La canción del dragón - Capítulo 63
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63: El objetivo 63: El objetivo Todos los sospechosos fueron arrestados después del mediodía.
La crisis fue tan grande que el Tlan estuvo muy ocupado interrogando a cuanta gente pudieran.
Sin embargo, no importaba qué tan rápido se movieran, no iban a terminar para antes de la fiesta de la princesa.
Maestros, estudiantes y el servicio de limpieza.
Tal y como Rak’el ordenó, todos se volvieron sospechosos y esperan su turno en las oficinas oficiales del Tlan.
—Es una suerte que tengamos uno de los edificios más grandes del país.
—Comentó Ali, a la vez que se atragantaba con la milanesa que tenía frente a ella—.
De otro modo, tendríamos que pedir ayuda a las estaciones de policía.
—No confío en esa gente.
Se llevan muy bien con los seguidores de Zaihn.
Rak’el jugaba con el espagueti de su plato, sin probar un bocado.
—¿Qué haremos si los estudiantes también son culpables?
Son menores de edad.
—Procederemos como es debido.
No pienso hacer excepciones por su raza.
—Eso no le gustara a la gente.
Su superior mostró una mueca de enojo y apretó de más el tenedor.
—Eso no importa.
Rompieron la ley y van a pagar como se debe.
La chica siguió comiendo, ajena a las emociones negativas del hombre.
Ella solo estaba contenta de por fin poder comer después de horas de estar de pie, arrestando y metiendo a la gente a los vehículos para reubicarlos.
—El chico con el que estaba hablando antes.
—Hablo con la boca llena— ¿Quién era?
—No es un chico, es el quinto cazador del emperador Einar.
—Explicó Rak’el y Ali casi se atraganta—.
Su apariencia joven se debe a un pacto que hizo con su Alfa, hace más de 150 años.
—¿¡es un Omega!?
¿Cómo es posible que lograra vivir más de 90 años?
—Es un predestinado.
—¿Alcanzó la divinidad?
—Ali casi salta de su lugar por esa nueva noticia— ¿por eso sigue tan joven?
Una sonrisa maliciosa se formó en los labios de Rak’el.
Recargo sus codos en la mesa, dejando el plato a un lado para prestarle atención a su joven e ingenua compañera.
—Porque cumplio con todos los requisitos para estar a un paso de volverse un Dios.
Ali se inclinó igual, como si estuvieran por revelarle un archivo secreto.
Aunque podía ser eso.
—¿Hay requisitos?
Rak’el lucía bastante divertido con su pregunta.
—Los pasos para que un Omega se vuelva un Dios son simples en teoría, pero casi imposibles de cumplir en la práctica.
¿Los conoces?
—Obvio no.
Rak’el esperaba esa respuesta.
Los Omegas tienen una educación tan celosa que ni siquiera ellos conocen todos los secretos y habilidades que poseen.
De no ser por Kira, Rak’el seguiría ignorante a las reglas para la divinidad.
—Es sencillo, solo debes encontrar el Alfa con el que tengas más afinidad y eso puede deducirlo un chamán certificado, o una casamentera con conocimientos en astrología.
—¡Sí se eso!
una de ellas fue quien dijo que mi Omega predestinado era Kavi’el.
Su superior le dio la razón al mover un poco la cabeza.
—Lo siguiente es ser marcado por el Alfa, tú también le hiciste eso a Kavi’el.
—Ali asintió ante sus palabras—.
Si pueden soportar la marca y volverse un puente estable para el Telí, entonces pasan a la última fase, la que los acerca a volverse dioses.
—¿Cual es?
—Ali se inclinó más sobre la mesa.
Antes de hablar, Rak’el bajo la voz: —Comerse a su Alfa.
Se llevó una cucharada de su espagueti a su boca, por fin.
❯────────────────❮ Para Mikael fue bastante difícil tener que encerrar a los maestros que la habían educado todos esos años, así como a sus compañeros con los que había cursado desde siempre.
Debía evitar sus miradas para mantener su actitud profesional y no caer en sentimentalismos; de otro modo, sería una sospechosa más.
Había sospechado del director, por eso reportó lo que descubrió esos días a Rak’el y ahora Matilda ya estaba segura.
No esperaba que todos en la academia fueran tratados como culpables, no imagino que el director llegó tan lejos para crear jaulas subterráneas contra los Alfas.
Estuvo toda la mañana dando la información.
