La debilidad del rey vampiro - Capítulo 42
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42: 42 42: 42 En el oscuro palacio real de Kyllian, las cocineras vampiras susurraban entre ellas mientras preparaban el festín nocturno.
En la cocina, impregnada por el aroma a sangre fresca, las sombras danzaban en las paredes, revelando sus secretos solo a aquellos con oídos agudos.
“¿Has oído hablar de la Reina Gema?”, murmuró Morgana, una de las ancianas vampiras con cabellos plateados y ojos tan penetrantes como la luz de la luna llena.
“Dicen que ha emergido de las sombras de su depresión”, respondió Sylva, una joven vampira con el porte elegante de la nobleza.
“Después de su trágico aborto, muchos pensaron que nunca recuperaría su fuerza”.
Las cacerolas burbujeaban con líquidos carmesíes mientras las cocineras seguían con su trabajo, pero la conversación sobre la Reina Gema flotaba en el aire como una niebla densa.”Por fin se está alimentando como se debe” acotó Sylva.”En los días posteriores al incidente casi no probó bocado” “Dicen que ha encontrado consuelo en los jardines, entre las rosas negras que florecen solo en la penumbra”, agregó Lilith, una vampira con ojos tan profundos como el abismo.
“Quizás la naturaleza misma la ha abrazado, otorgándole fuerzas renovadas”.
Las vampiras compartían rumores sobre la transformación de la Reina Gema.
Algunas decían que la tristeza aún persistía en sus ojos, pero otras insistían en que una chispa de determinación había regresado a su mirada.
“El Rey Kyllian no sabrá qué hacer con una Reina rejuvenecida”, bromeó Morgana con una risa sutil.
“Si ella recupera su antiguo esplendor, podría desafiar la oscura autoridad de Kyllian”, susurró Sylva, provocando miradas cautelosas entre las vampiras.
La posibilidad de un cambio en el equilibrio de poder suscitaba tanto temor como intriga.
Entre susurros y risas, las cocineras continuaron con su trabajo, mezclando ingredientes prohibidos y creando platos exquisitos destinados a satisfacer el apetito insaciable de los vampiros nobles y de la humana Reina, aunque se sabía que si las cosas iban bien su compañero la transformaría en breve.
Pero mientras cortaban y preparaban, sus mentes estaban llenas de pensamientos sobre el destino de la Reina Gema y cómo su renacimiento podría afectar al reino de las sombras.
En los pasillos del palacio, las sombras se alargaban a medida que la noche avanzaba.
La Reina Gema caminaba con gracia, rodeada por la oscuridad, pero su presencia era como un rayo de luz entre las tinieblas.
Los rumores de su transformación se extendían incluso más allá de las cocinas, llegando a oídos de cortesanos y nobles vampiros.
“¿Has oído hablar de la Reina Gema?”, susurraban entre ellos, intercambiando miradas inquisitivas.
En la sala del trono, el Rey Kyllian, envuelto en su capa de sombras, observaba con atención.
La incertidumbre se reflejaba en sus ojos carmesí mientras la Reina Gema, una vez sumida en la oscuridad, resplandecía con una nueva fuerza.
Las cocineras vampiras continuaron su labor, ignorantes de las intrigas que se tejían en los pasillos del palacio.
Mientras tanto, el destino del reino vampiro pendía en el equilibrio, y la Reina Gema se convertía en un misterio en sí misma, una fuerza que desafiaba las sombras y amenazaba con cambiar el curso de la eternidad.
///////∆∆∆∆∆∆∆∆∆∆∆\\\ En la vasta oscuridad del salón del trono, las velas parpadeaban, arrojando sombras danzantes sobre las paredes ornamentadas.
El Rey vampiro Kyllian, con su porte majestuoso y ojos carmesíes, esperaba a la Reina humana Gema, quien llegó con un vestido blanco que resplandecía en la penumbra.
“Gema, te ruego que te sientes”, dijo Kyllian, extendiendo una mano hacia la silla a su lado.
Gema asintió y se sentó con elegancia, pero su mirada reflejaba un profundo dolor.
El Rey sintió el peso de la culpabilidad, la sombra de su hermano Barak acechando como una nube negra sobre ellos.
“Reina Gema”, comenzó Kyllian con voz grave, “quiero pedirte perdón.
No fui capaz de protegerte de los actos atroces de mi hermano.
Lo que te hizo, lo que provocó en ti…” Las palabras del Rey se atascaron en su garganta, la responsabilidad pesando sobre él como un yugo.
Gema bajó la mirada, sus ojos oscurecidos por la tristeza.
“Kyllian, entiendo que no eres responsable de las acciones de tu hermano”, respondió Gema con una voz suave pero cargada de dolor.
“Pero sé que sientes la culpa.
Yo también la he sentido en mis propios pensamientos”.
El silencio se instaló en la sala, solo roto por el crepitar de las llamas de las velas.
Kyllian miró a Gema con intensidad, sus ojos carmesí buscando consuelo en los suyos.
“A pesar de la luz eléctrica hay demasiadas velas ” dijo la humana.
“Sé que te gustan así que quiero darte el gusto”.
Y con esas sencillas palabras el Rey comenzó a abrir su corazón,”Si tan solo hubiera estado más atento, si hubiera anticipado lo que Barak planeaba…
No puedo dejar de pensar en cómo pude fallarte”, continuó Kyllian, su voz resonando con sinceridad y pesar.
Gema levantó la vista y sostuvo la mirada del Rey.
“Kyllian, no puedes culparte por las acciones de otro.
Barak tomó sus propias decisiones y cargará con las consecuencias.
Pero lo que importa ahora es cómo enfrentamos esto” El Rey asintió, agradecido por las palabras comprensivas de Gema.
“Prometo que haré todo lo posible para protegerte en el futuro.
Nadie osará hacerte daño mientras yo viva”.
no dejo de mirarla ni un minuto.”Dime que aún hay un futuro para nosotros” Gema le ofreció una sonrisa débil.
“Aprecio tu deseo de protegerme, Kyllian.
Pero también sé que no puedes controlar a todos.
Lo importante es que aún estoy aqui supongo” La cena continuó en un silencio ocasional interrumpido por intercambios de miradas cargadas de significado.
Kyllian se esforzaba por aliviar el dolor de Gema, mientras ella buscaba la fuerza para perdonar y seguir adelante.
Al final de la cena, Kyllian se levantó y extendió la mano hacia Gema.
“Vamos, mi reina.
Permíteme llevarte a los jardines.
La noche es joven, y quiero que encuentres paz bajo las estrellas”.
Gema asintió, aceptando la mano del Rey.
Hacía mucho que no se tocaban, a ella le costaba demasiado el acercamiento físico, era un tema emocional que la tenía consternada.
Mientras caminaban juntos hacia la oscuridad de los jardines, el lazo entre ellos se fortalecio un poco, y eso lo sintieron ambos.
“Jamás mencionaste nada sobre Helena ” se animó ella a decir.
“Jamás le correspondí Gema solo la observaba hacer, tenías todo el derecho de echarla de tu casa, yo habría hecho lo mismo” sus ojos estaban detenidos en las rosas del jardín, estaban radiantes.
“La observabas”, murmuró Gema.
“Como tú observabas a Sebastián Smith supongo” el lugar se hizo silencio y por primera vez después de un mes Gema se puso frente a frente del Rey vampiro sin bajar la mirada.
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