza.

Lo único que le dejo a su hijo para recordarla fue un medallón dorado en forma de ojo, uno que brillaba tanto que solía traerlo siempre debajo de la ropa, evitando cualquier intento de robo.

Sin la guía de su esposa, Ares se encargó de que nada le faltara a Kon mientras crecía.

Al ser un luchador reconocido de artes marciales, fue capaz de levantar más de una sucursal de donde salían grandes talentos de la pelea y daba consejos a grandes luchadores.

La idea de “nada te faltara mientras viva” cobraba cada vez mayor fuerza.

Y, a falta de una figura materna en su vida, Ares buscaba recompensarlo cumpliendo todos sus deseos.

Así fue como Kon decidió estudiar en la escuela de leyes más famosa de Xictli y negarse a aprender las artes marciales tradicionales de la familia por ser violentas y poco necesarias en su vida.

Kon quería vivir y morir en la monotonía, con una esposa monótona e hijos independientes que lo fueron a visitar de vez en cuando antes de morir.

Escuchando los clásicos musicales que tanto le gustaban.

—¡Hijo incompetente, es hora de entrenar!

De vez en cuando Ares irrumpía en su cuarto para exigirle un duelo de artes marciales y obligarlo a que aprendiera de una vez por todo el linaje sagrado.

— ¿Cuántas veces te he dicho que no entres a mi cuarto?

Estoy estudiando para un examen, si repruebo será tu culpa.

Siempre que eso pasaba Kon se escabullía con diferentes excusas que relacionaban su futuro como profesionista.

— ¿Qué importan los exámenes cuando eres un debilucho que no puede ni contra una mosca?

—Oye viejo, ya basta.

Estás dañando mi autoestima.

—Eres un Alfa, eres el último Alfa de nuestra familia.

Tu debes mantener en alto nuestra sangre y conservar el poder que nos fue otorgado hace años.

—Y ahí vas de nuevo con tus cuentos ¿no ves que ya soy lo suficientemente mayor para no caer en tus mentiras?

La verdad era que, Kon si creía en las historias de su padre, solo que no deseaba meterse en problemas con la facción anti-Alfa por andar buscando su reino perdido.

—¡No son mentiras!

Todo lo que digo tiene años de historia detrás.

—Sí que sí, anciano ¿Ya vas a dejarme estudiar?

—Vaya holgazán que tengo por hijo.

Y así terminaban sus charlas del día.

Si Kon hubiera sabido que existían padres que proyectaban sus sueños frustrados en sus hijos y otros que usaban los puños a manera de comunicación, hubiera agradecido tener a Ares como padre en lugar de verlo siempre como un viejo irritante que arruinaba sus aviones.

Con sus estudios Kon apuntaba a lo grande, no se quedaría conforme con ser solo un abogado o un juez, él iba al asiento de los líderes, se encargaría de implementar las leyes y modificar las que son innecesarias o estaban mal aplicadas.

Como la que decía que todo Alfa que se acercara a un Omega moriría o sería arrestado por posibles conductas agresivas.

Se preguntaba quién había inventado eso y que les pasaba por la cabeza cuando lo aprobaron.

Para llegar a su meta necesitaba entrar con una beca a la universidad.

Le pidió a su padre que le comprara guías de estudio avanzados para ingresar a la universidad.

—¿Para qué las quieres?

Apenas entras a la preparatoria.

—Debo ser el mejor en el examen de ingreso del PEC y para lograrlo necesito de guías que aumenten mi conocimiento—.

Respondió, con los brazos cruzados.

Ares solo pudo lamentar que esa motivación estuviera desviada a los libros y no en las artes místicas de su gente.

—Está bien, te los compraré.

En Xictli existen 8 materias básicas que tocan todos los exámenes de la universidad, y esas son: Edranico, matemáticas, física, química, biología, historia del país, geografía y literatura.

Si quería aprobar el examen con el 100 perfecto, iba a dominar todas esas.

Tenía 3 años para lograrlo, tiempo de sobra.

Sin embargo, su padre se equivocó con una de las guías.

En lugar de matemáticas, le dio un cuadernillo con problemas de lógica.

Más de 50 desafíos para todas las edades.

Desde preguntas obvias, cómo adivinar el parentesco que compartes con el hermano de tu padre, hasta retos matemáticos escritos de formas divertidas: Antes de ayer, Carla tenía 15 años.

El año que viene tendrá 18.

¿Qué día es hoy?

Kon sonreía con satisfacción cuando los respondía a solas en su cuarto.

—Hoy es 1 de enero.

Ayer, 31 de diciembre, Carla cumplió 16 años, por lo que el día 30 de diciembre, antes de ayer, aún tenía 15 años.

