LA CREACIÓN DE UN NUEVO MUNDO - Capítulo 9
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9: APUESTA 9: APUESTA CAPÍTULO 9: APUESTA Llega la mañana y todos se preparan para partir.
—Bily, Shin, Himari, ¿ya están listos?…
En unos momentos nos vamos —dijo Jhos.
—Ya vamos a estar, estamos entrenando el chi (ki) —respondió Bily.
Jhos los observa entrenar con una sonrisa.
— ¿Dónde aprendió eso?
—pregunta Jhos, curiosa.
—Los vimos cuando ustedes entrenaban —dijo Himari.
—Queremos ser más fuertes que cualquiera —añadió Shin, decidido.
En ese momento, Riku entra en la casa y los observa fijamente con una sonrisa.
— Deberías aprender de ellos, sus movimientos son más ligeros que los tuyos —le dice Riku a Jhos en tono burlón.
—¡Chicos, ya están listos!?
¡Hay que irnos!
—gritó María desde afuera de la casa.
—¡Ya vamos!
—respondió Jhos.
Después de recoger todo, Riku, Jhos, Bily, Shin y Himari salen de la casa.
—Entonces, ¿ahora a dónde nos dirigimos?
—pregunta Yin.
Riku saca un mapa que había conseguido durante el viaje.
Estaba doblado en su bolsillo.
Lo desdobla y lo coloca en el suelo.
—Estamos aquí.
Supuestamente, en este lugar tendría que haber un pueblo.
Si no lo destruyeron por completo los demonios o los ogros, seguramente habrá personas —explica Riku, señalando el mapa.
—¿Y a cuánto queda ese pueblo?
—pregunta María.
—Calculando desde donde estamos, serán unas dos horas de caminata —dijo Riku.
—Haaaggg…
Cómo quisiera una camioneta —murmuró Yin, frustrado.
—Buenos muchachos, nos queda mucho por caminar.
Así que, ¡vamos!
—dijo Jhos.
—María, ¿me cargas?
—preguntó Bel.
María lo mira sorprendida.
—¿Por qué?
¿No me digas que ya te cansaste?
—Sí…
estoy cansado de caminar.
Mi piel parece un carbón por culpa de esa bruja —respondió Bel, señalando a Riku.
— ¿A quién llamás bruja, maldita copia de gato?
¡Ya eras negro desde que te conocimos!
—reclamó Riku, furiosa.
—Además de bruja, racista —añadió Bel con una mirada de desprecio.
—¡Maldita imitación de gato, te voy a matar!
—gritó Riku, lanzándose hacia él.
Riku se lanza sobre Bel, pero es detenido por Yin y Jhos, mientras los tres niños se ríen.
—Y ustedes de qué se ríen?
—gruñe Riku.
—Bueno, bueno…
ya basta.
Tenemos que irnos —dijo Yin.
Todos se calman y comienzan a caminar hacia la ubicación que marcó a Riku.
Antes de partir, Yin nota una pluma del tamaño de una palma, rojiza y que soltaba cenizas, a unos 20 pies de la casa.
Sin que nadie lo note, la cubre con una pañoleta y la guarda en su bolsillo.
Pasados unos minutos de caminata, Jhos y Yin charlan, Riku conversa con los niños, y Bel duerme sobre la cabeza de María.
En ese momento, Bel abre los ojos y ve a María leyendo un libro.
— ¿Qué lees, María?
—pregunta Bel.
—Un manga de romance —respondió ella, sonriendo.
Bel observa con más detalle el libro y ve a dos hombres semi desnudos besándose.
“¿Qué…
qué…?
¡Qué lee esta pervertida!?…
Mejor no pregunto…” —pensó Bel, con una mirada de asco.
— ¿Quieres que te cuente de qué se trata?
—pregunta María, entusiasmada.
—No…
no…
no.
A mí no me gustan mucho las historias ficticias —dijo Bel, desviando la mirada.
—Una pregunta, Bel —dijo Yin, serio.
—¿Qué quieres?
—respondió él.
—¿Por qué, cuando Jhos mató al demonio, su cuerpo empezó a sacar humo negro y desapareció?
Todos prestan atención a las palabras que dirá Bel.
—Una vez que matás a un demonio, su cuerpo se desintegra y vuelve al mundo al que pertenece —explicó Bel.
— ¿Entonces no muere?
—preguntó Jhos.
—No exactamente.
Sí muere, pero su espíritu regresa a nuestro mundo con un nuevo cuerpo y sin recuerdos de su vida anterior.
