La Criadora del Alfa - Capítulo 74
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74: Capítulo 74 74: Capítulo 74 Punto de vista de Kieran,
La luna llena brillaba como una moneda de plata en el cielo nocturno, y su luz se derramaba por la ventana abierta de mi aposento, bañando el suelo de piedra con un suave brillo.
En el pasado, las noches de luna llena nunca dejaban de encenderme la sangre.
Esas noches eran uno de los mejores momentos de mi vida, los cuales me gustaba disfrutar completamente solo.
Me transformaba bajo su poderosa atracción, y mi lobo arrasaba el bosque, con sus garras desgarrando la tierra húmeda durante horas.
Finalmente, mis fauces terminaban cerrándose sobre el cuello de un ciervo o una liebre, y el torrente de sangre caliente y la persecución me provocaban una sacudida electrizante por las venas.
Esas cacerías solían ser mi libertad, una celebración cruda de mi poder como Alfa.
Pero esta noche, la llamada de la luna se sentía demasiado débil en mi sangre, sin provocar más que un dolor vacío en mi pecho.
La muerte de Mira había extinguido esa chispa, pues su pérdida era una herida que calaba más hondo que cualquier colmillo.
Desde el momento en que saltó de aquel acantilado, su grito no había dejado de resonar en mis oídos, sintiéndose como un eco tormentoso de mi fracaso.
La había empujado a ese extremo al destrozar su confianza, rompiéndole el corazón en pedazos.
La guerra de mi manada con La Manada Colmillo Sangriento seguía en un punto muerto, lista para estallar en cualquier segundo, pero la ausencia de Mira era la batalla más dura para mí, una que ya no podía afrontar.
Me dejé caer en el sofá, con la mirada fija en el brillo de las ascuas del hogar.
Ardían con gran intensidad, pero su calor parecía demasiado débil para ahuyentar el frío que se había instalado en mis huesos esta noche.
No supe que amaba todo de ella hasta que se fue.
Una fuerte oleada de arrepentimiento me revolvió las entrañas por haberla tratado como una simple herramienta…, una criadora, cuando ella lo era todo para mí en este mundo.
Había sido cruel, ciego, y ahora la había perdido por mi culpa.
—Debería haberte amado mejor, Mira —murmuré en voz baja, mientras las palabras se desvanecían lentamente en la oscuridad—.
Debería haberlo hecho cuando todavía tenía la oportunidad.
Entonces, lentamente, alcancé la copa de vino que había sobre la mesa, cuyo líquido rojo atrapaba la luz de la luna como si fuera sangre, y la incliné hacia atrás, vaciándola de un solo trago.
El sabor áspero del vino me quemó la garganta como el fuego, encendiendo una fugaz esperanza de calmar la tormenta de mi corazón.
Pero la copa no tardó en resbalar de mis dedos y hacerse añicos en el suelo con un crujido agudo que volvió a rasgar el silencio.
Un dolor repentino y abrasador me apuñaló el pecho, robándome el aliento como si mi corazón se hubiera desgarrado por dentro.
Caí de rodillas, mis manos arañaban la piedra fría mientras los fragmentos de cristal empezaban a clavarse en mis palmas.
Pero no podía sentir nada más allá del peso aplastante de la agonía que me consumía.
Mi lobo se agitó en mi interior con toda su fuerza, y un profundo gruñido retumbó en mi garganta.
El dolor era absolutamente insoportable, como si me estuvieran desgarrando el corazón; una sensación que no podía identificar.
—¿Qué está pasando?
—jadeé con voz temblorosa, y mi visión se nubló al instante mientras me agarraba el pecho para intentar meter algo de aire fresco en mis pulmones.
La voz de mi lobo gruñó en mi mente para devolverme a la realidad.
«Es el vínculo de pareja», siseó, con un hilo de dolor en su tono.
Nuestra pareja estaba herida.
El vínculo seguía ahí.
Me quedé helado, con el pulso acelerado a un ritmo frenético, mientras la esperanza y el miedo chocaban como olas en mi corazón.
—¿Herida?
—susurré con voz temblorosa; las palabras de mi lobo acababan de encender una chispa en la bruma de mi mente—.