Este año cumplirá los 17 años y el próximo los 18.

Cuando termino con esa sección, paso aquellas escritas en versos, como si fueran poemas y quedó pegado toda la noche, pensando en todas las posibles respuestas.

—Un atuendo que no puedes usar, aunque se cuente la historia.

La historia de una prenda, pero ninguna que ver.

Para quienes buscan la verdad, una fábula audaz.

Esos escritores tenían una forma de escribir muy audaz, usando siempre ejemplos de cosas comunes pero sonando tan interesante que se sentía dentro de una fábula.

Kon hacía los deberes del hogar, caminando a la escuela y usando el receso para pensar en las respuestas de cada uno de ellos.

—Nada.

La respuesta sería nada, porque no se puede usar aun si me dicen la palabra… ¿Verdad?

Cuando su padre por fin le compró la guía de matemáticas que quería, Kon ya se había vuelto un aficionado de los acertijos y pasaba su tiempo libre buscando nuevos retos que quebraran su mente.

A veces Ares lo encontraba hablando solo, a veces lo veía rayando su pared con ecuaciones y números que no entendía.

Le hablaba sobre la historia del país y como siempre han estado sumergidos en guerra.

Era como leer una bibliografía épica, porque hasta los Alfas eran mencionados como guerreros imponentes y criaturas ancestrales que prefirieron la extinción antes que doblegarse a los invasores.

—¡Por fin!—.

Ares alababa a los Dioses cuando su hijo hablaba de eso —Ahora entiendes lo geniales que fueron nuestros antepasados?

—Geniales ¿por qué?

Si nunca detuvieron la guerra, solo la alargaron.

Genial fue el virrey de la anterior “Nueva Eldrida” quien logró detener la guerra con una simple charla.

Porque Xictli pasó por muchos nombres antes de llamarse como actualmente se conocía: el clásico y maldito Daemorthyr, luego pasó a ser conocido como Nueva Eldrida.

Después de la independencia pasó a ser “Estado democrático de la Luna” y, después de una serie de guerras contra distintos países y perder gran parte de los territorios del norte a manos de Ashvord, se resumió a Xictli.

Sus antepasados ​​tuvieron mucha participación en la mayoría de esas guerras.

Desde Ehecatzin que dirigió la revolución para liberar a su gente del régimen opresivo Omega, hasta Yalot que guió a los 21 clanes Alfa para expulsar a los extranjeros de sus tierras.

A veces, al leer los libros de historia, Kon cerraba los ojos y se preguntaba si alguna vez podría limpiar un apellido que él no eligió.

Tener que cargar con la culpa de los errores de otros, ser los villanos de una historia mal contada por culpa de la ignorancia y la envidia.

Incluso los Pit-Nüwa cargaron sobre sus hombros el odio y las malas decisiones de su gente.

¿Y eso quería que su papá que él hiciera?

❯────────────────❮ Sabiendo de antemano que su padre no ayudaría con el pago de la matrícula, consiguió un trabajo como archivero y asistente en una librería cercana.

La señora dueña del lugar era bastante comprensiva con su situación académica y le permitía estudiar o terminar sus tareas en sus tiempos libres.

Kon se divertía ordenando los libros, colocándolos en los estantes, recibiendo la paquetería y promocionando los nuevos títulos de las editoriales.

Como amante de los libros disfrutaba de todo el procedimiento.

Incluso su peludo amigo ayudaba vigilando la entrada y asustando a los buscapleitos.

Yaotl lo había acompañado desde que su madre murió, un cachorro que encontró por coincidencia el mismo día que regresaron del funeral.

Era pequeño, tembloroso y muy delgado, Kon no pudo evitar sentirse identificado con él, por eso lo bautizo y le llevaba comida todos los días.

Era una última que no pudiera tenerlo en casa, dormirían en la misma cama y en los días de lluvia tendría a alguien a quien abrazar.

Su padre se negó cuando, jugando, terminaron rompiendo las paredes de la cocina.

Yaotl poseía mayor fuerza de la que imaginó al inicio y Kon…

bueno, él resistía los golpes muy bien.

Tenerlo en la librería redujo el mal humor que le dejaba lidiar con los clientes, a menudo insistentes en la entrega de algún ejemplar que se descontinuo o se agotó por su popularidad, siempre culpaban al empleado por no poder encontrarlo, como si fuera su culpa el que se hayan acabado o que la editorial decidiera no imprimir más copias.

Además, fue de gran ayuda al anuncio del intruso que llegó a su casa una tarde de primavera, cuando Kon apenas había regresado de visitar a sus tíos en el restaurante Red Fish y Ares regreso de pagar todas las facturas del mes.

Yaotl no dejo de ladrar en la entrada, incluso antes de que la joven que brincaba de un lado a otro fuera reconocido por Ares.

—¡Yaotl!

Perro sarniento, deja a esa pobre chica.

Se trataba de una de sus primas: Atzin Pit-Nüwa, quien debía estar viviendo en el norte, en Malinalcóatl, entrenando para unirse a las Cihuacuacuilli y no dentro de su casa, con un bebé en brazos.

—¡Por favor, tío, haz pasar a este niño como tu hijo!

Casi se les salen los ojos a ambos.

¡Ese bebé era suyo!

De Atzin… y de un hombre que conoció en la universidad.

Si los ancianos descubrían la verdad, le arrebatarían al niño sin dudarlo: los Pit-Nüwa eran demasiado escasos como para dejarlos en manos de una muchacha que no pudo cumplir ni la regla más simple, no embarazarse antes de los veinte.

Kon jamás la había visto tan desesperada.

Ella nunca pidió nada; esa era la primera vez.

Quizás por eso Ares ayudó a registrar al niño como suyo.

Para no levantar sospechas, recurrió a Thea, la vieja niñera de Kon, la única humana que sabía la verdad —gracias a la torpeza de un Kon de ocho años que había jugado con sus poderes frente a ella—.

Si aceptaba, la farsa sería perfecta.

La falsa boda se hizo en el restaurante Red Fish, con el dueño Ragnar Ramos, el tío favorito de Kon, como testigo.

—No puedo creer que tu padre por fin se vuelva a casar —Fueron las palabras de su tío, en ese tono monótono y carente de emoción que distingue a los humanos de las máquinas.

—Qué día tan feliz.

Por la expresión de su padre y el seguro regaño que le estaba dando a Atzin por todo lo que ocurrió, Kon estaba seguro que tenía muchas emociones y ninguna de felicidad.

—Es solo para el registro civil y que suene creíble—.

A Kon ya no le afectaba escucharlo, no cuando creció rodeado de esas rarezas como si fuera el pan de cada día.

—Y ¿quién va a cuidar al niño?

Cuando se despidieron, a Ragnar casi se le salía el alma.

El matrimonio no era más que una artimaña de Ares para que sea Thea quien se hiciera cargo del pequeño de forma legal.

Thea vivía en el segundo piso del restaurante y por la personalidad de Ragnar, no iba a dejarla sola en la crianza.

—¡Gracias, hijos los mejores!

Kon no podía creer el enorme desastre que su papá se cargaba.

❯────────────────❮ Después de eso, Kon siguió trabajando en la librería, siguiendo su rutina de forma constante.

Entre semana iba de la escuela a la casa y los fines de semana visitaba a su abuelo, oa sus tíos y hermano legal, lo que más se le antojará.

Fuera de los momentos raros que su familia le hacía sufrir, la vida era tranquila y atender a los clientes le traía una sensación de paz que no pensaba iba a encontrar en el área de atención a clientes.

Hasta que llegaban esa clase de personas; los que pedían un descuento o leían en la misma librería sin pagar jamás, esos que solo les hacían perder el tiempo.

Si lo que querían era leer libros y dejarlos en un mismo lugar deberían ir a la biblioteca de la ciudad o leerlos de forma virtual.

Una de esas personas era la joven Sarah, quien aparentaba su misma edad de 16 años e iba a la librería dos veces por semana para preguntarle si tenían algún nuevo título de la colección literaria de Julio Verne o de Nietzsche, le preguntaba si conocía alguno de sus famosos escritos, o si se sabía el nombre de algún personaje de películas inspiradas en sus obras.

Todo para que al final terminará leyendo cualquier libro de terror de los estantes y se fuera horas después de haberlo terminado sin pagar.

Eso siempre sacaba de quicio a Kon quien tenía que lidiar con su forma de sentarse y estorbar a los demás clientes, a parte de recordarle todo el tiempo que si no va a comprar un libro entonces debería irse.

—Pero amo venir aquí.

Es hogareño y huele bien.

—No estamos para complacerte.

Compra un libro o vete al diablo.

Solía ​​​​irse después de eso y Kon podía respirar tranquilo hasta la semana siguiente donde la veía entrar de nuevo con esa sonrisa patética preguntando por un nuevo título.

Por si lidiar con los clientes no fuera suficiente para su estrés, en la escuela se enteró que su compañero Rice Carrizo se inscribirá a la misma universidad que él.