Hacer que Matilda fuera con ellos fue lo más difícil, ella ya no confiaba en nadie y no puede culparla.
Por suerte, el Tlan también cuenta con mujeres y fueron ellas las que lograron sacarla de ese pequeño local.
Mikael quería ir con ella, pero no encontró la excusa adecuada.
No es ingenua, incluso el Tlan debe estar enredado con esa secta de locos.
Pero, por ahora, son los únicos de los que puede depender.
—No puedes hacer esto.
—Escucho a uno de sus compañeros quejarse cuando lo transportaba al último vehículo—.
¿No somos tus amigos?
Hemos estado juntos en todos los proyectos.
—Ramiel… La chica no encontró las palabras necesarias para explicarle.
No lo hacía por rencor o por superioridad, era un protocolo que debía seguir.
—No podrás razonar con ella.
—Se metió otro de sus compañeros, mirándola con desprecio—.
¿no lo recuerdas?
Ella le voló los dedos a Lunrav aun cuando eran compañeros de años.
Mikael abrió los ojos de sorpresa y sintió las miradas de rencor en ambos.
Pensó que era un tema que todos habían olvidado, habían pasado años de eso.
No tenía que mirarlos para saber lo que estaban pensando; lo mismo de hace dos años cuando la noticia de que Lunrav se había vuelto un desertor de la academia y ella la que se ofreció a arrestarlo.
—¿Y que querían que hiciera?
—Soltó ella, en un murmullo que apenas contenía su enojo—.
Se había vuelto un criminal ¿como iba a dejarlo libre?
Ellos no sabían lo que pasó, no sabían cuánto le había costado a ella y a Nivael soltar el pasado y cumplir con su deber.
Ni siquiera saben lo que ocurrió en la frontera, solo repiten como pericos lo que otros comentan, solo buscan criticarla por haber herido a un viejo compañero.
—Se había vuelto un monstruo, por eso… —Incluso Nivael nos dio la espalda.
—Ramiel paso a quejarse de su otro compañero, dejando a Mikael muda—.
¿Lo viste?
estaba ayudando con la administración.
—¿Cómo no iba a verlo?
—Habló su otro compañero—.
fue por él que lograron atraparnos a todos.
Ese friki conoce cada esquina de la academia.
Ramiel lanzó una risilla sarcástica, como si eso dijera todo lo que pensaba.
—Tenían que ser amigos.
Mikael eligió ignorarlos, ya nada de lo que dijeran iba a afectarla, porque ahora debía encontrar a Nivael y comprobar lo que dijo.
Buscando entre la multitud de uniformados lo vio, esa cabellera rubia y las inscripciones en su rostro eran imposibles de confundir.
Se acercó a pasos apresurados, logrando atraparlo antes de que se alejara.
—¿Nivael?
¿qué haces con ellos?
—Le dio un jalón tan fuerte que el chico sintió que le dislocaron el hombro.
Su compañero le apartó el agarre de un manotazo, por puro instinto.
Cuando se dio cuenta que solo se trataba de Mikael, se limpió el hombro donde lo toco, ahora con toda la intención de insultar.
—¿No se nota?
ayudar al Tlan.
—¿Al Tlan?
—Mikael apenas pudo contener su sorpresa—.
Pero ellos no están con la iglesia.
—La iglesia está bajo sospecha en este momento ¿no viste esas prisiones?
—Puede haber una explicación a eso.
—No importa cual sea la explicación ¿Sabes lo que dicen las leyes?
Los Alfas están bajo la protección de las especies, cualquier intento de ataque a un Alfa de Xictli es un delito.
—Eso lo sé, pero…¿por qué tú estás cooperando?
Lo de Nivael era de no creer, él era de los mejores de la escuela, sobre todo el más obediente, incluso más que ella.
Hace poco habían hablado sobre lo deshonroso que sería entrar al Tlan, y ahora es él quien está cooperando activamente con ellos.
—¿Como que por qué?
—Por fin, Nivael habló—.
Viste esas jaulas debajo de la escuela.
Tú también sabes que el director era amigo de esos VIP, tú dijiste que estaban involucrados en cosas turbias.
El rostro de Mikael se endureció, por supuesto que recuerda esa conversación, cuando la vio como si estuviera loca.
—Antes no me escuchaste.
—Antes quería creer.
—Confesó su amigo—.
