Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

LA CREACIÓN DE UN NUEVO MUNDO - Capítulo 3

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. LA CREACIÓN DE UN NUEVO MUNDO
  4. Capítulo 3 - 3 CONVIVIENDO
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

3: CONVIVIENDO 3: CONVIVIENDO Capítulo 3: CONVIVIENDO Después de unos 30 minutos, Jhos estaba sediento, con arrugas profundas en el rostro, como si tuviera años encima.

— ¿Cuánto más falta?

Hagg…

haggg…

no creo que encuentre nada…

De repente, su mirada se enfocó en algo a lo lejos.

—¿Qué?

¿Qué es eso?

Una sonrisa comenzó a formarse en sus labios.

—¡Heee!

¿Eso es un pueblo?

—¡¡¡Por fin!!!

Lleno de entusiasmo, Jhos empezó a correr rápidamente hacia el pueblo que había visto.

Sus pasos resonaban contra el suelo seco y polvoriento.

El viento levantaba pequeñas nubes de tierra a su alrededor, pero nada importaba, porque estaba a punto de llegar a su salvación.

—Por fin…

no podía soportar una hora más…

Río entre jadeos mientras aceleraba.

—Je je je, je je…

Mientras tanto, cerca del centro del pueblo, dos hombres conversaban.

Uno sostenía una pequeña bolsa de monedas, el otro mostraba productos en su puesto.

—¿Cuánto por el agua?

—preguntaba uno.

—20 chelines la botella —respondió el vendedor.

Jhos llegó directo a aquel pequeño puesto donde veía botellas de agua fresca.

—Por fin.

Tomó una botella y comenzó a beber con desesperación, el líquido fresco recorriendo su garganta seca.

—Oye, no tomes esa agua antes de darme el dinero —le advirtió el vendedor con voz firme.

Jhos alzó la mirada, sus ojos brillaban intensamente, y apretaba los dientes con fuerza, como si fuera un animal hambriento.

El tierno lo miró sorprendido y algo asustado.

—¡Uuoooh!

Por fin agua rica e hidratante.

—Je je, je je…

—¡Oiga!

No se haga el loco, tiene que pagar por esa botella.

—Claro, claro, no se preocupe —respondió Jhos con una sonrisa nerviosa.

Revisó sus bolsillos, tanto de sus pantalones como de la camisa, pero no encontró nada.

-¡Oh, no!

No tengo dinero…

Su mente se aceleró.

PENSAMIENTO  —”Y si me escapo…

¿y si me escapo?” Miró sus piernas, temblaban por la larga caminata.

—¿Qué hago ahora?

El tendero, con una ceja levantada, lo observaba seriamente.

PENSAMIENTO: —”Parece que este mamarracho no tiene con qué pagar ” Jhos, sudando y avergonzado, intentó hablar.

—Eee…

es que…

—Tranquilo, Pepe, yo sé lo pago.

Son 20 chelines, ¿verdad?

—dijo una voz femenina.

—Sí, 20 chelines —respondió Pepe.

Jhos volteó confundido hacia la chica que cubría su rostro con una pañoleta y que se ofreció a pagar por el agua.

—¿Qué?

Oye, no tienes que hacer eso…

La chica giró la mirada hacia Jhos.

—¿Piensas pagar?

Lo miraba con atención.

Jhos pensó: —Pensándolo bien, no tengo nada…

—No, pero pronto lo tendré —respondió con una sonrisa descarada y desvergonzada.

La chica rodó los ojos con desprecio.

—Tenga, no se enoje más.

Pepe le entregó el cambio con una sonrisa igual de siniestra.

—Sínico —pensó Pepe.

Después de pagar, ambos se retiraron juntos.

En ese momento, la chica agarró a Jhos del brazo y lo jaló hacia un lugar.

—Oye, oye, ¿a dónde me llevas?

—No creas que te regalaré el dinero así, por así, ¿verdad?

—De alguna manera me lo tienes que pagar —dijo la chica misteriosa.

Jhos la miró confundido.

—Pe…

pe…, pero al menos dime tu nombre.

—Me llamo Riku.

Ahora cállate y sigue caminando.

Jhos pensó: —Pagarle?

No me digas que…

IMAGINACIÓN: “Se imaginó en una esquina, con poca ropa y fumando un cigarro.” En ese instante, se puso rojo como un tomate.

Después de unos minutos de caminata, Riku y Jhos entraron a un restaurante.

Riku miró a Jhos, rojo y con una expresión atrevida, y soltó rápidamente su brazo con una mezcla de impresión y repulsión.

—¿Y tú por qué estás rojo?

No me digas que te excitaste por haberte agarrado el brazo.

Jhos agitó la cabeza rápidamente y se dio unas palmadas en las mejillas.

—Perdón, estaba pensando en unas cosas.

Riku frunció el ceño, repulsiva.

—Bueno, no importa.

Me debes dinero y tienes que pagarlo.

—Te traje aquí para que sirvas de mesero por unos cuantos días.

Necesitamos personal en estos momentos.

Jhos pensó: —Esto me recuerda a algo…

—¿Por unos cuantos días?

Si solo te debo 20 yenes.

