La debilidad del rey vampiro - Capítulo 75
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Capítulo 75: 75
—Necesito que vea con urgencia a la Reina…ella está un poco nerviosa , tuvo una discusión con alguien que creía de confianza y así estamos…—no dudó en decir Kyllian mientras aún mantenía en su mente aquellas posibles palabras que el progenitor de su amada había dicho, aún no sabía de qué se trataba pero su imaginación daba vueltas y vueltas.
Sin dudas ahora como mínimo le arrancaría la lengua a ese bastardo, de esa manera no hablaría demás.
En realidad no emitiría nunca más palabra alguna.
—¿Discutió con usted su majestad?—las palabras del médico cayeron como dagas.
Sin dudas eso irritó más al Rey que observo al doctor de manera más que violenta.
—¡Por supuesto que no!, el responsable ya está tras las rejas y seguramente para la medianoche ya estará muerto.
—Entiendo…—el doctor se apresuró a subir las escaleras entendiendo que había hablado demás, sabía que el Rey adoraba a su pareja y no era capaz de afectarla en ese delicado estado—Me adelantaré a hacer un diagnóstico.
—Adelante…lo alcanzaré en unos minutos.
Esos minutos con Orlock serían los necesarios para entender un poco más la situación.
Ya solos otra vez , Kyllian no dudo en sacarle toda la verdad a su guerrero que no evitaría en absoluto contarle todo lo acontecido, pues de hecho eso justificaba la golpiza que le había dado a ese sujeto malvado.
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—NUNCA ESPERÉ MENOS DE ESE GUSANO!!!! NUNCA ME GUSTÓ….PERO YA ESTÁ MUERTO, O POR LO MENOS LO ESTARÁ.
—tranquilo majestad —dijo Orlock —si la Reina lo ve así no será mejor para ella.
El rey hizo un mueca de enfado y berrinche,era pura ira lo que recorría su sistema.
Sabía que lamentablemente eso era cierto, y lo último que quería era perpetuar esa sensación de peligro en Gema de perder otra vez un hijo fruto de su amor.
Conocía ese dolor agudo y asfixiante.
No permitiría que el miedo los hiciera esclavos, quería vivir un maravilloso futuro con ella, con hijos o sin ellos.
—Puedes volver a tus tareas Orlock, pero si te necesito te volveré a llamar.
—Como desee su majestad.—fueron las palabras del robusto guardián.
—ORLOCK—volvio a llamar el rey, a lo que el guerrero se volteó apresuradamente.
—Haz hecho bien,haz protegido a la Reina, no olvidaré eso.—sin mediar más palabras el Rey desapareció para acompañar a su amada.
Orlock hizo un reverencia y siguió su camino hacia afuera del palacio.
Si bien nunca había estado realmente orgulloso por algo relacionado a su deber , esta vez era diferente, proteger q la Reina lo hacía sentir de alguna manera…orgulloso.
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Habitación de los Reyes- Palacio Real.
El doctor Edwin cerró la puerta del dormitorio con cuidado, sus pasos resonando en el suelo de mármol de la habitación real. Frente a él, Gema, la reina vampírica, permanecía sentada en el borde de la enorme cama cubierta con sábanas de terciopelo rojo. Aunque su expresión era serena, sus ojos delataban un torbellino de emociones.
—Majestad —comenzó Edwin, colocando su maletín médico en una mesa cercana—, entiendo que la situación ha sido difícil, pero es imperativo que mantenga la calma.
Gema no respondió de inmediato. Sus delicados dedos tamborileaban contra su regazo mientras su mirada se perdía en las sombras de la estancia. Las palabras del doctor parecían desvanecerse antes de alcanzarla.
Kyllian, el rey vampiro, permanecía de pie junto a una de las ventanas altas, observando la noche eterna que cubría el reino. Su postura rígida y el ligero tic en su mandíbula revelaban su molestia.
—No entiendo cómo llegamos a esto —murmuró Kyllian, sin apartar la vista del exterior. Su voz resonaba grave y controlada, pero cada palabra cargaba una intensidad latente—. Eres mi reina, Gema. Jamás dejaré que vuelvas a estar en peligro, ésto es mí responsabilidad.
Finalmente, la reina levantó la vista, sus ojos brillando con lágrimas contenidas. El peso de la discusión y el impacto emocional de sus propias inseguridades la tenían al borde de un colapso. El bebé que llevaba dentro era un milagro, pero también una fuente de incertidumbre que parecía aumentar con cada momento de tensión.
—No es tan simple —susurró Gema, su voz apenas audible—. Todo esto… el bebé, el reino, nuestras responsabilidades….los enemigos…
El doctor Edwin, aunque incómodo con la tensión palpable entre ambos monarcas, decidió intervenir. Se aclaró la garganta suavemente antes de hablar.
—Majestad, el bebé está en perfecto estado. Su desarrollo es extraordinario, incluso para un descendiente de linaje vampírico. Sin embargo —hizo una pausa, enfatizando la seriedad de sus palabras—, su estado emocional podría tener consecuencias negativas si no toma medidas inmediatas para descansar. Recomiendo al menos cinco días de reposo completo.
Gema asintió lentamente, pero las lágrimas comenzaron a deslizarse por su rostro. Por un momento, pareció que el peso de sus emociones finalmente la había vencido. El rey Kyllian, al verla así, giró sobre sus talones y cruzó la habitación en un par de zancadas. Aunque aún estaba molesto, no podía ignorar el dolor de su reina.
—Gema —dijo, su voz suavizándose mientras se arrodillaba frente a ella—. No quiero que calles nada, me he asustado de muerte cuando no hablabas, por favor confía en mí siempre.
La reina lo miró, sus lágrimas cayendo libremente ahora. Durante un instante, sus ojos se encontraron, y aunque no se dijeron más palabras, una comprensión mutua pareció pasar entre ellos.
El doctor Edwin, sintiendo que su presencia ya no era necesaria, tomó su maletín y se dispuso a salir. Antes de cruzar la puerta, hizo una última advertencia.
—Cinco días, majestad. Nada de tensiones ni preocupaciones. Yo mismo supervisaré que se cumpla esta orden.
Cuando Edwin se fue, Kyllian ayudó a Gema a recostarse en la cama, acomodando las almohadas detrás de su espalda.
—No tienes que cargar con todo sola —murmuró el rey mientras tomaba la mano de su reina.
Gema cerró los ojos, permitiendo que el cansancio la envolviera. Por primera vez en días, sentía que podía relajarse. Kyllian permaneció junto a ella, dispuesto a cuidar de su reina y su futuro heredero.
La noche continuó fuera del castillo, oscura y silenciosa, pero dentro de la habitación, la calma finalmente había encontrado un lugar donde quedarse.
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