LA CREACIÓN DE UN NUEVO MUNDO - Capítulo 36
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Capítulo 36: UN DESVÍO INSIGNIFICATIVO
CAPÍTULO 33: UN DESVÍO INSIGNIFICATIVO
Entre los escombros de una ciudad destruida se podía ver a Jhos junto a Bel, ambos recostados en el suelo.
Jhos estaba desmayado, cubierto de heridas y vendajes.
Bel, en cambio, miraba el cielo mientras cantaba.
—¡Huuoooo!… ¡Bello cielo!
—Tan hermoso… tan hermoso… ¡como yooooo! —cantaba Bel, desafinado y a todo pulmón.
—Humm… ¿qué… quién… qué perro está aullando…? —murmuró Jhos, despertando lentamente.
Jhos giró la cabeza y vio a Bel cantando.
—Uyy… pensé que era un perro en agonía —dijo, incorporándose con dificultad.
—Oh… ¿ya despertaste? —preguntó Bel.
—¿Qué pasó? —dijo Jhos.
—Te desmayaste.
—Eso ya lo sé. Me refiero a qué pasó anoche.
—Ohhh… ya… pues digamos que, en el momento en que el centauro y tú estaban peleando —que por cierto, estabas perdiendo—, un rayo muy poderoso cayó en ese lugar. Nos mandó a volar a todos.
—Humm…
—Y eso que estaba soñando muy bonito —añadió Bel, reprochando.
—¿Y los demás? —preguntó Jhos.
—No sé. Ese rayo nos mandó a todos a lugares distintos.
—Pero tienes suerte por haber caído conmigo —dijo Bel, riendo—. ¡Jajaja!
—Haggg… qué dolor… —gruñó Jhos, levantándose lentamente.
—Tenemos que dirigirnos al pueblo.
—¿Y sabes dónde queda? —preguntó Bel.
—La verdad… no sé en qué dirección es.
—Entonces, ¿cómo volveremos?
Jhos y Bel miraron a todas las direcciones, buscando algún indicio.
—Estamos en un lugar desconocido… y no sabemos dónde está el pueblo… maldita sea —dijo Jhos.
—Tranquilo, tranquilo. Yo ya preví esta situación, y por eso preparé esto —dijo Bel.
Bel hizo aparecer una ruleta con direcciones marcadas.
—¿Qué…? ¿Una ruleta? ¿Vamos a hacerlo a la suerte? —preguntó Jhos, confundido.
—No, no. Esta ruleta tiene un sistema mágico que nos dará la respuesta que necesitamos —respondió Bel con confianza.
Jhos suspiró.
—Bueno… hazlo. Al final, igual nos perderemos si elegimos cualquier dirección.
—Eeeeh… está bien —dijo Bel, girando la ruleta con entusiasmo.
La ruleta giró y giró. Ambos observaron atentos hasta que se detuvo.
—Oeste —leyó Bel.
—Bueno, la ruleta ya lo dijo. Vamos hacia esa dirección —dijo Jhos.
—Jejeje —rió Bel.
Jhos, caminando con dificultad por las heridas, y Bel, entusiasmado y confiando en la ruleta, comenzaron a dirigirse hacia el oeste, sin saber que, a más de doscientos kilómetros detrás de ellos, se encontraba el bosque donde se había realizado la pelea.
DOS HORAS DESPUÉS
—Oye, Bel… ¿seguro que es en esta dirección? —preguntó Jhos, exhausto.
—Tú confía en la ruleta —respondió Bel, igual de cansado.
Ambos caminaban con el rostro largo, como el de un anciano, sin provisiones y sin rumbo claro.
Después de unos minutos, una luz brillante apareció frente a ellos.
—Jhos… ¿ves lo que yo veo? —preguntó Bel.
—Sí… parece un estanque de agua.
Con la poca energía que les quedaba, corrieron hacia la luz bajo el calor sofocante.
Al llegar, se quedaron observando en silencio.
—Hoo… con que solo era eso —dijo Bel con expresión seria.
—Sí… solo era eso —respondió Jhos, con una lágrima en el ojo.
Lo que habían encontrado no era más que un vidrio que reflejaba la luz del sol.
De pronto, ambos comenzaron a golpear y patear todo lo que encontraban alrededor, descargando su frustración.
Tras gastar sus últimas fuerzas, cayeron nuevamente al suelo, mirando al cielo.
—Oye, Jhos —dijo Bel.
—Dime.
—Esa ruleta… no era mágica.
—Ya lo sabía —respondió Jhos con una sonrisa de frustración.
—¿Cómo lo sabías?
—Porque este lugar… nunca lo había visto en mi vida.
—Ohhh… ya veo —dijo Bel.
En ese momento, una figura apareció en el cielo, con la silueta de un ave, volando justo encima de ellos.
CONTINUARÁ…
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