La canción del dragón - Capítulo 64
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- Capítulo 64 - 64 Lo que menos querían era escuchar su nombre
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64: Lo que menos querían era escuchar su nombre 64: Lo que menos querían era escuchar su nombre Ares llegó al poco tiempo que Thea lo llamó con su propia caracola, a las orillas de la playa.
Después de lo que escuchó de parte de esos oficiales no pensaba perder el tiempo y les aseguro que traería al Halach enseguida.
Tuvo que dejarlos esperando de nuevo en la entrada, con Kon como supervisor de la puerta.
El chico maldijo la suerte que le había tocado desde que viajaron a San Simón, aun con toda esa gente podía sentir la mirada de Mikael sobre él, como si quisiera perforarle la cabeza.
Si estuvieran solos lo enfrentarían, pero se encontrarían rodeados por los Omegas más peligrosos del país, un movimiento en falso y podría matarlo, o peor.
Thea regresó después de unos minutos, acompañada de Ares, y su hijo se permitió respirar.
— ¿A quién debe esta arrepentida visita?
Antes de hablar, Rak’el y el resto del grupo le mostraron sus respetos, llevándose el puño derecho al corazón y haciendo una leve reverencia.
La única que falló fue Mikael, pues no salía de su sorpresa de verso frente al jefe de los Alfas, aún menos de tener que inclinarse ante él.
No era diferente a cualquier hombre humano, a excepción de la altura.
Y, aun así, sintio como se le retorcía las entrañas con solo ver esos ojos amarillos.
Pensaba que Kon era aterrador y ahora entendía que solo es un cachorro de león.
Los ojos dorados de Ares se cruzaron con los blancos de Mikael quien se apresuró a inclinarse del mismo modo que el resto.
Fue una advertencia de su cuerpo; “ inclínate antes de que te mate ” Miro de reojo a la humana con la que estaban hablando hasta hace un momento ¿cómo era posible que no se sintiera intimidada?
¿Cómo podía estar al lado de esos dos sin temblar de miedo?
—Levantense.
—Ordenó Ares y así lo hicieron—.
Ahora expliquenme lo que ha ocurrido estos días.
Otra conversación innecesariamente larga que Kon iba a tener que soportar.
La verdad era que estaba cansado de estar ahí parado.
Estar rodeado de tantos hilos rosados y olor dulzón lo mareaba, pero no pensaba irse cuando su dignidad estaba en juego.
También tenía su orgullo y quería escuchar todo lo que estaban por decir.
A Thea solo le contaron que no podían asistir al cumpleaños de la princesa Irina, que de ir corrían peligro.
En general, nadie en San SImon estaba por completo a salvo por culpa de un grupo criminal que se mueve entre las sombras y ellos ya se están encargando de atrapar.
Esa es la versión para los civiles, lo que se dirá en las noticias e imprimirán los periódicos días después, pero Kon deseaba saber la versión oficial, lo que en verdad era tan grave como para que incluso su padre corriera peligro.
—Mejor háblemos adentro, es más seguro.
Antes de abrir la puerta por completo, Ares giró la manilla 3 veces hacia la izquierda.
Y, cuando volvió a abrir, el interior era por completo diferente de donde Kon y Thea habían salido, ahora lucía como un departamento común, usado por cualquier persona del centro de la ciudad.
El lado bueno era que nadie del Tlan había visto el interior antes.
Justo cuando Kon pensaba entrar, su padre lo detiene.
—Quedate afuera un momento, con el resto de oficiales.
El chico estuvo a punto de preguntar si acaso era una broma, pero ni de eso le dio tiempo, porque su padre cerró la puerta antes de escuchar cualquier protesta.
Resignado se dejó caer en el suelo, recargado en la pared que se iba enfriando gracias a que el sol se estaba ocultando.
Mikael, que permanecía a una distancia prudente, eligió acercarse con cautela, esperando no asustarlo.
—¿Qué quieres?
—Kon la detuvo antes de que siguiera—.
No sabía que eras parte del Tlan.
—¡No lo soy!