Quería creer que estabas equivocada y el director solo se preocupaba por sus estudiantes, pero ahora… Antes de que pudiera ver la expresión en su rostro, bajó la cabeza.
Nivael odiaba verse expuesto frente a cualquiera, solo Lunrav tenía el lujo de saber lo que pensaba y Lunrav ya no estaba.
—Haces lo que tienes que hacer.
—Término por él—.
Lo entiendo, hago lo mismo.
—¿En serio?
¿Aun si es con el Tlan?
—¿Qué quieres decir?
—Recuerdo que sospechabas de ellos, incluso pensaste que era desagradable ¿Qué cambió tu opinión?
No entendía lo que quería decir, Mikael no actuaba en base a si le agradan o desagradan, sino en lo que era más conveniente para la gente en ese momento.
El Tlan es la única organización que ha mostrado una neutralidad inesperada y Rak’el se muestra como un líder sensato, que reconoce el valor de cada soldado y no solo su apariencia.
—No he dejado de hacerlo.
—Comenzó a excusarse—.
Pero, por ahora, es mejor trabajar de este modo que sola.
Hubo un momento de silencio en el que Mikael sintió la bilis subir por la garganta ¿Tan evidente fue su mentira?
Luego, Nivael encogió los hombros.
—Tienes razón.
—dijo, dándole la espalda y siguiendo con su trabajo.
Ella también volvió a su puesto, enfocandose en cumplir con todas las órdenes que Rak’el le dio esa mañana.
La verdad era que no actuaba por un ideal altruista como trato de mostrarlo a su amigo.
Sus razones eran más egoístas, pero no importaba mientras estuviera protegiendo a la gente ¿cierto?
Mientras andaba con el grupo que se dirigía a las oficinas del Tlan, Mikael iba pensando en lo bien que se sentía al ser halagada por los adultos.
No sabía cuánto podían gustarle los cumplidos hasta que los escucho por primera vez.
Quería hacer un buen trabajo para escuchar a Rak’el felicitarla una vez más, era algo que necesitaba e iba a competir con cualquiera para obtenerlos.
Una vez que estuvieron dentro del gran palacio de piedra los pasos de Mikael fueron más rápidos que antes, sentía que el resto de soldados eran tortugas ¿¡como podían andar tan lento!?
Después de lo que sintió como un largo tramo, por fin estuvo frente a las oficinas.
Según lo dicho por la secretaría, el cubículo de Rak’el se encontraba al fondo de todas estas.
Antes de entrar, Mikael dio un último repaso a lo que iba a decir, quería que sonara profesional y resaltaría las buenas noticias “sin accidentes” una frase así puede ser suficiente para levantar el buen humor.
Sin embargo, antes de entrar por completo escucho la conversación que tenía con la otra oficial.
—Entonces, si Kavi’el me devora ¿se volverá un Dios?
Al inicio, Mikael pensó que había escuchado mal, que el sol había golpeado de más su cabeza y estaba imaginando cosas, pero la respuesta de Rak’el no dejó espacio para dudas.
—No solo debe devorarte, al momento que lo haga también deberá despegarse de los deseos mundanos y aceptar olvidarlo todo para poder trascender.
—Eso no suena tan complicado si lo comparamos con lo que tuvo que hacer antes.
No estaba entendiendo lo que pasaba ¿por que hablaban sobre devorar Alfas?
¿Los del Tlan son así de raros?
—Pero todo eso solo funciona si es un Omega predestinado ¿cierto?
—La nueva pregunta de Ali dejó a Mikael pálida.
—Sí, porque son los únicos que pueden soportar la carga de poder.
¿La carga de poder?
Lo que decía le recordó a lo escuchado en el camino a San Simón, con Irina siendo juntada con su Alfa predestinado.
Si unía esos hilos con los sucesos recientes llegaba a una conclusión que le generó pavor.
Entró de golpe al cubículo donde ambos estaban charlando, sin importarle verse mal educada.
Había algo más importante en juego.
—¿Qué ocurre?
—Preguntó Rak’el, con tono molesto.
—¡Tengo algo que reportar!
Si esos requisitos son ciertos, entonces en la fiesta de mañana piensan hacer más que solo secuestrar a Kon.
❯────────────────❮ Después de la charla con su tío, Kon se había pasado el resto del día repasando las 8 reglas de etiqueta que debe seguir para no quedar mal en la fiesta de mañana.