Rice era el mejor alumno de la escuela, con notas perfectas en todas las materias, había ganado todos los concursos en los que participó, incluyendo los de artes marciales.

Era la razón de porqué Kon era siempre el segundo, incluso en el amor.

Kon siempre tuvo confianza en su físico, se reconocía como un hombre atractivo, solo que al lado de Rice todos parecían un calamar y las chicas por las que mostraban una pizca de interés estaban cegadas con la belleza de su rival.

Saber que iría a la misma universidad solo aumentó sus ganas de encerrarse a estudiar e ignorar las quejas de su escandaloso padre.

Debía ser el mejor en las tres solicitudes que le esperaban, y trabajar duro para comprarse ropa adecuada y no lo vieran como un indigente que se sostenía sólo de una beca.

Por eso se desvelaba hasta altas horas de la noche resolviendo ecuaciones que ni siquiera había visto, entendiendo la literatura de los viejos eruditos y repitiendo en sueños lo que leía en libros.

Al principio pensé que tendría el tiempo para hacerlo todo, hasta que los meses pasaran y se dio cuenta de lo agotador que era libros arreglar.

No es que fuera pesado, pero al final del día sintió sus pies a punto de reventar y llegaba a casa a dormir hasta el día siguiente.

Eso provocó que sus calificaciones disminuyeran, pasando del segundo lugar al cuarto.

Por dormir hasta tarde suspendió un examen y tuvo que recuperarse en la segunda oportunidad.

Se dormía en clases o no prestaba atención, entender un párrafo se volvió de las cosas más difíciles.

A medio semestre sus calificaciones sufrían la peor de las rachas y su oportunidad de ingresar a la universidad PEC se desmoronaba frente a sus ojos.

—Oye, Kon ¿quieres ir a comer con nosotros?

Yo invito—.

Rice ignoraba el mal estado en el que se encontraba su compañero.

Su salón había sido reconocido por el director como el mejor proyecto del año gracias a la idea de Rice de hacer un protector solar con la fruta principal de su ciudad, les salió tan bien que ganaron el concurso regional.

Como recompensa por el trabajo duro, Rice los invitó a todos a comer al restaurante cercano.

—Lo siento, debo ir a trabajar.

—¿Hoy?

Pero si es día feriado.

—Entonces tengo que estudiar, mi padre me espera en casa—.

Dijo, levantándose de su asiento para irse de una vez.

—Entiendo—.

Rice hablaba cabizbajo.

—Buena suerte en tus estudios.

“Buena suerte” Decía, quería que se ahogara con el pedazo de pollo que le fuera a servir esa noche ¿Desde cuándo comenzó a tener interés por las leyes y la política?

Acababa de demostrar que era bueno en las ciencias y podría conseguir una beca en el laboratorio CINAT sin esfuerzo ¿Por qué parecía arruinar siempre lo que él quería?

A veces se sentía acosado por el pelinegro, no había recuerdo que tuviera donde él no se encontrara, pero eso se debía a que la abuela de Rice y su padre eran amigos de juventud.

Eso los fueron unidos desde pequeños, cuando aún se llevaban bien.

Habían ido a la misma primaria, luego a la misma secundaria, estaban juntos en la preparatoria y pronto irían a la misma universidad.

Su complejo de número dos lo estaba matando lentamente junto a sus buenas calificaciones.

Por lo menos ya solo debía lidiar con un acosador y no con dos.

La secundaria fue la peor etapa de su vida.

Aunque había conseguido una beca para entrar a lo mejor del sur del País, su estancia ahí solo sirvió para enseñarle que los Alfas no tienen derecho a aspirar a la grandeza.

Aún recuerda su pelea contra Mikael Aviran, casi le cuesta la estancia en el Instituto Montealbán y la pérdida de su beca.

Golpear a un Omega resultó ser una ofensa grave, aún si sólo se trataba de un torneo, o que haya sido Mikael quien lo empezó a hacer todo.

Un escalofrío lo invadió al aquello recordar y pensar en que Rice podría buscarlo en su casa esa noche, siempre que bebía recordaba lo ocurrido en la secundaria, recordaba a Mikael y lo furioso que se ponía cada vez que se burlaba de Kon.

Aun dos años después la sangre le hervía de solo recordar y eso lo impulsaba a beber más y más, hasta que sus compañeros tenían que sacarlo a rastras de los restaurantes, murmurando incongruencias.

—Kon, vamos a jugar.

REFLEXIONES DE LOS CREADORES arrowmond Es la primera vez que publico en esta plataforma.

No soy un profesional, ni alguien talentoso, solo una persona que desea sacar todo lo que piensa a traves de la escritura.

Y compartir mis historias con otros.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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