LA CREACIÓN DE UN NUEVO MUNDO - Capítulo 22
- Inicio
- Todas las novelas
- LA CREACIÓN DE UN NUEVO MUNDO
- Capítulo 22 - 22 EL COMIENZO
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
22: EL COMIENZO 22: EL COMIENZO CAPÍTULO 22: EL COMIENZO Hace unas cuantas horas… —¿A qué te refieres con ir por el samurái?
—preguntó Shiro, frunciendo el ceño.
—Y aléjate de mi cara… —añadió, apartándose un poco.
—Viste y oíste lo que dijo ese centauro barbón —respondió Jhos, moviendo las manos con imaginación—.
Un samurái que tiene el poder de manipular su propia sangre.
—¿Y para qué quieres buscarlo?
—replicó Shiro.
—Quiero que sea mi cuarto comandante —dijo Jhos con una amplia sonrisa.
Shiro lo miró sorprendido, intentando procesar las palabras que acababa de escuchar.
—¿Y qué te hace pensar que aceptaría?
—preguntó con gravedad.
—Eso lo averiguaremos cuando lo conozcamos.
—Haaaaggg… Pero eso es lo menos importante… ¿Qué vamos a hacer con los centauros?
—insistió Shiro.
—Si no capturamos a ese samurái y lo entregamos a los centauros, nos volverán a atacar —añadió con el rostro serio.
—Una vez que convenza al samurái, nosotros atacaremos.
No pienso olvidar lo que hicieron… y mucho menos dejar que después vengan a extorsionarnos —sentenció Jhos.
En ese instante, Riku entró a la habitación y se encontró con ambos en calzones.
—Aún no se han vestido?
—preguntó, con una expresión confusa.
—Oh… Riku, ¿por qué entras a la habitación de un hombre sin golpear?
—dijo Jhos con tono burlón.
—¿Qué quieres decir con esas palabras?
—respondió Riku, molesta.
—Bueno, no es necesario que te pongas así, sabes a qué me refiero —contestó Jhos con una sonrisa pícara, guiñándole un ojo.
Riku se acercó lentamente, hasta darle un fuerte coscorrón en la cabeza.
—¡Haaaaiiii!… ¿Por qué?
—se preguntó él.
—Deja de decir estupideces —replicó Riku, enojada y con un leve sonrojo.
Mientras tanto, Shiro observaba la escena mientras se ponía unos pantalones y una polera.
—Ya le dijiste lo del samurái?
—preguntó Riku.
-Si.
Me dijo que quiere que sea el cuarto comandante —respondió Shiro, aún algo confundido.
—Haaaggg… No pensé que dirías eso cuando me lo comentaste —dijo Riku, recordando el momento.
—Y ¿qué tiene de malo?
Será genial tener a alguien capaz de manejar su sangre a voluntad —comentó Jhos, entusiasmado.
En ese momento, Bel apareció por la ventana.
—También imagina cuando llegue a su máximo poder.
¿Qué crees que puedas hacer en ese punto?
—preguntó Bel con interés.
—¡Oh, hola Bel!
Sí, ya me imagino lo que podría hacer… y lo que lograremos juntos —respondió Jhos, cada vez más animado.
—No lo animes tanto, puede que sea un traidor o un mentiroso —dijo Riku con desconfianza.
—Nunca difames los principios de un samurái —replicó Jhos, con una expresión seria.
—Haaaaggg… Vale, vale… —cedió Riku.
—Ya le dije a Yin sobre esto y no piensa muy bien de la decisión —añadió Riku.
—Yo también le comenté a María y tampoco está muy contenta —intervino Bel.
-Vale.
Dile a todos que se reúnan en la sala donde está Gral, para organizarnos —ordenó Jhos.
—Vale, vale —respondió Riku, saliendo de la habitación.
—Te veo allá, Shiro —dijo Jhos, saliendo junto a Bel.
—Perfecto —contestó Shiro.
—Te vi mejorar mucho con el chi —comentó Bel mientras caminaban.
—Pienso ser el más fuerte —respondió Jhos con determinación.
Bel sonriendo con un aire diabólico.
En ese momento, Jhos y Bel avanzaron por el pueblo rumbo a la sala.
Las calles estaban tranquilas, aunque aún se respiraba la tensión del último ataque.
Algunos aldeanos se detenían a saludarlos con respeto, mientras otros los miraban con curiosidad.
Bel caminaba a su lado, con las manos en los bolsillos, disfrutando del silencio antes de la reunión.
— En la sala Bella, Bily, Shin y Himari se encontraban vigilando a Gral, que permanecía encadenado.
—¿Por qué nos atacaste, Gral?
—preguntó Bella.
—Eso no te incumbe, concubina —respondió él con desprecio.
—¡No soy una concubina!
—replicó ella.
—Vi cómo estabas cerca de ese hombre… —añadió Gral.
—Si te refieres a Jhos, es porque me encargaron proteger su salud junto a mi amiga Perla —explicó Bella, algo sonrojada.
—Eso es lo que cualquiera dice para cubrir sus imperfecciones… —dijo Gral con frialdad.
Bella se puso aún más roja.
—Bella, ¿qué es una concubina?
—preguntó Shin con inocencia.
—Sí, ¿qué es?
—añadió Bily.
Bella miró a los niños, nerviosa.
—Eh… Son amigas de un hombre —respondió, intentando simplificar.
—¡Ooooh!
Entonces Himari es nuestra concubina —dijeron Bily y Shin a coro.
—¡¿Qué?!
No, no, no me refiero a eso… —se apresuró a corregir Bella.
En ese momento entraron María, Yin y Riku.
—¡Holaaaa!
¿Cómo andan?
—saludó Yin.
—Hola, hola, hola —respondieron los niños y Bella.
—Lo hicieron muy bien vigilando a Gral —felicitó Riku.
—¿Ya comiste, Gral?
—preguntó María.
El gral la miró sin responder.
Segundos después, entraron Jhos y Bel.
—Oh, veo que están todos —comentó Jhos.
—No, falta Shiro —dijo Yin.
—Está detrás de ti, Yin —informó María.
Yin se giró, sorprendido de no sentir su presencia.
—Bueno, como ya estamos aquí todos, hay que decidir quién me acompañará —dijo Jhos.
Bella y los niños salieron de la sala, dejando a los demás en silencio.
—Shiro ya accedió a acompañarme, necesito a uno más —explicó Jhos.
—Yo me quedo a vigilar el pueblo, por si hay otro ataque —respondió Yin.
—Yo quisiera ir, pero tengo cosas que hacer… y también debo vigilar el pueblo —dijo María, pensando para sí: “Aún no me puse al día con mi animé…”.
Jhos miró a Riku con una expresión de esperanza.
—Parece que solo quedo yo… Haggg… Está bien, te ayudo —aceptó Riku.
—Bien, me alegro.
Pero tengo que hacerte una pregunta más, Gral: ¿quieres ser liberado?
—preguntó Jhos.
Todos lo miraron sorprendidos.
— ¿Qué pides un cambio?
—respondió Gral.
—Que nos ayudes a buscar al samurái y nos apoyes si hay alguna dificultad.
Gral lo miró con seriedad.
—Si me liberas, acépto.
—Entonces es un trato —afirmó Jhos.
El grupo entero quedó impactado por el acuerdo.
— En algún lugar del mundo… —¡Jajajaja!
Nos costaste trabajo, pero al fin te capturamos —dijo un militar, observando a un orco enjaulado.
—¡Capitán!
Se acercan unos orcos —avisó un cabo.
—¿Qué?
¡Prepárate todo!
¿Cuantos són?
—preguntó el capitán.
—Aproximadamente cinco, señor.
—Vale, no será mucho problema… —Pero señor… hay un problema —añadió el cabo.
¿Y cuál es ese problema?
—preguntó el capitán, frunciendo el ceño.
—Entre los cinco orcos, hay uno que mide casi el doble que los demás… y parece que él es quien los dirige.
El orco enjaulado sonrió.
—Entonces esto será divertido… —dijo el capitán, notando la mirada del prisionero.
—
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com