Las pronunciaba mientras se llevaba una cuchara de postre a la boca.
—Vestimenta modesta y reverencia sutil.
—Leer en voz alta era más fácil para él, así podía recordarlo todo más rápido.
Antes de seguir leyendo se llevó otro trozo de postre a la boca—.
El cuchillo en su mano derecha y el tenedor en su mano izquierda.
Se fijó en la cuchara en su mano y sonrió, aun con la boca llena de postre, al ver que la sostenía con la mano correcta.
—No hacer ruido al comer y mantener la cabeza siempre en alto, incluso al bajar las escaleras.
—Kon se quedó pensando en esa última condición—.
Lo más difícil sigue siendo el caminar, pero podre dominarlo para mañana.
Mostrar un porte intimidante y cubierto de respeto, es algo que su padre puede mostrar con naturalidad.
A él, sin embargo, le queda un largo camino para mostrar esa confianza.
“Eres un Alfa, es razón suficiente para mostrarte orgulloso” Fue el consejo de su padre.
—¿Quién dice que estoy orgulloso de ser un Alfa?
Enfoco la vista en el techo de ese cuarto, tenía el mismo cielo estrellado que en su otra habitación.
Considerando que esa casa era originalmente de ella no le sorprende.
Antes de que fuera su tío quien se encargaba de proteger las puertas, era su madre quien las mantenía bajo control y según ellos, era la mejor.
A veces se preguntaba cómo actuaría su madre en esos eventos.
Estaba seguro que deslumbraría a todos con su impecable manipulación de modales y más de uno gozaría de sacarla a bailar, pero ella, fiel a su esposo, se negaría a todas esas propuestas para guiar a su torpe padre sobre la pista de baile.
Tanto Ragnar como Ares hablaban tan bien de ella que casi podía verla en el Palacio de los Espejos poniendo el apellido en alto.
El timbre de la puerta llamó su atención.
No sonaba a la campana del restaurante, ni toda la casa se sacudía por completo para avisar por los clientes de Angery, por lo que debía ser la puerta de la casa en San Simón.
El grito de Thea solo se lo confirmó.
—¡Voy!
—Grito de regreso.
Antes de salir corriendo del cuarto para subir las escaleras del tercer piso, se llevó el resto de crema a la boca, dejando el plato caer sobre su cama, después limpiaría las sábanas.
El timbre seguía sonando cuando se tropezó a finales de las escaleras.
Espero que los de afuera no hubieran escuchado.
Un tercer timbrazo lo hizo pararse a toda prisa y abrir la puerta, pidiendo disculpas por toda la tardanza.
Al ver a las personas paradas delante de él la confusión le llegó.
Porque todos tenían uniformes negros.
—¿Es esta la casa de Ares Ramos?
—Preguntó Rak’el, afilando la mirada.
—Eh, sí.
—Kon evitar tartamudear frente a ellos.
Ni de broma se iba a mostrar intimidado por Omegas—.
¿Ocurre algo?
—¿Se encuentra en casa?
—No, lo llamaron de emergencia esta mañana por algo que ocurrió en el trabajo.
Kon miró de reojo al resto de hombres que iban con él, entre tantos rostros endurecidos reconoció uno que le genera gastritis.
Mikael estaba ahí, de nuevo, observandolo en silencio, con una expresión de familiaridad que cualquiera pensaría que son amigos.
—¿No hay algún adulto con el que pueda hablar?
—La pregunta de Rak’el atrajo de nuevo su atención.
Esa insistencia le hizo a Kon pensar lo peor.
—Esta mi madrastra… ¿puedo saber que necesita?
—Me temo que esto es algo que debo hablar con tus tutores.
—De acuerdo.
Al darse cuenta que convencerlos de que él era confiable sería imposible, pidió que esperaran afuera, mientras llamaba a su tutora.
Al cerrar la puerta dio un último cruce de miradas con Mikael, quien seguía mirándolo de esa forma tan molesta.
Tuvo que bajar de nuevo todas las escaleras, saltando de a dos los escalones, si no quería hacer enojar a los oficiales del Tlan debía apurarse.
—¡Señora Thea!
—Solo alzo la voz cuando abrió la puerta que lo dirigió directamente a la cocina del restaurante—.
Arriba hay gente que pide hablar con un adulto.
Su forma de decirlo le resultó sospechosa, Kon se veía algo ansioso, por eso la mujer solo pidió que no fueran malas noticias.
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