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La Compañera Secreta de los Alfas Trillizos - Capítulo 61

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  3. Capítulo 61 - Capítulo 61: ¿Por qué no tú?
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Capítulo 61: ¿Por qué no tú?

Los trillizos se giraron al mismo tiempo y se les cortó la respiración cuando las puertas traseras del salón se abrieron de par en par. Por un momento, todo pareció ralentizarse.

Entró una mujer, y no se parecía en nada a la joven destrozada que una vez conocieron.

Scarlett entró con la cabeza bien alta y la mano apoyada con confianza en el brazo del Alfa Ethan. Llevaba un vestido ceñido de color rojo intenso que se ajustaba a su cuerpo a la perfección. Su pelo, de un castaño chocolate y normalmente recogido en un moño desordenado, ahora caía suelto en suaves ondas sobre sus hombros.

Era, sencillamente, la mujer más hermosa de la sala.

Scarlett no los miró. Ni siquiera echó un vistazo al estrado donde ellos estaban de pie con sus túnicas doradas. Con calma y serenidad, dejó que Ethan la guiara hasta la primera fila y se sentó justo en su campo de visión.

En el interior de los hermanos, sus lobos enloquecieron.

Verla del brazo de otro hombre, con un aspecto digno de la realeza mientras ellos permanecían atrapados en los planes de sus padres, les hizo hervir la sangre. Un gruñido profundo y posesivo resonó en sus mentes. Mía. Mía. Mía. Tuvieron que luchar para evitar que el sonido se les escapara de la garganta.

La ceremonia comenzó, pero los trillizos apenas se dieron cuenta.

El Gran Vidente habló de legado y fortaleza, pero los ojos de Leon permanecieron fijos en la curva del cuello de Scarlett. Los ancianos de la manada sacaron los aceites ceremoniales, pero Liam solo podía concentrarse en la mano de Scarlett rozando la rodilla de Ethan. Incluso Leo, que solía ser el más tranquilo, se sorprendió a sí mismo mirándole los labios fijamente.

—Ha llegado el momento —resonó la voz del Alfa Levi, devolviéndolos a la realidad—. ¡Por el poder del Gran Lobo, nombramos a Leon, Liam y Leo Alfas de este territorio!

La multitud estalló en vítores. Sonoros aullidos y aplausos llenaron el salón, haciendo temblar las paredes. Los trillizos se mantuvieron erguidos mientras les colocaban pesadas coronas de plata sobre la cabeza.

Por fin eran Alfas.

Pero no sintieron nada.

A su alegría le faltaba algo. Se sentía vacía…, incompleta.

—Y ahora —prosiguió el Alfa Levi, con voz firme mientras miraba a las hermanas de Lago Plateado—, para asegurar nuestro futuro y fortalecer nuestro linaje, anunciamos con orgullo el compromiso formal de nuestros nuevos Alfas.

Los invitados vitorearon aún más fuerte. El entusiasmo en la sala se desató. Camila, Bianca y Talia dieron un paso al frente, con los rostros radiantes de orgullo mientras miraban a los hermanos.

En la primera fila, Scarlett sintió que le desgarraban el corazón.

Podía sentir las miradas pesadas y desesperadas de los trillizos sobre ella, pero se negó a devolverles la mirada. Permaneció inmóvil, con el rostro completamente impasible.

El compromiso quedó sellado, y la ceremonia se convirtió poco a poco en una celebración.

La música llenó el salón. Las risas y los vítores aumentaron mientras los sirvientes se movían con bandejas de comida y vino. El ambiente pasó de formal a festivo en cuestión de segundos.

Cada una de las hermanas de Lago Plateado dio un paso adelante y se colocó junto a los hermanos, sonriendo con orgullo como si ya hubieran reclamado su lugar.

Pero los hermanos no les estaban prestando atención a ellas.

Sus miradas no dejaban de desviarse hacia Scarlett.

Una y otra vez.

No podían dejar de mirarla.

Camila fue la primera en darse cuenta. Su sonrisa se volvió rígida mientras seguía la mirada de Leon. Bianca frunció el ceño y Talia apretó los labios hasta formar una fina línea. Una a una, se percataron de lo mismo.

Los hermanos no las estaban mirando a ellas.

Estaban mirando a otra mujer.

—¿Quién es? —masculló Bianca por lo bajo, entrecerrando los ojos mientras estudiaba a Scarlett.

—No lo sé —replicó Talia en voz baja, pero había una evidente molestia en su tono.

