La Carga de las 9 Estrellas - Capítulo 12
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- Capítulo 12 - 12 El resto de su vida
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12: El resto de su vida 12: El resto de su vida El soldado ya estaba equipado y listo para partir.
Los tres también entraron en el vestuario guiados por tres soldados y se pusieron sus atuendos de combate.
La sala de actividades, antes organizada, se había convertido en un gran vestuario, y a Jiang Xiao le sorprendió lo ordenados que estaban los armarios.
Realmente parecía un vestuario decente.
Jiang Xiao sostuvo la etiqueta y buscó el número de su armario, sintiéndose como si estuviera en un spa.
Se preguntó si la piscina estaría caliente o no…
En los últimos años, el clima había sido un tanto anómalo debido al continuo empeoramiento del medio ambiente terrestre.
Incluso en la Provincia de Beijiang de Huaxia, las temperaturas seguían siendo abrasadoras a finales del verano.
Sin embargo, Jiang Xiao no tuvo más remedio que ponerse el grueso atuendo de combate invernal.
Después de todo, estaba a punto de entrar en el campo de nieve.
Jiang Xiao llevaba una gran mochila militar de camuflaje que contenía agua y sacos de dormir.
Ataviado con el grueso uniforme militar de camuflaje blanco, salió y vio al soldado, el señor Pi, de pie junto a la puerta, mirando al frente con la espalda recta.
—¿Señor Pi?
¿Hermano Pi?
Mmm… Creo que será mejor que lo llame Hermano Qiu —dijo Jiang Xiao, inclinándose hacia él.
Pi Keqiu asintió.
—¿Hay algo que deba tener en cuenta o preparar de antemano?
—preguntó Jiang Xiao, de pie junto a Pi Keqiu.
Como solo medía 1,72 m, su cabeza apenas llegaba al pecho de Pi Keqiu.
«Este soldado fornido y alto debe de medir al menos dos metros, ¿eh?
Es tan enorme, fuerte y musculoso.
Y, sin embargo, tiene un nombre tan adorable.
Qué marcado contraste», pensó.
—Mantén la formación del equipo y asegúrate de seguir a la Señorita Han en todo momento.
Quédate en medio del equipo.
La señorita Xia y la señorita Han son cazadoras experimentadas.
Si todo transcurre con normalidad, no correrás ningún peligro.
—A pesar de ser severo y distante, Pi Keqiu tenía una buena actitud.
—¿Mi posición es en medio del equipo?
—preguntó Jiang Xiao asintiendo.
—El contratante no me dio ningún objetivo para la misión.
Esta operación solo está pensada para que entiendas el mundo que hay tras este portal.
No tienes que preocuparte por tu seguridad.
Probablemente no nos adentraremos en las profundidades del campo de nieve —respondió Pi Keqiu.
¿Contratante?
¿Xia Yan es su contratante?
¿Este portal multidimensional está controlado por el gobierno y abierto al público?
¿Es una actividad de pago?
Impresionante.
Como dice el viejo proverbio chino: las artes marciales y el combate son actividades muy caras.
En ese momento, la puerta del otro lado del pasillo se abrió de par en par y salieron dos chicas preciosas, cada una bella a su manera.
Ataviada con un uniforme de camuflaje exactamente igual al de Jiang Xiao, Xia Yan, que era alta y de piernas largas, se veía ahora aún más elegante y genial.
Han Jiangxue llevaba una gruesa chaqueta blanca, un gorro de algodón blanco y unas gafas de esquí de color azul oscuro.
Parecía una aficionada al esquí.
—Toma.
—Han Jiangxue le lanzó un par de gafas de esquí de color azul oscuro a Jiang Xiao y le hizo un gesto para que se las pusiera.
Los ojos de Jiang Xiao se clavaron en el cuerpo de Xia Yan y, más concretamente, en la larga empuñadura de la daga que asomaba por encima de su hombro.
—Je, je, deja de mirarme así.
—Xia Yan se acercó a Jiang Xiao y le dio una palmadita en la cabeza—.
No me mires de esa manera, o te enamorarás de mí y tu hermana se pondrá celosa.
Xia Yan tomó la delantera y caminó con paso decidido hacia el frente.
Jiang Xiao finalmente vio el arma en la espalda de Xia Yan.
¡Era una espada!
¡Una espada enorme!
Xia Yan medía 1,78 m y la gran espada que llevaba colgada en diagonal a la espalda ya casi rozaba el suelo.
Y eso sin contar la larga empuñadura que sobresalía.
¡¿Qué clase de arma era esa?!
«La hoja mide al menos 150 cm de largo y 4 cm de ancho.
La empuñadura, al menos 50 cm», calculó Jiang Xiao.
El lomo de la espada era grueso y emitía un brillo gélido.
El filo era extraordinariamente agudo y, aunque Jiang Xiao aún no había visto sus verdaderos efectos, pudo sentir su poder y amenaza con una sola ojeada.
