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LA CREACIÓN DE UN NUEVO MUNDO - Capítulo 20

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20: LA NOCHE OSCURA 20: LA NOCHE OSCURA CAPÍTULO 20: LA NOCHE OSCURA  La habitación estaba en silencio, apenas rota por el leve sonido de la respiración de Riku.

Sus párpados se abrieron lentamente, dejando que sus ojos se acostumbraran a la oscuridad.

La luz de la luna que entraba por la ventana dibujaba sombras alargadas en las paredes.

En ese instante, un recuerdo reciente volvió a su mente: la figura del centauro, su voz grave y aquellas palabras que parecían pesar por lo que dijo.

Pero en su mente no había un eco claro… tan solo la imagen de sus labios moviéndose.

El sonido, como si hubiera sido borrado, no llegaba.

La escena en su memoria se desarrollaba frente a ella: Riku y lo demás, frente al centauro.

Él hablaba, pero todo era un silencio roto por el viento imaginario.

Sus ojos la miraban con algo entre advertencia y compasión, y aunque no podía escuchar nada, sentía que aquello que había dicho llevaba un peso que no estaba lista para enfrentar.

Su respiración se volvió más pesada.

El recuerdo de lo que dijo jhos al centauro.

Sin proponérselo, volvió a cerrar los párpados, y volvió a dormir .

Fuera de la habitación, la noche estaba en calma, pero en algún punto cercano, otra silueta se mantenía despierta.

— Shiro estaba afuera, sentado sobre una roca, con la mirada perdida en el cielo estrellado.

El aire nocturno era fresco, pero dentro de el se escondía una mente que no dejaba de pensar.

Su respiración era lenta y controlada.

No parecía cansado, aunque no había dormido en horas.

Sus manos descansaban sobre sus rodillas, pero su cuerpo entero emanaba la tensión de alguien que estaba siempre listo para moverse.

De pronto, cerró los ojos y se dejó llevar por un recuerdo.

No uno cualquiera, sino uno de esos que nunca se borran.

— Era de día.

El sol estaba alto, pero no traía calor reconfortante, sino un calor seco que quemaba la piel.

El lugar era un claro vacío, sin más que un suelo de tierra y piedras.

En el centro, un muchacho más joven, estaba de pie, con un palo de madera en las manos.

Shiro, en ese entonces, tenía una expresión mucho más neutral y amigable , pero sus ojos ya eran igual de fríos.

Frente a él, un hombre alto, de complexión robusta y con un tono de voz grave, lo observaba con atención.

—Otra vez —ordenó sin levantar la voz.

Shiro enfrente de un árbol.

Firmemente, con ambas manos, y luego ejecutó un golpe descendente.

El aire con un sonido seco.

—Demasiado lento —sentenció el hombre—.

Otra vez.

El joven repitió el movimiento, esta vez más rápido.

Su respiración era regular, sus músculos tensos, pero no se permitía mostrar agotamiento.

El entrenamiento se repetía, una y otra vez, hasta que los brazos le pesaban como hierro.

No había quejas, no había pausas.

Solo la orden: “Otra vez”.

Shiro no hablaba.

No hacía preguntas.

Cada instrucción se ejecutaba con precisión.

Su mente estaba enfocada en un solo objetivo: perfeccionar cada golpe, cada postura, cada movimiento.

Todo lo que conocía era fuerza física, velocidad, disciplina y resistencia.

Su mundo en los entrenamientos se reducía a eso: hacerlo bien, aunque le costara el aliento.

— En otro de esos días, la rutina fue diferente.

El hombre robusto arrojó al suelo una bolsa con piedras pequeñas.

—Ponlas en el agua del arroyo… una por una… con los ojos cerrados.

Shiro lo miró por un instante, sin comprender del todo el propósito, pero no discutió.

Tomó la primera piedra, cerró los ojos y comenzó a caminar hacia donde escuchaba el correr del agua.

No tardó en comprender que el objetivo era agudizar su oído y su sentido del equilibrio.

Cada paso debía ser firme, pero sin dudar.

Si tropezaba, si la piedra caía antes de tiempo, todo volvería a empezar.

La primera vez falló.

La piedra resbaló de sus dedos antes de llegar al agua.

Volvió, la recogió y lo intentó otra vez.

Falló varias veces más, pero jamás se permitió frustrarse.

Su rostro permanecía impasible, frío.

Dentro de su mente, cada error era solo una instrucción para corregirse.

— Shiro abrió los ojos, de vuelta en la noche presente.

El recuerdo se había desvanecido, pero la sensación de aquellos entrenamientos seguía en su cuerpo.

Se levantó lentamente, ajustó el largo abrigo que llevaba y caminó unos pasos.

Y volvió a su dormitorio para poder descansar.

AL DÍA SIGUIENTE.

– Holaaaaa…- dijo jhos en la habitación de SHIRO.

SHIRO abre los ojos lentamente y ve a jhos en frente de el a unos cuatro dedos de distancia.

– qué ases?.- pregunta SHIRO  – Je je je …

Es hora de ir a buscar al SAMURAI – contestó Jhos CONTINUARÁ……

—

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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