Camila no dijo nada, pero su mirada se endureció mientras observaba a Scarlett atentamente.

Al otro lado del salón, Ethan se inclinó ligeramente hacia Scarlett.

—¿Quieres marcharte de aquí? —le preguntó en voz baja, pues ya había percibido su malestar.

Scarlett no dudó ni un instante.

—Sí —respondió.

Sin decir una palabra más, Ethan se puso de pie y le ofreció la mano. Scarlett la aceptó y, juntos, se levantaron de sus asientos.

En el instante en que empezaron a caminar hacia la salida, los tres hermanos lo sintieron.

Un tirón agudo.

Como si les estuvieran arrancando algo de su interior.

Su atención se centró por completo en ella, y sus cuerpos se tensaron.

Observaron cómo Ethan guiaba a Scarlett hacia las puertas, y no pudieron hacer nada para evitarlo.

Ethan sacó a Scarlett a través de las altas puertas de cristal y la llevó al tranquilo jardín. El aire fresco de la noche le rozó la piel, pero no pudo apagar el ardor que sentía en el pecho. A sus espaldas, el ruido de la celebración se amortiguó.

Se detuvo cerca de una fuente de piedra, y el murmullo del agua fue lo único que llenó el silencio. Scarlett permaneció allí, de espaldas a él, con la mirada perdida en la oscuridad de los árboles.

—¿Cómo te encuentras? —preguntó Ethan en voz baja.

Scarlett soltó una risa seca y llena de dolor. Se giró para encararlo, con los ojos brillantes por las lágrimas que no derramaba. —¿Que cómo me siento? Acabo de ver a mis parejas destinadas comprometerse con otras mujeres delante del mundo entero. Así que sí, me siento genial. Me siento de maravilla, Ethan.

Finalmente, una solitaria lágrima se le escapó y rodó por su mejilla. Ethan sintió una aguda punzada de culpa y rabia. Sus primos eran unos necios. Estaban en aquel salón con coronas de plata sobre sus cabezas, pero acababan de desechar el tesoro más excepcional del mundo. Para él, Scarlett era la perfección.

Se acercó más y alargó la mano para girarla hacia él. —No merecen tus lágrimas, Scarlett —dijo, y su voz se redujo a un murmullo grave y constante—. Un día conocerás a alguien mejor. Alguien que no sea tu pareja destinada, pero que te elija a ti. Alguien que te amará cada día sin necesidad de que un vínculo se lo dicte.

Scarlett tragó con dificultad, con el corazón acelerado. Levantó la vista hacia él, escudriñando sus ojos verdes. —¿Y ese alguien… no eres tú, verdad?

A Ethan se le entrecortó la respiración. Deseó más que nada poder decir que sí. Deseó poder prometerle el mundo entero en ese mismo instante, pero las cosas eran complicadas. Era un Alfa con sus propios secretos.

—Te prometí que te protegería, Scarlett —susurró, mientras su pulgar le apartaba la lágrima de la mejilla. Su contacto fue cálido y se demoró un segundo más de lo necesario como para ser solo amistoso.

Scarlett se adentró en su espacio personal, con las emociones a flor de piel y hechas un lío. Estaba harta de ser la «hija del traidor», harta de ser la «pareja secreta» y harta de ser fuerte. Alargó la mano y, con los dedos temblorosos, le tocó la solapa de su traje negro.

—Entonces, protégeme de esto —musitó con la voz quebrada—. Haz que me olvide, aunque solo sea por un minuto.

Ethan sabía que debía apartarse. Sabía que estaba mal, no solo porque ella era la pareja destinada de sus primos, sino también por sus propios secretos. Pero no pudo.

—Me prometí a mí mismo que no volvería a hacer esto —murmuró Ethan, bajando la mirada hacia los labios de ella—. Me prometí que me mantendría alejado.

—Solo por esta vez —susurró Scarlett.

Ethan no necesitó oír nada más. Se inclinó, deslizó una mano entre su pelo suelto para sujetarle la nuca y unió sus labios a los de ella. Este beso no fue como el primero. Este fue profundo, hambriento y cargado de toda la frustración que él había estado ocultando durante toda la noche.

Para Scarlett, el mundo por fin se quedó en silencio. El dolor del vínculo pasó a un segundo plano cuando Ethan la atrajo hacia sí, rodeándole la cintura con los brazos como si intentara protegerla del resto del mundo. En sus brazos, no era una pareja destinada rechazada. Era, simplemente, una mujer que se sentía deseada.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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