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La canción del dragón - Capítulo 62

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  4. Capítulo 62 - 62 Jaula mágica
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62: Jaula mágica 62: Jaula mágica En Matusalem, la mañana iluminó el agua de las playas y calentó la arena bajo los pies de Ragnar y Kon, quienes llevaban practicando las lecciones de etiqueta que la realeza esperaba ver en la fiesta.

Desde antes de que el sol saliera, Ragnar ya había arrastrado a su sobrino para una última lección antes de la fiesta, recordando la forma en la que debía de actuar, a quienes evitar y que responder para evitar la furia de los nobles, y la sospecha de los oficiales.

—Eso es opresión.

—Kon se quejó, ya sintiendo el calor del sol—.

No entiendo la lógica que esa gente maneja: quieren ver a los Alfas, pero esperan que se comporten como humanos.

—¿No eres tú quien más quiere ser humano?

Ante sus palabras, Kon tartamudeo un poco, sin encontrar la forma para explicar lo que quiere sin contradecirse en el camino.

—No digo que no quiera, es decir…osea, no quiero ser humano, quiero una vida normal y tranquila.

No es necesario volverse humano para cumplirla… ¿verdad?

Ragnar lo observó por un momento, sin expresión que pudiera delatar lo que pensaba, tal vez ni siquiera estaba pensando.

Era algo con lo que Kon aprendió a convivir por estar a su lado toda su vida, aunque muchos otros mueren de miedo, y no es para menos, su tío parecía un maniquí que caminaba y respiraba.

Incluso a Thea le costó adaptarse a verlo.

—No lo sé.

—Hablo, por fin—.

No es algo que me interese.

Yo solo sigo órdenes.

—¿De quienes?

—De tu padre, de Thea.

De vez en cuando del emperador de Ultar.

Fui fabricado de ese modo.

Kon torció la boca en una mueca de desagrado, la forma de hablar de su tío era bastante rara.

—Suena a que te construyeron, no que naciste de la abuela Yui.

—Esa es una buena forma de verlo.

—Otro silencio, uno menos largo que el anterior, pero igual de pesado—.

No entiendo tus quejas.

Si alguien va a una fiesta de alta sociedad, los invitados deben comportarse como tal.

Si quieres actuar como siempre, podemos hacer una fiesta nosotros mismos y no tendrás que preocuparte.

—Le prometí a Irina que iría.

Ella misma hizo mi invitación ¿Cómo no voy a ir?

—¿Entonces por qué te quejas?

Kon comenzó a juguetear con sus pulgares.

Siempre era difícil hablar con algún adulto que no fuera su padre o un profesor, en especial con Ragnar.

Después de su papá, él fue su segunda figura más presente, quien le enseñó a usar la espada, a cocinar mariscos y a cómo sobrevivir a la secundaria.

Mientras su padre le daba consejos de guerra y moralejas que aprendió de su propio viaje de juventud, Ragnar le enseñó sobre política, reglas y como ser el mejor de la clase.

Es por él que sabe que las reglas se siguen hasta que uno es capaz de romperlas.

No quiere verse como un tonto frente a él.

—Es que…es molesto.

—Confesó el chico, con la cabeza mirando la arena bajo sus zapatos.

—¿Qué cosa?

—No me molesta seguir las reglas, incluso hay algunas que me gustan, sin embargo… —Dejó de hacer remolinos con sus pulgares, en su lugar, los presiono con fuerza—.

Cuando vaya al Palacio de los Espejos se que me miraran como si esperaran lo peor de mí y luego, cuando muestre mi educación, me felicitaran y halagaran.

No me gusta, me siento… —Como un perro al que felicitan por dar la pata.

—Terminó su tío por él.

—No era eso lo que quería decir.

—Pero se acerca.

—Ragnar se levantó de las escaleras de madera de la tienda, para tomar el libro de etiqueta a su lado y entregárselo a su sobrino—.

Vas a un lugar donde solo habrá Omegas y humanos de clase alta.

Con educaciones avanzadas y una visión del mundo que no encajara con la tuya, no esperes compasión.

Sus palabras desaparecieron el poco ánimo que traía.

Ragnar pudo notarlo y bajó el libro.

Tal vez sus palabras fueron demasiado duras para un chico de su edad.

Él jamás experimentó esa fase adolescente de la que todos hablan.

Nunca tuvo crisis existenciales, ni la necesidad de rebelarse contra el sistema.

Prácticamente, porque nunca sintió nada.

Sabe que eso lo hace miserable, pero no se siente como tal, eso lo vuelve aún más miserable…irónicamente.

—A lo que me refiero es que sigas moviéndote dentro de las reglas hasta que seas lo suficientemente bueno para romperlas.

Acaricio su cabeza tal y como había leído que a los niños les gustaba.

Era la mayor muestra de apoyo que alguien como él podía dar, porque un abrazo sería demasiado raro.

Para su sorpresa, sus palabras funcionaron, aunque no tanto la caricia.