Su respuesta salió tan rápido que incluso ella se avergonzó una vez que lo soltó.
Se había dejado llevar por sus emociones.
No estaba segura que tanto sabe Kon del Tlan, o si su padre es su líder entre las sombras —Como Ali se lo dijo en el camino— Se preguntaba si él sabía que todos los Omegas que pertenecen al grupo están marcados por un Alfa.
De ser así, no quiere que crea lo mismo de ella.
—cierto ¿Cómo el gran Mikael va a estar metido en un grupo de tercera como ese—Casi escupe esas palabras.
—Tampoco es eso.
—Mikael volvió a asegurar, acercándose un paso más—.
Es temporal, son cosas de trabajo.
—No me interesa.
—Kon la corto de inmediato—.
Solo quiero saber porque están en mi puerta.
Ella también quisiera decírselo.
—Es confidencial.
—¿Si quieres lo sabes?
—Por supuesto.
—Esa pregunta hirió en su orgullo—.
¿O es que lo olvidaste?
Siempre fui el mejor de la clase.
La hostilidad en Kon era tan evidente.
Tal parece, mencionar la secundaria muy pronto, aún no lo superaba.
” ¿Puedes culparlo?
” Se reprendió internamente.
—Lo siento.
—Si quería arreglar las cosas, debía comenzar con disculparse— De verdad es confidencial, aun si fui yo quien lo descubrió, no tengo autorización para contarte.
—¿Tú lo descubriste?
-Si.
Agradecía que ningún otro superior estuviera cerca, de otro modo hubiera recibido una severa reprimenda.
Se enfocó en Kon y la expresión que pudiera darle después de saber eso ¿odio?
¿Sorpresa?
¿Envidia?
Cualquier cosa era buena, solo deseaba ver algo diferente, para variar.
—¿Me voy a morir?
Esa pregunta sí que no se la esperaba.
—¿Por qué piensas eso?
—Experiencia, supongo.
—Confesó él, con la voz seca—.
Cuando las autoridades quieren hablar con mi padre suele ser porque otras personas quieren cazarnos.
—Bueno… —Las órdenes habían sido claras, sino quería engañar a Rak’el debía mantenerse profesional—.
No creo que busquen matarte, pero si es seguro que buscan lastimarlos.
Era todo lo que pensaba decirle, ya suficiente había sido con revelar esa parte.
Aún eran jóvenes y no tenía idea de cómo reaccionaría Kon si le contaba sobre las jaulas debajo de la basílica que descubrió, ni que su matrimonio por conveniencia podía ser una trampa para que la princesa Irina lo devore después de ser marcada.
—¿Desde cuándo sabes que soy un Alfa?
—Kon cambió el rumbo de la conversación.
—Desde que estábamos en secundaria.
—Pense que lo había ocultado bien.
—Lo hiciste.
Lo descubrí por accidente, cuando vi tus ojos en la playa.
Aunque eso fue antes de entrar a la secundaria, cuando volvió a escaparse de la basílica para ir a ver la playa por primera vez.
Kon no recordaba ese momento, por lo que no tendría sentido recordarlo.
—¿Solo por los ojos?
—Debes de admitir que no hay humano que tenga ojos de ese color.
Debió decir algo gracioso, porque Kon comenzo a reir.
—En eso te equivocas, los ojos turquesa son una deformación humana.
—¿Deformación?
¿Cómo algo tan bonito podría considerarse una deformación?
—Aún no se sabe que lo causa, porque son muy pocas las personas que nacen con esa mutación genética y, cuando se despierta, las posibilidades de que su descendencia nazca con el mismo color se disparan.
—Apuntó uno de sus dedos a sus ojos libres de pupilentes—.
No es magia, es mera ciencia.
—¿Por eso los ocultos?
¿Por ser una mutación genética?
—En realidad es algo más personal.
—Se quedó mirando un momento al horizonte bloqueado por todos los edificios de la ciudad, antes de volver a hablar—.
Cuando era niño, a alguien le gustaron tanto mis ojos que dijo que los arrancaría de mis cuencas si volvía a verlos.