Han Jiangxue empujó a Jiang Xiao, que se había quedado pasmado, y le dio instrucciones: —Podríamos toparnos con otros equipos de caza, así que no busques conflicto con nadie.
Permanece cerca de mí durante todo el trayecto y no te hagas el valiente.
No eres más que un aprendiz que acaba de empezar.
—Oh… Cuesta mucho dinero entrar cada vez, ¿no?
—preguntó Jiang Xiao en voz baja.
Han Jiangxue se estremeció levemente y respondió: —Nosotros no tenemos que pagar, por nuestro estatus.
—¿Por qué?
—preguntó Jiang Xiao.
—Nuestros padres pagaron por ello con sus vidas —dijo Han Jiangxue, con un tono carente de emoción, casi robótico.
Jiang Xiao abrió la boca.
Nunca había pensado que la ventaja que estaba recibiendo viniera de sus padres, a quienes no había conocido.
—Si algún día llegas a ser apto para unirte a un equipo de élite, puedes llevarlos a visitar el mundo multidimensional en el que se perdieron nuestros padres.
—Han Jiangxue se detuvo en seco y miró hacia el final del pasillo, que fluctuaba entre la penumbra y una luz brillante a medida que los espacios se superponían.
Continuó en voz baja—: Sería también una forma de darles una explicación.
Calculo que se alegrarían mucho.
Jiang Xiao miró el gélido pasillo que tenía delante y sintió el brusco descenso de la temperatura.
Preguntó, frenético: —¿Dónde desaparecieron?
¿Cómo se llama ese espacio dimensional?
Han Jiangxue se dio la vuelta y miró a Jiang Xiao en silencio.
—Te diré la respuesta el día que logres vencerme.
—Solo soy de apoyo —dijo Jiang Xiao, disgustado.
Mirándolo con severidad, Han Jiangxue espetó: —Eres un guerrero con habilidades de apoyo.
Impresionante.
«Chica, ¿de verdad tienes que ser tan severa y directa?», pensó.
Apenas Han Jiangxue terminó de hablar, se dio la vuelta y entró en el espacio superpuesto.
Jiang Xiao se sintió invadido por una mezcla de emociones, pues de verdad deseaba hacerse un nombre en aquel mundo mágico.
Dado que sus padres, a quienes nunca había conocido, habían velado por él, sin duda ahora tenía una responsabilidad adicional.
Jiang Xiao miró el espacio superpuesto que tenía delante, el cual emitía un tenue resplandor blanco.
Fuuu…
El viento gélido era cortante, y al golpear el rostro de Jiang Xiao, sintió como si lo estuvieran acuchillando.
Jiang Xiao abrió los ojos de par en par y escudriñó con atención su entorno a través de las gafas de esquí.
El mundo estaba en penumbra y era monótono, pero suficientemente iluminado a pesar de que no había sol en el cielo.
Tampoco había luna, pero una vasta galaxia rebosante de estrellas colgaba majestuosamente en el firmamento.
Era una vista tan espectacular como onírica.
En el horizonte, unas luces de colores brillaban intensamente, lo que le recordó a Jiang Xiao el fenómeno conocido como aurora.
En este mundo en ligera penumbra, además del cielo monótono pero colorido, había una extensión infinita de nieve.
Las frías ráfagas de viento surcaban el aire y la nevada arreciaba, dificultando incluso la comunicación.
La silueta alta y esbelta que iba delante saludó al grupo con la mano y les hizo señas para que la siguieran.
En la noche luminosa, caminó hacia adelante con calma y paso firme, llevando una pesada espada al hombro.
Jiang Xiao intentó dar unos pasos y, del mismo modo, dejó sus huellas en la nieve, de profundidades variables.
Bajo unas condiciones tan duras, la mera supervivencia ya era un problema, por no hablar de conseguir Cuentas Estelares.
Ciertamente, era mejor verlo que oírlo contar.
Se suponía que era solo un espacio dimensional que producía monstruos del nivel más bajo, y, sin embargo, la extrema dureza del entorno ya había superado la imaginación de Jiang Xiao.
Este mundo estaba, desde luego, lejos de ser tan simple como Jiang Xiao lo había imaginado.
De repente, la figura vestida de blanco que estaba a su lado extendió la mano y le agarró del brazo.
En la noche cerrada y silenciosa, los únicos sonidos que se oían eran los del rugido del viento, que se asemejaba al aullido de los gules.
Jiang Xiao miró a su izquierda y vio el rostro inexpresivo de Han Jiangxue, aunque no pudo verle los ojos, ocultos tras las gafas de esquí de color azul oscuro.
Solo pudo sentir cómo ella apretaba más fuerte su brazo y avanzaba a toda prisa, guiándolo hacia adelante.
Su paso era firme al pisar la espesa nieve.
Apenas era el cuarto día desde que Jiang Xiao había llegado a este mundo.
Han Jiangxue simplemente lo estaba ayudando a avanzar y dándole apoyo, pero Jiang Xiao ya sabía que, a partir de ese momento y por el resto de su vida, debía cuidarla bien.
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