LA CREACIÓN DE UN NUEVO MUNDO - Capítulo 1
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1: UN NUEVO COMIENZO 1: UN NUEVO COMIENZO Capítulo 1: El Comienzo El sol está en lo alto, un día común y corriente.
En un restaurante concurrido de la ciudad, un joven de 17 años trabaja como mesero, vestido con una camisa blanca, un delantal negro y una sonrisa cordial.
Su nombre es Jhos.
—¡Buenos días!
¿Qué desea ordenar?
—pregunta amablemente a una pareja en la mesa cinco.
—Un plato de arroz con pollo y jugo de mango, por favor —responde la mujer.
—Yo quiero un bistec bien cocido, con papas al hilo y limonada —añade el hombre.
—Perfecto.
Enseguida lo traigo —dice Jhos anotando todo rápidamente.
Se mueve con agilidad entre las mesas, entregando órdenes, limpiando platos y tomando nuevas solicitudes.
—Aquí tiene su pedido, señorita.
Buen provecho.
—Gracias, joven —dice una anciana con voz suave.
El día transcurre entre bandejas, platos, y conversaciones típicas de un restaurante lleno.
Risas, pedidos, y el sonido de vasos y cubiertos llenan el ambiente.
Finalmente, llega la noche.
—¡Buen trabajo hoy, Jhos!
—le dice un compañero mientras se quita el delantal.
—Gracias, hasta mañana —responde Jhos con una leve sonrisa cansada.
7:00 p.m., hora de salida.
Jhos se despide de sus compañeros y sale del restaurante.
El cielo ya comienza a oscurecerse, y una brisa fresca acaricia su rostro mientras camina por las aceras de la ciudad.
Las luces de los postes se encienden una a una.
Mientras camina, observa autos pasando, personas cruzando la calle, y algunas tiendas cerrando.
Llega a su vecindario, un lugar modesto pero tranquilo.
Al llegar frente a su casa, saca su llave, la introduce en la cerradura y…
—¡Feliz cumpleaños, Jhos!
—gritan al unísono.
La sala está decorada con globos, serpentinas, y un enorme número “18” colgado en la pared.
Todos sonríen.
—¿Qué…?
—murmura sorprendido.
Su padre Israel se acerca con una gran sonrisa.
—Hijo, ¡bienvenido oficialmente a la adultez!
—¡Felicidades, hermano!
—grita Victor, dándole un fuerte abrazo.
—¡Por fin dieciocho!
—dice Sara emocionada, abrazándolo también.
—¡Te hemos preparado tu comida favorita!
—añade su madre Lia, con una calidez especial.
—¡Hermanooo!
¡Mira tu pastel!
—dice el pequeño Evan, señalando una torta con la forma de un dragón.
—¡Y yo ayudé a decorar!
—añade Belén, mostrándole un dibujo pegado en la pared.
Jhos se siente conmovido.
Abraza a sus padres con fuerza.
—Gracias…
de verdad…
los amo mucho —dice con sinceridad.
—Te mereces todo esto, Jhos —responde Lia acariciándole el cabello.
Después de compartir risas, comida, recuerdos y fotos, la noche avanza.
Jhos, sintiéndose amado, se dirige a su habitación.
Se recuesta en su cama, cierra los ojos, y descansa profundamente.
— A la mañana siguiente…
El suelo de un lugar desconocido se abre en dos durante dos segundos.
Un temblor leve sacude el aire.
Jhos se despierta con el sonido del reloj.
Lunes, 23 de octubre.
Se sienta en su cama y suspira.
—Último año de colegio… —piensa.
Se alista, se pone su uniforme escolar y mira por la ventana.
La calle aún está tranquila, pero su mente está cargada de pensamientos.
—¿Qué haré después de graduarme…?
¿Trabajar?
¿Estudiar algo?
No tengo ni idea… Sale de su habitación.
La casa está silenciosa.
Sus padres ya se fueron al trabajo, y sus hermanos al colegio.
Solo él queda.
Sale de la casa, cerrando la puerta detrás de él.