Creo que tenía 8 años para ese momento, desde entonces uso alumnos.
Esa historia resultó bastante perturbadora hasta para ella que se había acostumbrado a ver cosas horrorosas, y gente que se corrompe con facilidad.
Por un instante, Mikael creyó ver cómo los dedos de Kon se apretaban contra sus rodillas, como si todavía sintiera el frío de aquellas manos en su cara.
Un reflejo instintivo que debía salir cada vez que lo recordaba.
—¿No reportaron a ese hombre a las autoridades?
—No es un hombre que la autoridad pueda encerrar.
Mikael se quedó con esa última frase.
Un hombre inmune a la autoridad, hay muy pocas personas con ese poder en Xictli, legalmente hablando.
Ahora, si metía las organizaciones criminales, la lista crecía.
Recordó los recortes de periódico que recopiló en su habitación, el que Kon tiene un tío de Skaluph y la expresión que hizo cuando mencionó a los Krathgor.
Era su oportunidad de aclarar las dudas.
—Si no es ofensa, debo preguntar ¿Tienes un antepasado de apellido Itharion?
Los ojos se fueron abriendo poco a poco con sorpresa y ella juró ver como algo brillaba en ellos, algo que no era ojo, sino miedo.
❯────────────────❮ Isaura cortó en dos la caja de metal frente a ella, provocando un chirrido irritante.
Jimgober seguía tirado en el suelo, apenas consciente.
Isaura lo us como saco de boxeo por horas, hasta que lucía más como un saco de carne que un ser humano.
Caelan la dejó ser, en ningún momento metió las manos para detenerla, ese apellido lo conoció ¿cómo no hacerlo?
Era un héroe en su país de origen, aunque solo del lado económico.
Como persona, la palabra monstruo le quedó corta.
Cuando las cajas se habían acabado, Caelan la detuvo.
—Si sigues así, vas a tirarnos el techo encima.
Isaura se alejó de su agarre con brusquedad y Caelan comenzaba a irritarse.
Hablar con mayores a veces era un dolor de cabeza.
—Entiendo tu enfado.
—Continuó el chico—.
Pero es mejor desquitarse con el resto de la lista.
—¿Que va a saber un mocoso sobre eso?
—En realidad nada, pero solo imagina que Vaelor Itharion sea mi padre es suficiente para que me hierva la sangre.
Isaura bajo la espada.
No le encontré fallas a esa explicación.
AL notarla más tranquila, Caelan continuo con las preguntas que tanto quería saber: — ¿Tienes un nieto tan importante?
Primero Raúl, ahora ese sujeto de la iglesia.
Todos iban detrás del descendiente de Isaura y por eso ella estaba tan preocupada por acabar con todo eso lo más rápido posible.
Siempre pensé que una mujer como Isaura elegiría la soledad, no formar una familia.
Enterarse de que tenía un nieto lo intrigaba más de lo que admitía.
—Dime cómo es —insistió con tono juguetón—.
¿Igual de amargado que tú?
Un mini Isaura con la misma cara de pocos amigos… me lo imagino y suena divertido.
Isaura respir hondo, recuperando fuerzas antes de responder.
¿Cómo era?
Ella también lo sabía.
—No lo sé.
—admitió—.
Nunca lo conocí.
Solo sé que tiene mis ojos.
—Ah, claro.
Gran pista.
Seguro en Xictli solo habrá unos… ¿quinientos con ese mismo color?
Isaura aparentemente apenas, amarga.
—Nunca tuve el valor de buscarlo después de todo lo que pasó… Lo vi una vez, cuando era muy pequeño… La imagen volvió sin permiso.
El hotel Rosas Azules.
Fergus, consumido por el encierro, irreconocible: un rostro demacrado, ojos apagados, surcos negros en las mejillas como lágrimas secas.
Y detrás de él, escondido entre sus piernas, un niño de ocho años con los mismos ojos turquesa que ella.
Kon.
Tan curioso, tan ajeno al peligro.
¿De verdad los ojos fueron lo único que le heredó?
Ese color maldito.