Kon se apartó de su lado y tomó el libro de modales, para practicar su postura y forma de comer.

No pensaba pasar vergüenza esa noche.

De pronto, Thea asomó la cabeza desde la tienda, sosteniendo un pañuelo contra el viento marino que agitaba su cabello.

—Ragnar —lo llamó, con esa voz suya que sonaba a orden incluso cuando pedía un favor—, tienes una llamada.

—¿Quién?

—Uno de tus compañeros, creo que dijo llamarse Soleil.

Está en la línea.

Ragnar asintió sin mucha prisa.

Miró a Kon antes de irse.

—Sigue practicando.

Kon lo observó alejarse con esa calma que solo él posee, y una gaviota cruzó el cielo justo cuando su tío entró al pequeño restaurante de madera.

Dentro, el aire olía a pescado frito y sal.

El teléfono colgaba en la pared, un aparato antiguo, con pintura descascarada por la humedad.

Ragnar levantó el auricular.

—Habla Ragnar.

Del otro lado, una voz tranquila, y bastante aburrida, le contestó.

—¿Cómo estás Ragnar?

¿Cómo está el calor por allá?

—Caliente.

—Informo—.

¿Cuál es la causa de la llamada?

¿Una nueva misión?

Hubo un breve silencio, seguido de un murmullo de fondo: risas, pasos, y el rumor de motores.

—No para tí.

—respondió finalmente Soleil—.

Vine a Xictli por una visión que tuve.

Si resulta ser real, mandaran a Morgart para detenerlo.

—¿Ocurrirá en San Simón?

—No estaría aquí de no ser así.

—Aseguro—.

No importa que comparta esta información contigo, al contrario, será para mejor.

—¿Qué va a pasar?

—Mejor dicho; Dónde.

—Sus palabras le gustaban cada vez menos a Ragnar—.

Será justo en la fiesta de cumpleaños de la princesa Irina.

Según mi visión, más de mil personas morirán en el plazo de dos horas.

—¿Entre ellas están los invitados de la fiesta?

Ragnar miró por la ventana que daba al exterior.

Thea leía el libro, mientras Kon le explicaba el significado de los cubiertos puestos en diferentes modos.

No podía evitar que fuera a la fiesta después de lo mucho que se esforzó.

Aunque su seguridad era más importante que cualquier fiesta.

—Supongo que no habrá problema en que me cuentes todo ¿cierto?

Escuchó un suspiro de alivio en la otra línea, como si Soleil esperará a que lo dijera.

—Eso hará las cosas más fáciles.

—Tomo nota.

Y lo decía en el sentido literal.

Porque él siempre tenía una libreta y un lápiz al lado del teléfono, para que ningún detalle se le escapara.

❯────────────────❮ Antes de marcharse por completo, las órdenes fueron inspeccionar toda el área de la Basílica, sin dejar un rincón por explorar.

Se supone que iban en dirección a la jaula de Caelan, pero el criminal logró salir de su prisión sin que los otros se dieran cuenta, sin que pasara por el pasillo por el que ellos iban.

Rak’el odiaba que lo tomaron por tonto.

Después de ese ataque, Jimgober se había vuelto tanto una víctima como un presunto sospechoso.

Por eso era momento de inspeccionar toda el área, en especial el laberinto debajo de la Basílica.

Esa parte le tocó a Ali, por tener el mejor sentido del grupo.

—Que desgracia.

—Se quejaba mientras descendía, iluminando su camino con una lámpara—.

Odio el olor a viejo y todo este lugar huele a eso.

La nariz se me va a atrofiar antes de encontrar alguna pista.

Rak’el la había enviado a rastrear pistas que “no interesaban” a la comitiva oficial.

Traducción: a él no le gustaba ensuciarse las botas.

—¿Y tu crees que a mi si?

—Farfullaba, con el mal humor—.

Odio la humedad.

Ali probó puertas; una tras otra, cerradas o vacías.

Había algo en la sensación del lugar que le puso los pelos de punta y que no sintió antes.

Concluyó que era por el camino que estaba tomando.

Antes el camino fue recto, con tantas voces a su alrededor que no se concentró en los ecos que retumbaban por los pasillos.

Ali conocía esas voces ¿De donde?

No tiene idea, pero todo en su ser lo reconocía y mientras más se acercaba.

Al final del pasillo, la linterna le devolvió algo que no esperaba: una puerta color blanco, con la inscripción Šal’na en el centro.

La cerradura estaba rota; la reja chirrió cuando la empujó.

Detrás, una celda diminuta respiraba un aire que era exactamente igual al que había olido en la torre.

Al entrar, se fijó en la estructura tan rara del cuarto.

No solo era blanca hasta el extremo, también tenía muchas inscripciones en kroniano.

Según el informe, nadie en esa iglesia conoce esa lengua muerta, ya nadie la estudia a menos que sea por pasatiempo, porque nadie la habla, solo sirve para presumir en el curriculum.