Camina por las calles rumbo al colegio, escuchando el canto lejano de unos pájaros.
En la distancia, una leve brisa levanta hojas secas del suelo.
En algún lugar del mundo, sin previo aviso, la tierra vuelve a abrirse por dos segundos, formando una grieta profunda, para luego cerrarse como si nada hubiera pasado.
Jhos llega al colegio, entra al aula, y se sienta en su escritorio.
Mira por la ventana, perdido en sus pensamientos.
—Me pregunto cómo será el futuro…
—¿Y si todo cambia?
—¿Y si nada cambia…?
—No quiero vivir como otros… solo trabajar, pagar cuentas y morir.
La mañana pasa.
Las clases siguen su curso, pero Jhos apenas presta atención.
La campana suena.
Tarde ya.
Sale del colegio y se dirige de regreso a casa.
En el camino, un grupo de personas se agrupan frente a una tienda de electrodomésticos.
Las pantallas muestran noticias de todo el mundo.
—¡Grietas misteriosas han aparecido en diferentes lugares del planeta!
—…y testigos afirman haber visto figuras saliendo de ellas… —…autoridades aún no saben qué lo está causando… Jhos apenas voltea a mirar.
—Seguramente es una exageración —piensa mientras sigue su camino.
Al llegar a casa, abre la puerta.
Su familia está reunida frente al televisor, viendo las mismas noticias.
La tensión en el aire es evidente.
—¿Qué pasa?
—pregunta, pero no recibe respuesta.
En ese momento, el suelo debajo de ellos empieza a temblar.
Una grieta se abre violentamente en medio de la sala.
De su interior emerge un ser oscuro, imponente, con enormes cuernos y ojos brillantes como brasas.
Mientras asciende lentamente desde el abismo, murmura con voz ronca y gutural: —El sello…
se rompió.
El demonio sale completamente del abismo y mira fijamente a todos.
Con un rugido, desenvaina una espada negra y la alza sobre Israel, el padre de Jhos.
—¡Papá!
—grita Jhos.
Pero Victor salta hacia su padre y lo empuja a un lado, evitando el golpe fatal.
La espada corta el aire, destrozando muebles y paredes.
La casa se sacude y se destroza por el impacto.
Jhos ve por la ventana: caos absoluto.
Edificios en llamas, personas corriendo, más grietas abriéndose, demonios atacando sin piedad.
—¡Tenemos que salir de aquí!
—grita Lia.
Intentan correr, pero el demonio bloquea la salida.
Lanza múltiples dagas de sombra, que apenas logran esquivar lanzándose al suelo o detrás de muebles rotos.
Jhos, desesperado, toma un fierro doblado del suelo y se lanza contra el demonio.
—¡Aaahhh!
—grita con valentía.
El demonio responde con un golpe directo al pecho, lanzando a Jhos más de seis metros por el aire.
Cae violentamente y rueda por el suelo.
La familia lo mira con miedo.
Retroceden lentamente mientras el demonio levanta su espada nuevamente.
Pero Jhos, herido, se reincorpora, con el fierro aún en sus manos.
En un acto de valentía, salta hacia el demonio y lo sujeta del cuello con el fierro, gritando: —¡Corran, ahora!
¡Corran!
Israel, Lia, Victor, Sara, Belén y Evan huyen por una grieta que se abrió cerca, sin mirar atrás.
Jhos los ve por última vez, alejándose en medio del humo y los escombros.
El demonio agarra a Jhos de la camisa y lo lanza al suelo con fuerza.
Él cae, tosiendo, pero se vuelve a levantar.
El fierro sigue en sus manos, temblorosas.
El demonio alza vuelo para acabarlo, pero las grietas del suelo comienzan a colapsar, creando un terremoto feroz.
El piso debajo de Jhos revienta en pedazos.
Jhos cae entre los escombros.
Fragmentos de concreto, polvo y madera lo cubren.
Sus ojos se vuelven pesados.
Oscuridad.
Y cerró los ojos por los escombros que le cayeron encima.
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