Ragnar la observaba con esa misma mirada fría, inexpresiva.
Y Ares… Ares no quiso verla; Estaba furiosa y lo entendía.
Ella también lo habría estado.
Lo culpó por la muerte de su hija.
Isaura creyó haber enterrado ese recuerdo, pero ahora volvía nítido, como si todo hubiera ocurrido ayer.
—Ni siquiera sé si sigue en ese lugar —murmuró.
No tuvo que seguir hablando para que Caelan pudiera entenderlo; lo intuía con solo observarla.
Estaba asustada de que esa secta llegara antes que ella y se llevaran a su nieto para hacerle quién sabe qué cosas.
Podía entender un poco de ese sentimiento.
—¿De qué especie es?
—preguntó Caelan—.
Saber su edad también sería útil.
—¿Piensas ayudarme?
—Ya te estoy ayudando —respondió con otra sonrisa, una más pequeña y amigable.
—Sí, pero… solo lo haces porque quieres pelear a muerte conmigo.
—Y lo sigo queriendo —aseguró, mientras empezaba a jugar con su cabello—.
¿De qué me sirve luchar contra ti si no estás enfocada?
No sería una verdadera victoria.
Hablaba con tanta seguridad que, de no ser por sus años de experiencia, le habría creído.
—Eres más amable de lo que creí.
—Lo dices como si fuera un bastardo.
Le ofreció una mano para ayudarla a ponerse de pie.
Isaura la observó por un momento; no había notado antes lo último que se encontró.
Esas cadenas le habían quemado las palmas, y se preguntaba cómo estaría el resto de su cuerpo.
—Eres un niño fuerte —dijo, mientras aceptaba su ayuda.
—Te tardaste en descubrirlo.
—Llevó las manos a su cintura; ahora que el ambiente era menos pesado podía volver a actuar como siempre—.
Entonces, ¿es un Alfa o un Omega?
Puede ser un tambor.
—Mi hija era la Drum —confesó, sin darle mucha importancia.
Las pupilas se le dilataron a Caelan con la noticia.
—¿Hablas en serio?
Isaura solo admitió.
—Mi amante era un Drum.
Murió antes de que pudiera darle las buenas noticias.
Críe a mi hija sola; por mucho tiempo sólo fuimos ella y yo, hasta que me di cuenta de que no era capaz de protegerla.
Por eso la entregué al clan Drum, donde pensé que iban a enseñarle sobre lo que era ya usar sus poderes.
Creo que nunca me perdonó por eso… la verdad no lo sé.
Su rostro nunca mostró expresión.
—¿Y cómo se llamaba?
Si se crió en el clan Drum, puede que sepa de ella.
—¿Por qué lo sabrías?
El chico le lanzó una mirada cómplice, queriendo jugar con el misterio.
—Ya te dije que me encanta viajar.
Puede que la haya conocido hace muchos años.
—Me temo que eso es imposible; dejó el clan antes de que nacieras.
—Y eso?
Si el clan Drum es de los mejores que existen: una calidad de vida y educación tan buenas que a muchos la Tierra les queda chica, y por eso van a las estrellas.
No estaba fanfarroneando.
Todos alguna vez soñaron con ser parte del clan Drum y vivir dentro de sus fronteras, donde la magia abunda y los dioses aún caminan.
La única parte del mundo donde objetos tan poderosos como el collar de Osiris pueden ser creados.
—Se enamoró.
—Oh, por supuesto.
Un clásico… ¿de quién?
—Del Halaj.
Con toda esa información tenía sentido por qué todos buscaban al nieto.
El hijo del Halach vendría siendo su futuro jefe, y que tenía sangre Drum en sus venas también sonaba de su agrado.
Sería alguien muy fuerte.
—Tu hija eligió bien.
—Ella se suicidó —las palabras de Isaura hicieron que Caelan se sintiera una idiota—.
Y él… no supo cómo ayudarla.
Al recordar ese momento, la sangre de Isaura volvió a hervir por todas esas emociones negativas.
