LA CREACIÓN DE UN NUEVO MUNDO - Capítulo 13
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13: EXPLORACIÓN 13: EXPLORACIÓN CAPÍTULO 13: EXPLORACIÓN El sol apenas comenzaba a asomarse sobre las montañas cuando Jhos, Riku, María, Yin, Bel y Shiro se reunieron en la entrada del pueblo.
—Bueno… hoy toca salir a explorar y buscar más gente que rescatar.
—dijo Jhos.
— ¿Seguro que ya estás recuperado?
No quiero tener que cargarte otra vez como saco de papas.
—respondió Yin con una sonrisa burlona.
—Estoy bien… y por cierto, no me cargaste, me arrastraste.
—replicó Jhos con una mueca.
—Es lo mismo.
—rió Yin.
—Bueno, dejen de discutir y avanzaremos.
—intervino Riku.
Bel flotaba por encima del grupo con una sonrisa.
—Les apuesto que yo será el primero en encontrar personas vivas.
—comentó.
—Sí claro, tú lo único que encuentras son problemas.
—dijo María.
El grupo se adentra en un camino cubierto de vegetación y escombros.
La naturaleza comenzaba a reclamar el territorio que la guerra y los ataques de demonios habían dejado en ruinas.
A cada paso, el silencio del lugar era interrumpido por el crujir de ramas y el canto lejano de aves.
Después de una hora de caminata, llegaron a lo que parecía una pequeña aldea destruida.
Casas derrumbadas, techos quemados y restos de muebles carbonizados.
—Aquí… no hay nadie.
—observó Riku mirando a su alrededor.
—Esperan… —Shiro entrecerró los ojos—.
Siento movimiento.
Todos se tensaron.
Jhos tomó la katana, Yin se adelantó y Bel se preparó para atacar.
De entre los restos, apareció una niña cubierta de polvo y con la ropa rota.
—¡Ayuda!
¡Ayuda por favor!
¡Mi hermano está atrapado!
—gritó con desesperación.
Jhos y Yin corrieron hacia donde señalaba la niña.
Entre dos paredes medio derrumbadas, un niño pequeño estaba atrapado bajo una viga.
—¡Está vivo!
—dijo Yin.
—Shiro, ayúdame a levantar esto.
—pidió Jhos.
Shiro ascendió y, con su fuerza, lograron mover la viga lo suficiente para que Yin sacara al niño.
María se acercó y revisó al pequeño.
—No tiene heridas graves, pero está deshidratado.
—comentó.
—Toma, bebe esto.
—Riku le entregó agua.
La niña abrazó a su hermano con lágrimas en los ojos.
—Gracias… pensé que no lo lograría.
—susurró.
—Ahora están a salvo, pero tenemos que seguir buscando.
—dijo Jhos.
El grupo decidió avanzar más adentro de la aldea.
Entre las ruinas, encontraron señales de lucha: marcas de garras en las paredes, charcos secos de sangre y huellas enormes.
—Esto es reciente… —dijo Shiro tocando una huella.
—Demonios… —murmuró Riku.
De repente, un rugido resonó desde una de las casas derrumbadas.
—¡Escóndanse!
—ordenó Jhos.
Un ogro apareció, cubierto de heridas pero aún con fuerzas para atacar.
—Yo me encargo.
—dijo Yin avanzando con determinación.
—Espera, no te lances solo.
—advirtió Jhos.
Pero Yin ya estaba encima del ogro, esquivando un golpe y dando un puñetazo en la mandíbula.
El ogro retrocedió, pero contraatacó con un barrido de pierna que lo hizo caer.
Bel aprovechó para volar y distraer al ogro lanzándole pequeñas esferas de energía.
—¡Aquí arriba, cara de piedra!
—provocó Bel.
—¡Jhos, ahora!
—gritó Riku.
Jhos corrió, usando el chi(ki) en sus piernas para impulsarse, y le clavó la katana en el hombro.
El ogro rugió de dolor, pero Shiro apareció por detrás y le dio un golpe de palma en la nuca, dejándolo inconsciente.
—Ves?
Trabajo en equipo.
—comentó Shiro.
—Sí, sí… pero casi te rompen la cara.
—río Yin.
Jhos guardó la katana y miró a los niños que habían rescatado.
—Llévenlos al pueblo, estarán seguros allí.
—dijo.
María y Riku asintieron, guiando a los pequeños mientras Bel seguía volando sobre el grupo.
— UNOS KILÓMETROS MÁS LEJOS Se escuchan voces y el sonido de caballos marchando.
—Hay una aldea pequeña a unos kilómetros.
—dijo un ser misterioso.
—Necesitamos más personas.
—respondió otro.
—Atacaremos esa aldea y luego regresaremos donde el líder.
—añadió el primero.
—Sí, señor.
—afirmó el segundo.
—
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