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La debilidad del rey vampiro - Capítulo 78

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Capítulo 78: 78

Capítulo 78

Kyllian apenas cerró la puerta de la habitación cuando una sombra se deslizó tras él por el pasillo. No la vio. No la oyó. Pero ella estaba allí. Observando. Esperando. Lo seguiría hasta la tumba, si hacía falta.

Mientras tanto, en las profundidades del castillo, los guardias cumplían la orden del rey. Cargaban el cuerpo de Alaric dentro de una caja de madera forrada con cadenas oxidadas y símbolos arcanos grabados a fuego. Nadie decía nada, pero todos sentían lo mismo: el aire estaba cargado, más helado que de costumbre, como si algo invisible les rozara la nuca.

La marcha hacia la cripta era silenciosa, casi solemne. Cada paso parecía más lento, como si el peso del cadáver se duplicara con cada escalón descendido. Las antorchas parpadeaban inquietas y una humedad densa comenzaba a trepar por las paredes, como si el mismo castillo supiera lo que estaba a punto de ocurrir.

Cuando llegaron, una figura femenina los esperaba en la entrada. Era la empleada que había acompañado a la reina. Su rostro pálido, los ojos clavados en el suelo. Inmóvil. Fría como una estatua. Nadie entendía cómo había llegado antes.

—¿Qué haces aquí? —preguntó el capitán.

—Solo cumplo con el deseo del amo —respondió sin levantar la mirada.

Los hombres intercambiaron miradas desconfiadas. Pero no se atrevieron a cuestionar más. Con cuidado, colocaron el ataúd sobre el altar de piedra que descansaba en el corazón de la cripta.

Al retirar el velo negro que cubría el cuerpo… todos retrocedieron horrorizados.

El cuerpo de Alaric no estaba allí.

En su lugar, yacían una capa empapada de sangre seca, y un puñado de cenizas oscuras. Encima de todo eso, una nota escrita con tinta roja, la caligrafía temblorosa pero firme:

“Lo que está muerto no siempre descansa.

Lo que el rey oculta, yo lo despierto.

—A.”

—¡Maldita sea..no puede ser…! —susurró un guardia, con la voz quebrada.

El más joven salió corriendo del recinto, con la nota en la mano y el terror en los ojos.

Kyllian, en su habitación, acariciaba el cabello de Gema. Dormía por fin. Después de tanto agite, su respiración era un suspiro tranquilo, aunque su rostro mostraba aún rastros de tensión. Finalmente, el rey había logrado calmarla. Pero él… no lograba calmarse a sí mismo.

Desde hacía semanas, una sensación incómoda lo perseguía. Una corazonada que se arrastraba en la sombra.

Un golpe enérgico interrumpió el silencio.

—Mi señor —dijo el guardia, jadeando—. ¡Debe ver esto!

Kyllian tomó la nota. La leyó en silencio. Su ceño se frunció. Una vena palpitó en su cuello.

—¿Quién fue el último que vio el cuerpo antes de encerrarlo?

—La mujer… la que estaba con la reina. Estaba en la cripta antes que nosotros.

—¿La empleada? —preguntó, entrecerrando los ojos. Había algo detrás de esa voz contenida.

El soldado asintió.

—Esa mujer no trabaja en este castillo —dijo Kyllian, y su voz sonó como un trueno contenido.

Un silencio sepulcral invadió el pasillo.

—Encuéntrenla. Ahora.

Pero ya era tarde.

En un claro oculto por la niebla, una figura encapuchada cavaba con manos desnudas bajo la tierra húmeda. Su túnica negra se pegaba al cuerpo por la lluvia. En su pecho brillaba un medallón idéntico al que alguna vez colgó del cuello de Alaric, ahora partido y cubierto de sangre vieja.

Los ojos de la figura brillaban con un rojo antinatural, y al levantar la cabeza hacia el cielo oscuro, una sonrisa torcida apareció en su rostro deformado por cicatrices.

—No he terminado contigo, Kyllian. La muerte me rechazó… pero el infierno me reclama.

La tierra tembló, apenas. Como si escuchara. Como si respondiera.

Y en algún rincón del castillo, Gema se despertó sobresaltada, con una punzada en el vientre y lágrimas cayéndole por las mejillas… sin saber por qué.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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