Uriah y Osiris, ambos terminaron encontrando el mismo destino; Ambos sucumbieron al dolor de ese sueño.
—Por eso no quería que dejara el clan; ellos iban a saber cómo ayudarla.
—¿Ayudarla con qué?
A su pregunta, Isaura señaló al hombre inconsciente en el suelo.
—Él ya lo dijo: Obrith-Kar.
Es una entidad que contamina los sueños de todos los Drum.
Cuando duermen, son transportados a la prisión donde residen: una pradera.
Y desde el bosque los llama, los tienta con entrar al bosque.
Si se resisten, algo sale de ahí para arrastrarlos.
Si los atrapa… es el fin del juego para ellos.
—Mientras lo contaba, Isaura iba recordando la mirada de terror de Uriah y cómo se cubría con las manos, como si eso pudiera protegerlo—.
Mi hija y su padre prefirieron morir antes de ser atrapados.
Caelan guardó silencio, por estar atrapado en su propio recuerdo.
Él también había escuchado algo como eso de niño, cuando vivía junto a Sarah y los demás Drum.
Recuerda que solo se levantó en busca del baño, cuando vio a Eduard sentado en el barandal de la terraza, mirando fijamente hacia el cielo.
Recuerda haberlo visto otras veces, a diferentes horas de la noche, siempre en la misma posición, siempre mirando al mismo lugar.
“—¿No puede dormir?
—” Le había preguntado una vez y él solo sonriendo.
“—Los Drum no necesitamos dormir.” Después de escuchar esa historia puedes entender mejor porque muy pronto otros Drum se unieron.
El suceso se repetía tanto que Caelan siempre que despertaba tenía miedo de encontrar a Eduard en ese mismo lugar, tan quieto como una estatua que no reaccione a su voz ni a su presencia, como si hace tiempo hubiera dejado de existir.
Por eso siempre le hablaba, por eso siempre inventaba una excusa que no lo dejaba mover.
Necesitaba ver moverse, que hablara, cualquier cosa que le mostrara que seguía vivo.
Tener un familiar que es una estatua viviente, que no está vivo ni muerto, es algo que no desea experimentar.
—Los Drum no iban a poder ayudarla.
—Aseguró, cruzado de brazos—.
A menos que aprendiera a no dormir.
—Eso es poco alentador.
Y, sin embargo, sonrío.
El enojo que sintió salió en cada palabra de su relación, regresando a Isaura que Caelan conoció —¿Qué haremos ahora?
—preguntó el chico, contento de verla de regreso.
Dirigieron su atención al hombre inconsciente en el suelo.
Al final resultó ser todo un hueso duro, pero tenían otras formas de uso.
❯────────────────❮ Kon no dejaba de mirarla con ojos entrecerrados.
Su postura se endureció y estaba listo para gritar a su padre si Mikael amenazaba con hacer algo raro.
—¿Cómo conoces ese apellido?
—Lo descubrí por accidente.
Kon bufo.
—Voy a fingir que te creo.
De todos modos ¿por qué seguir hablando?
No son amigos, ni siquiera conocidos.
Ya había hecho las preguntas que quería y, si él no pensaba contestarle, no lo forzaría.
Kon si sabe canalizar el rechazo.
El silencio que le siguió fue bastante incómodo.
Podía sentir la mirada de Mikael sobre él aún más intensa que antes.
Tal parece, pensaba sacarle la información con solo mirar.
—¡Me vas a perforar la cara!
—Grito, llegando a su límite.
Mikael no pareció darse cuenta de lo que estaba haciendo, porque lo miró como si fuese él quien estuviera mal.
—No entiendo de qué hablas.
—Deja de mirarme, ni así voy a responder tus preguntas.
—No espero que lo hagas.
Debió quedarse callada, eso sonó escalofriante.
Para su suerte, los adultos salieron de la casa, salvándola de esa atmósfera tan sofocante.
El rostro tenso de Ares decía más que las palabras, Kon ya se imaginaba cuáles serían sus órdenes, por lo que debía comenzar a escribir la disculpa para Irina por no poder ir a su fiesta.
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