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LA CREACIÓN DE UN NUEVO MUNDO - Capítulo 25

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  4. Capítulo 25 - 25 La guerra de los 12 reinos
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25: La guerra de los 12 reinos 25: La guerra de los 12 reinos Capítulo 25: La guerra de los 12 reinos El campo se extendía hasta donde alcanzaba la vista, cubierto por humo, ceniza y el olor a pólvora y sangre.

Desde lo alto, el sol apenas podía atravesar la densa nube gris que se había formado sobre los combatientes.

La guerra de los 12 reinos había estallado sin aviso, y ningún ejército buscaba tregua ni conversación: solo destrucción, solo caos.

Ángeles descendían desde el cielo, sus espadas de luz cortando la tierra y el aire, mientras los Demonios avanzaban desde la tierra, rugiendo y vomitando fuego negro que consumía todo a su paso.

Orcos y Ogros se enfrentaban en choques brutales de fuerza, golpeando escudos y lanzas con el estruendo de mil truenos.

Centauros cargaban con sus arcos tensados, atravesando filas enteras de soldados con precisión mortal.

Gigantes aplastaban a cualquiera que se interpusiera en su camino, y Bestias de todas las formas y tamaños se lanzaban sobre los combatientes como avalanchas de furia.

Elfos y Enanos intercambiaban flechas, hechizos y ataques de hacha con un ritmo casi coreográfico, mientras los Humanos se multiplicaban sobre el terreno, tratando de sobrevivir en medio del caos.

Gral corría entre los soldados, apenas consciente de sí mismo.

Su lanza se hundía en los cuerpos de aquellos que se cruzaban en su camino, pero él no era más que uno de los cientos de combatientes en el campo.

Sus gritos se mezclaban con los rugidos de los gigantes y los aullidos de las bestias, formando un coro de violencia y muerte.

El choque entre los Ogros y los Orcos sacudió el terreno como un terremoto.

Gral se vio empujado contra un muro de tierra levantado por un gigante, y tuvo que rodar para esquivar un martillazo que habría partido su columna.

Los Orcos se lanzaban sobre los Ogros con una ferocidad que igualaba la de los más grandes de los titanes, y cada ataque hacía que el suelo temblara y los árboles cercanos se partieran como si fueran ramas secas.

Más allá, los Centauros se movían como una fuerza imparable, lanzando flechas y embistiendo con cascos de hierro.

Elfos lanzaban hechizos que iluminaban el cielo en destellos verdes y morados, mientras los Enanos respondían con bombas y proyectiles que explotaban en ondas de choque.

Humanos y Bestias se cruzaban en medio del fuego, formando un caos absoluto donde nadie sabía quién caería primero.

Gral sintió el golpe de un enemigo en su hombro y rodó hacia un lado, evitando que su brazo fuera arrancado.

Su mirada buscó un respiro, pero no había ninguno.

A su alrededor, la sangre corría como ríos, y los gritos de los heridos eran solo un telón de fondo para la brutalidad que continuaba sin tregua.

Un Ángel descendió desde lo alto, lanzando un rayo de luz que partió en dos a un gigante que avanzaba hacia ellos.

Cuerpos volaron por los aires, y el choque hizo que Gral cayera al suelo.

Se levantó, sacudiendo la tierra y observando cómo los soldados caían uno tras otro.

No había estrategia, no había planes: solo supervivencia y violencia pura.

En otro lado, un Demonio rugió mientras levantaba a un humano por los pies y lo lanzaba contra un muro de piedra.

Bestias se enfrentaban entre sí, devorándose y destrozando todo a su paso.

La guerra era total: no había bandos aliados, no había tregua, no había compasión.

Cada reino se enfrentaba a todos los demás con una furia que hacía temblar los cielos.

Centauros cargaban desde la derecha, derribando filas de soldados humanos, mientras Dragones emergían desde las alturas, escupiendo fuego y sacudiendo el campo con sus alas.

Los Ogros y Orcos se estrellaban uno contra otro con golpes que hacían crujir los huesos y resquebrajar armaduras.

Gral, atrapado entre el choque de dos enormes criaturas, apenas pudo esquivar un golpe que hubiera partido su cabeza en dos.

Los Ángeles y Demonios chocaban en el cielo, sus espadas y magia cruzándose en destellos que cegaban temporalmente a quienes miraban desde abajo.

Un gigante cayó sobre un grupo de Elfos, aplastando a varios en un instante, y un Enano respondió lanzando una bomba que hizo volar la cabeza de otra bestia que avanzaba sin control.

Gral avanzaba, golpeando, esquivando, buscando un lugar seguro que no existía.

Cada segundo era un torbellino de acero, fuego y sangre.

A su lado, un Orcos y un Ogro se enfrentaban con ferocidad, y Gral tuvo que saltar sobre el cuerpo de uno para evitar ser aplastado.

No había tiempo para pensar, solo para actuar, sobrevivir y golpear.

Mientras la batalla continuaba, una luz intensa comenzó a aparecer en el cielo, primero como un pequeño resplandor, luego creciendo hasta inundar todo el campo con un brillo cegador.

Los soldados se detuvieron momentáneamente, cegados y confundidos por aquel fenómeno.

La luz no venía del sol ni de ninguna magia conocida: era pura, concentrada y penetrante.

En el centro de aquella luz apareció un ser que nadie podía identificar.

Su silueta era apenas perceptible, envuelta en un resplandor que no se podía mirar directamente.

Al lado del ser flotaban dos libros: uno negro, con símbolos que irradiaban oscuridad, y otro dorado, que parecía contener la esencia misma de la luz.

Ambos flotaban, girando lentamente mientras emitían un murmullo que se sentía más que se escuchaba.

La intensidad de la luz hizo que Gral cayera de rodillas, agotado y cegado por aquel poder.

Su respiración se agitó, y un calor desconocido recorrió todo su cuerpo.

Fue como si cada golpe recibido en la batalla, cada herida, cada golpe de fortuna o desgracia, se concentrara en ese instante.

Sin poder resistirlo, sus ojos se abrieron lentamente mientras el mundo alrededor se desdibujaba y la guerra parecía desaparecer por un instante.

Los ejércitos continuaban luchando, pero la atención de todos se centraba ahora en la luz.

Ángeles y Demonios retrocedieron ligeramente, Centauros se detuvieron en sus embestidas, y hasta los gigantes se tambalearon ante aquella presencia.

No había tregua, no había orden, solo un silencio abrumador que precedía algo imposible de comprender.

Gral, todavía en el suelo, sintió cómo aquel resplandor tocaba su mente y su cuerpo.

Los libros flotantes a su lado pulsaban, uno con un peso oscuro y el otro con un brillo cálido y absoluto.

En medio de la batalla un ogro pequeño se encontraba luchando, viendo a su padre luchar y recibiendo golpes mortales en el suelo.

En ése instante Gral despertó:.

Su respiración era agitada, su cuerpo temblaba por el recuerdo del campo de batalla, y las imágenes de los 12 reinos luchando entre sí seguían grabadas en su mente.

Gral se incorporó lentamente, sintiendo cada músculo dolorido, cada golpe imaginario y cada rugido que todavía resonaba en sus oídos.

Su mirada recorrió el vacío del lugar, pero en su memoria estaba la guerra completa: Ángeles, Demonios, Ogros, Orcos, Centauros, Gigantes, Bestias, Elfos, Enanos y Humanos.

De pronto Gral oyó Un ruido insesante afuera, vió que jhos, riku y Bel seguían durmiendo.

Pero SHIRO no se encontraba en ése lugar…..

CONTINUARÁ……..

—

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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