Ali frunció el ceño.

Se acercó, olfateó, y lo reconoció sin querer: el olor de Caelan.

—¿Nos quieren ver la cara?

Tenía algo nuevo que informar al patrón.

Corrió de vuelta al exterior, aguantando las ganas de llamarlo a gritos, la última vez que hizo eso recibió un coscorrón de parte de Rak’el, por andar revelando información importante.

Si quería decirlo cuanto antes, debía correr muy rápido.

Subiendo las escaleras de vuelta al piso principal, saltando los escalones del último piso y esquivando a los bomberos y demás personal que se encontraba ayudando a los heridos y bloqueando los lugares más peligrosos.

Cuando al fin llegó con Rak’el lo encontro hablando con un chico de cabello negro, tan bajo como un adolescente.

De hecho, lucía igual que un adolescente.

—Pa… —Se interrumpió antes de faltarle al respeto a un superior—.

¡Capitán, encontre algo!

—Ali, no interrumpas.

—El tono de Rak’el bastó para que los novatos del Tlan se callaran de golpe—.

Estoy ocupado.

—Pero esto es importante —insistió, bajando la voz—.

Lo que encontré abajo…

necesito reportarlo.

A solas.

Soleil la miró como si ya supiera lo que iba a decir.

No lucía más de veinte años, pero irradiaba una calma antinatural.

—No hace falta que lo diga —intervino, cruzando los brazos—.

Hablamos de la puerta con la inscripción Šal’na, ¿cierto?

Ali se congeló.

—¿Cómo…

cómo lo sabes?

Soleil palmeó su cabeza con los dedos.

—Soy un viajero bajo la protección del emperador.

En los sueños se revela todo.

—¿Y qué hace un cazador en nuestra jurisdicción?

—replicó Rak’el con desdén—.

Esto es territorio del Tlan, no del trono.

—Territorio o no —Soleil elevó el mentón, su voz apenas un murmullo—, esa jaula del subterráneo es solo una de las muchas cosas que se han estado haciendo de manera ilegal en Xictli.

La mandíbula de Rak’el se tenso.

Cada vez era más seguro que Jimgober los había traicionado, toda la secta de Zaihn podía estar involucrada en ese asunto, teniendo en cuenta los grandes contactos del director.

Era obvio que no lo hizo solo.

—¿Qué clase de jaula es?

—Preguntó el Omega, obligandose a concentrarse.

—Una que usa la magia del viejo mundo ¿conocen la magia Olin?

Ali respondió de inmediato, casi con emoción.

—Es la magia que solo los Alfas pueden utilizar, porque es la manipulación de las tres almas que hay en el interior y conectan con los tres planos principales; mí yo terrenal es el Ihí.

Mi yo espiritual es el Telí.

Y mi yo astral es el Nallí.

Una vez que logras la conexión correcta con estos tres las habilidades Alfas surgen y pueden dominar el poder natural con el que se nació conectado.

—¿Y de dónde viene esa conexión?

—Krona.

—Solo cuando lo dijo se dio cuenta de lo que hizo—.

Esa jaula tiene inscripciones en mi vieja lengua.

—Y solo tres especies en el mundo conocen ese idioma.

—Soleil levantó los dedos, para enumerarlas— Alfas, Drum y Ryu.

Los últimos dos están descartados porque se los tiene en vigilancia constante.

Los Alfas, sin embargo, están fuera del rango de Ultar.

—¿Insinúa que Jimgober está trabajando con algún Alfa?

—Preguntó Rak’el, incrédulo—.

Eso es imposible, ese sujeto odia a los Alfas con su vida.

—No lo insinúo, lo vi en los sueños.

Él y el subdirector mandaron a construir esas jaulas con ayuda de alguien que conoce la lengua muerta.

Alguien que tenga el conocimiento suficiente para saber que formas darle, que palabras usar.

Esa jaula está hecha para separar el Nallí de las otras dos almas.

—Pero si la conexión con el Nallí se corta también se cortara nuestra comunicación con nuestro otro yo.

—Contó Ali, preocupada.

—Y la voz del Dios que contienen en el mundo espiritual se vuelve más fuerte.

—Le siguió Soleil, demostrando que estaba al tanto de eso—.

Causa la locura del Alfa, pero no hay nada que este pueda hacer, porque la vibración constante de la jaula confunde el Ihí, evitando que el cuerpo terrenal obedezca su voluntad.

Emite vibraciones que solo los Alfas pueden sentir, ya saben, eso de los supersentidos.

—Quién diría que sería tan inconveniente.

Soleil asintió.

—Lo tenían todo previsto.

—Dijo Rak’el, ahora más enojado que antes—.

Arresten a todos los maestros, sacerdotes, incluso al servicio de limpieza.

Ahora todos son sospechosos y Jimgober un criminal.

Ali acato la orden y dio media vuelta para comunicar las nuevas órdenes de su superior.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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