Es básicamente como un renacimiento o reencarnación.
Todos se quedan sorprendidos.
—Oh…
entonces si te mato, ¿reencarnarás en un nuevo cuerpo?
—pregunta Yin.
—Sí, pero sin tener ningún recuerdo de mi vida anterior —responde Bel.
Después de una hora y media de caminata, aparece a lo lejos el pueblo que había mencionado Riku.
—¡Lo veo, está allá!
—dice Yin, señalando con el dedo.
—Parece que no fue destruido por completo —comentó Jhos.
— ¿Esas son personas?
—pregunta María con la mirada fija en el pueblo.
—¡Sí, son personas!
—gritó Bily con entusiasmo.
Todos, motivados, comienzan a correr hacia el pueblo.
Al llegar, ven a pocas personas extremadamente delgadas, apenas capaces de caminar, ya otras tiradas en el suelo, agonizando.
— ¿Qué pasó aquí…?
—murmura María, horrorizada.
—¡Denles alimentos…
rápido!
—ordenó Riku.
Todos sacan sus provisiones y las reparten entre los aldeanos moribundos.
…..
Shin le ofrece pan a un anciano que apenas puede mover los labios.
Riku ayuda a una madre a alimentar a su bebé.
Jhos y Yin abren sus mochilas y colocan el resto de sus alimentos sobre una manta para que todos puedan compartir.
Una mujer, con lágrimas en los ojos, toma la mano de Riku.
—Gracias…
muchas gracias…
pensé que íbamos a morir —dijo entre sollozos.
Los niños miran en silencio, entendiendo por primera vez la crueldad de la guerra.
— Mientras todos atienden a los sobrevivientes, un hombre aparece en el techo de una casa, observándolos.
—¿Qué hacen?
Están desperdiciando toda su comida en seres que estarán muertos en unas horas —dice el hombre desconocido con voz fría.
Todos lo miran.
—Y tú ¿quién eres?
—pregunta Yin, desafiante.
—Mi nombre no importa.
Solo déjenlos morir —respondió el desconocido.
—¿Por qué dices eso?
—pregunta María, indignada.
—¿Son estúpidos?
Están desperdiciando comida.
—¡Repítelo, estúpido!
—grita Yin.
En un parpadeo, el hombre aparece frente a él y lo lanza contra una pared con una potente patada.
Todos quedan atónitos.
María lanza una patada, pero el hombre la detiene con una sola mano.
—Fuyu no zō —murmura.
En ese momento, María queda congelada completamente, convertida en una estatua de hielo.
—¡Haaaaa!
—gritan Shin y Himari.
—¡María!
—llora Bily.
—¡¿Qué… qué hiciste?!
—grita Riku.
—La congele —responde el hombre.
—Entonces…
¿eres un usuario de un objeto sagrado?
—pregunta Jhos.
— ¿Objeto sagrado…?
No sé de qué hablas.
Comí una fruta que me otorgó este poder.
—¡Maldito…!
—gruñe Yin, con dolor en el estómago.
—¿Qué es lo que quieres?
—pregunta Jhos.
—No tengo comida.
Así que me llevaré la de ustedes —dijo el hombre.
Jhos nota que el hombre lleva vendas en las muñecas y cuerdas entrecruzadas en los brazos.
—Eres un artista marcial, ¿verdad?
—pregunta Jhos.
— ¿Cómo lo notaste?
—responde el hombre, algo intrigado.
—Por las vendas y las cuerdas de tus brazos —dice Jhos.
—Ohh…
eres muy observador —responde el hombre, sonriendo.
— ¿Qué te parece si te desafío?
—propone Jhos.
—¿Por qué aceptaría?
—dice el desconocido, dudando.
—Por tu orgullo de peleador.
Si no aceptas, sería como darme la victoria —responde Jhos, serio.
El hombre lo mira fijamente.
—Haaaggg…
Si te gano, ¿qué recibiré?
—Toda nuestra comida —responde Jhos.
—Y todo lo que sabes sobre esos objetos sagrados que mencionaste —añade el hombre.
—Vale —dice Jhos, decidido.
—Y si pierdo?
—pregunta el hombre.
—Serás mi PRIMER COMANDANTE —declara Jhos, firme.
—¿Qué dices, Jhos?
¡Pide que descongele a Mar…!
—¡ACEPTO!
—interrumpe al hombre, con una sonrisa peligrosa.
—
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