Riku lo miró seriamente, bajó la pañoleta que cubría su rostro y le apuntó con el dedo.

—Son 20 chelines, ¿y sabes cuánto cuesta ganar un chelín con lo que está pasando allá afuera?

Jhos la observó, fijándose en sus ojos, boca, nariz y mejillas.

Pensó: —Qué hermosa es.

—¿Tienes novio?

—preguntó sin poder evitarlo.

Riku, enojada, le dio un fuerte coscorrón en la cabeza.

—¡Qué cosas dice!

—Aaiii…

—¿Trabajarás de mesero o te cuerto una muñeca para que me pagues?

—Ya…

ya…

está bien, trabajaré, pero no más de una semana.

¿Vale?

—Una semana me sirve.

—Ahora sígueme.

Riku le enseñó los lugares donde debía estar.

Después de mostrarle todo, presentó a sus compañeros.

—Sota Kuyaqui, María Saka, Yin Sen, ¡vengan!

Les tengo que presentar a alguien.

Sota, el cocinero; María, la mesera; y Yin, el encargado de seguridad, se acercaron.

– Hola, mucho gusto,me llamo María Saka.

– mucho gusto yo soy Yin Sen.

– cómo andás Sota Kuyaqui .

– mucho gusto, yo soy Jhos, encantado de conocerlos.

Todos miraron a jhos con una sonrisa.

—Bueno ya tendrán tiempo para conocerse, ya conoces al personal.(riku) —Mi nombre completo es Riku Shita, soy una de las dos cocineras.

—Con tu ayuda estamos completos.

—Mañana abrimos el restaurante.

Quiero que se preparen; no importa si tienen experiencia, mientras sirvan bien.

—Sí —dijo María.

—Está bien —respondió Sota.

—Vale, pero no seas tan mandona —bromeó Yin.

Después de la presentación, todos se fueron a sus casas, excepto Yin, que se quedó afuera fumando un cigarro.

—Hola, te llamas Yin, ¿verdad?

—Oh, Jhos, ¿qué haces?

Pensé que te habías ido a tu casa.

—La verdad es que no tengo casa.

Vine hoy a este pueblo.

—Viéndolo bien, este pueblo no sufrió muchos daños por los ataques de esos seres.

Jhos observó que las casas no estaban completamente destruidas.

—No creas eso, Jhos.

Desde ese día, todo el mundo cayó ante esos seres.

—Por las dudas, ¿sabes qué son esas cosas?

—preguntó Yin.

—Hagg, no estoy muy seguro, pero creo que son demonios.

—¿En serio?

¿Y cómo sabes eso?

—Porque estuve frente a frente con uno de ellos.

—¿En serio?

Qué raro que no estés muerto.

—Antes de que me rebanara, hubo un derrumbe que me enterró vivo.

Yin lo miró con sospecha.

—Yin, no quiero ser atrevido, pero ¿puedo quedarme esta noche contigo?

Hasta que encuentre un lugar.

Yin sonrió sorprendido.

—¿Y por qué no te quedas con Riku?

Cuando los vi entrar al restaurante parecían muy cercanos.

Jhos lo miró confundido.

— ¿Cómo?

¿Crees que me quedaría con Riku?

Río nervioso.

Yin lo miró fijamente.

—Ja ja ja ja, era una broma.

—Claro, te puedes quedar conmigo, pero con una condición.

Jhos lo miró serio y dudoso.

Pensó: —Condición, parece que aquí nadie hace nada por voluntad propia.

—¿Por qué esa cara?

No quieres quedarte donde dormir, ¿quieres que retirar mi oferta?

—No…

no…

está bien, pero ¿cuál es esa condición?

—La condición es si no sabes algo sobre esa grieta en el cielo.

Ambos miraron la grieta en el cielo con seriedad.

—No, no tengo información sobre esa apertura.

—Se abrió el segundo día después de los ataques de esos demonios.

Una vez que se abrió empezó a soltar objetos.

—¿Objetos?

—Cayeron muchas cosas: espadas, anillos, coronas, escudos, etc.

Jhos se volteo la mirada a yin con sorpresa.

—Espadas, anillos?

¿Por qué caerían esas cosas?

—No sé, pero cuando caían brillaban; unos con luz intensa y otros con un color oscuro.

—Bueno, eso lo descubriremos más tarde.

—Ahora es hora de descansar.

Yin miró fijamente a Jhos.

—Oye, Jhos, ¿sabes dormir de cucharita?

Jhos lo miró sorprendido y algo asustado.

Pensó: —¿En qué pueblo estoy?

—Ja ja ja ja, era una broma.

Te decía eso porque en mi casa solo hay una cama.

Jhos suspiró aliviado.

—No me asustes así, pensé cosas malas.

—Ja ja ja, pero tú duermes en el piso.

—¿Qué?

¿Qué te parece si hacemos un chin cham pu?

-No.

—No seas así.

-No.

La noche cayó.

Jhos durmió en el piso, al lado de la cama de Yin.

— En otro lugar del mundo En medio de la noche, un grupo de veinte seres grandes, con orejas puntiagudas, corpulentos, caminaban juntos, murmurando con voz ronca: —¡Se rompió el sello!

—

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo