La Consorte Anárquica - Capítulo 136
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136: 3er Príncipe Dominante 136: 3er Príncipe Dominante Los dedos de Baili Jia Jue se detuvieron y sus fríos y delgados labios se crisparon ligeramente mientras observaba los delgados labios que formaban un chupetón en su brazo mientras Wei Wei succionaba el veneno por él.
De repente, la luz de sus ojos se concentró y la apartó a un lado de un empujón, sujetándole la muñeca con fuerza.
Su voz era apática—.
¿No sabes qué clase de veneno es este y aun así lo succionas como si nada?
—Veneno Disipador de Fuerza, ¡puf!
—escupió Wei Wei una bocanada de la sangre negra que acababa de succionar y luego le sostuvo la mirada con indiferencia y naturalidad—.
No es más que un poco de qi marcial.
Si se diera el caso, estaré bien en cuanto vuelva a cultivar.
Oiga, Alteza, como ciego que es, ¿no podría ser más obediente?
Aunque sus ojos ya no podían ver, seguía siendo igual de feroz.
Definitivamente, no era humano.
Wei Wei soltó un largo suspiro y se preparó para, en cuanto tuviera ocasión, seguir succionándole la sangre envenenada.
Pero Baili Jia Jue usó directamente su mano izquierda para presionarle la cabeza—.
Esta Alteza cree que ya no quieres tu vida.
—Sí, sí, sí, espere a tener fuerzas y luego castígueme con el exterminio de las nueve familias*, ¿de acuerdo?
(* Nota del traductor: el exterminio de las nueve familias era la forma más extrema de castigo, reservada para los crímenes más imperdonables contra la corona o el país.
Nueve grupos de la familia del infractor eran ejecutados junto con él: padres, abuelos, hijos, nietos, hermanos y sus cónyuges, tíos/tías y sus cónyuges, primos, el/los cónyuge/s del criminal y los padres de su/s cónyuge/s).
Mientras Wei Wei se inclinaba, habló con la voz ahogada—.
Lo mejor es que ejecuten a toda esa gente de la familia Helian.
—Así ella también se ahorraría el esfuerzo.
Los ojos de Baili Jia Jue parecieron brillar un poco mientras observaba aquella pequeña cabeza de chorlito ante sus ojos.
En el fondo de sus pupilas, pareció asomar un leve rastro de gentileza.
Esa mujer era normalmente despiadada y cruel, pero cuando se portaba bien, resultaba bastante agradable a la vista.
—Bien.
Con esto es más o menos suficiente.
—Wei Wei succionó varias bocanadas seguidas y escupió la sangre oscura en el suelo, luego se volvió para mirar la herida—.
Sin embargo, esto es solo una medida temporal.
Necesitamos encontrar un lugar lo más rápido posible para ayudarte a eliminar el resto del veneno por completo.
Cuando terminó de hablar, volvió a escupir dos bocanadas de veneno seguidas.
Sentía la superficie de los labios algo entumecida, y pudo sentir que parte de su qi se desvanecía en la nada.
Sin embargo, eso aún podía considerarse un muy buen resultado.
Tal y como había dicho, en cuanto volviera a cultivar, estaría bien.
Al contrario de lo esperado, Yuan Ming se rio con malicia—.
Niña, eres verdaderamente generosa con este Tercer Príncipe.
¿Será que te has enamorado de él?
Wei Wei soltó un «je, je» y replicó en su conciencia: —¿No has dicho siempre que tengo sentimientos por ti?
Y dime, ¿los he tenido hasta ahora?
—O tal vez es porque sientes que este senior no te presta atención y por eso has decidido presumir delante de mí de tu repuesto elegido, este Tercer Príncipe.
El grado de narcisismo de Yuan Ming era directamente proporcional a su edad.
Wei Wei enarcó una ceja—.
Ya puedes ir espabilando.
Hasta alguien con mala vista sabe que, en realidad, el repuesto eres tú.
Aunque el Tercer Príncipe fuera un demonio, era un demonio perfecto.
Nadie más podía realmente compararse.
La mirada de Wei Wei volvió a posarse en el perfil del rostro de Baili Jia Jue.
Se preguntó cuál sería en realidad el aspecto de aquel demonio.
Todo el mundo decía que el gran incendio le había desfigurado el rostro al Tercer Príncipe.
Por eso el Tercer Príncipe tenía que llevar siempre una máscara de plata.
Salvo unos pocos elegidos, nadie más había visto su verdadero rostro.
En el pasado, Wei Wei incluso había creído ese rumor.
Sin embargo, en ese momento, Wei Wei sentía que, basándose en el estilo de aquel demonio, era muy posible que su rostro no estuviera desfigurado en absoluto.
Era muy posible que todo aquello no fuera más que una cortina de humo que ese hombre había extendido deliberadamente.
Se suele decir que la curiosidad mató al gato.
Cuanto más miraba Wei Wei a aquel hombre, casi al alcance de la mano, más le picaba la curiosidad.
Debido a que sus posiciones eran especialmente cercanas, la punta de su nariz se llenó por completo del fragante aroma a sándalo que flotaba débilmente a su alrededor, como si él pudiera cobijar a una persona en un pequeño mundo propio.
Por muy turbulento, caótico o absolutamente peligroso que fuera el exterior, ni el más mínimo vestigio de ello aparecía en su cuerpo.
Al contrario, incluso le infundía a uno una especie de indiferencia, la de quien tiene el mundo en la palma de la mano.
Un brillo cruzó la mirada de Wei Wei.
Aunque sabía que las circunstancias no eran muy buenas, aun así quería aprovechar la oportunidad que le permitía acercarse al Tercer Príncipe ¡y ver qué aspecto tenía en realidad!
Pensando así, Wei Wei levantó la mano con cautela y, justo cuando estaba a punto de alzar rápidamente aquella máscara de plata, la mano del hombre le sujetó la muñeca con facilidad.
Con una voz muy profunda, dijo: —¿Otra vez sin portarte bien?
—Estamos atrapados aquí.
Solo quería encontrar algo que hacer —respondió Wei Wei, fingiendo arrepentimiento—.
Pienso en que todavía soy muy joven y, sin embargo, ya me han rodeado para matarme.
Estoy a las puertas de la muerte, así que, antes de cruzarlas, solo quería conocer el aspecto de la persona que está a mi lado.
Al oír su tono de voz, cargado de emoción, los delgados labios de Baili Jia Jue se curvaron lentamente hacia arriba.
No se sabe si fue intencionado o no, pero su aliento sopló, poco a poco, sobre la oreja izquierda de ella.
Su respuesta contenía otro significado más profundo: —¿Seguro que no solo piensas en ver mi aspecto, verdad?
—A una persona como yo no le importa mucho el buen o mal aspecto.
—Al fin y al cabo, era su curiosidad la que le estaba jugando una mala pasada.
Wei Wei se encogió de hombros y siguió insistiendo con entusiasmo.
Baili Jia Jue rio profundamente, de una forma hechiceramente fría e indiferente, pero que poseía unas sutilezas que Wei Wei no entendía.
Después de eso, dijo: —La persona que me quite la máscara tendrá que permanecer a mi lado toda la vida.
¿Estás segura de que quieres quitármela?
En cuanto oyó esas palabras, Wei Wei retiró la mano de inmediato.
Baili Jia Jue, naturalmente, pudo sentir sus movimientos.
Sus pupilas, originalmente vacías, se ensombrecieron de repente con ferocidad.
Las comisuras de sus labios también se tiñeron de un matiz helado.
Tratándolo como si le faltara tiempo para apartarse de él.
Y él que acababa de pensar que se estaba portando bien.
Parecía que todo no era más que un malentendido.
Una presa como una zorra sería siempre terriblemente astuta y taimada.
No debía bajar la guardia frente a ella.
Pensando en esto, Baili Jia Jue levantó su mano entumecida y la presionó contra su propia frente.
Al ver su acción, la mano que Wei Wei había retirado volvió a extenderse.
Sin embargo, no fue para levantar su máscara de plata.
En vez de eso, usó el dorso de su mano para presionarla sobre la frente de él.
Su mano estaba muy fría.
Colocada sobre su frente ardiente, hizo que Baili Jia Jue, que se sentía mal, relajara ligeramente el ceño.
Pero Wei Wei se detuvo al sentir el calor de aquella temperatura.
La fiebre no había remitido.
Es más, la temperatura había seguido subiendo.
¡Aunque el Tercer Príncipe no fuera humano, necesitaba recibir tratamiento lo antes posible!
—Yo…
—Wei Wei acababa de abrir la boca cuando oyó una ráfaga de pasos no muy lejos.
¡Aquella gente los había encontrado!
La respiración de Wei Wei se volvió ligeramente pesada.
Antes de que llegara la flecha, sus dedos ya se habían extendido rápidamente y un paraguas apareció de la nada.
Sus largas piernas barrieron el aire y tres o cuatro personas vestidas de negro cayeron simultáneamente al suelo.
—¡Vamos!
—Wei Wei quiso tirar de Baili Jia Jue para que la siguiera.
Pero vio que su esbelto y elegante cuerpo permanecía allí, tranquilo y sin prisas, mientras sus dedos se sacudían el polvo inexistente de la ropa.
Su voz era tan inexpresiva como antes—.
No es necesario.
—¿Eh?
—Las cejas de Wei Wei se crisparon.
Los ojos de Baili Jia Jue parecían normales mientras la agarraba y tiraba de ella hacia atrás, pero en el tono de su voz había una maldad inédita—.
Ahora somos más que ellos.
El sonido de las palabras del hombre apenas se había extinguido.
Fue entonces cuando Wei Wei vio que, no muy lejos, innumerables caballos de guerra surgían y se acercaban desde la distancia.
Todas aquellas personas vestían el uniforme negro de la caballería, con un protector facial negro en el rostro y un sable curvo en la mano.
Parecían un viento negro que lo envolvía todo.
Por donde pasaban, dejaban un campo de sangre a su paso.
Sin embargo, el hombre permanecía de pie en medio de aquel campo que apestaba a sangre, sin siquiera parpadear, sin que se le pegara una sola mota de polvo.
Su pulcritud y su glacial indiferencia eran siempre como las de un dios.
Sin embargo, ¡Wei Wei sabía que él nunca había sido un dios compasivo ni misericordioso, sino un demonio!
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