¿Significa eso que Mira sigue viva en alguna parte?
«Está viva, no hay duda de ello —siseó mi lobo con confianza—.
Su dolor nos está atrayendo hacia ella a través del vínculo, idiota».
Una oleada de intensa felicidad me recorrió, y se me cortó la respiración mientras las lágrimas me escocían en los ojos.
—Está viva —dije con la voz quebrada, sintiendo el temblor de mi cuerpo, mientras el dolor de mi pecho se convertía ahora en la esperanza de encontrarla viva con nuestro cachorro.
—T-tengo que encontrarla, cueste lo que cueste.
Estaba arrodillado entre los cristales rotos, con la sangre goteando de mis palmas, pero apenas me di cuenta.
Mi mente estaba completamente ocupada con la seguridad de Mira y nuestro cachorro ahora.
—Necesito volver a ganármela.
Ahora sabía que el río no se la había llevado esa noche.
Estaba viva, y esa verdad era todo lo que necesitaba para seguir adelante.
La voz de mi lobo se volvió pesada mientras él se impacientaba por salir a la superficie.
Me puse de pie, cogí el vaso de tónica que la sirvienta había dejado en la mesa y me tragué el líquido amargo de un solo golpe.
Sabía que no tenía tiempo para quedarme aquí como un cerdo borracho y que necesitaba espabilarme rápidamente para liderar a mi manada ahora.
«Su dolor podría significar el toque de otro hombre en nuestra pareja —me advirtió mi lobo de repente con voz vacilante, dudando un poco antes de seguir hablando—.
Podría estar apareándose con otro.
El vínculo también puede transmitir ese dolor».
Unos celos amargos estallaron en mi mente, revolviéndome las entrañas, y mi lobo gruñía ante la idea de Mira en brazos de otro hombre.
Apreté los puños, los cristales se clavaron más hondo y la sangre caliente no tardó en empezar a manar de mis manos.
La idea de que estuviera con otro me picó como un dardo envenenado.
Pero la ira se desvaneció de repente, superada por una feroz claridad en mi mente.
—No me importa —dije, manteniendo la voz baja pero feroz, con los ojos fijos en el resplandor de la luna—.
Si sigue viva, nada más me importa.
La encontraré, cueste lo que cueste.
«Pero puede ser una traición para nosotros», retumbó mi lobo en mi interior; su dolor se aliviaba ligeramente, aunque la dolencia del vínculo persistía más de lo que pensaba.
«No permitiré que ningún hombre toque a mi pareja tan fácilmente».
Ignorando su gemido, me puse de pie y me sacudí los cristales, con la mirada atraída por la brillante luna del exterior.
El bosque se extendía, oscuro y salvaje, más allá de la ventana, y sus sombras creaban un clima perfecto para mis cacerías, pero ahora no ejercían ninguna atracción sobre mí.
Mira estaba viva, sufriendo sola, y eso lo cambiaba todo en mi corazón.
El arrepentimiento me golpeó con más fuerza por no haberla mantenido cerca cuando la tuve.
La había tratado como a un peón, planeé su final, lo que la obligó a saltar desde aquel acantilado.
—Me equivoqué —susurré con voz apagada, mientras mis dedos recorrían el collar que llevaba al cuello—.
Debería haberte dicho que te amaba y haberte defendido.
El silencio de la habitación no tardó en envolverme, mientras las ascuas del fuego se apagaban en un rincón.
Entonces me levanté de la cama y me acerqué a la ventana, y el suave aire de la noche me rozó la cara.
Echándome el pelo hacia atrás con suavidad, inhalé profundamente para calmar un poco mi interior.
Entonces decidí volver a mis tareas de Alfa a toda prisa.
Mi lobo se paseaba inquieto en mi interior, tratando de localizar su presencia, y yo ya no podía ignorarlo.
El dolor en mi pecho se había suavizado, pero permaneció un poco más, quemándome lentamente.
—Eres más fuerte que yo, Mira —murmuré en voz baja, mientras mi aliento empañaba el cristal—.
Siempre lo fuiste.
Ahora solo espérame, no importa cuánto tarde en llegar para recuperar tu corazón y a nuestro hijo.
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