LA CREACIÓN DE UN NUEVO MUNDO - Capítulo 16
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16: VISITA IMPREVISTA 16: VISITA IMPREVISTA CAPÍTULO 16: VISITA IMPREVISTA EN ALGÚN LUGAR DEL MUNDO.
—¡DIEZ SEGUNDOS PARA SALTAR!
—¡JAJAJA!
¡ESTO SERÁ DIVERTIDO!
El rugido del viento golpeaba con fuerza el fuselaje del avión militar que atravesaba el cielo gris.
En su interior, una docena de soldados ajustaban sus paracaídas, con expresiones duras y miradas determinadas.
Sus ojos brillaban con emoción, tensión y sede de batalla.
Uno a uno, comenzó a saltar, atravesando la nube espesa de humo que cubría la zona de combate.
El aire era caliente, cargado con olor a azufre y sangre.
Desde lo alto, se divisaban destellos rojos y morados, explosiones, fuego cruzado… y sombras grotescas que avanzaban por tierra.
—¡APUNTEN A LOS MÁS GRANDES!
¡DEJEN A LOS PEQUEÑOS PARA LA INFANTERÍA!
—gritó un capitán mientras descendía.
En el suelo, la batalla era brutal.
Demonios con garras negras como la obsidiana se abalanzaban sobre los vehículos militares, destrozándolos con fuerza sobrehumana.
Algunas lanzaban esferas de energía oscura, que explotaban al impacto dejando cráteres y cuerpos esparcidos.
Los soldados no se quedaron atrás.
Con armamento avanzado, esquivaban ataques y respondían con fuego.
Uno de ellos, con una lanza de energía azul, perforaba a una bestia alada que intentaba llevárselo al aire.
Otros combatían en grupos, cubriéndose mutuamente mientras retrocedían hacia zonas más seguras.
—¡NECESITAMOS APOYO EN LA LÍNEA TRES!
¡NOS ESTÁN RODEANDO!
Una columna de fuego emergió por una explosión en medio del campo, lanzando por los aires a varias criaturas.
Desde un helicóptero descendía un soldado con una capa de camuflaje que se desvanecía a cada paso.
Al caer al suelo, hizo estallar a tres demonios con un solo golpe de su puño envuelto en Rayos.
El caos era absoluto.
Sin embargo, poco a poco, el ejército retomó el control.
— CENTRO DE SEGURIDAD —Informe sobre el ataque… —dijo una voz grave en la sala de mando.
—Señor, ya capturamos sectores que estaban siendo dominados por los demonios —informó un teniente, con el rostro manchado de polvo y sangre seca.
—Mmm… ¿y sobre los objetos que otorgan habilidades?
—Sobre eso, señor… sólo tenemos poca información —respondió con cautela, mirando una carpeta en sus manos.
—Dígalo.
—Cuando una persona obtiene uno de esos objetos, cambia algo relacionado al cuerpo o ser del portador.
Un claro ejemplo es el del sargento Reí.
Al obtener uno, perdió el sentido de la vista.
El comandante entrecerró los ojos.
— Entonces ¿el precio es una parte de su humanidad?
—Eso parece, señor.
Pero aún no sabemos si todos pagan el mismo precio o si varía.
—Averigüe más sobre esos objetos.
Quiero resultados antes de que aparezcan más anomalías.
—Sí, señor.
— PUEBLO El sol caía con suavidad sobre el pueblo que apenas unas semanas atrás había sido escenario de muerte y destrucción.
El 60% de la zona ya había sido reconstruida.
Casas nuevas se alineaban al borde de los caminos, hechas de madera clara y techos resistentes.
Soldados y civiles trabajaban hombro a hombro, levantando muros, cargando escombros y reemplazando postes de luz.
Los niños jugaban con piedras en la tierra, sin comprender del todo el horror que sus padres habían vivido.
Mujeres preparaban comida en fogatas improvisadas, alimentando a todos sin distinción.
Algunos soldados, agotados pero sonrientes, se sentaban a comer mientras observaban el avance de la reconstrucción.
Jhos y Shiro caminan en silencio por uno de los senderos.
Sus botas levantaban el polvo del suelo mientras avanzaban hacia un pequeño edificio temporal, donde se encontraba GRAL capturado.
Al entrar, el aire se volvió denso.
La figura de Gral estaba encadenada, con las manos esposadas.
—Te llamás Gral, ¿verdad?
—preguntó Jhos con voz firme.
—Sí —respondió sin rodeos.
—Te haré una pregunta, y quiero que me respondas con la mayor sinceridad posible.
GRAL lo miró desafiante, pero no habló.
Solo lo observaba.
—Si te libero… ¿qué es lo primero que harás?
Shiro frunció el ceño, sin entender las intenciones de su compañero.
Miró de reojo a Jhos, buscando alguna señal.
— ¿A qué viene esa pregunta?
—dijo Gral, cruzando los brazos.
—Solo contesta —insistió Jhos, clavando sus ojos en los del prisionero.
Gral quedó inmóvil por unos segundos.
Sus ojos parecían analizar a Jhos, tratando de entender su mente.
—Me iría de aquí.
Sin causar daños —dijo al fin.
—¿Y a dónde te irías?
—preguntó Shiro con desconfianza.
—Eso no les incumbe.
Me iría… y los dejaría en paz —respondió con frialdad.
El silencio se hizo presente en la sala.
Shiro apretó los puños, mientras Jhos bajaba ligeramente la cabeza, pensativo.
Jhos caminó hacia Gral con una determinación firme.
Sonrió y Salió del lugar sin mirar atrás.
Dejando a Gral encadenado.
— Lo vamos a liberar, pero con una condición.— jhos con firmeza mientras se dirigen a una sala.
— ¿Estás seguro de liberarlo?
—preguntó Shiro.
-Si.
No todos los enemigos quieren destruirnos… algunos solo buscan escapar.
Shiro se quedó en silencio.
— EN ÉSE MISMO MOMENTO SE ESCUCHARON PISADAS MUY FUERTES.
La tranquilidad del pueblo se vio interrumpida por el sonido de cascos galopando.
Desde el horizonte, una figura se acercaba por el camino principal.
Era imponente, cubierto con una capa azul oscuro que ondeaba al viento.
Su torso era humano, pero su parte inferior era la de un caballo, con músculos definidos y pasos elegantes.
Un centauro.
Los niños corrieron a esconderse.
Algunos soldados apuntaron sus armas, pero Riku levanto la mano.
—No disparen.
El centauro se detuvo frente a la plaza central.
Levantó la mirada y habló con voz profunda.
—Vengo a hablar.
No traigo guerra.
RIKU y Yin se adelantaron.
—¿Quién eres?
—preguntó Riku, sin bajar la guardia.
El viento soplo con fuerza.
Los aldeanos observaban desde las ventanas.
El centauro bajó la mirada, como si el peso de sus palabras aún no hubiera sido comprendido.
—Necesitamos hablar en privado —añadio —
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